sábado, diciembre 31, 2016

Esas gentes del 30

¡Ay esas gentes del 30!
Que se ponen la sonrisa cuando aún es de noche para recibirte cuando en otros lugares aún no se han puesto ni siquiera las calles; que prefieren un abrazo, dos besos o un chocar de las manos en lugar de un frío “buenos días”; que te llegan en bici, que te vienen en moto, que no arriban al curro como quien va a la guerra, que retornan al tajo como quien vuelve a casa.
Esas gentes del 30 que te dan la experiencia atesorada en años sin menoscabo de que vuelvan a dártela si te es necesario; que te informan de todo pese a que ellos prefieran que no informes de nada, que te envían avisos de todas las pendencias, que te ganan batallas en las salas y te explican mil veces aquello que hace falta.
Esas gentes del 30 que se fuman contigo instantes de sus vidas, que te sacan los cafés a la calle, que te mueven la risa cada vez que les hablas entre mil y un correos, que paran a escucharte, que vienen a buscarte, que son tus aliados, que te hacen mirarte en el espejo de todos sus trabajos, de todos sus esfuerzos, de todas sus ideas.
Esas gentes del 30 que te buscan los números, que encuentran las facturas cuando tú no las hayas, que te dan y devuelven sin perder la sonrisa, sin perder la paciencia, atesorando calma, ahorrando discusiones, creando un rumor cotidiano que se echa de menos cuando falta, cuando desaparece, cuando el tiempo lo calla.
Esas gentes del 30 que son buenas, como dijo el poeta, en ese buen sentido de la palabra bueno; que vienen y que van cargados de maletas, que saludan a todos menos a uno, que atienden tus ideas, que te ofrecen las suyas, que trabajan con método y que piensan deprisa.
Buenas gentes del 30 que llenan las estancias cuando llegan a ellas, que reparten un trozo de alegría, una porción de luz, que se ocupan y preocupan de todos y de todo aunque no lo parezca, que tienen tanta fuerza en su vida como otrora, hace no mucho, tuvieron en sus botas.
Gentes grandes del 30 que te buscan lo que olvidas siempre que se lo pides, te perdonan las bromas, te escuchan los consejos; que te sonríen siempre, te llaman despegado, te aguantan los achaques, te tapan las carencias, te crean estrategias, te tuitean medallas, te fabrican campañas, te buscan cuando faltas. Te faltan cuando callan.
O esos otros del 30 que no están en el 30. Que vienen y van recorriéndose el mapa, que te envían sus fotos y sus logros, su esfuerzo y su triunfo; que te cuentan mil vidas divertidas, que se han ganado a fuerza de saber y criterio el nombre de “maestros”.
Gentes del 30 que aún viajan por el futbol, que te hacen sentirte orgulloso de trabajar por ellos cuando brindan por ti, cuando cenan contigo, que aún dirimen sus cuitas con goles y balones.
Y otras gentes del 30 que colgaron las botas y acuden cuando llamas; que suben a un escenario, visitan una escuela, apoyan una idea y haces que te sientas tranquilo de que gente como ellos aún se sienta orgullosa de ser gente del 30.
Gentes del 30 que en ocasiones vienen con nombre de poeta; que te cuidan los niños en la escuela; que organizan sus críos y partidos, que hacen fotos de ellos, que te hacen recordar que el presente siempre tiene un futuro que merece la pena.
Gentes pausadas y tranquilas que vuelven siempre al 30, que te logran regalos, te comparten ideas, te invitan a la calma, te buscan las maneras de mantener la paz, te ofrecen y te dan, te tienen siempre en cuenta; que escuchan los problemas serenos y apacibles e intentan soluciones; que te meten en todos sus proyectos porque saben que disfrutas con ello.
Esas gentes que encuentras en el 30, que te tocan el alma cuando ven que hace falta, que te dan sus consejos, que te cantan en alto, que te abrazan bien largo, que te dan en la espalda una sobria palmada de esas que gastan en el norte, que te llaman amigo, que al fin de la jornada, cuando acaba la suya, cansadas y tranquilas, aún te ofrecen su ayuda cuando sigue la tuya.
Y esas gentes del 30 que creen lo que viven y viven lo que creen, que te han dado paciencia, que respetan sin miedo tu experiencia y te entregan la suya cada vez que hace falta; que escuchan casi todo, que te llaman amigo.
¡Ay esas gentes del 30 cuanto trabajo dan a un solo corazón por devolver a cada cual lo suyo, cada rasgo de aprecio, cada gota de pura simpatía, cada gesto de cariño y apoyo!
Que los días que llegan, que el año que comienza, les traiga lo que dieron, se lo aumente, engrandezca y amplíe. Que devuelva con creces a todos lo que hicieron. Que uno solo no pueda aunque siempre lo intente.
Feliz 2017

martes, diciembre 06, 2016

Cultura de la violación o el falso icono de Schneider

En 1958, Cary Grant terminó el rodaje de la famosa escena de la avioneta con un "este hombre está completamente loco" ¿Por qué? Porque al acabar se enteró de que Alfred Hitchcock le había dado instrucciones al pilóto de que raseara más de la cuenta en las dos pasadas y le gritaba duranto todo el tiempo "sigue, sigue".
John Houston recibió todo tipo de lindezas de la nada sutil verborrea de Humprey Bogart tras el rodaje de la escena en la que acaba en el agua en La Reina de África porque nadie le había dicho que el empujon de la Hepburn daría con sus huesos en el río. Y encima tuvo que repetirla y salir sonriendo.
¿A qué viene todo esto? Pues a que hoy me he desayunado con algo que ha hecho que se me atragante el café vietnamita que una buena amiga había tenido a bien regalarme.
Con Marlon Brando y Maria Schneider muertos y Bertolucci viviendo -que me perdone- con permiso del enterrador, alguien ha reavivado aquello de que la actriz fue engañada en la míticamente rancia escena de El Último Tango en Paris, esa de Perpignan, la censura y la mantequilla. 
Creía yo que era otra manida disquisición cinematográfica cuando me encuentro inmerso en una de esas piezas que últimamente está empeñado en regalarnos El Pais en la que habla de cultura de la violación y no sé que cosas más -bueno sí lo sé-.
Y ya me ha tocado el trigémino, que diría una amiga mia.
Para empezar me toca el trigémino lo de la "cultura de la violación" porque es una mentira como un templo. No niego que en otros países de la tierra y en otras culturas pueda existir o persistir, pero decirlo de la sociedad occidental atlántica es un manipulación.
Sociológicamente para que haya una cultura de algo, ese hecho debe ser aceptado masivamente por todos los elementos de la sociedad lo que supondría que la violación tendría que ser aceptada sin reproches tanto por los perpetradores como por las víctimas y sobre todo por los que no son ni una cosa ni otra.
Así, la cultura del individualismo lo es porque la mayoría de los miembros de esta sociedad piensan que lo lógico es ponerse a sí mismos por encima de los otros y eso es comunmente aceptado para bien o para mal. Y con respecto a la violación eso es radicalmente falso.
Una cultura de la violación es la que existió hasta la edad media, donde la violación no era castigada, donde se consideraba que las mujeres eran botin de guerra y por tanto estaba permitido y hasta fomentado que se las violara e incluso en tiempo de paz se mantenían leyes como La Prima Note y el derecho de pernada que la sacralaziban.
Una cultura de la violación fue la que impusieron los japoneses en la Segunda Guerra Mundial en la invasión de la provincia china de Nanking, en la que incluso obligaban a punta de  bayoneta a los soldados que se oponían a ello a violar mujeres chinas para "aumentar la sangre nipona en esas tierras" o la que impuso el enloquecido Mengele en sus experimentos, forzando la violación continua de las prisionaras judías para que quedaran embarazadas y tener más material para sus experimentos.
Pero ni los hombres, ni las mujeres, ni los cargos públicos, ni la judicatura, ni los medios de comunicación de esta sociedad alientan ni jalean la violación, no van por la calle buscando alguien a quien violar en cuanto no hay un agente de la autoridad presente, no defienden que los violadores no sean condenados, no se detienen por la calle a aplaudir cuando contemplan a un hombre violando a una mujer o defienden que "la cosa" se soluciona con que la víctima se case con el agresor como sabemos que ocurre en otros lugares.
Que haya media docena de jueces rancios y machistas y un puñado -repito, un puñado, que en España somos 23.000.000 millones de hombres- de locos criminales descerebrados y violentos que se dediquen a violar y grabar sus violaciones no implica bajo ningún parámetro sociológico que haya una "cultura de la violación".
Y quien defienda lo contrario que estudie sociología y se entere de una vez.
Porque ya estoy más que harto de que se pretenda en estos asuntos meter a todos los hombres en el mismo saco en un intento de hacernos partícipes de los pocos criminales locos de nuestro tiempo y de todos los machistas recalcitrantes de tiempos pretéritos; porque ya estoy harto de que quienes dicen luchar contra estos horrendos crímenes se oculten bajo falsos arquetipos, presupuestos manipulados y rancios discursos para intentar disimular que lo único que buscan es un enfrentamiento secular e irreconciliable con los hombres por motivos personales, ni siquiera ideológicos.
Y ya estoy harto de que las mujeres que realmente creen en la igualdad no les digan que ya está bien, que es mentira, que lo que hacen unos pocos no puede servir para culpabilizar a mas de dos decenas de millones de hombres inocentes y que se están aprovechando del dolor y el sufrimiento de unos miles de mujeres para algo que solo puede comprenderse desde su propio resentemiento personal y su voluntad de poder.
Y sobre todo estoy harto de que se me marque como potencial culpable cuando soy inocente porque se afirma falazmente que existe una "cultura de la violación".
Así que no, señoras, no hay cultura de la violación en la sociedad occidental atlántica.
Y con respecto al asunto de El Último Tango en París y el artículo de El País, un solo párrafo resume el esperpéntico espectáculo de la manipulación mediática a este respecto.
"Hace menos de diez días repasábamos en Verne algunos conceptos relacionados con la cultura de la violación: la normalización del impulso agresor, la impunidad y culpabilización de la víctima y la necesidad de grabar la agresión estaban entre ellas. Todas parecen cumplirse en este caso".
La escena se graba porque es cine, ¿qué parte no han entendido de que el cine tiene que grabarse para que sea proyectado y por tanto sea cine? Bertolucci no graba la escena por un impulso bouyerista para luego vanagloriarse con los amigos como hacen los criminales pertubados de los violadores de los sanfermines, por ejemplo.
¿La normalización del impulso agresor? Brando no viola a Schneider, no tiene ningún impulso agresor. Simula que lo hace dentro de un contexto en el que hay presentes al menos una veintena de personas -aunque no se las vea en cámara- y todas ellas saben que es una escena de ficción, todas ellas saben lo que está ocurriendo así que, por muy emotivas que sean las declaraciones de la actriz, no existe ni violación ni impulso agresor. 
Brando no está esperando tras una esquina a que su compañera salga del camerino para imponerle una acto sexual porque ella se haya negado previamente. Alguien dice "acción" y se mete en un personaje. Un Brando que, por cierto, también dijo de Bertolucci que se sintió "manipulado durante la pelicula", así que no debía hacerlo solo con las mujeres, ni por "cultura de la violación".
¿La impunidad y la culpabilización de la víctima?, ¿de qué estamos hablando?, ¿quien queda impune si no hay violación?, ¿quién es la víctima si no hay violación?
Si Schneider es víctima de algo es de lo mismo que los fue Cary Grant en Con La Muerte en Los Talones o Tippi Hedren en Los Pájaros, o de lo mismo que los fueron Humprey Bogart en La Reina de África o Paul Newman en La Gata sobre el Tejado de Cinc -al que también le pilló por sorpresa el monumental bofetón que le endoso Liz Taylor-. 
Son víctimas de Cinema Verité, del Neorealismo Italiano, de la Nouvelle Vague, del método Stanislavski o del Actor´s Studio. Son víctimas de todos los directores que han usado ese método de trabajo que engañaba y forzaba a los actores para conseguir "resultados más realistas". 
Si quieren discutir sobre eso, discutimos hasta hartarnos. Pero meter eso en esa supuesta "cultura de la violación" es un absurdo.
Y si quieren hablar de cine y "cultura de la violación" que vean los angustiosos 10 minutos de secuencia de Irreversible -los únicos minutos de metraje cinematrográfico que me han hecho vomitar- donde sí estan presentes todos esos elementos en una ficción tan realista que hace mucho más por poner al mundo en contra de la violación que todos sus discursos y sus reproches a una película de hace cuarenta años.
Y que lean las declaraciones de Monica Belucci al respecto: "No sabía cómo iba actuar hasta que rodé la escena. Lo único que tenía claro era la patada del final porque para eso hay que estar gestualmente preparada. Prestia tampoco sabía lo que hacer exactamente más allá de sus frases. Estas escenas se graban así".
Y sobre todo si quieren hablar de "cultura de la violación" que vean como la por entonces musa cinematográfica de Francia se hizo acompañar por el actor en varias ocasiones ante la reacción negativa que toda la sociedad francesa había tenido ante el personaje que identificaron, como suele ocurrir, con el actor.
O simplemente que vean como acaba o empieza la película. Que por algo se llama Ireeversible. Y entonces hablamos de si hay en el Occidente Atlçantico o no hay "cultura de la violación".
Que ya está bien.

sábado, diciembre 03, 2016

Gracias Lara por ser mujer, feminista y... racional

Laura Stemple es mujer. Esa es una realidad incuestionable, un dato fijo del problema -que diría aquella-. Lo es desde su nacimiento y lo será hasta su muerte, a menos que su decisión y la cirugía decidan lo contrario.
Lara Stample es feminista. Lo muestra casí sin lugar a ninguna duda su trayectoria, su lista de publicaciones y sus declaraciones. Lo demuestra que desde su cátedra un UCLA participará en el comienzo de siglo en la elaboración de estudios y teorías que fundamentaron el concepto de políticas de Género en Estados Unidos.
Lara Stemple es científica -de humanidades, pero científica-. Por eso dirige el Proyecto de Derecho de Salud y Derechos Humanos, imparte clases en el Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad de California-Los Angeles y participa en la elaboración de los mas refutados informes y estudios de esa presitigiosa universidad sobre la situación de la salud y los derechos humanos de las mujeres en su país y en el mundo
Lara Stemple es demócrata. Su apoyo al partido demócrata es abierto y se la situa por algunos en el vértice más izquierdista de la campana de Gauss de esa formación política.
Es de suponer que por eso se dedica, entre otras muchas cosas, a estudiar la realidad y los problemas sobre la victimización de las violaciones.
Y un día, Lara Stemple se desayuna con este dato: El 38% de las víctimas de violación, abusos o acosos sexuales son hombres.
Como es mujer se sorprende, como es femenista recibe el dato con cierta incredulidad, con la mosca tras la oreja, vamos. Pero como es ciéntifica acude a la fuente y descubre que son las cifras de la National Crime Victimization Survey (encuesta nacional de crímenes sexuales estadounidense).
Y aquí es donde Lara Stemple empieza a ser distinta del feminismo militante que conocemos aquí y empieza a demostrar que cree en la igualdad, la justicia, la mejora social y la solución racional de los problemas.
Porque no guarda el informe en un cajón olvidándolo y pidiéndole al destino que nadie se fije en él para que su idea preconcibida de que solamente los hombres pueden violar no se ponga en entredicho. Porque no sale a la palestra con una sesuda columna de opinión que todo el mundo hubiera leído como una opinión de autoridad -porque ella lo es- afirmando que es un producto de una manipulación, de un intento "neomachista" de culpabilizar a las víctimas o de restar importancia a las violaciones de mujeres.
No, recuerda que es científica y se pone a investigar. Recuerda que es progresista y pone sus ideas previas en suspenso.
Y descubre cosas aparentemente sorprendentes: que el 68% de las veces que un hombre fue violado en Estados Unidos lo fue por una mujer; que en 79% por ciento de los casos en que un hombre se sintió acosado, asaltado sexualmente o violentado, la perpetradora era una mujer, y que lo sostiene otra fuente incontestable: The National Intimate Partner and Sexual Violence Survey (notese que el concepto es Violencia dentro de la intimidad, no Violencia de Género. Esto es un matíz de mi cosecha), una estadística dirigida por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades públicos de su país.
Como es mujer podría haberse sentido mal porque se acusaba a otras mujeres de tener comportamientos crueles, agresivos y violentos, pero no lo hace; como es feminista podría haberse sentido contrariada y tirar de orgullo y dignidad y afirmar que es falso, que es un porcentaje minotario, que lo que importan son las violaciones a mujeres dando todo tipo de argumentos; pero no lo hace; como es una de las impulsoras del concepto de políticas y violencia de Género podría haber ocultado la mirada tras su prisma de género y seguir disparando sin querer darse cuenta de que estaba errando el blanco. Pero se niega a caer en esa trampa.
Como es científica y cree realmente en la mejora social y la igualdad -la de todos- sigue investigando y deja que la realidad le ayude a reformular su pensamiento. Tira el prisma de género que no le sirve para esto y permite que su mirada se fije en todas las facetas.
Y ella, mujer, feminista y progresista, plantea la necesidad de decirle a las mujeres que lo mismo que ellas consideran un acoso o una agresión lo es si lo hacen ellas; que si se lanzan a comerle la boca a un hombre este la aparta -¡Ay, ese famoso "hacer la cobra"!- volver a ello no es ser "sexualmente activa", "insistente" o "echá pálante", es acosar; que si un hombre les da dos picos y luego les dice "no va a ver nada más", mantener el acoso es precisamente eso, acoso, no fortaleza ni armas femeninas, ni insistencia.; que si un hombre empieza y luego no quiere terminar no se le puede intentar forzar a continuar hasta el final con amenazas sobre hablar de su hombría o ninguna otra actitud.
Y por supuesto les dice a ese 28% de mujeres que directamente asaltan a los hombres de forma violenta y les obligan a penetrarlas o realizarles cualquier otra práctica sexual con coacciones físicas que deberían pudrirse en la cárcel como cualquier otro de esos repugnantes violadores de mujeres que todo el mundo tiene claro que deber ser castigados.
No las excusa, no afirma que hay que tener en cuenta que es posible que hayan sufrido abusos o maltrato por los hombres y eso las haya pertubado, no intenta minimizar su responsabilidad para culpabilizar al hombre una vez más como otros feminismos que conocemos y nos son muy cercanos. 
Pese a ser mujer, feminista y de izquierdas no dice con la boca pequeña: "quizás ocurre y habría que estudiar las causas", afirma contundente "ocurre y quien lo hace es una criminal" -lo cual no impide estudiar las causas sociales de esos comportamientos-.
Y como Lara Stemple es racional se vuelve a su entorno, a aquellas que se encuentran inmersas en las ideológias de género y les dice que "Los estereotipos de género interfieren con el complejo proceso de entendimiento de los crímenes sexuales. Los enfoques feministas más extendidos pueden ensombrecer la luz de esta realidad".
Les dice que ha llegado la hora de redefinir su pensamiento en virtud de la realidad, de abandonar quizás el prisma que les hace poner solamente el foco en lo que le pasa a las mujeres minimizando lo que les sucede a los hombres; que hay que dejar de pensar siempre en la mujer como víctima inocente porque no ayuda en nada a las víctimas femninas de violación que las culpables femeninas de idéntico crimen queden impunes.
En fin, que hay que salir de Matrix, volver al mundo real y replantearse la unidireccionalidad de sus pensamientos porque de otro modo no lograrán un mundo justo. Todo ello sin ignorar el hecho de que la sociedad ha usado históricamente la violencia sexual para subyugar a las mujeres y que en muchos países aún se hace.
Y como progresista que cree en la justicia y como científica que cree en la necesidad de pensar sin prejuicios cierra toda esta reconstrucción ideológica basada en la realidad de los datos y los hechos con un corolario que no me imagino yo en los labios ni las neuronas de ninguna femenista patria de postín.
"El feminismo ha luchado mucho y muy duro para combatir contra los mitos de la violación -que si una mujer es violada es, de alguna manera, culpa suya, que ella lo consentía de alguna forma-, pero hace falta que abramos ese mismo debate con los hombres (...) la compasión no es un recurso finito,  si nos indigna el sufrimiento de una mujer ha de indignarnos el de un hombre y es nuestra obligación luchar por la dignidad de la mujer denunciando también los actos indignos que cometen mujeres no solamente aquellos de los que son víctimas". 

Gracias Lara por ser mujer, feminista, científica y racional porque si lo dices tú ya no podran refugiarse en el supuesto machismo o en las "malas experiencias personales" cuando otros, de otro sexo y de otra profesión defendemos lo mismo.
Y gracias a Raquel Márquez, la periodista que ha firmado el reportaje en El Confidencial por ser mujer y profesional -no sé si es feminista- por no orillar el artículo de The Atlantic ni los estudios de Stemple y los demás y publicar algo sobre esta realidad en un país en el que el uso y el abuso continuo del prisma de género produce constantes aberraciones legales y sociales.
Aunque, eso sí, la próxima vez que salgan las cifras de denuncias sobre maltrato estaría bien que hiciera la misma salvedad que con las de Stemple y los estudios que maneja: "Si el procedimiento ha sido objetivo y se han hecho bien las cuentas". Creemé Raquel te puedes llevar una sorpresa.
http://lefthandgod.blogspot.com.es/2012/01/acercamiento-objetivo-las-estadisticas.html
Pero, en cualquier caso, muchas gracias.

domingo, noviembre 27, 2016

Conversación, amigas y seguir o salir de la trinchera

Mi amiga Juana Garrido, a la que conozco y respeto desde hace muchos años porque es una persona que piense lo que piense es capaz de argumentarlo, debatirlo y presentarlo ordenadamente subió al caralibro un enlace el día de la muerte de Fidel Castro en el que se listaban algunos de los logros sociales del gobierno cubano a lo largo de los años.
""Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos (refiriéndose a Estados Unidos) nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra". Fidel Castro"
https://iniciativadebate.org/2016/11/26/el-mejor-homenaje-a-fidel-castro-es-recordarlo-con-hechos/
Mi amiga Ana Maria Palmieri, a la que solamente conozco por lo reflexivo y equilibrado por regla general de sus opiniones le contestó estó
“Además de lo bueno, también es necesario recordar que no hay libertad de expresión, a los presos políticos, a los torturados, a los miles que murieron ahogados tratando de huir de la isla. Eso no es democracia. Sabes que mi padre apoyó la revolución cubana, incluso fue a trabajar con Fidel al principio de su mandato, y que fue amigo del Che, pero no apoyó que se instituyera una dictadura”.
Y Juana respondió
"El único líder en América latina que mantuvo intacta la soberanía de su país y la dignidad de sus gentes. La libertad de expresión está muy bien para los que saben leer y entienden lo que leen. En Cuba no hay analfabetos. Eso sí, han conseguido superar enfermedades, huracanes, drogas, bandas y tribus... Cuba exporta médicos, técnicos y maestros. ¿Sombras?, ¡seguro! Para mí no oscurecen ni apagan el brillo de la obra que con inmenso coraje impulsaron aquellos visionarios. Y Fidel es el último. Ahora es Historia".
Y entonces llegué yo. Largo, pesado y denso como siempre.
Lamento tener que disentir Juana. ¿Intacta la soberanía de su país con cerca de siete millares de "asesores" militares soviéticos?, ¿con sus sierras convertidas en campos de entrenamiento para guerrillas y operativos entrenados y financiados por la URSS que se dedicaron a regar África de sangre desde Eritrea hasta Angola?, ¿con las mujeres cubanas que pasaron de ser prostitutas de los yanquis a jineteras de los turistas y los asesores militares soviéticos?
No entregar la soberanía de tu país a Estados Unidos para entregársela a la extinta Unión Soviética no es ningún logro, es simplemente cambiar un colonizador por otro.
La revolución Cubana murió cuando triunfo en 1959 como debe hacer toda revolución, como lo hizo la francesa en su momento, tras el periodo del terror, para dar paso a otra cosa. A un gobierno justo, a un gobierno democrático. Fidel no hizo ese paso y se convirtió en un dictador.
El bloqueo y la crisis de Bahía de Cochinos no justifican bajo ningún concepto que trasformes la PNR en un cuerpo represivo y en una policía política dedicada a cazar disidentes o que fundes el G2, la Inteligencia Militar Interior que torturó e hizo desaparecer a miles de personas.
Si para enfrentarnos a los horrores que generan un sistema represivo e injusto y una forma de organización económica desequilibrada y brutal, mitificamos a los monstruos que genera la ideología opuesta habremos hecho un camino lleno de esfuerzo, de sangre y de sufrimiento para volver al punto de partida.
¿La dignidad de sus gentes? ¿matarlos de hambre mientras recibes a cuerpo de rey a los intelectuales de izquierdas o mantienes en barrios con todas las comunidades a asesores, operativos y espías soviéticos es mantener la dignidad de sus gentes?, ¿purgar a los que piensan de forma diferente a ti es mantener la dignidad de sus gentes?, ¿dispararles por la espalda mientras huyen, sin hacer daño a nadie, para poder acceder a todo lo que el bloqueo les niega solo para mantener la imagen de éxito de tu régimen es mantener la dignidad de tus gentes?
Lo siento. La libertad de expresión y de opinión es para todos, sepan leer y escribir o no. Hitler también alfabetizó Alemania, Franco también alfabetizo España, Stalin Rusia y Mao Tse Tung y la revolución cultural China. Eso no compensa los cadáveres, la represión ni la negativa a dejar a sus respectivos pueblos la posibilidad de elegir. Y defender cualquier otra cosa solo tiene un nombre: ese que tanto le echamos en cara a otros regímenes y otras dictaduras.
Nada ensombrece lo que hicieron los que descendieron de Sierra Maestra para ganar la libertad de sus gentes. Pero nada ilumina lo que hizo Fidel desde el momento en que llegó al poder.
Pudo elegir otra cosa y eligió ser un dictador con las manos manchadas de sangre de su pueblo. Si para ti el asesinato sistemático, la represión, la persecución ideológica y la corrupción no ensombrecen un régimen entonces desgraciadamente entendemos el progreso, la libertad y la justicia de forma diferente.
Para mí no hay ideología, mejora sanitaria, ni alfabetización que justifique eso porque se puede hacer sin ello. Quieras verlo o no querida Juana Garrido Machiñena
La historia ya lo dice y no creo que pueda o deba decir otra cosa: Castro es otro revolucionario que corrompió una idea de justicia y libertad para transformala en una dictadura ideológica injusta.
Juana: He estado, estoy y estaré en otra trinchera Gerardo...
Yo: Lástima.Nos vendrías muy bien a los que estamos que pensamos y sentimos que hay que luchar a muerte cuando cuando hay que luchar, hay que agotarse hasta la última gota de sudor y construir cuando hay que construir y hay que estar dispuesto a morir por defender la libertad y la vida digna de todos, aunque no piensen como nosotros.
Yo estuve en tu trinchera mucho tiempo. Disparando sin mirar, imposibilitado de todo movimiento como lo está cualquier luchador en su trinchera; creyendo que la idea justificaba cualquier acción, que el ataque cualquier modo de defensa, que la victoria cualquier acto y reacción.
Hasta que un día salí y decidí combatir de otro modo. Ir a la guerra real.
Y allí descubrí que la vida y la muerte no son luces y sombras, son personas reales supuestamente de uno y otro bando que sangran, que mueren en tus brazos.
Que un enemigo es capaz de darte un vaso de agua y salvarte la vida mientras que un aliado te arroja a los leones con tal de aumentar su poder, su prestigio o su fuerza.
Y lo supe, lo supe cuando vi ciudades enteras destruidas, campos de refugiados arrasados, calles y autobuses empañados en sangre, cuando tuve un arma en mis manos y deseé matar.
Mi guerra, mi lucha, eternamente perdida y combatida, ya no será nunca más escondido e inmóvil en una trinchera en la que solo asomas la vista para disparar a riesgo de ser alcanzado en el intento.
Ya nunca más me moveré en la estrecha zanja de un solo pensamiento, de una solitaria y anquilosada ideología que se niega a cambiar por miedo a estar equivocada, por miedo a la derrota, por miedo a descubrirse a si misma agotada e inútil, superada por el tiempo y la realidad.
Mi lucha no es ni podrá ya ser nunca por el comunismo, el capitalismo, el socialismo o el liberalismo; no es ni podrá ser contra el imperialismo o por el colectivismo, contra el nacionalismo o por la independencia, por la tierra o por la patria, por la clase social o por el estamento, por la fe o por el laicismo.
Nunca más habitaré la penumbra de una sucia trinchera en el nombre de nada, por el honor de nada, por la gloria de nadie.
Desde entonces mi guerra se hace de otro modo. Corro, cambio de sitio, avanzo y retrocedo, escribo y si hay que disparar disparé otra vez parándome a mirar, a pensar y apuntar antes de hacerlo. Y lo hago pobremente, en el rango de compromiso y esfuerzo de los que soy capaz, por un solo motivo.
Contribuir en dar la libertad a aquellos que carecen de ella.
Sea en el imperio decadente y superfluo de Estados Unidos o en la no menos decadente dictadura cubana, sea en la represiva y teocrática Israel o en la yihadista y masacrada Palestina, sea en la independentista Catalunya, la nacionalista Euskadi o la españolista Castilla. Sea en la Alemania de Merkel, en la Turquía de Erdogan, en la Inglaterra del Brexit, en el Irán de los Ayatolas o en la Siria invadida y bombardeada por mil fuerzas que ya no tiene gobierno ni casi población.
Sea en l África de los niños soldado y los esclavos de coltán y diamantes, en la India de las mujeres inmoladas, vendidas y quemadas con ácido o en la China de los esclavos de a euro y medio la hora de trabajo.
Mi trabajo como ser humano es combatir por dar la libertad a los seres humanos que carecen de ella. Y que hagan con su libertad lo que les venga en gana. Porque no tengo derecho a pensar por ellos ni imponerles vivir a mi manera, aunque crea que es la forma adecuada.
Porque su libertad es suya, no mía.
Eres una de las mentes más claras que conozco y de los corazones más comprometidos que he tenido el honor de encontrarme. Por eso siempre serás bienvenida a mi guerra si la quieres perder cada vez que la ganas, como yo llevo perdiéndola desde que empecé a combatirla.
Por mi parte, nunca más volveré a entrar y disparar desde trinchera alguna.
Se te quiere Juana

sábado, noviembre 26, 2016

La alcaldesa, el comandante y la memoria editada

Menos mal que ha muerto Fidel Castro.
Tranquilos, no se me encienda nadie. Lo digo solamente porque si únicamente hiciera mi pregunta y mi reflexión sobre la muerte de la inefable Rita Barberá alguien podría simplemente descartarla como un insulto de "podemita" o una falta de educación de "perroflauta".
Así que, menos mal que se ha muerto Fidel Castro porque así puedo hacer ambas cosas -pregunta y reflexión- sobre ambos, y unos y otros no podrán -o al menos no tendrán argumentos para hacerlo- echarme en cara ideología ninguna.
Y la pregunta es ¿qué es respetar la memoria de los muertos?
Parece ser que se ha impuesto -por lo menos en este país- una suerte de eterna y en apariencia indiscutible manta de hipocresía social que hace consistir ese respeto en ocultar las carencias, taras, delitos y faltas del muerto en cuestión en aras del respeto a su memoria.
O sea que respetar la memoria de un muerto es mentir, cuando menos por omisión.
Así, Rita Barbará debería ser recordada por lo bueno como una mujer que "dio su vida al Partido Popular" y Fidel Castro como el revolucionario que bajo de Sierra Madre para liberar Cuba de la dictadura de Batista, el por entonces proxeneta máximo del burdel caribeño de Estados Unidos que era Cuba.
Para empezar no sé que de bueno tiene entregar una vida a un partido político -sea este del signo que sea-. Porque eso haría dignos de ser recordados favorablemente a Goebbels, que se la entregó al Partido Nazi, a Kruchev o Stalin que se la entregaron al PCUS, Xiao Ming, que se la entregó al Partido Comunista de China o Pieter Botta, que la puso al servicio del Partido Nacional Afrikaaner. Y me temo que ninguno de esos personajes han de ser recordados favorblemente.
Y lo del criterio de la revolución está bien pero tambien tiene agujeros profundamente oscuros. Poque significaría que deberíamos fijarnos exclusivamente en ese aspecto y considerarlo favorable también en individuos como Mussolini, Pol Pot, Katanga, Mao Tse Tung o Adolfo Calero. Y todos sabemos que las vidas de esos personajes tienen más sombras en forma de cadáveres y sangre que luces en forma de revolución.
Así que me parece que esos no son criterios para respetar la memoria de los muertos. Aunque alguien dira que de lo que se trata es, en beneficio de esa memoria, destacar "lo bueno que hizo". Bien, lo compro. 
Entonces recordemos a Stalin por el milagro agrario soviético, a Hitler por la construcción de infraestructuras y el despegue industrial de Alemania, a Franco por el sistema hidraúlico, a Pieter Botta por el desarrollo de la industria armamentística surafricana, al Ayatolah Jomeimi por el sistema público de Sanidad en Irán y a Ariel Sharon por los sistemas de créditos para el asentamiento de empresas israelies en el extranjero.
Reescribamos los libros de historia y obviemos todo lo demás, para que su memoria sea respetada, volvamos a redactar sus biografías y sus necrológicas para que "lo bueno" haga respetuoso honor a su memoria.
¿Ah, que no se trata de eso? Pues entonces ya me pierdo.
Yo siempre he creido, a despecho de alguna que otra habitante de Las Rozas, que la principal muestra de respeto hacia alguien es decir de él y decirle la verdad. Así que, por extensión, para mi no hay mayor respeto a la memoria y el recuerdo de los muertos que decir la verdad sobre ellos.
Es eso o caer en la falacia de la mítica película Final Cut de Robin Williams y cometer el error de permitir que por conveniencia, política o mera y simple hipocresía social se manipule la vida y el recuerdo incluso después de la muerte.
Y, por puro respeto a la memoria de Rita Barberá, digo que fue una persona que entregó su vida a la consecución y el mantenimiento del poder político a través del Partido Popular, que no supo retirarse a tiempo, que dejó que su ciudad cayera en múltiples tramas de corrupción mirando a otra parte o recibiendo mordidas, pitufeo o como quiera llamarse por ello -estó último está por demostrar y nunca será ya demostrado, ¡que conveniente!-.
Alguien que dilapidó el dinero de los valencianos y del Estado Español en una Ciudad de Las Artes y Las Ciencias que se cae a pedazos, en un fallido Premio de Formula 1 que costó más de lo que dejó, en una Copa America que nunca pasó del rango de entelequia, en una visita del Papa Inquisidor Ratzinger cargada de facturas engordadas, nepotismo en los contratos y pérdidas millonarias.
Una persona que colaboró -con la consejera Catalá y otros tantos- en el desmantelamiento de la educación pública mientras cedía terrenos al Opus Dei y otras entidades religiosas para que abrieran colegios concertados en una sustitución flagrante de la educación por el adoctrinamiento -eso de lo que se acusa ahora tanto a la izquierda-.
Y sobre todo una persona tan mezquina e indigna que siguió refugiandose en su acta de senadora para eludir lo más posible presentarse ante la justicia para responder por sus actos en lugar de vindicar su inocencia adelantando lo más posible el proceso y presentándose con la cabeza bien alta defendiendo su inocencia.
Y por puro respeto a la memoria de Fidel Castro digo que fue un revolucionario que participó- repito, participó- en la Revolución Cubana y que mientras bajaba de Sierra Maestra ya comenzó a librarse de sus rivales políticos, los verdaderos ideólogos de ese movimiento para hacerse con el poder; que obtenida la victoria no supo hacer la transición hacia un gobierno justo, orilló a Ernesto Che Guevera hasta que se deshizo de él aprovechandose de su idealismo enviándole a combatir a una revolución en Bolivia que estaba fracasada antes de empezar.
Alguien que dejó de ser revolucionario, de izquierdas o como quiera llamarse cuando permitió que su población pasara hambre por no dar su brazo ideológico a torcer, al que no le importó mantener contacto y negocios con otros dictadores -por ejemplo un tal Franco, que también era gallego- pese a las pestes que echaba del capitalismo.
Y sobre todo alguien que abandonó toda ideología con tal de mantenerse en el poder en el mismo momento en el que ordenó que la PNR y el G2 ejercieran de policía política en purgas y represiones de opositores o que ordenó al ejercito disparar contra aquellos que abandonaban la isla en las tristemente famosas balsas.
Así que por respeto a la memoria  de Rita Barberá y Fidel Castro defenderé el recuerdo de ellos como una política corrupta y un dictador represor y no solo como una aclamada alcaldesa y un líder revolucionario. Con todos los matices y correciones que los historiadores hagan de ellos con el correr de los años.
Y si sus familias, deudos y allegados se sienten mal por eso, no lo siento por ellos. Para mi y creo que para nadie debe ser factor determinante. Deberían haberlo pensado cuando estaban en vida,sabian lo que hacían una y otro y, en lugar de reclamarles justicia e integridad, les seguían el juego solo por la falsa e inútil lealtad de la sangre.
El respeto a la memoria de cualquier persona es decir y escribir la verdad sobre ella, toda la verdad a ser posible porque, por si alguien no se ha dado cuenta, los muertos están muertos. No sienten ni recuerdan.

domingo, noviembre 20, 2016

Prego o la mediadora pública que decide no serlo

Allá en mis años mozos alguien, para ser sincero varios, me enseñaron lo que era ser periodista y, más allá de matices, escuelas y teorías, todos coincidián en una cosa.
A mí me enseñaron que el periodista es aquel mediador público que capta, analiza, redacta, difunde e interpreta la realidad para presentarla ante la sociedad entendida como audiencia. Por eso el periodismo se realiza a través de medios de comunicación de masas.
Si tienes una entrevista en la que Adolfo Suarez afirma que no convocó un referéndum sobre la república o la monarquía por miedo a perderlo y no la publicas, no eres periodista.
No eres periodista porque no medias entre la realidad y las audiencias, no eres periodista porque antepones otros criterios a tu función y al hecho por el que te ha sido revelada esa información, que es precisamente tu condición de periodista.
Puede que ideológicamente no esté de acuerdo con la decisión y el ejercicio de su cargo de Adolfo Suarez, que me parezca cobarde y poco democrático, pero él sí cumplía con su función de político al tomar esa decisión. Por contra, Victoria Prego no cumplía con su función.
Ella no puede refugiarse en la responsabilidad de Estado, porque no le compete tenerla; ella no puede refugiarse en que -y me perdonen la expresión soez- se la pone dura la monarquía para no publicar esa información. 
Porque si esas son sus motivaciones, lo que debe hacer es renunciar a su función de mediadora pública entre la realidad y las audiencias, fundar un partido monárquico y hacer propaganda en favor de esa institución.
O, si quería seguir siendo periodista, presentar la información y acompañarla de una columna de análisis y opinión en la que ensalzara el Sentido de Estado de Suarez o las bondades de la monarquía. Así de simple y ella lo sabe. Todos los que hemos estudiado y practicado el periodismo lo sabemos.
Ahí empezó a dejar de ser periodista porque no difundió, analizó ni interpretó la realidad captada para sus audiencias.
Y ha terminado de serlo cuando, obviando la realidad y los datos que conoce, presenta en su discurso con voz pausada y de preocupación una conclusión sesgada y conscientemente falsa sobre la realidad.
Porque presenta unas declaraciones del líder de Podemos en las que alerta del riesgo para la democracia de la concentración de la propiedad de los medios de comunicación en un duopolio efectivo como un intento de control político obviando la realidad que ya ha captado.
La realidad de que ese control político ya existe.
Presenta una situación actual como si existiera libertad de prensa y auto regulación, obviando el hecho de que los medios de comunicación públicos están controlados políticamente por los partidos que gobiernan en el Estado y las Comunidades Autónomas; de que la financiación de los grandes grupos editoriales de prensa se sustenta sobre dos pilares: las ayudas estatales -que se amplían o recortan dependiendo del signo del partido gobernante a través de la publicidad institucional- y los créditos casi a fondo perdido de los bancos, que hacen que esa supuesta auto regulación no se fundamente en la ética, sino en los intereses de aquellos que sufragan económicamente esos grupos editoriales.
Porque pretende presentar a los medios de comunicación como empresas ideológicas -algo que tienen derecho a ser- ignorando esa realidad de que su forma de financiación les hace ser empresas “ideológicamente dependientes”. 
La cadena FOX en Estados Unidos tiene derecho a ser Republicana y defender esas ideas porque se financia ella sola, sin ayuda estatal ninguna; el New York Times o el Los Ángeles Herald tienen derecho a ser ideológicamente demócratas por idéntico motivo. 
Pero la prensa española está sometida ideológicamente a la dependencia de la financiación estatal y de las presiones de la banca por lo que su supuesta independencia ideológica deja mucho que desear.
Y sabiendo todo eso, en lugar de presentarlo y decir luego lo que piensa de las opiniones de Pablo Iglesias, lo obvia y presenta una realidad de medios de comunicación cuajada de estrellas y libertad a la que solo amenazan las declaraciones de Iglesias que, por otro lado, no habla en ningún momento de control político de los medios, sino de control legal de los monopolios en las empresas comunicativas -algo que, por otro lado, ya existe y Prego también obvia-.
Así que cuando se pone a ser periodista, a mediar públicamente entre la realidad y las audiencias, lo hace modificando la realidad por ocultación con lo cual tampoco cumple su función como periodista.
De modo que Victoria Prego no debería ser Presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid por un único motivo. No es periodista. 
Dejó de serlo cuando ocultó la entrevista a Adolfo Suarez y demostró que no lo era cuando dio su famoso discurso difundiendo el miedo a un “ministro de comunicación”.
Y, aun a riesgo de parecer soberbio y de serlo, cualquiera puede tener una opinión diferente sobre este particular pero solo demostrará que no tiene ni pajolera idea de lo que son y deben ser el periodismo y su ética.

sábado, noviembre 19, 2016

El PP bolivariano o el arte de no hallar semejanzas.

Llevamos dos años escuchando hasta el hartazgo y el hastío desgranar una por una las presuntas similitudes entre los partidos de la nueva izquierda española y ese coco mitológico que se han sacado de la manga llamado dictadura bolivariana.
Por más que unos y otros lo intentan, no han podido pasar de un par de afirmaciones del líder de Podemos, unos informes pagados o no, realizados o no, pero que nunca han sido leídos ni publicados y de que Maduro e Iglesias llevan coleta los dos -¡Ah no, eso no!-.
Resulta curioso que mirando tanto hacia Venezuela,  solidarizandose tanto con Venezuela y yendo y viniendo tantas veces a Caracas, Maracaibo y demás, desde Rivera hasta Zapatero, desde Felipe González hasta Jauregui o Mato hayan pasado por alto alguna que otra similitud.
"Ahora nos piden un referendúm para cambiarlo todo, como si la gente no hubiera hablado ya en las urnas. Y nos lo piden aquellos que solo quieren imponer su pensamiento a los que quieren estar unidos y avanzar hacia el futuro".
Podría haberlo dicho Rivera antes de que alguien le aconsejara disimular que es catalán y españolista; lo podría haber dicho Don Mariano en uno de sus escasos arranques antes los medios o incluso lo podrían haber dicho Arrimadas y Albiol en un coro a dos voces.
Pero lo ha dicho Nicolas Maduro.
Y se desgarrarán las vestiduras y expondrán ese argumento tan sólido y desarrollado de "no es lo mismo"
Pero, lo siento sí es lo mismo. Es el miedo cerval a que aquellos que no piensan como tú expresen su opinión; es el pánico más absoluto a que el poder escape de tus manos y recaiga directamente sobre los que tienen el derecho a decidir su futuro en cualquier democracia: los ciudadanos, los votantes, el pueblo. Llamalos como quieras, que en eso también hay controversia.
También resulta llamativo que los medios tradicionales, desde El Pais hasta ABC, desde la Cope hasta Radio Nacional, desde La Razón hasta El Mundo, que tanto han escrito e informado sobre Venezuela no hayan percibido otra pequeña concomitancia.
"La corrupción no es nuestra seña de identidad, son unos elementos aislados que, cuando son detectados, son llevados ante la justicia y esperamos que sean castigados duramente si son culpables. Somos los que más luchamos contra la corrupción y esperamos que sea solo cosa del pasado, herencia de una forma superada de entender lo que es un cargo público".
Digno de SSS -Soraya Saenz de Santamaría-, de Rajoy o de la inmarcesible lideresa del PP madrileño cuando la tan repetida palabra sale a colación en sus entrevistas pactadas y sus declaraciones y les hace torcer el gesto.
Pero lo ha dicho Nicolas Maduro ante una periodista francesa que apenas podia evitar esbozar una sonrisa al escucharle.
Y ahora se mesarán los cabellos y diran: ¡Por el amor de Dios, no es lo mismo!
Pero lo siento, sí es lo mismo. Es no responsabilizarse de lo que hacen sus subordinados. Es no buscar solucion alguna a unas prácticas que minan cualquier régimen político, que convierten el servicio público en una forma ilicita y continua de enriquecimiento. Y da igual que sea la trama Gürtel o las mafias militares fronterizas venezolanas; da igual que sea el nepotismo sanitario o el contrabando alimenticio.
Es proteger al corrupto porque el político que le protege hace lo mismo que él e incluso a mayor nivel. Y da igual que se le incluya en la estructura militar para que sea intocable o que que se le haga senador para que disfrute de aforamiento.
Y, por supuesto, resulta sospechoso que todos los opinadores, analistas y supuestos destripadores de la realidad poilítica española -y venezolana-, desde Inda hasta Maluenda, desde Miguel Ángel Rodriguez hasta Isabel San Sebastián, que tanto han hablado y debatido sobre Venezuela hayan pasado por alto otra semejanza.
"No se puede pretender gobernar y hacer gobernar desde las calles, imponer desde la alteración del orden público a un gobierno electo lo que tiene que hacer, las instituciones (...) son el camino para que se exprese la voluntad soberana".
Y lo podrían haber dicho la egregia Cifuentes, allá en los tiempos del 15M, el inefable Wert en los tiempos de la rebelión educativa o incluso el olvidado Lasquety en los años de la movilización contra la privatización de la Sanidad. Incluso podría haberlo dicho cualquier diputado del PP o del PSOE el día de la votación de la Investidura o de la Reunión de la Conspiración de Bruto y Casio -¡Uy perdón, del Comité Federal del PSOE-.
Pero lo ha dicho Nestor Reverol, Ministro de Poder Popular y Relaciones Interiores de Venezuela.
Y alzarán la mirada al cielo y diran ¡Venga ya!, ¿qué tiene que ver? 
Pues mucho. Tiene mucho que ver. Es intentar acallar y criminalizar el descontento popular. Es anteponer el orden público al derecho de manifestación, es pretender dar una imagen de conformidad inexistente, generar una situación social en la que solo aquellos que apoyan al gobierno puedan expresar libremente y de forma masiva su opinión. Es dejar manifestarse a los que te apoyan y limitar y desacreditar a los que lo hacen en tu contra.
Y da igual que sea por la ampliación de los mandatos presidenciales o por el concepto de familia tradicional, que sea por el aborto o por las nacionalizaciones, que sea por el revocatorio o por la "dignidad de España".
Pero lo que más llama la atención es que los votantes del PP, lectores de ABC y la Razón, oyentes de la Cope y Onda Cero y seguidores de las opiniones de Maluenda e Inda, después de oir, leer y ver tanto sobre Venezuela no hayan percibido el último de los pequeños parecidos que existen entre la España del salvador y defensor de la democracia Partido Popular y el hombre del saco que es la Revolución Bolivariana.
"El Gobierno usará el Constitucional para limitar la actividad del Congreso", titula un periódico después de que la Mesa del Congreso rechazara el intento del PP de imponer una herramienta de poder que bordea la autoritario como son los vetos del Gobierno a las propuestas de ley de la oposición.
Y eso sí lo ha dicho y lo va ha hacer el Gobierno español.
Usar la máxima instancia judicial del país, controlada y nombrada por ellos, para sacarse de la manga una disposición legal que impida al Parlamento aprobar propuestas de ley en contra de su deseo; no aceptar las iniciativas de una mayoría parlamentaria porque son contrarias a lo que el Gobierno tiene previsto, ignorando el hecho de que esa oposición es mayoritaria porque representa a la mayoría de los españoles -en una proporción 70-30 por si alguien lo ha olvidado-.
Limitar la capacidad legislativa de uno de los poderes del estado -el legislativo- en favor de otro -el ejecutivo- a través del tercero -el judicial- solamente porque se quiere ejercer el poder sin tener en cuenta lo que quieren los demás.
Eso, como referencia actual, solo tiene un nombre: bolivarianismo venezolano. Ahora griten ¡Demagogia!
Pero, antes de hacerlo, piensen que si esto es demagogia, lo es todo lo que han estado leyendo, escuchando y repitiendo sobre otras similitudes de otros con Venezuela y su régimen. Así que tendrán que replantearse de nuevo su pensamiento, quizás esta vez hasta de forma autónoma.
Y si no lo es están jodidos. 
Porque tendrán que decidir entre unas similitudes ficticias o cuanto menos proféticas con el régimen bolivariano y otras muy reales y tengibles que ya intentan y practican aquellos a los que concedieron su sufragio para evitar que "España se convierta en Venezuela".

sábado, noviembre 05, 2016

Dolors en la frente y el votante del PP vuelve a Matrix

Y la primera en la frente.
Nunca un frase hecha vino tan al pelo de lo que ocurre en la actualidad.
Durante meses aquellos que han decidido votar a quienes ya les habían traicionado una vez, a quienes ya habían incumplido sus promesas electorales, han vuelto a hacer el ejercicio casi enfermizo para autoconvencerse de que esta vez no, de que ahora el Partido Popular cumpliría sus promesas por fin y no haría que la insistente actitud de sus fieles se transformara en el epítome de la incosciencia. Ya se sabe, eso de repetir una y otra vez la misma acción esperando que tenga un resultado diferente, como diría el personaje cinematográfico.
El PP prometió en sus dos campañas regeneración, lucha contra la corrupción, transparencia y honestidad política y se nos descuelga colocando en un ministerio a una ministra que le debe dos millones de euros a Hacienda. ¡Vaya, va a ser que no, que todo sigue igual!
Mientras Montoro, ese hombre pequeño que ansía que le vean enorme, intentaba acorralar a los actores para "dar ejemplo", y persigue a los deportistas de élite con el famoso 85 -15 porque "todos deben contribuir", Rajoy coloca a una morosa en un ministerio y los ecos de esa prometida regeneración de esa frase de "el PP no es corupto, son solamente algunas personas" resuenan para convertirse en un chiste de mal gusto.
Los votantes del PP callados como tumbas mientras tanto, los mismos que corren a llenar las redes de recriminaciones al senador Espinar de Podemos por agenciarse una plusvalía de 36.000 euros -que no digo yo que esté bien ni mucho menos- siguen como monjes trapenses, no se indignan, no se alteran lo más mínimo por los dos millones que la flamante ministra debe al fisco, es decir a ellos, a todos.
La primera en la frente. Y la segunda será que no dimitirá, otro gran ejemplo de regeneración dentro del partido, y la tercera...no hay que esperar.
Margarita Mariscal de Gante, ex ministra del PP, será la que tramite la ponencia para revisar la condena que obliga a dos alcaldes de su partido a pagar cuatrocientos mil euros. 
No se ha enfriado aún la tinta de la firma, no se han apagado aún los ecos de su juramento -ante la biblia, por supuesto- cuando el nuevo Gobierno ya coloca a alguien en un puesto para tapar las vergüenzas de los suyos.
Todo muy regenerado, muy transparente.
Y que politicos y votantes de Génova no se atrevan a decir que lo de la españolista catalana -que por eso está en el ministerio, no nos engañemos- les ha pillado de sorpresa. Porque antes de las elecciones la buena de Dolors y su señora madre ya le debían al fisco la nada despreciable cantidad de 1.277.000 euros. Estaba publicado, redactado, sabido y hasta tuiteado pero... ¡para que se va a preocupar el PP de esa minucias!, lo suyo es la regeneración y la transparencia.
Alguien, alguien del Partido Popular, se intentó hace un tiempo arrogar el mérito de haber salvado la democracia española como parte de los siete millones de sufragios que había recibido el PP.
No sé si han salvado la democracia española de ese monstruo ficticio que ellos quieren ver porque les conviene, pero lo que sí sé es que esos siete millones de votos han mandado un mensaje claro.
"Seguid robando, seguid defraudando y estafando, no nos importa con tal de que la bandera rojigualda de tres bandas ondee en Catalunya y de que nuestros alimentados e irracionales miedos estén a salvo".
Y el Gobierno ha captado el mensaje. Desde el primer día.
Ahora, queridos, os toca callar o seguir hablando de Espinar, de los ERE y de Pujol, que para eso os los ponen en las portadas los medios que os gusta leer porque escriben lo que quereís leer.
Hora de volver a entrar en Matrix.

Simple y llanamente porque decidieron intentarlo


Hace unos días tuve una de esas enganchadas vittuales en el Libro de Caras. Una de esas que mantengo a despecho de quienes leen y escuchan. Y esta última iba de memoria.
De esa memoria de nuestra historia que unos quieren mantener para sus fines y otros desean borrar para los suyos; de esa que escuece tanto a los que curiosamente se empeñan en mantener el recuerdo del sufrimiento y la muerte de un solo hombre suspendido de unos maderos hace un par de milenios, pero luego pretenden que se olvide lo que ocurrió en el patio trasero de su casa hace tres cuartos de siglo.
Mientras estaba en ese pugilato dialéctico me llegó una foto de alguien a quien quiero, la foto de un homenaje a unas personas en un pueblo olvidado de Madrid: la foto de una calle dedicada a Las Brigadas Internacionales que combatieron por la República Española.
Y pensé: "ellos sí, ellos sí se merecen la memoria, ellos sí se merecen el recuerdo"No por aquello que hicieran en los campos y frentes de una guerra civil sangrienta y fratricida, sino por el motivo que les trajo hasta aquí.
El recuerdo no de para qué vinieron, sino de por qué vinieron.
Porque cada uno de ellos hizo lo que no sonotros no sabemos hacer, no queremos ni siquiera pensar en hacer. Escuchó un grito de ayuda y acudió, oyó una petición de auxilio y respondió.
No esperaron a que sus gobiernos combatieran por ellos; no aguardaron escribiendo tuits indignados o post incendiarios, a que otros vinieran a ayudar, a que otros se pusieran en riesgo en su nombre.
Desde Fracia, Alemania, Yugoslavia, Canadá, Austria, Costa Rica, Abisinia, Polonia, Albania, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, Suecia, Suiza, Holanda, Rumania, Argentina, Colombia, Chile, México, Nueva Zelanda, Cuba, Gran Bretaña o Italia, 59.000 personas hicieron eso que hemos olvidado hacer por los motivos por los que nosotros no queremos hacerlo: pelear por los demás, ponerse en riesgo para ayudar a aquellos que no pueden pelear solos. Aunque nos vaya la vida en ello.
Uno por uno, sin esperar que otros hicieran lo mismo, sin ampararse en ese escudo nuestro de la pregunta que se convierte en excusa del "¿qué voy a hacer yo solo?", cogieron lo único que tenían, sus vidas y su riesgo, e hicieron lo que nosotros eludimos hacer hasta para el más mínimo de los riesgos, hasta para la más evidente de las injusticias. Eso que negamos poner en práctica para que cambie el mundo: intentarlo.
Vinieron de paises lejanos y a los que nada les iba en esta guerra, vinieron de lugares donde también había problemas propios, dejaron su cotidiana seguridad para afrontar la diaria inseguridad de otros, solamente porque otros lo necesitaban, porque creían que era lo justo, porque hacia falta que alguien luchara.
Así que sí, se merecen el recuerdo y la memoria. Y da igual qué bandera siguieran, qué ideas les movieran, en qué bando lucharan. 
Cualquiera que decida por sí mismo arriesgarse cuando puede evitarlo para ayudar a otros se merece un lugar en la historia. Ellos se lo merecen.
Y nosotros necesitamos que lo tengan para que cada vez que miremos a otro lado para no arriesgar el puesto de trabajo cuando vemos una injusticia de un jefe tengamos 59.000 pares de ojos mirando fijamente nuestro miedo hasta matarlo; para que cada vez que veamos a alguien sufriendo injustamente pobreza o discriminación tengamos 59.000 ceños fruncidos cuando pasemos de largo; para que cada vez que sepamos de alguien maltratado o humillado tengamos 59.000 dedos apuntando a nuestro rostro, acusándonos por nuestra cobardía, nuestra complicidad y nuestra desidía.
Para que cada vez que le digamos al espejo nuestra excusa de "¿qué voy a hacer yo solo?" tengamos 59.000 voces susurrando tranquilas al oído la respuesta que no queremos oír: "intentarlo, como lo hice yo, intentarlo".
Y si a alguien le escuece esa memoria por que no tienen sus ideas o porque no le gusta la bandera bajo la que combatieron, que se aguante.
Hay veces que resulta preciso recordar para que otros no se vean obligados a aprender. ¡Recordad Malditos!

domingo, octubre 30, 2016

Rufían, tuits, mayeútica y la vergüenza socialista.


Con todas estas idas y venidas del engendro político español he aprendido algunas cosas. Y una de ellas es a calibrar la importancia, o quizás sería mejor decir el peligro, que determinadas cosas tienen para el emporio político del inmovilismo bipartidario en virtud de la rapidez con la que reaccionan contra ellas los medios que se empeñan en sustentarlo.
Pues bien, El País, esa publicación que antaño fue un diario de información y hoy es otra cosa que ni siquiera puede llamarse panfleto propagandístico porque no tiene el valor de reconocerlo, tardó exactamente veintidós minutos en reaccionar a la intervención de poco más de siete minutos de Gabriel Rufián, portavoz adjunto de ERC en el Congreso de los Diputados.
Así que debió ser muy importante o muy peligrosa.
"Se pasó de frenada", afirma el opinador en El País en una reacción tan rápida que suena a historia preparada de antemano. Pero lo cierto es que es una falsedad del calibre de una moneda de dos euros con la cara de Franco. No pudo pasarse de frenada porque no dijo nada.
Dejadme que me explique.
Rufián es sin duda alguna para mi el orador más estimable que ha pisado el hemiciclo desde Indalecio Prieto, Calvo Sotelo y Hazaña - y si no les han leído en sus intervenciones parlamentarias es muy recomendable que lo hagan-. Ha sido capaz de desarrollar un estilo que se halla entre el monólogo y el discurso, que integra el lenguaje y los referentes de la calle, que está perfectamente diseñado para fluir en las redes sociales y que los mastodontes que se sientan a un lado y a otro del hemiciclo tardan demasiado en procesar como para poder reaccionar a tiempo.
Pero ayer no dijo nada. Su discurso osciló entre la mayeútica y el sarcasmo, entre la pregunta retórica y la aliteración, dolió y escoció, pero no eran sus palabras. Y él lo sabía, por eso sabía que dolerían y escocerían.
Los que hablaron ayer eran los militantes socialistas, los que se sentían traicionados eran ellos. Dos tuits, leídos con ese tono de Rufián de Marco Antonio en el funeral shakesperiano de Julio Cesar, sirvieron para que Eduardo Madina perdiera la  compostura porque no podía acusar a Rufián de nada, no podía echarle en cara nada. No estaba hablando él, estaba hablando su gente.
Rufián no se pasó de frenada porque cuando acabó con lo que decían los socialistas, los militantes socialistas, no esa suerte de conspiración de los Idus de Marzo en la que se han convertido las estructuras de ese partido, empezó con las preguntas.
La emprendió con la aliteración continua de la vergüenza -¿No les da vergüenza...?-. Esa pregunta retórica, que debería haber tenido como respuesta sí pero tenía de respuesta el silencio, no era una pasada de frenada del orador, era la constatación de la pasada de frenada que estaba protagonizando el PSOE con su abstención.
No hubo un solo espontaneo "no, nos da vergüenza" en las bancadas de ese partido que otrora fuera socialista. Rufián les dio todas las oportunidades retóricas que quiso y no los hubo, todas las pausas dramáticas que se antojaron y no los hubo. Incluso se lo preguntó directamente, espero y no los hubo.
Así que sí, les daba vergüenza. Lo dejó claro, meridiano, cristalino.
Manejó el hemiciclo para que aquellos que le escuchaban enviaran el mensaje que sabía que si pronunciaba él sería rechazado por catalán, por independentista, por lo que fuera.
Y logró. Lo logró hasta el punto de que se vio que tenía muy claro que le interrumpirían cuando se refirió a Susana Diez, la convidada de piedra en esta sesión de investidura, como "una cacique". Y los socialistas cayeron, se indignaron de nuevo y permitieron que la palabra cacique siguiera resonando en el hemiciclo y en los oídos de quienes veían y escuchaban la intervención, incluso que Rufián tuviera que repetirla al reanudar su intervención.
Por todo eso, porque la única afirmación que hizo Rufián -"El bipartidismo ha muerto"- era incuestionable, El País tuvo que salir a interpretar todo aquello como una pasada de frenada para que ninguno de sus lectores tuviera tiempo para pensar por su cuenta, para plantearse la razón que encerraban los tuits de militantes socialistas leídos por el parlamentario catalán, para que ninguno pudiera responder por su cuenta a las preguntas retóricas de la aliterada vergüenza lanzadas por el portavoz de ERC.
Y como no pueden echarle nada en cara porque él sí está ahí siguiendo el mandato de sus votantes, oponiéndose a un gobierno que les niega la posibilidad de decidir sobre su futuro político como pueblo y como nación, tiraron de ese pobre argumento de que se "pasó de frenada" y que logró unir a los socialistas en el hemiciclo y que los populares los defendieran.
¿De verdad creen que Rufián esperaba algo diferente?, ¿tan poco acostumbrados están ya los analistas parlamentarios de los medios bipartidistas al ejercicio de la oratoria política que no se dan cuenta de ello?
El portavoz del PP gastó su intervención en una aguerrida y encendida defensa ¿de quién?, ¿de su candidato, al que se había definido como el gobernante más retrógrado de Europa? No, de la dignidad y el sentido de Estado de los socialistas por apoyarle.
Y le aplaudieron a rabiar... los suyos y los socialistas. 
Así que el rocambole final dio toda la razón a la última frase de la intervención del político catalán, esa que no se pudo escuchar: "El bipartidismo ha muerto, ya no hay PSOE y PP. Solo hay un partido".
De modo que Rufián no se pasó de frenada. Fueron los falsos socialistas que ocupan los escaños los que se pasaron al no tener respuestas para su militancia ni excusas para su vergüenza, fueron los que ocupan los escaños del PP los que se pasaron de frenada al defender a ultranza la pérdida de principios a cambio de la obtención del poder.
Gabriel Rufián no habló ayer en el Congreso. Fue la realidad. 
Lo único que pasa es que los que le escuchaban y los que opinan y escriben sobre política en los medios afines al bipartidismo hace demasiado que no veían a la realidad pasarse por el hemiciclo y les asustó mucho que entrara por allí sin anunciarse.


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