domingo, noviembre 27, 2016

Conversación, amigas y seguir o salir de la trinchera

Mi amiga Juana Garrido, a la que conozco y respeto desde hace muchos años porque es una persona que piense lo que piense es capaz de argumentarlo, debatirlo y presentarlo ordenadamente subió al caralibro un enlace el día de la muerte de Fidel Castro en el que se listaban algunos de los logros sociales del gobierno cubano a lo largo de los años.
""Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos (refiriéndose a Estados Unidos) nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra". Fidel Castro"
https://iniciativadebate.org/2016/11/26/el-mejor-homenaje-a-fidel-castro-es-recordarlo-con-hechos/
Mi amiga Ana Maria Palmieri, a la que solamente conozco por lo reflexivo y equilibrado por regla general de sus opiniones le contestó estó
“Además de lo bueno, también es necesario recordar que no hay libertad de expresión, a los presos políticos, a los torturados, a los miles que murieron ahogados tratando de huir de la isla. Eso no es democracia. Sabes que mi padre apoyó la revolución cubana, incluso fue a trabajar con Fidel al principio de su mandato, y que fue amigo del Che, pero no apoyó que se instituyera una dictadura”.
Y Juana respondió
"El único líder en América latina que mantuvo intacta la soberanía de su país y la dignidad de sus gentes. La libertad de expresión está muy bien para los que saben leer y entienden lo que leen. En Cuba no hay analfabetos. Eso sí, han conseguido superar enfermedades, huracanes, drogas, bandas y tribus... Cuba exporta médicos, técnicos y maestros. ¿Sombras?, ¡seguro! Para mí no oscurecen ni apagan el brillo de la obra que con inmenso coraje impulsaron aquellos visionarios. Y Fidel es el último. Ahora es Historia".
Y entonces llegué yo. Largo, pesado y denso como siempre.
Lamento tener que disentir Juana. ¿Intacta la soberanía de su país con cerca de siete millares de "asesores" militares soviéticos?, ¿con sus sierras convertidas en campos de entrenamiento para guerrillas y operativos entrenados y financiados por la URSS que se dedicaron a regar África de sangre desde Eritrea hasta Angola?, ¿con las mujeres cubanas que pasaron de ser prostitutas de los yanquis a jineteras de los turistas y los asesores militares soviéticos?
No entregar la soberanía de tu país a Estados Unidos para entregársela a la extinta Unión Soviética no es ningún logro, es simplemente cambiar un colonizador por otro.
La revolución Cubana murió cuando triunfo en 1959 como debe hacer toda revolución, como lo hizo la francesa en su momento, tras el periodo del terror, para dar paso a otra cosa. A un gobierno justo, a un gobierno democrático. Fidel no hizo ese paso y se convirtió en un dictador.
El bloqueo y la crisis de Bahía de Cochinos no justifican bajo ningún concepto que trasformes la PNR en un cuerpo represivo y en una policía política dedicada a cazar disidentes o que fundes el G2, la Inteligencia Militar Interior que torturó e hizo desaparecer a miles de personas.
Si para enfrentarnos a los horrores que generan un sistema represivo e injusto y una forma de organización económica desequilibrada y brutal, mitificamos a los monstruos que genera la ideología opuesta habremos hecho un camino lleno de esfuerzo, de sangre y de sufrimiento para volver al punto de partida.
¿La dignidad de sus gentes? ¿matarlos de hambre mientras recibes a cuerpo de rey a los intelectuales de izquierdas o mantienes en barrios con todas las comunidades a asesores, operativos y espías soviéticos es mantener la dignidad de sus gentes?, ¿purgar a los que piensan de forma diferente a ti es mantener la dignidad de sus gentes?, ¿dispararles por la espalda mientras huyen, sin hacer daño a nadie, para poder acceder a todo lo que el bloqueo les niega solo para mantener la imagen de éxito de tu régimen es mantener la dignidad de tus gentes?
Lo siento. La libertad de expresión y de opinión es para todos, sepan leer y escribir o no. Hitler también alfabetizó Alemania, Franco también alfabetizo España, Stalin Rusia y Mao Tse Tung y la revolución cultural China. Eso no compensa los cadáveres, la represión ni la negativa a dejar a sus respectivos pueblos la posibilidad de elegir. Y defender cualquier otra cosa solo tiene un nombre: ese que tanto le echamos en cara a otros regímenes y otras dictaduras.
Nada ensombrece lo que hicieron los que descendieron de Sierra Maestra para ganar la libertad de sus gentes. Pero nada ilumina lo que hizo Fidel desde el momento en que llegó al poder.
Pudo elegir otra cosa y eligió ser un dictador con las manos manchadas de sangre de su pueblo. Si para ti el asesinato sistemático, la represión, la persecución ideológica y la corrupción no ensombrecen un régimen entonces desgraciadamente entendemos el progreso, la libertad y la justicia de forma diferente.
Para mí no hay ideología, mejora sanitaria, ni alfabetización que justifique eso porque se puede hacer sin ello. Quieras verlo o no querida Juana Garrido Machiñena
La historia ya lo dice y no creo que pueda o deba decir otra cosa: Castro es otro revolucionario que corrompió una idea de justicia y libertad para transformala en una dictadura ideológica injusta.
Juana: He estado, estoy y estaré en otra trinchera Gerardo...
Yo: Lástima.Nos vendrías muy bien a los que estamos que pensamos y sentimos que hay que luchar a muerte cuando cuando hay que luchar, hay que agotarse hasta la última gota de sudor y construir cuando hay que construir y hay que estar dispuesto a morir por defender la libertad y la vida digna de todos, aunque no piensen como nosotros.
Yo estuve en tu trinchera mucho tiempo. Disparando sin mirar, imposibilitado de todo movimiento como lo está cualquier luchador en su trinchera; creyendo que la idea justificaba cualquier acción, que el ataque cualquier modo de defensa, que la victoria cualquier acto y reacción.
Hasta que un día salí y decidí combatir de otro modo. Ir a la guerra real.
Y allí descubrí que la vida y la muerte no son luces y sombras, son personas reales supuestamente de uno y otro bando que sangran, que mueren en tus brazos.
Que un enemigo es capaz de darte un vaso de agua y salvarte la vida mientras que un aliado te arroja a los leones con tal de aumentar su poder, su prestigio o su fuerza.
Y lo supe, lo supe cuando vi ciudades enteras destruidas, campos de refugiados arrasados, calles y autobuses empañados en sangre, cuando tuve un arma en mis manos y deseé matar.
Mi guerra, mi lucha, eternamente perdida y combatida, ya no será nunca más escondido e inmóvil en una trinchera en la que solo asomas la vista para disparar a riesgo de ser alcanzado en el intento.
Ya nunca más me moveré en la estrecha zanja de un solo pensamiento, de una solitaria y anquilosada ideología que se niega a cambiar por miedo a estar equivocada, por miedo a la derrota, por miedo a descubrirse a si misma agotada e inútil, superada por el tiempo y la realidad.
Mi lucha no es ni podrá ya ser nunca por el comunismo, el capitalismo, el socialismo o el liberalismo; no es ni podrá ser contra el imperialismo o por el colectivismo, contra el nacionalismo o por la independencia, por la tierra o por la patria, por la clase social o por el estamento, por la fe o por el laicismo.
Nunca más habitaré la penumbra de una sucia trinchera en el nombre de nada, por el honor de nada, por la gloria de nadie.
Desde entonces mi guerra se hace de otro modo. Corro, cambio de sitio, avanzo y retrocedo, escribo y si hay que disparar disparé otra vez parándome a mirar, a pensar y apuntar antes de hacerlo. Y lo hago pobremente, en el rango de compromiso y esfuerzo de los que soy capaz, por un solo motivo.
Contribuir en dar la libertad a aquellos que carecen de ella.
Sea en el imperio decadente y superfluo de Estados Unidos o en la no menos decadente dictadura cubana, sea en la represiva y teocrática Israel o en la yihadista y masacrada Palestina, sea en la independentista Catalunya, la nacionalista Euskadi o la españolista Castilla. Sea en la Alemania de Merkel, en la Turquía de Erdogan, en la Inglaterra del Brexit, en el Irán de los Ayatolas o en la Siria invadida y bombardeada por mil fuerzas que ya no tiene gobierno ni casi población.
Sea en l África de los niños soldado y los esclavos de coltán y diamantes, en la India de las mujeres inmoladas, vendidas y quemadas con ácido o en la China de los esclavos de a euro y medio la hora de trabajo.
Mi trabajo como ser humano es combatir por dar la libertad a los seres humanos que carecen de ella. Y que hagan con su libertad lo que les venga en gana. Porque no tengo derecho a pensar por ellos ni imponerles vivir a mi manera, aunque crea que es la forma adecuada.
Porque su libertad es suya, no mía.
Eres una de las mentes más claras que conozco y de los corazones más comprometidos que he tenido el honor de encontrarme. Por eso siempre serás bienvenida a mi guerra si la quieres perder cada vez que la ganas, como yo llevo perdiéndola desde que empecé a combatirla.
Por mi parte, nunca más volveré a entrar y disparar desde trinchera alguna.
Se te quiere Juana

sábado, noviembre 26, 2016

La alcaldesa, el comandante y la memoria editada

Menos mal que ha muerto Fidel Castro.
Tranquilos, no se me encienda nadie. Lo digo solamente porque si únicamente hiciera mi pregunta y mi reflexión sobre la muerte de la inefable Rita Barberá alguien podría simplemente descartarla como un insulto de "podemita" o una falta de educación de "perroflauta".
Así que, menos mal que se ha muerto Fidel Castro porque así puedo hacer ambas cosas -pregunta y reflexión- sobre ambos, y unos y otros no podrán -o al menos no tendrán argumentos para hacerlo- echarme en cara ideología ninguna.
Y la pregunta es ¿qué es respetar la memoria de los muertos?
Parece ser que se ha impuesto -por lo menos en este país- una suerte de eterna y en apariencia indiscutible manta de hipocresía social que hace consistir ese respeto en ocultar las carencias, taras, delitos y faltas del muerto en cuestión en aras del respeto a su memoria.
O sea que respetar la memoria de un muerto es mentir, cuando menos por omisión.
Así, Rita Barbará debería ser recordada por lo bueno como una mujer que "dio su vida al Partido Popular" y Fidel Castro como el revolucionario que bajo de Sierra Madre para liberar Cuba de la dictadura de Batista, el por entonces proxeneta máximo del burdel caribeño de Estados Unidos que era Cuba.
Para empezar no sé que de bueno tiene entregar una vida a un partido político -sea este del signo que sea-. Porque eso haría dignos de ser recordados favorablemente a Goebbels, que se la entregó al Partido Nazi, a Kruchev o Stalin que se la entregaron al PCUS, Xiao Ming, que se la entregó al Partido Comunista de China o Pieter Botta, que la puso al servicio del Partido Nacional Afrikaaner. Y me temo que ninguno de esos personajes han de ser recordados favorblemente.
Y lo del criterio de la revolución está bien pero tambien tiene agujeros profundamente oscuros. Poque significaría que deberíamos fijarnos exclusivamente en ese aspecto y considerarlo favorable también en individuos como Mussolini, Pol Pot, Katanga, Mao Tse Tung o Adolfo Calero. Y todos sabemos que las vidas de esos personajes tienen más sombras en forma de cadáveres y sangre que luces en forma de revolución.
Así que me parece que esos no son criterios para respetar la memoria de los muertos. Aunque alguien dira que de lo que se trata es, en beneficio de esa memoria, destacar "lo bueno que hizo". Bien, lo compro. 
Entonces recordemos a Stalin por el milagro agrario soviético, a Hitler por la construcción de infraestructuras y el despegue industrial de Alemania, a Franco por el sistema hidraúlico, a Pieter Botta por el desarrollo de la industria armamentística surafricana, al Ayatolah Jomeimi por el sistema público de Sanidad en Irán y a Ariel Sharon por los sistemas de créditos para el asentamiento de empresas israelies en el extranjero.
Reescribamos los libros de historia y obviemos todo lo demás, para que su memoria sea respetada, volvamos a redactar sus biografías y sus necrológicas para que "lo bueno" haga respetuoso honor a su memoria.
¿Ah, que no se trata de eso? Pues entonces ya me pierdo.
Yo siempre he creido, a despecho de alguna que otra habitante de Las Rozas, que la principal muestra de respeto hacia alguien es decir de él y decirle la verdad. Así que, por extensión, para mi no hay mayor respeto a la memoria y el recuerdo de los muertos que decir la verdad sobre ellos.
Es eso o caer en la falacia de la mítica película Final Cut de Robin Williams y cometer el error de permitir que por conveniencia, política o mera y simple hipocresía social se manipule la vida y el recuerdo incluso después de la muerte.
Y, por puro respeto a la memoria de Rita Barberá, digo que fue una persona que entregó su vida a la consecución y el mantenimiento del poder político a través del Partido Popular, que no supo retirarse a tiempo, que dejó que su ciudad cayera en múltiples tramas de corrupción mirando a otra parte o recibiendo mordidas, pitufeo o como quiera llamarse por ello -estó último está por demostrar y nunca será ya demostrado, ¡que conveniente!-.
Alguien que dilapidó el dinero de los valencianos y del Estado Español en una Ciudad de Las Artes y Las Ciencias que se cae a pedazos, en un fallido Premio de Formula 1 que costó más de lo que dejó, en una Copa America que nunca pasó del rango de entelequia, en una visita del Papa Inquisidor Ratzinger cargada de facturas engordadas, nepotismo en los contratos y pérdidas millonarias.
Una persona que colaboró -con la consejera Catalá y otros tantos- en el desmantelamiento de la educación pública mientras cedía terrenos al Opus Dei y otras entidades religiosas para que abrieran colegios concertados en una sustitución flagrante de la educación por el adoctrinamiento -eso de lo que se acusa ahora tanto a la izquierda-.
Y sobre todo una persona tan mezquina e indigna que siguió refugiandose en su acta de senadora para eludir lo más posible presentarse ante la justicia para responder por sus actos en lugar de vindicar su inocencia adelantando lo más posible el proceso y presentándose con la cabeza bien alta defendiendo su inocencia.
Y por puro respeto a la memoria de Fidel Castro digo que fue un revolucionario que participó- repito, participó- en la Revolución Cubana y que mientras bajaba de Sierra Maestra ya comenzó a librarse de sus rivales políticos, los verdaderos ideólogos de ese movimiento para hacerse con el poder; que obtenida la victoria no supo hacer la transición hacia un gobierno justo, orilló a Ernesto Che Guevera hasta que se deshizo de él aprovechandose de su idealismo enviándole a combatir a una revolución en Bolivia que estaba fracasada antes de empezar.
Alguien que dejó de ser revolucionario, de izquierdas o como quiera llamarse cuando permitió que su población pasara hambre por no dar su brazo ideológico a torcer, al que no le importó mantener contacto y negocios con otros dictadores -por ejemplo un tal Franco, que también era gallego- pese a las pestes que echaba del capitalismo.
Y sobre todo alguien que abandonó toda ideología con tal de mantenerse en el poder en el mismo momento en el que ordenó que la PNR y el G2 ejercieran de policía política en purgas y represiones de opositores o que ordenó al ejercito disparar contra aquellos que abandonaban la isla en las tristemente famosas balsas.
Así que por respeto a la memoria  de Rita Barberá y Fidel Castro defenderé el recuerdo de ellos como una política corrupta y un dictador represor y no solo como una aclamada alcaldesa y un líder revolucionario. Con todos los matices y correciones que los historiadores hagan de ellos con el correr de los años.
Y si sus familias, deudos y allegados se sienten mal por eso, no lo siento por ellos. Para mi y creo que para nadie debe ser factor determinante. Deberían haberlo pensado cuando estaban en vida,sabian lo que hacían una y otro y, en lugar de reclamarles justicia e integridad, les seguían el juego solo por la falsa e inútil lealtad de la sangre.
El respeto a la memoria de cualquier persona es decir y escribir la verdad sobre ella, toda la verdad a ser posible porque, por si alguien no se ha dado cuenta, los muertos están muertos. No sienten ni recuerdan.

domingo, noviembre 20, 2016

Prego o la mediadora pública que decide no serlo

Allá en mis años mozos alguien, para ser sincero varios, me enseñaron lo que era ser periodista y, más allá de matices, escuelas y teorías, todos coincidián en una cosa.
A mí me enseñaron que el periodista es aquel mediador público que capta, analiza, redacta, difunde e interpreta la realidad para presentarla ante la sociedad entendida como audiencia. Por eso el periodismo se realiza a través de medios de comunicación de masas.
Si tienes una entrevista en la que Adolfo Suarez afirma que no convocó un referéndum sobre la república o la monarquía por miedo a perderlo y no la publicas, no eres periodista.
No eres periodista porque no medias entre la realidad y las audiencias, no eres periodista porque antepones otros criterios a tu función y al hecho por el que te ha sido revelada esa información, que es precisamente tu condición de periodista.
Puede que ideológicamente no esté de acuerdo con la decisión y el ejercicio de su cargo de Adolfo Suarez, que me parezca cobarde y poco democrático, pero él sí cumplía con su función de político al tomar esa decisión. Por contra, Victoria Prego no cumplía con su función.
Ella no puede refugiarse en la responsabilidad de Estado, porque no le compete tenerla; ella no puede refugiarse en que -y me perdonen la expresión soez- se la pone dura la monarquía para no publicar esa información. 
Porque si esas son sus motivaciones, lo que debe hacer es renunciar a su función de mediadora pública entre la realidad y las audiencias, fundar un partido monárquico y hacer propaganda en favor de esa institución.
O, si quería seguir siendo periodista, presentar la información y acompañarla de una columna de análisis y opinión en la que ensalzara el Sentido de Estado de Suarez o las bondades de la monarquía. Así de simple y ella lo sabe. Todos los que hemos estudiado y practicado el periodismo lo sabemos.
Ahí empezó a dejar de ser periodista porque no difundió, analizó ni interpretó la realidad captada para sus audiencias.
Y ha terminado de serlo cuando, obviando la realidad y los datos que conoce, presenta en su discurso con voz pausada y de preocupación una conclusión sesgada y conscientemente falsa sobre la realidad.
Porque presenta unas declaraciones del líder de Podemos en las que alerta del riesgo para la democracia de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación en un duopolio efectivo como un intento de control político obviando la realidad que ya ha captado.
La realidad de que ese control político ya existe.
Presenta una situación actual como si existiera libertad de prensa y auto regulación, obviando el hecho de que los medios de comunicación públicos están controlados políticamente por los partidos que gobiernan en el Estado y las Comunidades Autónomas; de que la financiación de los grandes grupos editoriales de prensa se sustenta sobre dos pilares: las ayudas estatales -que se amplían o recortan dependiendo del signo del partido gobernante a través de la publicidad institucional- y los créditos casi a fondo perdido de los bancos, que hacen que esa supuesta auto regulación no se fundamente en la ética, sino en los intereses de aquellos que sufragan económicamente esos grupos editoriales.
Porque pretende presentar a los medios de comunicación como empresas ideológicas -algo que tienen derecho a ser- ignorando esa realidad de que su forma de financiación les hace ser empresas “ideológicamente dependientes”. 
La cadena FOX en Estados Unidos tiene derecho a ser Republicana y defender esas ideas porque se financia ella sola, sin ayuda estatal ninguna; el New York Times o el Los Ángeles Herald tienen derecho a ser ideológicamente demócratas por idéntico motivo. 
Pero la prensa española está sometida ideológicamente a la dependencia de la financiación estatal y de las presiones de la banca por lo que su supuesta independencia ideológica deja mucho que desear.
Y sabiendo todo eso, en lugar de presentarlo y decir luego lo que piensa de las opiniones de Pablo Iglesias, lo obvia y presenta una realidad de medios de comunicación cuajada de estrellas y libertad a la que solo amenazan las declaraciones de Iglesias que, por otro lado, no habla en ningún momento de control político de los medios, sino de control legal de los monopolios en las empresas comunicativas -algo que, por otro lado, ya existe y Prego también obvia-.
Así que cuando se pone a ser periodista, a mediar públicamente entre la realidad y las audiencias, lo hace modificando la realidad por ocultación con lo cual tampoco cumple su función como periodista.
De modo que Victoria Prego no debería ser Presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid por un único motivo. No es periodista. 
Dejó de serlo cuando ocultó la entrevista a Adolfo Suarez y demostró que no lo era cuando dio su famoso discurso difundiendo el miedo a un “ministro de comunicación”.
Y, aun a riesgo de parecer soberbio y de serlo, cualquiera puede tener una opinión diferente sobre este particular pero solo demostrará que no tiene ni pajolera idea de lo que son y deben ser el periodismo y su ética.

sábado, noviembre 19, 2016

El PP bolivariano o el arte de no hallar semejanzas.

Llevamos dos años escuchando hasta el hartazgo y el hastío desgranar una por una las presuntas similitudes entre los partidos de la nueva izquierda española y ese coco mitológico que se han sacado de la manga llamado dictadura bolivariana.
Por más que unos y otros lo intentan, no han podido pasar de un par de afirmaciones del líder de Podemos, unos informes pagados o no, realizados o no, pero que nunca han sido leídos ni publicados y de que Maduro e Iglesias llevan coleta los dos -¡Ah no, eso no!-.
Resulta curioso que mirando tanto hacia Venezuela,  solidarizandose tanto con Venezuela y yendo y viniendo tantas veces a Caracas, Maracaibo y demás, desde Rivera hasta Zapatero, desde Felipe González hasta Jauregui o Mato hayan pasado por alto alguna que otra similitud.
"Ahora nos piden un referendúm para cambiarlo todo, como si la gente no hubiera hablado ya en las urnas. Y nos lo piden aquellos que solo quieren imponer su pensamiento a los que quieren estar unidos y avanzar hacia el futuro".
Podría haberlo dicho Rivera antes de que alguien le aconsejara disimular que es catalán y españolista; lo podría haber dicho Don Mariano en uno de sus escasos arranques antes los medios o incluso lo podrían haber dicho Arrimadas y Albiol en un coro a dos voces.
Pero lo ha dicho Nicolas Maduro.
Y se desgarrarán las vestiduras y expondrán ese argumento tan sólido y desarrollado de "no es lo mismo"
Pero, lo siento sí es lo mismo. Es el miedo cerval a que aquellos que no piensan como tú expresen su opinión; es el pánico más absoluto a que el poder escape de tus manos y recaiga directamente sobre los que tienen el derecho a decidir su futuro en cualquier democracia: los ciudadanos, los votantes, el pueblo. Llamalos como quieras, que en eso también hay controversia.
También resulta llamativo que los medios tradicionales, desde El Pais hasta ABC, desde la Cope hasta Radio Nacional, desde La Razón hasta El Mundo, que tanto han escrito e informado sobre Venezuela no hayan percibido otra pequeña concomitancia.
"La corrupción no es nuestra seña de identidad, son unos elementos aislados que, cuando son detectados, son llevados ante la justicia y esperamos que sean castigados duramente si son culpables. Somos los que más luchamos contra la corrupción y esperamos que sea solo cosa del pasado, herencia de una forma superada de entender lo que es un cargo público".
Digno de SSS -Soraya Saenz de Santamaría-, de Rajoy o de la inmarcesible lideresa del PP madrileño cuando la tan repetida palabra sale a colación en sus entrevistas pactadas y sus declaraciones y les hace torcer el gesto.
Pero lo ha dicho Nicolas Maduro ante una periodista francesa que apenas podia evitar esbozar una sonrisa al escucharle.
Y ahora se mesarán los cabellos y diran: ¡Por el amor de Dios, no es lo mismo!
Pero lo siento, sí es lo mismo. Es no responsabilizarse de lo que hacen sus subordinados. Es no buscar solucion alguna a unas prácticas que minan cualquier régimen político, que convierten el servicio público en una forma ilicita y continua de enriquecimiento. Y da igual que sea la trama Gürtel o las mafias militares fronterizas venezolanas; da igual que sea el nepotismo sanitario o el contrabando alimenticio.
Es proteger al corrupto porque el político que le protege hace lo mismo que él e incluso a mayor nivel. Y da igual que se le incluya en la estructura militar para que sea intocable o que que se le haga senador para que disfrute de aforamiento.
Y, por supuesto, resulta sospechoso que todos los opinadores, analistas y supuestos destripadores de la realidad poilítica española -y venezolana-, desde Inda hasta Maluenda, desde Miguel Ángel Rodriguez hasta Isabel San Sebastián, que tanto han hablado y debatido sobre Venezuela hayan pasado por alto otra semejanza.
"No se puede pretender gobernar y hacer gobernar desde las calles, imponer desde la alteración del orden público a un gobierno electo lo que tiene que hacer, las instituciones (...) son el camino para que se exprese la voluntad soberana".
Y lo podrían haber dicho la egregia Cifuentes, allá en los tiempos del 15M, el inefable Wert en los tiempos de la rebelión educativa o incluso el olvidado Lasquety en los años de la movilización contra la privatización de la Sanidad. Incluso podría haberlo dicho cualquier diputado del PP o del PSOE el día de la votación de la Investidura o de la Reunión de la Conspiración de Bruto y Casio -¡Uy perdón, del Comité Federal del PSOE-.
Pero lo ha dicho Nestor Reverol, Ministro de Poder Popular y Relaciones Interiores de Venezuela.
Y alzarán la mirada al cielo y diran ¡Venga ya!, ¿qué tiene que ver? 
Pues mucho. Tiene mucho que ver. Es intentar acallar y criminalizar el descontento popular. Es anteponer el orden público al derecho de manifestación, es pretender dar una imagen de conformidad inexistente, generar una situación social en la que solo aquellos que apoyan al gobierno puedan expresar libremente y de forma masiva su opinión. Es dejar manifestarse a los que te apoyan y limitar y desacreditar a los que lo hacen en tu contra.
Y da igual que sea por la ampliación de los mandatos presidenciales o por el concepto de familia tradicional, que sea por el aborto o por las nacionalizaciones, que sea por el revocatorio o por la "dignidad de España".
Pero lo que más llama la atención es que los votantes del PP, lectores de ABC y la Razón, oyentes de la Cope y Onda Cero y seguidores de las opiniones de Maluenda e Inda, después de oir, leer y ver tanto sobre Venezuela no hayan percibido el último de los pequeños parecidos que existen entre la España del salvador y defensor de la democracia Partido Popular y el hombre del saco que es la Revolución Bolivariana.
"El Gobierno usará el Constitucional para limitar la actividad del Congreso", titula un periódico después de que la Mesa del Congreso rechazara el intento del PP de imponer una herramienta de poder que bordea la autoritario como son los vetos del Gobierno a las propuestas de ley de la oposición.
Y eso sí lo ha dicho y lo va ha hacer el Gobierno español.
Usar la máxima instancia judicial del país, controlada y nombrada por ellos, para sacarse de la manga una disposición legal que impida al Parlamento aprobar propuestas de ley en contra de su deseo; no aceptar las iniciativas de una mayoría parlamentaria porque son contrarias a lo que el Gobierno tiene previsto, ignorando el hecho de que esa oposición es mayoritaria porque representa a la mayoría de los españoles -en una proporción 70-30 por si alguien lo ha olvidado-.
Limitar la capacidad legislativa de uno de los poderes del estado -el legislativo- en favor de otro -el ejecutivo- a través del tercero -el judicial- solamente porque se quiere ejercer el poder sin tener en cuenta lo que quieren los demás.
Eso, como referencia actual, solo tiene un nombre: bolivarianismo venezolano. Ahora griten ¡Demagogia!
Pero, antes de hacerlo, piensen que si esto es demagogia, lo es todo lo que han estado leyendo, escuchando y repitiendo sobre otras similitudes de otros con Venezuela y su régimen. Así que tendrán que replantearse de nuevo su pensamiento, quizás esta vez hasta de forma autónoma.
Y si no lo es están jodidos. 
Porque tendrán que decidir entre unas similitudes ficticias o cuanto menos proféticas con el régimen bolivariano y otras muy reales y tengibles que ya intentan y practican aquellos a los que concedieron su sufragio para evitar que "España se convierta en Venezuela".

sábado, noviembre 05, 2016

Dolors en la frente y el votante del PP vuelve a Matrix

Y la primera en la frente.
Nunca un frase hecha vino tan al pelo de lo que ocurre en la actualidad.
Durante meses aquellos que han decidido votar a quienes ya les habían traicionado una vez, a quienes ya habían incumplido sus promesas electorales, han vuelto a hacer el ejercicio casi enfermizo para autoconvencerse de que esta vez no, de que ahora el Partido Popular cumpliría sus promesas por fin y no haría que la insistente actitud de sus fieles se transformara en el epítome de la incosciencia. Ya se sabe, eso de repetir una y otra vez la misma acción esperando que tenga un resultado diferente, como diría el personaje cinematográfico.
El PP prometió en sus dos campañas regeneración, lucha contra la corrupción, transparencia y honestidad política y se nos descuelga colocando en un ministerio a una ministra que le debe dos millones de euros a Hacienda. ¡Vaya, va a ser que no, que todo sigue igual!
Mientras Montoro, ese hombre pequeño que ansía que le vean enorme, intentaba acorralar a los actores para "dar ejemplo", y persigue a los deportistas de élite con el famoso 85 -15 porque "todos deben contribuir", Rajoy coloca a una morosa en un ministerio y los ecos de esa prometida regeneración de esa frase de "el PP no es corupto, son solamente algunas personas" resuenan para convertirse en un chiste de mal gusto.
Los votantes del PP callados como tumbas mientras tanto, los mismos que corren a llenar las redes de recriminaciones al senador Espinar de Podemos por agenciarse una plusvalía de 36.000 euros -que no digo yo que esté bien ni mucho menos- siguen como monjes trapenses, no se indignan, no se alteran lo más mínimo por los dos millones que la flamante ministra debe al fisco, es decir a ellos, a todos.
La primera en la frente. Y la segunda será que no dimitirá, otro gran ejemplo de regeneración dentro del partido, y la tercera...no hay que esperar.
Margarita Mariscal de Gante, ex ministra del PP, será la que tramite la ponencia para revisar la condena que obliga a dos alcaldes de su partido a pagar cuatrocientos mil euros. 
No se ha enfriado aún la tinta de la firma, no se han apagado aún los ecos de su juramento -ante la biblia, por supuesto- cuando el nuevo Gobierno ya coloca a alguien en un puesto para tapar las vergüenzas de los suyos.
Todo muy regenerado, muy transparente.
Y que politicos y votantes de Génova no se atrevan a decir que lo de la españolista catalana -que por eso está en el ministerio, no nos engañemos- les ha pillado de sorpresa. Porque antes de las elecciones la buena de Dolors y su señora madre ya le debían al fisco la nada despreciable cantidad de 1.277.000 euros. Estaba publicado, redactado, sabido y hasta tuiteado pero... ¡para que se va a preocupar el PP de esa minucias!, lo suyo es la regeneración y la transparencia.
Alguien, alguien del Partido Popular, se intentó hace un tiempo arrogar el mérito de haber salvado la democracia española como parte de los siete millones de sufragios que había recibido el PP.
No sé si han salvado la democracia española de ese monstruo ficticio que ellos quieren ver porque les conviene, pero lo que sí sé es que esos siete millones de votos han mandado un mensaje claro.
"Seguid robando, seguid defraudando y estafando, no nos importa con tal de que la bandera rojigualda de tres bandas ondee en Catalunya y de que nuestros alimentados e irracionales miedos estén a salvo".
Y el Gobierno ha captado el mensaje. Desde el primer día.
Ahora, queridos, os toca callar o seguir hablando de Espinar, de los ERE y de Pujol, que para eso os los ponen en las portadas los medios que os gusta leer porque escriben lo que quereís leer.
Hora de volver a entrar en Matrix.

Simple y llanamente porque decidieron intentarlo


Hace unos días tuve una de esas enganchadas vittuales en el Libro de Caras. Una de esas que mantengo a despecho de quienes leen y escuchan. Y esta última iba de memoria.
De esa memoria de nuestra historia que unos quieren mantener para sus fines y otros desean borrar para los suyos; de esa que escuece tanto a los que curiosamente se empeñan en mantener el recuerdo del sufrimiento y la muerte de un solo hombre suspendido de unos maderos hace un par de milenios, pero luego pretenden que se olvide lo que ocurrió en el patio trasero de su casa hace tres cuartos de siglo.
Mientras estaba en ese pugilato dialéctico me llegó una foto de alguien a quien quiero, la foto de un homenaje a unas personas en un pueblo olvidado de Madrid: la foto de una calle dedicada a Las Brigadas Internacionales que combatieron por la República Española.
Y pensé: "ellos sí, ellos sí se merecen la memoria, ellos sí se merecen el recuerdo"No por aquello que hicieran en los campos y frentes de una guerra civil sangrienta y fratricida, sino por el motivo que les trajo hasta aquí.
El recuerdo no de para qué vinieron, sino de por qué vinieron.
Porque cada uno de ellos hizo lo que no sonotros no sabemos hacer, no queremos ni siquiera pensar en hacer. Escuchó un grito de ayuda y acudió, oyó una petición de auxilio y respondió.
No esperaron a que sus gobiernos combatieran por ellos; no aguardaron escribiendo tuits indignados o post incendiarios, a que otros vinieran a ayudar, a que otros se pusieran en riesgo en su nombre.
Desde Fracia, Alemania, Yugoslavia, Canadá, Austria, Costa Rica, Abisinia, Polonia, Albania, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Suecia, Suiza, Holanda, Rumania, Argentina, Colombia, Chile, México, Nueva Zelanda, Cuba, Gran Bretaña o Italia, 59.000 personas hicieron eso que hemos olvidado hacer por los motivos por los que nosotros no queremos hacerlo: pelear por los demás, ponerse en riesgo para ayudar a aquellos que no pueden pelear solos. Aunque nos vaya la vida en ello.
Uno por uno, sin esperar que otros hicieran lo mismo, sin ampararse en ese escudo nuestro de la pregunta que se convierte en excusa del "¿qué voy a hacer yo solo?", cogieron lo único que tenían, sus vidas y su riesgo, e hicieron lo que nosotros eludimos hacer hasta para el más mínimo de los riesgos, hasta para la más evidente de las injusticias. Eso que negamos poner en práctica para que cambie el mundo: intentarlo.
Vinieron de paises lejanos y a los que nada les iba en esta guerra, vinieron de lugares donde también había problemas propios, dejaron su cotidiana seguridad para afrontar la diaria inseguridad de otros, solamente porque otros lo necesitaban, porque creían que era lo justo, porque hacia falta que alguien luchara.
Así que sí, se merecen el recuerdo y la memoria. Y da igual qué bandera siguieran, qué ideas les movieran, en qué bando lucharan. 
Cualquiera que decida por sí mismo arriesgarse cuando puede evitarlo para ayudar a otros se merece un lugar en la historia. Ellos se lo merecen.
Y nosotros necesitamos que lo tengan para que cada vez que miremos a otro lado para no arriesgar el puesto de trabajo cuando vemos una injusticia de un jefe tengamos 59.000 pares de ojos mirando fijamente nuestro miedo hasta matarlo; para que cada vez que veamos a alguien sufriendo injustamente pobreza o discriminación tengamos 59.000 ceños fruncidos cuando pasemos de largo; para que cada vez que sepamos de alguien maltratado o humillado tengamos 59.000 dedos apuntando a nuestro rostro, acusándonos por nuestra cobardía, nuestra complicidad y nuestra desidía.
Para que cada vez que le digamos al espejo nuestra excusa de "¿qué voy a hacer yo solo?" tengamos 59.000 voces susurrando tranquilas al oído la respuesta que no queremos oír: "intentarlo, como lo hice yo, intentarlo".
Y si a alguien le escuece esa memoria por que no tienen sus ideas o porque no le gusta la bandera bajo la que combatieron, que se aguante.
Hay veces que resulta preciso recordar para que otros no se vean obligados a aprender. ¡Recordad Malditos!

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