sábado, febrero 28, 2015

De Siria a Ucrania, voluntarios por puro desespero

 Parece que cada día nos desayunamos con una síntoma más de una especie de regresión a tiempos pretéritos, a fases de la historia en las que los pensamientos y las luchas ideológicas se dirimían de otra manera: a espadazos y tiros, concretamente.
Ahora resulta que no hace falta aleccionar a nadie en una visión fanática de una fe mal entendida para que coja,armas, explosivos y lanza granadas y se dedique a pegar tiros y matar gente en servicio a una bandera que no es la suya. 
Ya no se trata de que musulmanes españoles hagan cola en Ceuta y Melilla para alistarse en el falso Estado Islámico o para sangrar la tierra siria o libanesa. Ahora nos vamos a Ucrania a combatir por la Gran Madre Rusia y su orgullo eterno.
Y no son jovenzuelos aleccionados desde su mas tierna infancia por su familia, sus clérigos o sus amigos en el más absurdo yihadismo, que se parece al Corán lo mismo que la Inquisición al Evangelio, que un Gulag al comunismo o que una cuenta suiza de evasión de capitales al Capitalismo.
Son militares profesionales, entrenados en la guerra y en el uso de armamento especializado. Son esos a los que enseñamos a matar con el dinero de todos para que supuestamente maten en beneficio de todos.
Como siempre, la pregunta que se me antoja ineludible ante esta situación no es cómo, cuando o donde, es simplemente por qué. Y como casi nunca los porqués no nos responden lo que queremos escuchar.
No es porque sean mercenarios, de esos de la revista Soldado de Fortuna, que buscan sacar el dinero que no obtuvieron cuando mataban por su país matando por quien sea y al precio que convenga; no son elementos enloquecidos que hayan hecho de su ansia de sangre el único baremo de su existencia y su felicidad y necesiten estar rodeados de muerte y destrucción para sentirse a gusto consigo mismos.
Por su puesto que los habrá que le echen la culpa al Islam o al Comunismo, los habrá que utilicen esto para intentar justificar que el sistema económico y social que pretenden resucitar y la ideología que ellos defienden. 
Pero, obviamente, su explicación es tan inútil como cambiar de tumbona en el Titanic.
Porque ni el Islam, ni el comunismo explican Las Cruzadas, La Guerra de los Pastorcillos,  Los voluntarios de Lord Byron en la independencia Griega, La Legión Británica de Simón Bolivar, Las Brigadas Internacionales, Los Minute Men, La División Carlo Magno o el Kommando Deutsch-Arabischer Trupper del ejército nazi.
La única explicación que se me ocurre no está en el fanatismo religioso ni en la intransigencia ideológica -aunque ayuden sobremanera a la cuestión, hay que reconocerlo-. Está como casi siempre en nosotros mismos y nuestra sociedad Occidental Atlántica.
Es que todas esas gentes fueron a pelear donde nadie les había llamado porque ya no encontraban esperanza ninguna en luchar allá donde estaban, porque la miseria a la que les había arrojado su sociedad solamente les dejaba ver la salida en combatir por unos ideales que se dirimían más allá de sus fronteras y de su realidad y vivir en la vana esperanza de que esa victoria repercutiera en su país y su vida cotidiana.
Es porque sus gobiernos y los poderosos de sus países les habían hecho perder toda esperanza en la mejora pacífica y democrática de sus condiciones de vida.
Y nosotros hacemos lo que hacemos siempre. Callamos lo que nos conviene y decimos lo que nos viene bien. Porque voluntarios españoles combaten con los kurdos contra el Estado Islámico pero no decimos nada, porque voluntarios españoles se alistan en las fuerzas ucranianas pero callamos para que parezca otra cosa. Para que parezca que el Islam y el totalitarismo comunista son los causantes en lugar de que se vea claramente que, sea cual sea su ideología, hay gente que ya no encuentra otra forma de defenderla que coger las armas en un país muy lejano
Que nuestros gobernantes y nuestro sistema les ha arrojado a eso.. Ya sea en Siria o en Ucrania
¿En cuántas cosas más nos vamos a regresar de nuevo a la barbarie?

miércoles, febrero 25, 2015

Rajoy, el estado de la Nación o vivir en Matrix (1)

"El estado que debatimos hoy es el de una nación que ha superado la pesadilla, se ha rescatado a sí misma, ha recuperado la confianza económica, goza de prestigio, vuelve a ser atractiva para los inversores, ha reordenado su funcionamiento y ve como crecen el consumo y la inversión".
En eso se resume el debate sobre el Estado de la Nación según el Presidente del Gobierno. Eso es lo que somos ahora según él..
Pues bien, vayamos por partes.
"Ha superado la pesadilla"
- El paro registrado subió en enero en 77.980 personas y la afiliación bajó en 199.902. El número total de desempleados registrados se sitúa en 4.525.691.
- Setecientas cincuenta mil familias viven sin ingresos.
- El 31% de los niños españoles viven el límite de la pobreza
- Ciento veinte familias son desahuciadas al día.
¡Bienvenidos al final de la pesadilla!
"Se ha rescatado a sí misma"
- Europa nos da 180.000 millones de euros (que hay que devolver) para rescatar a la banca
- El Tesoro debe refinanciar el año que viene más de 155.000 millones de deuda pública (la mayor cantidad de su historia)
- La deuda pública bate récord en 2014 al alcanzar los 1,03 billones, el 98% del PIB
- el Banco Central Europeo (BCE) y la banca española financiada también por el BCE son los principales acreedores de la deuda pública española.
¡Bien Hallados en el "autorescate" español
"Goza de Prestigio"
- Descendemos un puesto en el índice Marca Nación
- Por detrás de la media Europea en captación y retención de talento
- La posición número 30 en el índice e países mas corruptos de La Tierra
- El puesto 23 de 27 países de la OCDE en situación laboral de la mujer
- La séptima posición en el Indice global de miseria
¡Viva la Marca España!
"Ha reordenado su funcionamiento"
- La deuda pública marca récords en la mayoría de las comunidades
- El Gobierno estudia la quita de la deuda de más de 80.000 millones de las CCAA
- Nueve Comunidades Autónomas incumplirán el déficit de 2015 
- Las comunidades autónomas casi duplicarán el objetivo de déficit
¡Ole por la reordenación del funcionamiento!
Y eso solo lo que es radicalmente falso, que luego está lo que son verdades a medias o incluso verdades completas que no son lo que parece.
¿Salimos ya de Matrix?

Grecia destapa el auténtico miedo de la vieja política

El momento más temido desde que los nuevos partidos irrumpieran en la Europa de los mercados ha llegado.
El Gobierno Griego, liderado por Tsipras y uno de esos partidos que surgieron de la incapacidad y el anquilosamiento de la dualidad socialdemocracia, democracia cristiana, ha hecho lo que todos temían. Y no se trata de destruir Grecia, de llevarla al colectivismo soviético ni de convertirla en la Venezuela de Maduro.
No era eso lo que temían los políticos y partidos de la vieja guardia. 
El Gobierno griego ha cogido sus promesas electorales y las ha empezado a cumplir, ha cogido la defensa de sus ciudadanos y la ha empezado a practicar, ha cogido la política y la ha convertido en servicio.
Porque, por más que lo griten sus voceros o lo pongan en portadas sus medios, la prorroga de cuatro meses que han firmado con el Eurogrupo es todo eso. Es una demostración de que esa otra forma de hacer política, que dibuja su sonrisa torcida por "ingenua", su alzamiento de cejas por "utópica" o su completo rictus de terror por "antsistema", es posible y viable
Y eso es lo que temían desde Samaras hasta Merkel pasando por Rajoy, desde Sánchez hasta Durao Barroso pasando por Hollande.
Porque Varoufakis, ese rapado y poco elegante ministro de economía que se dedica a hacer su trabajo y no a lucir impoluto en las fotos, quiso cambiar de interlocutor y la Troika, la famosa Troika que había dirigido sin legitimidad ni derecho los destinos económicos de Europa durante más de un lustro, despareció de las conversaciones y fue sustituida por el Eurogrupo, los ministros de economía de Europa, que si han sido elegidos y tienen legitimidad para hablar de esos asuntos.
Porque Tsipras pidió una extensión del rescate griego y parecía una claudicación, un entrar por el aro de la política de austeridad impuesta por Alemania pero se cruzó de brazos cuando pretendieron imponerle de nuevo esas condiciones draconianas que todavía se llaman "rescate" y dejó que el temblor de los mercados, de los bancos, de los especuladores financieros y de los fondos buitre sacudiera al Euro hasta que los países y gobiernos que aún dependen de ellos tuvieron que empezar a ceder.
Pero sobre todo porque el Gobierno griego ha presentado un paquete de medidas en el que han aceptado lo que consideran justo pero han mantenido lo que prometieron a sus electores, a los que les pusieron en el gobierno para hacer y solamente eso. 
Y Europa, el Eurogrupo y el dinero europeo ha tenido que tragar y aceptar que eso es lo que quiere Grecia y sus habitantes y que si la quieren dentro de Europa tienen que asumirlo.
Puede que solo hayan ganado cuatro meses de tiempo, puede que solamente sea una posibilidad y todavía no sea una certeza pero el gobierno griego ha hecho lo que más temían los partidos tradicionales.
Porque nunca temieron que los nuevos partidos lo hicieran, el terror que atenazaba sus entrañas era que lo hicieran bien y enterraran así para siempre su forma de hacer política basada en escudarse en "la coyuntura económica" para no cumplir sus promesas electorales, en "la situación financiera" para gobernar a favor de los mercados y no de los ciudadanos, en "las exigencias de Europa" para legislar contra los derechos de sus propios habitantes.
Porque si se pueden cumplir las promesas electorales y enfrentarse al entramado político financiero que es Europa porque tus votantes así te lo ordenan -dejad que lo repita, ordenan, no sugieren, piden, suplican o aconsejan, ordenan- su forma de hacer política para sí mismos y para sus socios financieros habrá pasado a la historia.
Eso es lo que temen. No al comunismo, al colectivismo ni al caos.

domingo, febrero 22, 2015

La Razón o el insulto a periodistas, fotógrafos...

Hay momentos de gran tristeza, no de una tristeza interior sino de una tristeza social, que te hacen darte cuenta de que no hemos aprendido nada no porque no nos lo hayan enseñado, sino porque no queremos aprenderlo.
Y la portada de hoy de La Razón es simplemente una lágrima de rabia, dolor e indignación que cae sobre el catafalco de aquello que en otro tiempo se llamó periodismo en nuestro país.
Un periódico, un medio de comunicación, es o puede ser una empresa ideológica -así me lo enseñaron- pero no es ni debe ser una herramienta de propaganda -así me lo inculcaron-.
La Razón puede ser un medio monárquico, conservador, liberal capitalista y todo lo que le de la gana pero no puede convertir su portada en un panfleto digno de los que colocan en las marquesinas de los autobuses esos perroflautas con los que tanto se meten.
Es un insulto. No un insulto a Monedero, ni a sus lectores, ni a la sociedad civil, ni a la inteligencia de los españoles, que también. Es un insulto personal para todos aquellos que alguna vez por vocación o por profesión hemos hecho periodismo.
Porque encargar una encuesta en La Moraleja, el madrileño barrio de Salamanca y Las Rozas para obtener los datos que se quieren obtener es un insulto a todos aquellos que se han dejado los ojos, los pies y los días de trabajo recopilando datos en encuestas, analizando y organizando los datos y sacando conclusiones e interpretando esos resultados. 
Es un insulto personal a estadísticos, sociólogos, analistas...
Porque presentar una relación sin definir, sin probar, sin contrastar, basada simplemente en la necesidad de generar una imagen de vinculación a un régimen que se considera deplorable es un insulto personal a todos aquellos que se la han jugado -incluso la vida- para investigar, descubrir y poner de manifiesto con hechos, datos y documentos auténticos vínculos viciados y perversos. Desde el Watergate a la trama Gürtel; desde Wikileaks hasta la trama de los ERE andaluces, desde de la CIA con Bin Laden hasta las relaciones de los partidos con los skinheads madrileños, desde los sobres de Génova hasta las formas de financiación de Hezbollah, Hamás o el Estado Islámico. 
Es un insulto personal a reporteros, investigadores, periodistas, fuentes de información, documentalistas...
Porque presentar una foto de portada descontextualizada, utilizada fuera de la realidad en la que ha sido hecha para intentar vincular por la visual una cosa a la otra que nada tiene que ver es un insulto personal contra todos aquellos que han corrido de un lugar a otro para lograr una foto que refleje la realidad, que nos muestre lo que verdaderamente está ocurriendo, que nos acerque a la la auténtica dimensión de las cosas. Desde la niña del napalm de Vietnam hasta la infanta en monopatín; desde el asesinato a sangre fría de un detenido en Rangún hasta la lucha de un hombre contra un tanque en Tiananmen, desde el sórdido apretón de manos de un alcalde con un mafioso tras una cena secreta en Nueva York hasta las vejaciones sufridas por los presos en Abbu Graid.
Es un insulto personal a fotógrafos, reporteros gráficos, paparazzi, cámaras de televisión...
Esa portada, su concepción, su elaboración y su publicación es solamente un triste epitafio firmado por una dirección del medio que ha decidido inmolar su profesionalidad en beneficio de su ideología, que ha tomado el camino de la propaganda matando todo rasgo de periodismo que pudiera quedar en el medio que dirige.
Y quien lo lea no estará leyendo un periódico, estará leyendo la esquela mortuoria del periodismo español
Descanse en Paz.

sábado, febrero 21, 2015

Cuatro meses que ocultan por quién trabaja Europa

Después de muchos dimes y diretes, tras titulares que anunciaban el apocalipsis europeo por el nuevo gobierno griego y las constantes referencias al "izquierdismo" de su primer ministro como si fuera una enfermedad o un comportamiento antisocial y peligroso, Grecia y el Europa se han dado cuatro meses más para seguir igual. Es decir, seguirán cuatro meses buscando una solución. Al menos eso parece.
Y todo el mundo analiza quien ha ganado y quien ha perdido esta batalla, aunque en la prensa política española se empeñan desde la falsa izquierda a la anquilosada derecha en presentar este acuerdo -que es más bien un armisticio- como una derrota de esos radicales, populista que nada saben de política y van a llevar a Grecia al desastre.
Pero, más allá de quien ha ganado y quien ha perdido, está otra cosa, algo de lo que no suele hablarse, las motivaciones. La vida es la ciencia de los porqués más allá de los cómos y los cúandos. Y la política otro tanto.
Alemania, que no quería prorroga alguna, que intentaba imponer una vez más su criterio de Austeridad a cualquier precio -mientras el precio es la miseria más allá de sus fronteras, claro- se ha comido el sapo de esta extensión de cuatro meses por un solo motivo; La Europa de la Troika y el Eurogrupo, que durante los comicios griegos sacó pecho e hizo campaña por Samaras, exigiendo pagos, compromisos y recortes imposibles, se ha moderado por idéntico motivo.
Los mercados financieros. Calmar, apaciguar y tranquilizar a los mercados.
Vamos, como siempre. Ni por los ciudadanos, ni por sus principios políticos, ni por sus convicciones económicas. Solo por los mercados.
Porque el gobierno griego de Tsipras puede jugar una carta que ellos ni siquiera han visto en el tarot en el que han convertido la política económica europea.
Grecia ya está hundida, los mercados ya no confían en ella, las agencias de evaluación han tenido que añadir letras al final del alfabeto para calificar su deuda y el riesgo de inversión especulativa en el país. 
Así que ya no tienen porque pensar en los mercados, no tienen porque inmolar a su población y su futuro en el altar de los mercados financieros. No van a confiar más en ellos porque renuncien a su intento de cambiar las cosas y si lo consiguen volverán a confiar en ellos.
Pero Alemania, el Eurogrupo y la Europa que ha basado su unidad y su progreso en un sistema económico que ya huele a podrido en su catafalco, aún los necesita, aún trabaja para ellos, aún necesita que los bancos, los especuladores financieros, los fondos buitre -que eso son los mercados, no nos confundamos- confíen en ellos para seguir inyectando fondos en sus deudas nacionales que crecen cada día y casi cada hora.
Así que ha demorado el problema, han firmado el armisticio provisional para que el euro no sufra más, para que sus dueños y señores no pierdan dividendos ni intereses.
Mientras todo el mundo duda de los actos del gobierno griego, nadie cuestiona las motivaciones de la Europa de las finanzas unidas.
Equivocado o no, Tsipras piensa en sus ciudadanos; equivocados o no el Eurogrupo solo piensa en sus amos, en los mercados, o sea en el dinero.
Yo sé que es lo que me inspira más confianza, ¿nos hemos parado a verlo así?

viernes, febrero 20, 2015

Melilla, bocadillos y la falsa lealtad a la Benemérita

La Guardia Civil reparte bocadillos entre los inmigrantes encaramados en la verja de Melilla.
Y hay gentes que se indignan porque no sale esta acción a toda plana en portada como otros hechos que han protagonizado los miembros de las fuerzas orden en la tenue frontera que separa en las plazas africanas la miseria de la decadencia, es decir, África de Europa.
Pues hacen un flaco favor, según yo lo veo, a la Benemérita, a su país y a sí mismos con esa petición.
A la Guardia Civil no la ayudan porque están considerando algo reseñable, digno de titular, que hagan aquello para lo que supuestamente se les paga que, como dirían los yanquis en ese afán suyo por el lema corto y contundente, protejan y sirvan.
Así que, esas gentes que creen defender el honor del Benemérito Instituto, en realidad les están escupiendo en la cara, les están faltando al respeto. Porque vienen a decir que algo que tendría que ser cotidiano, natural y lógico no lo es y por eso merece ser resaltado en la portada de un periódico, en los hashtag de Twitter o en los sumarios de los informativos televisivos.
Tampoco le hacen un favor porque ellos, que quieren que se valore el trabajo de las fuerzas del orden tendrían que ser los que más protestaran por sus excesos, los primeros que les echaran en cara sus excesos, los que más les recordaran una y otra vez cuando sacan los pies del tiesto.
Tener amigos, conocidos o tradición familiar de pertenencia a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no supone tener que cerrar filas en torno a sus insignias y santos patrones y defender a ultranza toda actuación de sus miembros. Eso no es lealtad, como mucho es "buenrrollismo". Igual que un padre no quiere más a sus hijos por decirles que todo lo hacen bien o una amiga no es más amiga por aplaudir y apoyar cualquier acto de su amiga. 
La lealtad es otra cosa. 
La lealtad es tener la fuerza y la presencia de ánimo para decirle a quien que se equivoca, es arriesgarte a su enfado e incluso a perderle por decirle que está haciendo algo que no debe hacer, que le perjudica a él y a todos los que le rodean.
Si estas gentes que piden que se resalten los buenos hechos de la Guardia Civil en Melilla fueran los primeros en saltar a la palestra cuando se exceden en sus funciones, caen en la corrupción o sacan los pies del tiesto en actos represivos de fuerza excesiva, yo no diría ni coma. Pero no, cuando eso ocurre, permanecen callados en las conversaciones, miran a otro lado, tiran de patria y de bandera para justificarlo y lo único que consiguen en generar un entorno de protección donde los policías, guardias civiles o miembros de cualquier otro cuerpo que participan en actos reprochables -sean muchos o pocos, que afortunadamente son pocos- se sienten permanentemente justificados por el mero hecho de llevar placa y uniforme.
Si tu entorno, los que te quieren, los que te respetan, te dicen que algo es reprochable, excesivo o ilegal ¿no te resultará más fácil darte cuenta de ello que cuando te lo gritan aquellos a los que tú has convertido en tus enemigos cuando en realidad son parte de aquellos a los que debería proteger y servir aunque no piensen como tú?
Así que no le están haciendo ningún favor a la Guardia Civil en Melilla, a los antidisturbios en Madrid o Barcelona o cualquier otro cuerpo cuando callan y justifican los actos desmedidos y piden a gritos que se resalten sus comportamientos adecuados.
Tal como yo lo veo, eso no es lealtad, es cobardía. Para con su país y para con el cuerpo que quieren o dicen defender. Si tu amigo, tu hermano, tu hijo, tu padre o cualquier persona cercana es policía no tiene que molestarte que se hable mal del cuerpo cuando participa en acciones reprochables, te tiene que parecer mal que participe en acciones reprochables.
Matar a pelotazos a un inmigrante que desembarca, golpear, humillar o maltratar a los ilegales en los centros de internamiento, saltar el ojo a una mujer que baja a por el pan de un pelotazo, golpear a una pareja en un portal durante una manifestación, calentar infiltrados las manifestaciones para justificar las cargas policiales o cualquiera de los incidentes deplorables que han protagonizado miembros de las fuerzas del orden no es lo habitual y no es el trabajo de la Guardia Civil, de la Policía Nacional ni de nadie. No es para lo que les pagan los ciudadanos de su país, no es su función y por eso conviene resaltar e incidir en ellos cuando ocurren.
No es odio ni es manía al las fuerzas del orden, no es radicalismo anarquista en la permanente búsqueda del caos. Es pura lógica y una necesidad social.
Lo otro, que hagan aquello que es su obligación hacer, no, no es reseñable. Que alguien haga su trabajo todos los días es lo que se espera de todo aquel que recibe un sueldo por hacerlo.
Y quien mantenga lo contrario creo que ni sabe de periodismo, ni sabe de lo que es un país y mucho menos lo que es la lealtad.
Y luego, claro, están los que consideran que todos esos hechos reprochables son en realidad la función de las fuerzas del orden. Pero a esos no les digo nada. Habrán dejado de leer este post en la segunda linea.

jueves, febrero 19, 2015

Dios y "el diablo" reducen nuestra política a la nada

Me encanta cuando la gente se indigna porque alguien la deja completamente en fuera de juego. Así que llevo unos cuantos meses de carcajada en carcajada, aunque uno se ríe por no llorar.
El conservadurismo español más tradicional y la progresía patria más rancia ya no saben donde mirar para encontrar el norte, para evitar quedarse boquiabiertos cada mañana en el desayuno.
Yültimamente lo que más les ha molestado a ambos es de nuevo el coletudo ese que tiene un partido que se ha descolgado diciendo que "El Papa y él luchan en la misma trinchera".
Los progresistas de pastel españoles se rasgan las vestiduras por el laicismo -uy, perdón anticlericalismo, el aborto, la religión en los colegios, el concordato y todas esas cosas que en realidad no articulan una sociedad ni un país. Y los conservadores por lo mismo pero a la inversa. Pero en realidad lo que les molesta ambos es otra cosa, algo mucho más insufrible para ellos.
A los de la izquierda -¿con respecto a quién?- les molesta que haya individuos como él en todos los países de la UE que les arrojen a la cara el recuerdo de lo que significa ser socialista, laborista, progresista y todos esos nombres que ellos utilizan como etiquetas vacías en sus discursos y mítines: A los conservadores -qué a estas alturas tampoco se sabe muy bien qué quieren conservar salvo sus fortunas-  un tipo argentino de avanzada edad que se empeña en vestirse de blanco y hacerse llamar Francisco les pone la cara colorada día sí y día también.
Tsipras, Iglesias, Miliband sacuden cada mañana a la anquilosada progresía europea.
Les recuerdan todos esos elementos de su ideología a los que renunciaron en un lento goteo de incoherencia para asegurarse medrar y el acceso y la permanencia en el poder. Desde la república hasta la justa distribución de la riqueza; desde la igualdad social -real, esto es decir de oportunidades económicas-, hasta la tributación justa; desde la capacidad de decisión popular, hasta los mecanismos de representación social abiertos; desde la independencia judicial hasta el gobierno honesto.
Desde Grecia, España e incluso la Pérfida Albión no hacen otra cosa que hacer temblar con el ariete de eso que era la izquierda y que dejo de ser la muralla de en lo que se han convertido los que se llaman progresistas, mientras ellos en su cada vez más inestable bastión solamente pueden arrojar pequeñas pierdas en forma de currículos falsos y fortunas personales como forma de defender su sitiada fortaleza.
Y los conservadores. Bueno de lo de esos ya es de traca. 
Su máximo dirigente espiritual, el cargo al que se volvían cada vez que querían justificar su intransigencia ideológica y su falsa moral, no pasa un día sin que les corra a collejas por los pasillos del Vaticano.
Que si Dios no es de derechas, que si ser cristiano no es tener hijos como conejos, que si la doctrina social de la iglesia debería acercarse mucho más a la izquierda que a la derecha, que si el celibato no es un dogma de fe, que si los transexuales tienen sitio en la iglesia, que si la especulación es incompatible con la fe, que si la acumulación fraudulenta de riqueza es una práctica aberrante...
Va y vuelve su mano abierta repartiendo guantazos a diestra y siniestra en el rostro de todo ese conservadurismo patrio de misa de domingo y vidas dobles, tiples y mafiosas. Desde el Opus Dei a los Neocatecumenales, pasando por los legionarios de Cristo; desde la Conferencia Episcopal al gobierno del PP de Mantilla en el Corpus de Toledo y terno negro bajo el botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela.
Así que de repente miran a un lado y a otro y se dan cuenta que ya nadie les cree, de que ni los que se dicen de izquierda son izquierda para la izquierda ni los que se dicen conservadores y demócratas cristianos lo son para la más alta instancia del cristianismo.
O sea que va a ser que sí, que el coletudo Pablo tiene razón y al final miran al lado que mire todo el mundo niega con la cabeza y les vuelve la espalda por décadas de egoísmo social, corrupción e incoherencia ideológica y vital.
En fin, que ya no les cree a ninguno de los dos ni Dios ni el Diablo. O sea que no son nada.
Que mal rollo, ¿no?


miércoles, febrero 18, 2015

Crisis ideológica o Paulo Cohelo no nos quita la crisis

Estamos en crisis y no, no he perdido la memoria y me he retrotraído a los albores de 2008, simplemente me refiero a otra crisis. Estamos en crisis ideológica.
Y no porque no la tengamos, sino porque ahora, que con el desmoronamiento del sistema económico que sustenta nuestra sociedad, nos vemos abocados a cambiar, modificar, matizar o sustituir algunos o todos de nuestros principios ideológicos -seamos de la que seamos- y nos damos cuenta de que no podemos hacerlo. Somos incapaces porque sencillamente nuestra ideología no es nuestra, no la hemos creado nosotros.
Alguien nos vendió, desde el Verano del Amor hasta la quema de sujetadores setentera, desde lo Movida artístico musical de los Ochenta hasta el nihilismo New Age del presente milenio, que nuestro pensamiento tenía que estar destinado a nosotros mismos como individuos aislados, que la política era de los políticos, que el objetivo de nuestros pensamientos y nuestras reflexiones tenía que ser solo y únicamente nuestra vida, nuestros sentimientos, nuestro crecimiento personal. 
El más puro y duro "yo, me, mi, conmigo", vamos.
Y nosotros lo compramos a todo lo que da, como si no hubiera un mañana. 
Gastamos nuestras neuronas en devorar libros de autoayuda y nunca volvimos a acercarnos a la sociología, la filosofía o la economía; conectamos nuestras sinapsis a Paulo Cohelo y las desconectamos o nunca llegamos a conectarlas a Albiac o Russell; invertimos en la literatura de gurús que nos hablaban de como triunfar o hacerse rico y negamos la palabra y la letra escrita a Chomsky, Friedman o Krugman.
Como solo pensábamos para nosotros y nuestra vida personal era un desperdicio de esfuerzo y neuronas dedicar atención a individuos y teorías que hablaban de todos. No estábamos para eso.
Pero, como necesitábamos ideologías, aunque solo fuera para charlar con los amiguetes entre cañas o para votar cada cuatro años, y no teníamos la paciencia y la humildad para ir construyéndolas y cambiándolas reflexivamente con los años, las compramos hechas y pedimos que nos las sirvieran a domicilio. 
Se las compramos -que para eso estamos en una sociedad de consumo- a nuestros padres, nuestros colegas, nuestras necesidades o nuestras conveniencias y así fuimos tirando sin preocuparnos demasiado, ¡qué había que pensar en nuestros amores, nuestros polvos, nuestras frustraciones, nuestros fantasmas y todo lo que fuera solamente individual y personal!
Y en esas estábamos cuando la realidad nos sacó de nuestro espacio de confort y nos arrojó de un sopapo con la mano abierta a un mundo en el que todas esas ideologías habían fallado, no habían funcionado, eran incompletas o simplemente yacían muertas a nuestros pies.
Nos llegó la crisis o sea el cambio y nos pilló con el paso atrancado. Tuvimos la suerte -buena o mala- de ser la generación que tenía que crear ideologías económicas y sociales nuevas y nos quedamos paralizados porque como no habíamos desarrollado las herramientas intelectuales para hacerlo.
Porque la inteligencia emocional, la autoestima, el enfoque positivo, la sofronización y todo aquello que servía o creímos que servia para construirnos psicológica y vivencialmente como individuos no sirve de nada y es absolutamente irrelevante a la hora de definir una organización social, un sistema económico o un futuro colectivo. Y solamente habíamos pensado en eso. Los que lo habían hecho.
Así que estamos en crisis ideológica porque no sabemos crear ideologías nuevas y reaccionamos como siempre. Nos sentamos, miramos a uno y otro lado y esperamos que la televisión, Internet o cualquier otro medio de comunicación nos mande a domicilio otra que poder comprar para sentirnos de nuevo vestidos ideológicamente y seguir a lo que realmente queremos hacer. Pensar solamente en nosotros como individuos aislados.
A lo mejor, solo a lo mejor, es hora de ponerse a otra cosa. Que ya hay gente que lo hace.

lunes, febrero 16, 2015

A la izquierda o la derecha ¿de qué y de quién?

No suelo meterme en discusiones bizantinas -miento, lo hago continuamente, pero solamente para intentar demostrar que son bizantinas-, aunque la última que está de moda me resulta muy divertida.
Desde la tita Espe hasta e adalid del buenismo Pedro Sánchez, todos parecen empeñados en conseguir una cosa, un objetivo que parece irrenunciable: Que Podemos, esa formación que les ha abierto las carnes de las encuestas, y su líder se posiciones y digan si son de izquierdas o de derechas.
Y esa discusión me parece bizantina no ahora, no por Pablo Iglesia, me parece que lleva siendo absurda unos cuantos lustros.
Me explico. Todo el mundo se posiciona a la izquierda o a la derecha y nadie dice con respecto a qué.
Todo esto de izquierdas y derechas se basa en los Estados Generales de Francia que culminaron con la Revolución Francesa, donde los defensores del Antiguo Régimen -el histórico, no el nuestro- se alinearon a la derecha del sitial que ocupaba el rey y los que buscaban el cambio de régimen a la siniestra del monarca -para facilitar contar los votos, no por ninguna referencia bíblica o divina-.
Pues bien. Si seguimos con eso unos cuantos siglos después deberíamos colegir que Rajoy y toda la corte genovesa del Partido Popular son de izquierdas.
Porque la derecha de esa asamblea defendía la servidumbre atada a la tierra, el derecho divino de los monarcas absolutos, el derecho de pernada, el privilegio de los nobles de recaudar impuestos y poseer ejércitos propios, la ejecución del poder coercitivo de la Iglesia...
Y el Partido Popular está en contra de eso ¿o no?
Así que, ¡vaya sorpresa!, todos somos de izquierdas.
Resulta absurdo pretender que todavía la definición de una posición ideológica se defina por ese momento por importante que fuera para la historia. Así que si quieren posicionamiento tendrán que dar una referencia.
Porque con respecto a Stalin o las Brigadas Rojas, Podemos es de derechas, con respecto a Hitler, Musolini los Minute Men, EL Partido Popular es de izquierdas, con respecto al colectivismo soviético el PSOE e IU son de derechas, con respecto al Ku Klux Klan, La Nación Aria o Aurora Dorada espero y deseo que el Partido Popular sea de izquierdas.
Así que si quieren que alguien defina a qué mano se coloca debería decir antes a la mano de quien o de qué se refiere.
Pero no lo hacen por una sencilla razón. Porque esa división en izquierda y derecha les permite tratar su ideología como algo inamovible, como algo que no debe evolucionar, que no debe adaptarse. Como algo a lo que los demás deben adaptarse. Porque cubre esa necesidad tan nuestra, tan occidental atlántica y sobre todo tan española de estar divididos en dos y enfrentados de forma irreconciliable unos contra otros: bárbaros o romanizados, papistas o arrianos, sarracenos o cristianos, carlistas o isabelinos, patriotas o afrancesados, de Cánovas o de Sagasta, rojos o azules, de Negrin o de Largo Caballero, De Mola o de Queipo de Llano... y por último (falsos) progresistas o (falsos) liberal conservadores.
Y así una vez que estas posicionado en el bloque en el que ellos dictan la ideología no puedes ser de izquierdas y estar en contra del aborto libre y gratuito, no puedes ser de derechas -bueno conservador- y estar a favor del laicismo, no puedes ser de izquierdas y considerar absurdo el concepto de discriminación positiva, no puedes ser conservador y oponerte a la privatización de los servicios públicos.
O sea, es el ciudadano el que tiene que adaptarse a su ideología y no su ideología al ciudadano.
Así que creo que la solución es muy fácil. A partir de ahora cada vez que alguien hable de la derecha o de la izquierda habría que preguntarle ¿izquierda, derecha, con respecto a qué?.


Comfia, el despilfarro y la desconexión de la banca

Ayer me desayunaba con la noticia de que Comfia, la sección de Banca de CC.OO, había pagado casi cuatro millones de euros en sobresueldos a sus delegados y hoy la historia sigue con que se gastó en cuatro años la friolera de 14 millones de euros en viajes, congresos y opíparas comidas que por su precio parecen bordear lo pantagruélico.

Vayamos por partes. Llamarlos sobresueldos me parece una manipulación del tamaño de un continente pequeño. 
Resulta que en realidad se trata de complementos salariales, en nómina, que pagan a Hacienda y que no cotizan a la Seguridad Social -hasta que esta llegó a un acuerdo con los sindicatos-, sencillamente porque no tiene obligación de hacerlo. Lo siento por todos aquellos que intentarán equilibrar los sobresueldos en B que circulaban por Génova, 13 porque no son, ni de lejos, lo mismo.
¿De verdad creemos que la Tesorería General de la Seguridad Social hubiera negociado algo si pudiera exigirlo? Esos complementos salariales no son diferentes de los bonus que cobran los ejecutivos por resultados o  los consejeros de administración. A ver si ahora va a resultar que vamos a caer en la vieja trampa que nos han tendido desde siempre los conservadores españoles de mantener que lo que sirve para un rico ejecutivo no sirve para un sindicalista porque ser de izquierdas significa ser pobre mientras que ellos, como son de derechas, sí pueden acumular dinero sin faltar a su ética. Si un bonus de un ejecutivo no merece una portada, un complemento salarial de un sindicalista tampoco.
La única duda que me queda es que esos bonus suelen darse por resultados y, con dos reformas laborales brutales de dos gobiernos diferentes, con EREs a diestro y siniestro y oficinas de todas las entidades bancarias cerrándose en todas las ciudades, no me parece a mi que nadie que trabaje para Comfia merezca un bonus por resultados.
Así que si no les gratifican por hacerlo bien a lo mejor les están gratificando por no hacerlo. Y entonces, claro, ya no es un complemento salarial, es un soborno disfrazado de otra cosa. 
Y vamos ahora con los congresos, viajes y comilonas.
De nuevo hay que decir que el despilfarro no es un delito. Pero en este caso es una falla ética de proporciones faraónicas.
Un sindicalista puede comer en Dantxari, Kupela, Cuevas del Duque o la Parrilla De María por muy de izquierdas y sindicalista que sea pero tiene que pagar con su dinero. Mira, un buen uso para los complementos salariales lícitos que les pagaba su sindicato.
Y el resto es un dispendio que no se comprende cuando CC.OO ha tenido que recortar personal por la crisis, el descenso de afiliaciones y la congelación de las ayudas estatales -que, aprovecho para señalarlo, pienso que no deberían existir-. Los viajes y los congresos y los 10 millones gastados en ellos son el producto de una falta de ética galopante y de una traición ideológica brutal.
No porque coman en asadores o viajen en primera clase sino porque se supone que CC.OO es un sindicato de clase y su federación de Banca ha decidido ignorarlo. Ha pensado que como sus afiliados y sus ingresos son numerosos los pueden dilapidar en lugar de utilizar los excedentes en ayudar a la federación minera, la de estibadores portuarios o cualquier otra que por el rango económico de sus afiliados no tenga tantos ingresos.
Así que al final, por muy legal que sea todo, los complementos salariales, y los gastos de representación, congresos y viajes no son muy diferentes de las indemnizaciones a los ejecutivos de Bankia, las tarjetas negras o los gastos y sueldos desorbitados de las entidades bancarias intervenidas por el Estado.
Una muestra de que la banca ha vivido desconectada de la realidad social del país pese a que ha sido precisamente el sector financiero el que más ha contribuido al agujero negro en el que estamos.
Egoísmo y avaricia. 
Y para eso da igual que seas sindicalista y de izquierdas o banquero y de derechas.
Así han conseguido que no confiemos ni en los bancos ni en los sindicatos.

domingo, febrero 15, 2015

Carnaval, campaña, corrupción y el disfraz de Soraya

Estamos en carnaval y en precampaña electoral y no me queda muy claro si las declaraciones de Soraya Sainz de Santamaría sobre la corrupción se enmarcan en lo primero o en lo segundo.
“Aprobamos el mayor programa anticorrupción de toda la democracia” se ha descolgado diciendo la vicepresidenta en uno de esos ataques de verborrea extemporánea que la caracterizan. ¡Ahí lo dejo!, le ha faltado decir.
Y no sé si lo hace para ganar votos, que sería por la precampaña o lo hace por carnaval para disfrazarse de algo que todos sabemos que el Partido Popular no es ni será nunca: baluarte contra la corrupción. De ahí mi duda.
Porque ese programa es un conjunto de setenta medidas que ya eran antiguas cuando el mundo era joven, que se encuentran paralizadas y perdidas en los pasillos del Congreso, que han originado un portal de transparencia  en Internet que aporta datos cercenados, viejos e inútiles a los ciudadanos que lo consultan.
Es un programa absurdo, que no entra en la financiación de partidos, que no ahonda en las contrataciones públicas, que no modifica el sistema de selección de los cargos de libre designación. 
Que no aborda, vamos, los principales elementos que generan la corrupción y el nepotismo desde los tiempos del emperador Tiberio -que por cierto, sí legisló sobre esas cosas. Que no es cosa de rojos-.
Pero, tal y como yo lo veo, se va pareciendo cada más a una máscara carnavalesca cuando te das cuenta de que no han hecho nada porque sea retroactivo o al menos lo parezca.
Soraya, el ministro de interior y todos los inquilinos de Moncloa y Génova, 13, tan dados a intentar cargarse el principio de retroactividad legal en otros asuntos, que se han enfrentado a cara de perro al Alto Tribunal de Derechos Humanos por la Doctrina Parot, aquí no hacen nada en esa dirección.
Aprueban la ley pero no sacan de sus filas a todos aquellos que la incumplieron antes de aprobarla, a todos sus diputados, senadores, presidentes autonómicos, ministros, secretarios de Estado, alcaldes, concejales y demás cargos que no justificaron sus viajes, tiraron de gastos oscuros o de difícil justificación, que colocaron a familiares como cargos de libre designación, que negaron a la oposición y los ciudadanos el acceso a datos de carácter público, que parcelaron adjudicaciones de obra para poder dárselas a sus socios y empresas interpuestas...
Porque aunque la ley no sea retroactiva -y está bien por principio de justicia, aunque nos moleste, que no lo sea nunca, ni para los terroristas, ni para los corruptos, ni para cualquier otro delincuente o criminal- eso les impediría castigar como Gobierno la corrupción pretérita de sus rivales políticos, la del PSOE o incluso la tan aireada irregularidad fiscal de Monedero, el número dos de Podemos. pero no les impediría hacer retroactiva la lucha interna contra la corrupción y por la transparencia. Eso sí podrían hacerlo. Es solamente una decisión de partido.
Y como no se ha tomado, como se sigue protegiendo y ocultando a los corruptos propios y mostrando tan solo las incorrecciones ajenas, convenientemente magnificadas, lo de Soraya Sainz de Santamaría se antoja claramente un disfraz.
Un disfraz innecesario por otra parte pese a la precampaña y a las elecciones. Porque una máscara tan obvia y evidente es imposible que le haga ganar votos.
Feliz Carnaval a todos y sabios sufragios en las próximas elecciones.

jueves, febrero 12, 2015

Sánchez y la mitad que prefiere ganar a hacer justicia

Pedro Sánchez echa del partido a Tomás Gómez por sus supuestos manejos y corruptelas en Parla. Está bien, nada que decir en contra. 
Es lo mínimo que se espera de alguien que ha basado en los últimos tiempos su enfrentamiento electoral con Podemos en le hecho de que Monedero debería ser apartado de ese partido por las supuestas irregularidades que muestran sus finanzas. Una muestra de coherencia inusual, gratificante y digna de aplauso.
Pero esta decisión deja dos consecuencias que dicen mucho más del sistema político que rige nuestro Occidente Atlántico y de la sociedad que hemos construido con nuestras actitudes que la sabia medida tomada por el Secretario General del PSOE.
A ver si me explico.
Los dos grandes partidos, los que han manejado con nuestros sufragios una alternancia política en el mismo sistema político económico, se han quedado, no tienen o no encuentran candidatos en las elecciones regionales en Madrid, en la autonomía que alberga la capital del Estado, ¿qué dice eso de ellos?
Dice que han construido un sistema de gobierno en el que da igual el partido al que se pertenezca porque todos terminan metiendo la mano en la caja pública, beneficiando a sus amigos, socios o familiares, aprovechando el poder no como servicio público sino como herramienta de beneficio personal.
Dice de ellos que tienen dificultades extremas en lograr una regeneración en la que en realidad los partidos y sus cuadros no creen porque entienden la política como un modo de ganarse la vida y de medrar en la fortuna. Si no hay una mayoría de políticos que no se vean salpicados por estos asuntos cuando llegan a posiciones de poder es fácil colegir que el problema no está en las personas, está en los modos y maneras de hacer política. Es decir en lo que se resume en el sintagma "el sistema político".
Y la otra consecuencia es que, siempre según los sondeos de los medios afines, el 46% de los votantes socialistas aprueban la medida. Y aunque lo vendan como un triunfo, el titular debería ser "solamente un 46% de los votantes socialistas aprueban la medida".
¿Qué dice eso de nosotros?. Por resumir. Dice que seguimos viendo hace un para siglos, como mínimo hace medio siglo.
Porque seguimos definiéndonos por aquello a lo que votamos, por el bando ideológico al que pertenecemos. Más de la mitad de los votantes socialistas no aprueban la destitución porque eso supone un problema para ganar las elecciones, porque supone reconocer una mácula en su currículo de votante, porque prefieren ganar y estar con los ganadores que la justicia.
Porque, según yo lo veo, no son capaces de aplicarse a sí mismos y a su partido, los mismos criterios de integridad y honestidad que exigen cuando los acusados de corrupción son cuadros o cargos pertenecientes a otras formaciones políticas.
Y no empecemos con que eso lo hacen los socialistas. Porque el 23% de los españoles y el 17% de los madrileños aún están dispuestos la PP pese a Bárcenas, el caso Gürtel, Jaume Matas y todo el compendio de corrupciones y corruptelas de su partido, porque un porcentaje aún más amplio de andaluces está dispuesto a votar al   a los Ere sindicales. Y lo mismo pasa con Convergencia y los Pujol, con IU y Mercasevilla, ete, etc, etc.
Así que somos así. Somos de Cánovas o Sagasta, De Negrín o Largo Caballero, De Mola o Queipo de Llano, Nacionales o Republicanos, del PP o del PSOE... Elegimos un bando ideológico y le damos nuestra lealtad ciega, la cubrimos las espaldas, le justificamos los errores y nos mantenemos a su lado en la esperanza de que su victoria nos beneficie personalmente o al menos de la razón.
¿Cómo vamos a reconocer nuestros errores ideológicos y solucionarlos sino somos capaces de hacerlo con nuestros errores personales, afectivos o profesionales?
De manera que no sé si Pedro Sánchez es un hombre honesto que quiere hacer las cosas bien o un político inteligente que ha sabido sacrificar a otro para conseguir unos réditos electorales en el momento adecuado.
Si es lo primero va a tener más que crudo conseguir lo que quiere sin cambiar radicalmente el sistema político -es decir, hacer lo mismo que critica que las nuevas formaciones políticas quieren hacer-, si es lo segundo será solamente un político más que se comporta como lo hacemos nosotros pero durante un tiempo, justo antes de las elecciones logra engañarnos.
¿Cuantas veces ha pasado ya eso?

lunes, febrero 09, 2015

Armar a Ucrania o la memoria perdida de Occidente

Si es que parece que siempre estamos en las mismas y parece que siempre vamos a estarlo.
Irán, Irak, Afganistán, Líbano y antes Vietnam, Camboya, Laos y antes La India, Indochina, Argelia y antes los pueblos Fulani, Massai y Zulú y antes las tribus Hurón, Mohawk, la Nación Oglada y antes los  Lamtuna, los Magrawa, los bereberes, los almogavares, y antes los clanes suevos, ostrogodos, ilirios...
¡Que no, que no!, que no es un concurso de la tele. Todos esos pueblos, todos esos países y todas esas tribus se resumen en una sola palabra: Ucrania.
Porque Europa Occidental y Estados Unidos, o sea el Occidente Atlántico, está a punto de hacer en Ucrania lo mismo que ha hecho a lo largo de toda la historia en todos los territorios y con todos los pueblos del galimatías que sirve de inicio a este post.
Armar hasta los dientes al bando que le viene bien en el momento actual sin valorar las consecuencias que para su futuro tendrá que ese bando esté armado hasta los dientes. Solucionar de nuevo un conflicto por la fuerza de la potencia bélica acumulada por uno de los bandos.
Parece ser que nombres como Genserico, Tarik o Kochise no le dicen nada y a lo mejor es lógico. Pero que no se les vengan a la mente nombres como Sadam Husein u Osama Bin Laden es más sorprendente;  que referencias como talibanes, milicias drusas o rebeldes libios se hayan convertido tan pronto en bruma en su memoria resulta cuando menos preocupante.
Porque en Ucrania pasa y creo que pasará lo mismo que ha pasado desde siempre. Armaremos a quien creemos que nos viene bien armar y unos cuantos lustros o décadas después nos daremos cuenta de que esa no era la solución a un problema y que además se ha convertido en el inicio de otro.
Y todo por no saber hacer algo que, en principio, siempre tenemos en la boca, a lo que siempre recurrimos para los otros y que en realidad nuestros gobiernos y nosotros mismos nunca ponemos en práctica cuando no nos conviene: ser coherentes.
¿Cuantas veces hemos exigido a los demás cosas que nosotros no hacemos?, ¿cuantas veces hemos demandado el respeto que no damos, la sinceridad que no tenemos, el trato que negamos?... Pero no desvariemos, sigamos con Ucrania.
Si cuando al Occidente Atlántico le viene bien, cuando queríamos que los últimos estados tapón del Telón de Acero - Yugoslavia y Albania- escaparan de las garras comunistas mandamos tropas a Croacia, Bosnia, Macedonia, Eslovenia o Kosovo para garantizar el derecho de esos pueblos a decidir sobre su independencia ¿por qué no hacemos lo mismo en Ucrania?; si cuando quisimos quitar poder a dos de los países islámicos más grandes del planeta -Indonesia y Sudán- los cascos azules garantizaron los referendos en Timor Occidental y Sudán del Sur ¿por qué no hacemos lo mismo en Ucrania?
Si que decidan si quieren secesionarse, independizarse de quien sea o unirse a quien sea es una solución que hemos defendido en otras ocasiones ¿por qué no somos coherentes y lo hacemos con Ucrania?
A mi me parece muy simple. Porque la coherencia deja de ser importante cuando se trata de pensar en contra nuestra y sabemos que los ucranianos -aunque ahora parece que se dice ucranios, no sé- que se escindan de su país van a ir corriendo a echarse en brazos de la vieja y resurgida Madre Rusia, esa que pareció morir cuando cayeron el Telón de Acero y el comunismo soviético pero solamente se estaba echando una reparadora siesta.
Y eso nos viene fatal. 
Así que olvidamos el derecho a la autodeterminación de los pueblos, las formas democráticas de decisión y toda nuestra coherencia interna y externa y tiramos de armar a los que no quieren unirse a Rusia, ignorando que si se propusiera un referéndum - uno de verdad, no una mascarada de colegios electorales vigilados por secesionistas armados- los que pretenden lograr la escisión por métodos militares perderían justificación y entonces serían ellos los que se quedarían sin argumentos para intentar imponerla.
Mejor que los unionistas ganen la guerra y luego ya se verá qué hacen con el armamento y el poder militar que les hemos dado. Luego ya se verá cuando se vuelven contra nosotros. 
Y ya puestos, siendo más coherentes, podríamos dejar de mirar tanto al Atlántico y empezar a mirar a nuestro continente. A lo mejor, solo a lo mejor, Eurasia sí es una evolución ahora que la solución del Occidente Atlántico se está resquebrajando por todas partes.
No se nos olvide que los dos grandes dictadores europeos de la era moderna y contemporánea, Napoleón y Hitler, solo pudieron ser derrotados con el concurso de Rusia y no habrían podido serlo sin ella.
Pero parece ser que, desde los mercenarios macedonios que contrató Atenas y acabaron saqueándola hasta nuestros días, no hemos nada. 
Armamos, armamos y volvemos a armar al enemigo de nuestro enemigo en la esperanza de que eso le convierta en nuestro amigo. 
Nunca ocurre, pero somos tan inconscientes como para seguir intentándolo.

domingo, febrero 08, 2015

El desencanto, Podemos y la enésima manipulación

Será porque uno se despierta pronto hasta los domingos y tiene que esperar hasta que quienes están con él se ponen en marcha pero, leyendo los periódicos, he de decir que los Chicos de la Prensa, como suelen decir los políticos estadounidenses, están hoy muy analíticos. 
Dicen que Podemos ha tocado techo y que además la gente les votará por desencanto mientras que a Ciudadanos le votarían por afinidad ideológica.
Y es cierto, creo que es completamente cierto. Pero decirlo así, sin más, es el intento de manipulación mas artero y desmedido desde -y esta vez sí que no es metafórico- el incendio del Reichstag.
Porque la prensa política española lleva desde la aparición de los nuevos partidos construyendo una cortina de humo que culmina en esa afirmación. 
Han vertido ríos de tinta y gastado millones de bits informáticos en intentar convencernos de que estamos desencantados con la clase política y su corrupción, que lo único que nos pasa es que estamos hartos de mangantes, chorizos, nepotistas y caciques.
Nos quieren demostrar que estamos enfadados solo por eso, que estamos desencantados solo por eso y entonces sería una irresponsabilidad votar a Podemos, que quiere cambiarlo todo, por ese desencanto. Sería matar moscas a cañonazos.
Pero claro, como casi todo el diseño de la campaña de medios contra esta formación política, es una mentira flagrante. Porque tal y como yo lo veo, estamos desencantados sí, pero no solamente con los malos políticos, sino con sus ideologías en general.
Porque a unos la socialdemocracia nos vendió un Estado del Bienestar y un progreso que no se ha producido. 
Nos vendió una política que supuestamente redistribuía la riqueza y que culminó en una reforma laboral salvaje. 
Nos vendió una lucha por la igualdad que se transformó en una política de lobbies que se preocupaba de los problemas de colectivos minoritarios -problemas importantes, he de decir- mientras ignoraba problemas sociales mayoritarios, que aprobaba leyes discriminatorias a sabiendas de que lo eran por motivos puramente de imagen, que gastaba recursos y dinero a espuertas en vindicaciones históricas innecesarias mientras ocultaba la crisis económica, no reaccionaba ante ella y defenestraba a cualquier ministro que hablara de ella.
Nos vendió un laicismo que parecía la solución a todos nuestros males éticos y... En fin, sin comentarios.
Porque a otros el liberalismo neocon les vendió que la libre competencia les daba la posibilidad de prosperar mientras lo único que hacia era aumentar la brecha entre ricos y pobres.
Les vendió que la economía de la deuda apalancada, la especulación y el crédito renegociado haría que las empresas ganaran más dinero y por tanto aumentaría sus beneficios y con ellos el empleo y los salarios y todos serían más ricos. Y lo que hizo fue generar una segunda reforma laboral que ya nos ha convertido prácticamente en siervos de la gleba y una destrucción prácticamente completa de Pymes que se han quedado endeudadas y sin recursos.
Les vendió que los valores morales cristianos tradicionales salvarían España y... Bueno, poco o nada hay que decir al respecto.
Así que, ¡Claro que estamos desencantados! Pero eso no es sinónimo de que ese desencanto sea con la corrupción política. Eso no es sinónimo de que lo único que necesitemos sea un partido de gente honesta que ejercite las mismas políticas y se mantenga dentro del mismo sistema económico que los que se han corrompido -o sea, lo que parece ser Ciudadanos. Que su mérito tiene, no nos engañemos-.
Porque son los vicios de fondo y de aplicación de la ideología socialdemócrata y neocon lo que han generado, por su interacción dentro del sistema económico impuesto e inamovible, los cinco millones de parados, las familias desahuciadas, la miseria, la falta de recursos, la inexistencia de expectativas y todas las cosas que nos tienen desencantados.
Y todo eso nada tiene que ver con un puñado de irresponsables, avariciosos y corruptos que usan el Gobierno en su beneficio. Que también nos cabrea, desde luego.
Así que sí, se vota por desencanto. Desencanto de unas ideologías, un sistema económico y una forma de hacer política, no solo por cabreo con los malos políticos.
No estamos matando moscas a cañonazos. Nos negamos a intentar curar el cáncer con aspirinas que, como diría aquel, es un problema "distinto y distante".
Nos vendría bien no dejarnos convencer de que estamos solamente acatarrados cuando en realidad estamos sufriendo los primeros síntomas del ébola. Y todo lo demás se me antoja una manipulación intolerable.
Vamos, digo yo.

sábado, febrero 07, 2015

Europa en botas, camisa por fuera y sin corbata (tranquilos, esto nos es un post de moda)

Una vez más, nuestros políticos se empeñan en ser como nosotros. Y eso pasa con los políticos y los medios de comunicación de es Unión Europea con respeto a esa furia rapada disfrazada de ministro llamada Varoufakis.
El tío se presenta con vaqueros, camisa por fuera, abrigo de cuero y botas y se organiza la marimorena. Se habla de formas, de modos y maneras. Como lo hicieron en su tiempo con la chaqueta de pana de González, con el arremangamiento de Fraga, con los vestidos de Chanel de las ministras socialistas, con la kufiya de Zapatero o de Camps o los trajes oscuros de Julio Anguita.
Nuestros políticos han vivido y viven atrapados en la imagen. Tenemos que dar la imagen de que "Europa está unida y es fuerte", de que "España va bien", de que "España es progresista", de lo que toque en cada momento. 
Por eso gastan más dinero en fomentar la ya ridícula "Marca España" que en facilitar la curación de los enfermos de Hepatitis C; por eso invirtieron más en la Marcha del Orgullo Gay de Madrid que en la deprimida industria vasca.
Y ¿qué decir de nuestros medios tradicionales? Defienden leyes injustas y discriminatorias por dar una imagen de progresismo, defienden actuaciones y cargas policiales inexcusables por dar una imagen de garantes del orden y la seguridad.
¿Por qué hacen eso? Porque son como nosotros.
Creemos y queremos creer que la imagen significa algo. Analizamos al dedillo cada pieza de indumentaria, cada gesto, cada complemento, en un intento de comprender -perdón, ¿escribí comprender?. No eso no-, de clasificar, de juzgar o prejuzgar al otro. De colocarlo en alguna parte de nuestro inagotable catálogo de clichés.
Pero, de repente, llega un tipo que no se preocupa de eso: "Mi trabajo es gestionar la economía de un país en bancarrota y para eso no sirven las corbatas ni los ternos perfectos", parece gritar el ministro griego mientras avanza con sus botones desabrochados, "si eso os provoca malas sensaciones es vuestro problema, no el mío"
Eso deja a los políticos esclavos de la imagen al borde de la catatonia. Se sienten ofendidos y hablan de faltas de respeto.
Precisamente ellos. Ellos, que han afirmado que el país que inventó el sistema que les permite ejercer el poder "no ha aportado nada a Europa"; que han definido en un mal chiste a más de un tercio de la población europea, entre ella los griegos, como cerdos (PIGS), que han gritado a personas en el límite interno de la miseria que "trabajen más y protesten menos", se atreven a calificar la ausencia de una corbata como una falta de respeto.
Y de nuevo me surge la misma pregunta, ¿por qué? Y de nuevo me vuelve a regresar la misma respuesta, porque son como nosotros.
Porque hemos convertido en una regla evangélica el error del adagio popular de "quien pierde las formas, pierde la razón". Lo cual es una mentira tan grande como el Templo de Salomón. 
La razón no depende de las formas. La capacidad de convencer quizás sí, pero la razón la tiene quien la tiene, si es que la tiene alguien.
Pero a nosotros nos viene bien pensar lo contrario porque nos permite pensar que mantener las formas nos da la razón. 
Y así, si insultamos, faltamos al respeto, despreciamos, mentimos y manipulamos bien vestidos y en un tono de voz emitido en los decibelios adecuados podemos creer que tenemos razón y si el que recibe esos desprecios, esos insultos o esas faltas de respeto alza la voz o no mantiene nuestros protocolos sociales en la respuesta es, por ese simple y ridículo motivo, quien no la tiene. Quien nos falta al respeto a nosotros.
Y claro si alguien que tiene que salvar la economía de un país no entra en ese juego y defiende la razón que cree tener -y parece tener, según yo creo- sin preocuparse de las formas y maneras sociales, a lo mejor nuestros políticos, nuestros medios de comunicación y nosotros mismos nos quedamos sin ese manido y falaz argumento para siempre.
¡Que mal rollo!

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