martes, septiembre 29, 2015

Ironía en Catalunya o "el que la tiene más grande"

El análisis de las elecciones catalanas se podría resumir En palabras de un cantautor, catalán, por cierto: "Resulta bochornoso verles fanfarronear a ver quien es el que la tiene más grande".
Porque de eso va todo esto. De eso ha ido siempre y desgraciadamente de eso va la política convencional en nuestro país desde Cánovas y Sagasta. De eso y de incoherencia pura y dura. Y eso también abunda en la interpretación de los resultados de los comicios catalanes por medios de comunicación y partidos políticos de uno y otro signo.
Los partidos y medios que decían y escribían que no se podían plantear como un plebiscito titulan y anuncian ahora que el independentismo ha perdido su plebiscito mientras que los que lo planteaban como un plebiscito secesionista afirman que están legitimados para continuar con su intención soberanista aunque si hubiera sido un plebiscito lo hubieran perdido. El Partido Popular queda como última fuerza política de Catalunya y asegura que hizo campaña para buscarle votos a Ciudadanos que e su vez recibe los votos del Partido Popular pero afirma que ha recibido el voto del centro y la izquierda moderada.
Los analistas de los medios ligados a los grandes partidos afirman que el soberanismo ha sido derrotado sin tener en cuenta que Podemos -o su marca catalana- no está alineada ni a favor ni en contra del mismo, solamente a favor del "derecho a decidir"con lo que los sufragios de su más de medio millón de votantes podrían ir a uno u otro lado en un hipotético plebiscito y mientras los independentistas del CUP hacen un cálculo en el que, aunque el sí no alcanzó el 50% de los votos, el apoyo fue más numeroso que los contrarios a la secesión porque excluye del no a Catalunya Sí que es Pot, que une a Podemos e ICV y alcanzó 11 escaños proponiendo un “proceso constituyente” que incluya un referéndum pactado.
En definitiva, "a ver quien la tiene más grande" y Catalunya y España siguen sin saber si los catalanes quieren o no quieren conformarse como nación o estado independiente porque nadie se lo pregunta claramente.
Y sobre todo lo que me hace más gracia. Si los que han negado la democracia, la decisión democrática de un pueblo y el derecho a decidir sobre su futuro bajo la excusa de mantener una unidad nacional forzosa hubieran hecho bien su trabajo y le hubieran dejado a los catalanes hablar y pronunciarse hubieran ganado ese plebiscito.
Han sacrificado su condición de demócratas por el miedo a perder algo que habrían ganado si se hubieran comportado como auténticos demócratas.
A ver si va a ser la democracia la que la tiene más grande. La ironía, digo.


sábado, septiembre 26, 2015

España, Catalunya y la ética real de ser irrelevante.

Poco a nada he querido escribir sobre este nuevo asalto entre los nacionalismos catalán y español que parece que se dirimirá mañana en unas elecciones que se han convertido en plebiscito porque nadie ha querido hacer uno como  la democracia manda.
Y poco he dicho porque no hay muchas cosas nuevas que haya que decir.
Los catalanes tienen que decidir sobre su futuro como región, autonomía nación o Estado independiente. Punto y final. No hay pero, no hay matiz, no hay excusa. Eso es lo que la democracia  exige.
La Constitución Española no es excusa para evitarlo porque no puede éticamente anteponerse al derecho de un pueblo a decidir sobre cómo se organiza si ese pueblo no quiere vincularse a ella; la historia no es argumento porque no es necesario haber sido independiente en el albor de los tiempos para serlo en el tiempo presente y la opinión del resto de los ciudadanos españoles -entre los que me encuentro- no es relevante porque ellos no forman parte de aquellos que habitan, han nacido o residen en ese territorio.
Así que todos los argumentos que da el Gobierno, el partido que lo ostenta y la corriente ideológica que lo mantiene, son insustanciales, ilegítimos y baladís para justificar el hecho de que no haya habido aún un referéndum sobre el asunto.
Que la mitad de la población catalana no quiere la independencia que lo exponga en las urnas y ganará quien tenga que ganar, sea por un voto o por un 90%. Eso es la democracia.
Que va a ser perjudicial económicamente para Catalunya, que los votantes lo tengan en cuenta; que va a ser perjudicial económicamente para España, nos jodemos. Así de claro. Que venga bien o mal a España tampoco es relevante. Supongo que a Roma le vino fatal que los visigodos escindieran la provincia de Hispania del Imperio, a los Omeyas que Abderraman declarara el Califato Independiente de Córdoba y a Felipe II que la dieta alemana votara a un primo lejano suyo para darle el imperio alemán y su cuñada le arrebatara el reino de Portugal. Pero así son las cosas en esto de los estados y naciones.
Así que poco demócrata no será el que declare unilateralmente la independencia tras escuchar lo que desean los catalanes si alguien lo hace, lo está siendo quien lleva generación y media poniendo trabas a que expresen cuál es su deseo. Será muy español, muy nacionalista español o muy españolista, pero que no mire a nadie a la cara y se atreva a hablar de democracia.
Y por lo demás pienso que la escisión unilateral es como mínimo un riesgo innecesario como es un error de proporciones mayúsculas seguir anclados en el orgullo y honor patrio español de unidad nacional frente a otros estados -y en español se puede poner cualquier otro gentilicio nacional- en un mundo en el que solo son posibles soluciones globales y en el que la única esperanza es un gobierno global que perciba la humanidad como un conjunto.
Pero esa es mi opinión. Tengo derecho a exponerla pero no a imponerla. Sea un ciudadano o un gobierno. Y tengo que tener claro que si soy demócrata debo saber que no es relevante a la hora de que los catalanes decidan su futuro.
Y si deciden que son independientes, sea. Y si deciden que quieren ser una nación o un estado federal dentro de España entonces, y solo entonces, la opinión y el deseo del resto de España sí será relevante y tendrá que ser expuesto en las urnas igualmente.
No sé si me he expresado con la suficiente claridad.

viernes, septiembre 18, 2015

Venezuela o dudar entre Tyler Durden y Maquiavelo

Venezuela se ha convertido en el espejo de nuestra propia incoherencia política, en ese agua turbulenta en el que si nos miramos terminamos viendo todos nuestros reflejos distorsionados e irreconocibles.
Con la irrupción de la tercera y la cuarta vía políticas en nuestro bipartidismo de caciques y cesantías, de repente a todo el mundo se le subió Venezuela a los labios como ejemplo de no se sabe muy bien qué para quién porque motivo. 
Y a medida que avanza la cosa todas nuestras formaciones políticas se vuelven incoherentes al extremo.
Monedero, que fundó Podemos y ahora es una especie de voz en la sombra, se descuelga diciendo que el opositor Leopoldo López era el instigador de una suerte de kale borroka y está bien condenado a 13 años de cárcel. Le llama terrorista por alentar a los venezolanos contrarios al chavismo a tomar las calles. Y la derecha española, sus medios, políticos y voceros, contraataca hablando de la dictadura izquierdista de Maduro, de la represión, de la limitación de la libertad de expresión. Y Felipe González se suma a esas voces.
Y todos cometen, una tras otra, incoherencias dignas de internamiento psiquiátrico por personalidad múltiple
Por Podemos
No sé que pinta un partido que pretende basarse en la voluntad de la sociedad y la democracia directa apoyando un régimen que surge de un golpe militar de Hugo Chávez. Solo por eso ya tendría que ser rechazable para ellos.
Por la Derecha
No se que hacen desde Esperanza Aguirre hasta el ABC, pasando por Maluenda y su Razón, calificando de izquierdista y estalinista a un régimen cuyos gobernantes empiezan todos los días sus alocuciones rezando a una virgen, pidiendo ayuda a Dios y considerando el bolivarianismo como la "revolución cristiana de América". ¿estatalismo?, sí ¿fascismo?, muy parecido. Pero no tienen nada de izquierdistas.
Por Felipe González
No se cómo se atreve a hablar de represión y de farsas cuando fue en su partido quién más promovió la Ley de Partidos española que no era otra cosa mas que una justificación legal ad hoc para criminalizar no el terrorismo, sino el independentismo vasco .
Pero hay mas. Muchas más hasta rozar casi el infinito.
Por Podemos
- No es lógico acusar de terrorismo a aquellos que incitan en Venezuela a hacer lo mismo que Podemos y toda la corriente de indignados hizo en España desde el 15-M: alentar que la presión social en manifestaciones continuas obligara a un gobierno electo a girar el rumbo de su gobierno. Si es legítimo en España -que lo es o a mi me lo parece- lo es en Venezuela.
- Es incoherente estar a favor de que Bildu y las corrientes abertzales puedan expresarse con manifestaciones en la calle, pedir que se derogue La ley de Partidos y luego defender que leyes semejantes permitan encerar a opositores allende de los mares.
- No es de recibo culpar de las muertes y los disturbios a los manifestantes en Venezuela y a la policía en España.
Por La Derecha
- No es lógico acusar a Maduro y el chavismo de ser tiránicos por castigar y tratar de impedir la expresión de la opinión popular en las calles y promulgar en España leyes contra la libertad de manifestación o dar palmas con las orejas cuando se aprueba la nueva Ley de Seguridad que supone, según el Tribunal de Estrasburgo, "una seria limitación a derechos fundamentales". Si no se puede limitar en Venezuela, tampoco aquí.
- Es incoherente pedir en editoriales, discursos y portadas que se encierre a miles de manifestantes por enaltecimiento del terrorismo por pedir en las calles de Bilbao o Donosti la independencia o militar en Bildu o Sortu y luego quejarse de que alguien lo haga en Caracas o Maracaibo inventándose leyes prácticamente calcadas de las que redactaron ellos mismos para Euskadi y el independentismo abertzale.
- No es de recibo culpar a los radicales de los estallidos de violencia en manifestaciones en Madrid o Barcelona y tratar a los antidisturbios como héroes y culpar exclusivamente al gobierno represivo de Maduro al que, por cierto, se le vende una buena cantidad de material antidisturbios, de las mismas situaciones en Venezuela.
Y lo de Felipe González ya es de traca.
No te puedes sentar en una mesa para hablar de Venezuela sin recordarle a la audiencia que como gobernante español desarrollaste contactos que luego utilizaste en negocios privados muy lucrativos de la mano de Carlos Andrés Pérez, sempiterno presidente venezolano por entonces, apoyado por las oligarquías del país que ahora se enfrentan a Maduro o que eres consejero de dos empresas energéticas a las que la nacionalización del petroleo y el gas que está llevando a cabo el chavismo les descuadran las cuentas.
En fin, que no sé si es que los partidos y políticos españoles han desarrollado personalidad múltiple y están en plena crisis disociativa de la realidad o que simplemente aflora algo mucho más peligroso como sería el hecho de que solamente les importan que sus principios ideológicos se mantengan sin tener en cuenta si la democracia sufre con ello.
Ya no sé si son Tyler Durden o Nicolás de Maquiavelo.

miércoles, septiembre 16, 2015

Montoro usa Hacienda como un revolver revanchista

El Partido Popular se empeña en no aprender de lo que dicen las urnas.
Una de las cosas que les han llevado a donde están y a la imagen que tienen es el uso con fines propios del gobierno, desde la corrupción hasta el nepotismo, desde el revanchismo hasta todos sus fallidos intentos de homogeneización ideológica. 
Y ahora se descuelgan con una de esas de revanchismo y frustrada mala leche como si nadie fuera a darse cuenta de que es más de lo mismo, de que siguen sin querer aprender la lección.
El maestro del no muy noble arte de la amenaza gubernativa, el ministro de Hacienda, Cristobal Montoro; vuelve a utilizar las cuentas públicas como un revolver peacemaker en Ok Corral para dirimir sus disgustos y frustraciones.
Se descuelga anunciando que impondrá límites a las comunidades de Aragón y Extremadura por su alta morosidad, que tendrán que pedir permiso para elevar su gasto presupuestario.
Y suena bonito, suena responsable, suena hasta coherente mientras Montoro explica que lo hace porque son las comunidades más endeudadas. 
Suena a lo que tiene que hacer un gobierno central hasta que caes en la cuenta de que son dos de las comunidades que el Partido Popular ha perdido en las últimas elecciones autonómicas.
Mientras los gobiernos regionales de Monago y Rubí gastaban a manos llenas y no pagaban sus facturas, Montoro seguía en sentado su escaño parlamentario apuntando con su revolver de datos fiscales a artistas y futbolistas que hablaban mal del Gobierno del PP; mientras José Antonio y Luisa Fernanda -que parecen una pareja de culebrón, o de zarzuela que es peor!- hacían crecer la deuda de sus regiones pidiendo y pidiendo dinero al Gobierno Central, él se lo daba sin pestañear, firmaba las transferencias y no hacía nada, no vigilaba.
Ha tenido cuatro años para poner límites y no lo ha hecho, ha tenido una legislatura completa para exigir y forzar la contención presupuestaria y no solo se ha abstenido sino que un mes de las elecciones municipales firmó unas nuevas transferencias de fondos del Gobierno Central a esas comunidades entre otras. Que había que pagar los gastos electorales del partido con dinero público y presentar obras en marcha en las campañas.
Y ahora, cuando los nuevos gobiernos pasan a manos del Partido Socialista apoyado por otras formaciones, cuando aún no han tenido tiempo de presupuestar ni gastar un céntimo, se dedica a amenazarles a bloquearles a buscar el control de su gasto para intentar seguir ejerciendo deforma indirecta un control político que las urnas le han quitado al Partido Popular.
Y todo esto dentro de una ley general que especifica que las Comunidades Autónomas no podrán conceder avales, reavales u otra clase de garantías públicas cuando superen en su conjunto el 1,5 por ciento de su PIB y, además, cada operación no podrá superar los 25 millones de euros o el 0,1 por ciento del PIB regional, salvo que soliciten y obtengan autorización del Consejo de Ministros. Lo cual está muy bien pero nos hace preguntarnos porque no se tomó esa medida hace dos años cuando todos los gobiernos regionales estaban en manos del Partido Popular y no hacían otra cosa que aumentar el gasto, pese a los recortes en servicios. Bueno en realidad la pregunta es retórica porque todos conocemos la respuesta.
Cristobal Montoro de nuevo utiliza el Ministerio de Hacienda como el arma de un forajido que solo apunta a quien le viene bien y deja pasar sin castigo los desmanes de su banda de cuatreros.

martes, septiembre 15, 2015

Corbyn y el santo triduo de la izquierda española.


Corbyn viene, milita y ahora dirige un partido que ha sabido atravesar desiertos ideológicos y electorales casi infinitos, que ha sabido integrar a lo largo de los siglos a una corriente ideológica y una base de pensamiento amplia y coherente en lugar de mantenerse eternamente dividio. Así que no, señores Iglesias, Sánchez y Garzón, no se parecen en nada a Corbyn.
Jeremy Corbyn viene de un partido que ha gobernado y sido oposición, cohesionado, estable y organizado. Así que no, señor Iglesias, no se parece a usted.
Milita en una formación que ha sabido ser freno y garante responsable liderando una oposición por más tiempo a lo largo de la historia del que la democracia española tiene de vida y en una que es el resultado de escisiones superpuestas casi hasta el infinito. Así que no, señor Garzón, no se parece a usted.
Dirige un partido que ha sabido estar en el gobierno sin convertirlo en una amalgama de escándalos y corrupciones,sin traicionar a las bases sindicales que les apoyaban con una reforma laboral draconiana, sin apoyarse en unos lobbies de presión de falsa progresía. Así que no, no se parece a usted Señor Sánchez.
Corbyn no se oculta bajo la incertidumbre de la indefinición, lo siento Señor Iglesias, no se quiebra y se requiebra por mantenerse en un centro político inexistente para captar indecisos, lo siento Señor Sánchez, no se ha quedado en el buenismo y renunciado a siglas, ideas y evolución por mantener algo que al final ha perdido, lo siento Señor Garzón,
El nuevo líder laborista británico ha ganado unas elecciones internas sin intentar controlarlas desde el aparato del partido, sin negarse a convocar primarias abiertas, sin buscar la defenestración previa de otras listas, así que lamento comunicarles señores Iglesias, Sánchez y Garzón que Jeremy Corbyn se parece a ustedes los mismo que un huevo a una castaña.
Y ninguno de ustedes puede parecerse a Jeremy Corbyn, más allá de los talantes, personalidades, capacidades y experiencia como líderes políticos por dos motivos.
Él se enfrentaba al thacherismo más férreo, compulsivo e intransigente mientras ustedes buscaban aún la teta de mamá, se enfrentaba a una guerra encubierta en Irlanda intentando defender los derechos de unos y de otros cuando ustedes aún veían Barrio Sésamo, se oponía a liderazgo de su partido en una guerra injusta cuando ustedes se movían aquí y allá en los pasillos del poder de sus formaciones y sus facultades intentando posicionarse para alcanzar un poder que parecía que nunca iba a llegar.
Hacía política para su país mientras ustedes como mucho empezaban a hacerle para sí mismos.
Y sobre todo no pueden parecerse a Jeremy Corbyn porque sus partidos no se parecen al Partido Laborista Británico ni en el blanco del fondo del os carteles electorales.
¿Quieren parecerse a Jeremy Corbyn? Dejen de pelear por quien es más semejante o defiende más posturas ideológicas parecidas, siéntense, dejen de pelear por su parcela de poder y relevancia en la izquierda española y busquen una forma de ser como el partido laborista. 
Porque salvo en la teológica católica de la santísima trinidad y en algún que otro famoso lubricante de antaño: tres no pueden ser uno.
Forjen, fabriquen y construyan una sola izquierda y quizá entonces podrán hacerse una foto junto a Jeremy Corbyn. Hasta entonces no se han ganado ni siquiera el derecho de llevarse al discurso al viejo luchador ni al Partido Laborista Británico.

miércoles, septiembre 09, 2015

Autoestima poítica y el perdido arte de decir lo siento

Hillary Clinton dice lo siento, Donald Trump no. No es que ninguno de los dos sea santo de mi devoción como político, como ideólogo o como persona incluso, pero sí que son dos ejemplos de lo que es la política.
Decir lo siento no arregla nada, no borra lo hecho ni cambia lo vivido, no evita asumir las consecuencias y la responsabilidad de tus actos. 
Es simplemente reconocer un error. 
Pedir perdón no aumenta la grandeza de nadie como dicen los expertos en marketing político ni disminuye la autoestima de nadie como afirman los grandes gurús de esa autoestima de pagina web y libro pseudo romántico que nos esta matando poco a poco.
Es un simple acto de realismo en su estado más puro. De reconocer que la realidad se antepone a cualquiera de nuestras ficciones de perfección, de nuestros sueños de grandeza, de nuestros pecados de soberbia, de nuestros delirios de impecabilidad. Es decirle a los demás que aún puedes ver y comprender la realidad.
Y, aunque parezca la verdad de perogrullo, decir lo siento es decir lo siento. 
No es bajar la cabeza cuando otro te muestra tu error; no es permanecer en silencio cuando la realidad demuestra a todo el mundo tu equivocación; no es matar al mensajero recordándole que él también comete fallos; no es listar los errores de todos los demás en la esperanza de minimizar el tuyo.
Es plantarse delante de quien te tengas que plantar, sea muchos o uno, y decir solamente lo siento.
Por eso los políticos son incapaces de hacerlo. Tal es la falsa concepción de su grandeza, de su importancia, de su absoluta perfección que no pueden soportar ese instante de sentirse pequeño, falible y normal por haber cometido un error. Tan pequeños son y se sienten en realidad que temen que un simple lo siento les minimice tanto que les haga desaparecer para siempre.
Tanto necesitan su soberbia para su falsa y engordada autoestima que no pueden prescindir de ella, tanto necesitan sentirse más allá del bien y del mal para ejercer el poder que no pueden soportar la experiencia de sentirse desnudos y expuestos ante aquellos sobre los que gobiernan; tanto necesitan sus sueños de grandeza que son incapaces de aceptar su realidad de normalidad.
Desde Rajoy a Iglesias, Desde González a Mas, Desde Rivera a Sánchez. Incluso desde Hillary Clinton a Donald Trump.
Si no fuera tan dañino para todos tan solo sería motivo de la más profunda conmiseración. Si no me repugnara, me daría lástima.
Y hasta aquí incluso es posible que todos estemos de acuerdo.
Ahora pensemos y hagamos memoria de cuando fue la última vez que dijimos lo siento. 
La última vez que como jefe, como compañero, como padre, como hijo, como pareja, como hermano, como amigo desnudamos nuestra falibilidad ante aquellos que nos habían descubierto en un renuncio, que nos habían cuestionado con un reproche.
No que reconocimos un error delante del espejo, de un café o de una copa hablando con alguien que no estaba implicado en el asunto, no que dijimos "vale, vale, pero tú también cometes errores", "a lo mejor tienes razón", "todos cometemos errores" o "quizás, desde tu punto de vista...".
Simplemente, que dijimos lo siento, sin excusas ni paliativos, solamente lo siento.
Va a ser que, como en todo, nuestros políticos son tan solo un reflejo a gran escala de lo que hemos decidido ser como seres humanos y como sociedad... casi todos.

sábado, septiembre 05, 2015

Respirar no es vivir o empeñarse en morir

Algunos dirán que es algo enfermizo y absurdo, que eso de estar siempre escrutando al Gobierno, sea este cual sea, es una especie de remedo del infante que cuestiona continuamente la autoridad.
Y puede que tengan razón, que en parte sea una reminiscencia de cientos, quizás miles de años, de inconsciencia colectiva acumulada por algunos.
Pero, siento tener que decirlo, es todo eso y es una cosa más. Es nuestra obligación.
Como ciudadanos, como trabajadores, como simples y llanos seres humanos. Es nuestra obligación por una sencilla razón que alguien que va y viene en mis sentimientos y memoria me ha recordado hace unas fechas.
Respirar no es vivir.
Como en casi todo, hay dos opciones, siempre hay solo dos opciones. 
La conformidad, el bajar la cabeza y pensar en lo que falsamente se ha dado en llamar "en positivo". Que el gobierno tendrá alguna razón para no aceptar refugiados, que ellos sabrán si hay que colaborar o no en la Guerra de Irak, que seguramente el Presidente Zapatero sabrá mejor que nadie que no hay crisis y solo desaceleración, que ganaremos la guerra de Vietnam, que "todo va a ser para bien", "las cosas mejorarán" y "seguro que el tiempo pone las cosas en su sitio".
Vamos, a respirar. A cualquier precio, hipotecando nuestros deseos a un tiempo mejor que no hacemos nada por construir, vendiendo nuestra dignidad al peor postor en aras de otra inspiración, de otro soplo de aire que llevarnos a los pulmones aunque el aire que nos vendan esté viciado rancio y envenenado.
Y luego esta luchar, protestar, pelear, decir a voz en grito y acción en mano que no.
Que no nos gusta lo que están haciendo, que no queremos que lo hagan, que tenemos derecho a las cosas a las que tenemos derecho, que nos hemos ganado lo que somos. Que queremos que ayuden a quien no pueden ayudarse a sí mismos, que no nos conduzcan a la guerra, que se pongan a solucionar la crisis económica pensando en las personas, que nos saquen de Vietnam a todo correr y cambiando helicópteros de combate por personas
Vamos, dedicarnos a intentar mantener nuestro derecho de vivir. Aunque sea arriesgado, aunque pueda no funcionar, aunque tengamos que poner en juego nuestras seguridades y arriesgar nuestras comodidades, aunque sea oneroso o peligroso querer mantener nuestra dignidad.
Y al final sabemos que muchas veces no funcionará pero otras lograremos que por fin ayuden a los refugiados sirios, que saquen a nuestro ejército de Irak o de Vietnam, que respeten nuestros derechos, que no privaticen nuestros servicios públicos, que no transformen a nuestros hijos en siervos de la gleba desde el mismo colegio.
Y si no sale, y si no lo conseguimos, da igual. Eso no hace que deje de ser nuestra obligación en todos los sentidos.
Respirar no es vivir y quien solo se empeña en seguir respirando tan solo ha elegido empañarse en morir.

jueves, septiembre 03, 2015

Le das un vaso de agua (¿al enemigo?)

Un millón y medio de refugiados sirios en Turquía, más de medio millón en Jordania, 400.000 en Líbano, un numero indeterminado entre medio millón y un millón en Irak, 1.700 muertos en las aguas del Mediterráneo y todavía hay gente que se pregunta porque tenemos que acoger a un ínfimo puñado de ellos en nuestras fronteras. Los hay que justifican la postura cicatera del Gobierno a este respecto.
Leyendo la enésima tragedia de los que huyen de la destrucción y el sufrimiento generado por dos monstruos enloquecidos en Siria se me ha venido al recuerdo una  frase de la letra de una de esas canciones de la afortunadamente extinta Movida Madrileña: ¿le das un vaso de agua al enemigo?
Y al final esa es la pregunta que muchos creen que tenemos que responder.
Si la guerra fuera en Francia, en Italia o en Gran Bretaña no tendríamos que hacerla porque no los consideramos enemigos. Pero muchos europeos se han acostumbrado a considerar a cualquiera que mire a la Meca para rezar como un enemigo.
La Ley Patriota, el radicalismo de los falsos movimientos cristianos, la instrumentación política del yihadismo para convertir al Islam en un enemigo per se de Occidente les han llevado a considerar a cualquier musulmán como un enemigo potencial.
Desde el anterior papa inquisidor Ratzinger citando en Ratisbona al emperador Paleólogo con su "nada salvo sangre ha aportado el Islam al mundo" hasta la retórica de los partidos radicales y nacionalistas, pasando por el constante discurso islamofóbico de Putin y de los elementos del republicanismo más radical estadounidense, les han acostumbrado a considerar a cualquier persona árabe, musulmana, como una amenaza a nuestra forma de vida y nuestra seguridad física.
Y ahora creen que si ayudan a aquellos que escapan de una guerra entre la megalomanía asesina de Al Asad -apoyada por Occidente, no lo olvidemos- y el fanatismo cruel y enloquecido del Estado Islámico le están dando un vaso de agua al enemigo.
Alemania ya ha entendido que no, Suecia ya ha entendido que no, la Europa que acoge a 350.000 sirios y pone sus fronteras como murallas entre ellos y el horror, ya ha entendido que no.
Pero una buena parte de la población española aún no. 
Anclados en la falsa retórica histórica expandida a diestra y siniestra por el franquismo y sus sucesores ideológicos de la grandeza de España, de los Reyes Católicos y de la derrota del "moro" que vende la Reconquista como una expulsión del sarraceno extranjero en lugar de como la guerra civil que realmente fue, les resulta extremadamente sencillo comprar la metonimia islamofóbica y tomar el todo de una religión por la parte de su visión más fanática y sangrienta.
Y parecen creer que eso es suficiente para justificar que nuestro gobierno sea rácano a la hora de ayudar a gentes que huyen de la guerra y el sufrimiento solamente porque son musulmanes.
Tendría que decir que ellos no son el enemigo ni nunca van a serlo, tendría que recordarles que dos de sus principales enemigos combaten en las ciudades de Siria aunque ellos crean que uno de ellos es nuestro aliado, tendría que explicarles que lo que debería hacer el Occidente Atlántico es acabar de una vez por todas con esa guerra y no mantenerla enquistada en su propio beneficio.
Pero como ya he hecho antes, no lo haré.
A ellos, muchos de los cuales se hacen llamar católicos y se llevan a la boca constantemente las "raíces cristianas de Europa y España" les diré otra cosa: "Ama a tu enemigo. Hazle el bien. Entonces te estarás comportando como un verdadero hijo de Dios". 
Así que, aunque consideres erróneamente al Islam tu enemigo ¿Le das un vaso de agua al enemigo?
Sin excusas, sí. Sin consideraciones políticas ni electorales, sí. 
Por simple decencia, sí.

miércoles, septiembre 02, 2015

Reformar el Constitucional o recargar el arma.

Van a reformar el Tribunal Constitucional. Y sería el momento de decir ¡Albricias!, pero parece que no.
La reforma del alto organismo jurisdiccional que plantea el gobierno del PP tiene una sola finalidad que es vencer en su lucha contra el soberanismo catalán buscando una sanción a Artur Mas por incumplir los dictámenes del alto tribunal.
Y es precisamente en eso en lo que está el error de fondo de esta reforma. No se trata de mejorarlo, no se trata responder a un clamor popular que exige un cambio en uno u otro sentido. Se trata de convertirlo en un arma arrojadiza contra los que piensan y conciben su nación de una manera distinta a la suya, de transformarlo en una unidad de combate a su favor.
A lo mejor hay que darle al Constitucional potestad sancionadora -y creo que es bueno- pero, acuciado por sus necesidades de victoria política, nuestro gobierno se ha saltado más o menos quince pasos y ha ido al último. Habría que empezar por limpiarlo de injerencias políticas, por cambiar la forma de designación del mismo, por apartarlo del poder legislativo y ejecutivo, por utilizar criterios judiciales y no políticos en la elección de los magistrados.
Pero para que eso fuera factible y creíble antes habría que realizar el mismo proceso con el Consejo General del Poder Judicial y con lo órganos de gobierno de los jueces y con todos los estamentos judiciales que ahora mismo son designados.
Y luego, solamente luego, darle capacidad sancionadora para que multe o sancione a Artur Mas o a cualquier otro que incumpla sus dictámenes.
Pero Mariano Rajoy y el gobierno español no pueden hacer eso. Primero porque sería un proceso largo que tendría como objetivos en sí mismos el cambio y la mejora en el Tribunal Constitucional y no el verdadero de Rajoy que es frenar el intento soberanista de Catalunya.
Y segundo porque si hace todas esas reformas, aunque llegara a tiempo, a lo mejor el Tribunal Constitucional no haría lo que él quiere que haga. Porque ya no lo controlaría.
Así que en realidad Mariano Rajoy y el gobierno no reforman el Tribunal Constitucional. Solamente lo cargan con nueva munición explosiva para apuntar hacia un objetivo diferente y seguir usándolo como arma política.
Otra oportunidad perdida de que alguien se crea que quieren regenerar la política. Si que alguien aún tenía dudas.

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