jueves, febrero 28, 2013

Cuando los recortes intentan esconden la doctrina

Tiempo hacía que no usaba estas líneas para referirme a uno de esos constructos legales que son ejemplo y explicación de muchas de las cosas que hacemos mal en esta sociedad Occidental Atlántica, de ese revanchismo histórico que aqueja a quienes hacen de victimismo su eterna condición de vivencia y subsistencia eterna, de una de esas leyes que están bajo el permanente escrutinio de Estrasburgo porque tienen dudas de que puedan cuadrar con la Constitución Europea, si es que esta llega a ver la luz antes de que Europa se devore a sí misma en la entropía. 
Vamos, que hacía tiempo que no hablaba de la Ley de Violencia de Género. 
Considerando que hay cosas mucho más urgentes e inminentes en estos tiempos, me había resistido incluso durante la reciente crucifixión pública de Toni Cantó, que tuvo la bisoñez política de creer que decir la verdad era suficiente para que se le escuchara y para que el emporio ideológico que ha creado la cortina de humo de las denuncias falsas en sentido estricto para ocultar las malintencionadas, inverosímiles y falaces renunciara a su postura. 
Pero hay casos y cosas que ya no me dejan espacio a la demora. Como siempre es una historia periodística, como siempre es un caso desgarrador, como siempre es una supuesta tragedia presentada de forma desmedida pero que deja a las claras las intenciones y las formas. 
La nueva línea de manipulación que se ha elegido para intentar mantener la violencia de género en el candelero, ahora que toda la sociedad tiene vuelta la vista a otra serie de problemas que no necesitan ser demostrados porque son reales. 
Todo empieza como una historia de recortes.
“Hace ocho meses que no veo a mis hijos por culpa de los recortes” 
Decenas de padres están en lista de espera para ver a sus niños en puntos de encuentro. 
La Comunidad de Madrid cerró seis de sus ocho centros a lo largo de 2012.
Y tú dices Vaya, hombre. Por fin se ocupan de los cientos, quizás miles de padres, que por sentencia judicial están obligados a visitar a sus hijos en puntos de encuentro. 
Pero nada más lejos de la realidad. Con todos los hombres que se encuentran en esa situación, con todos los varones que se ven sometidos a ese insano ejercicio de ser vigilados o simplemente de tener sobre ellos la sospecha de la sociedad como para que se les imponga la presencia de un extraño y una situación tensa y antinatural para un hijo, deciden poner de ejemplo a una mujer. 
Eso ya de por sí es un arte manipulativo de proporciones ciclópeas. Porque, claro, se trata de una historia de víctimas, de sufrimiento, de tragedia personal y social y el único ojo que tiene el emporio ideológico de género solo le permite apuntar hacia la mujer cuando se trata de hablar de víctimas y de sufrimiento. Los hombres son siempre verdugos. Tienen que serlo. 
Pero, por supuesto, presentar a una mujer tiene sus complicaciones inherentes a la ideología que se defiende. 
Si es ella la que tiene que visitar a los hijos habrá que explicar por qué se le ha denegado la custodia porque aplicando la lógica perversa de esta forma de pensamiento debería ser el hombre el que no la tuviera. 
Y la cosa se enfanga 
"Tras separarse de su ex compañero y denunciarlo por maltrato, la juez de violencia que estudió su caso lo archivó —la Audiencia de Madrid acaba de ordenar reabrirlo— y otorgó la guardia y custodia al padre"
Así que de repente aparece, el tema de la violencia de Género, reaparece como surgido de la nada cuando en realidad no importa para aquello de lo que se supone que se está hablando: los recortes de la Administración en los puntos de encuentro que generan saturación y listas de espera. Para hablar de eso es irrelevante el motivo por el cual el padre o la madre no tiene la custodia. 
Pero como, en realidad, los recortes son una excusa para introducir a capón la llamada violencia de género, pues hay que hablar de ello. 
Pero resulta que a esta mujer una jueza -que menos mal que ha sido jueza- le ha archivado la denuncia, ha considerado que su denuncia es fruto del deseo de venganza o sea -en términos coloquiales, que no jurídicos- ha considerado que es falsa. 
Y eso justo un día después de la crucifixión de Cantó, después de que se negara por activa y por pasiva que hay miles de denuncias que son archivadas y se van al limbo porque los jueces y las juezas consideran que son precisamente como esta. 
Así que el juez se ha tenido que equivocar. Toda denuncia de maltrato debe ser verdadera. Y por ello hacen hincapié -alejándose cada vez más del asunto que supuestamente trata la noticia:los recortes- en que la Audiencia Nacional ha admitido el recurso de la mujer. 
Y pretenden que eso convierta directamente a la denunciante víctima, pretenden que eso sea sinónimo de culpabilidad del padre. Lo destacan como algo relevante cuando el 75 por ciento de los recursos contra sus sentencias de custodia que presentan los hombres en España son admitidos a trámite por las instancias judiciales superiores y eso no significa que les vayan a dar la razón. 
Pero en este caso es mujer y hay que demostrar que su denuncia no es malintencionada aunque una jueza lo haya dicho. 
Y la cosa continúa. 
“Según la sentencia, María habría puesto a los niños en contra de su progenitor y presunto maltratador (ella lo niega) por lo que, además, debería pasar tres meses sin poder visitar a los menores”. 
Este párrafo ya es de traca. O sea que la mujer ha perdido la custodia porque la magistrada ha considerado que había cometido un hecho reprobable, que había puesto a los hijos en contra del padre. 
Pero eso tiene también que ser falso porque todos sabemos que el SAP no existe, todos sabemos que las mujeres que se divorcian son espíritus puros que jamás harían eso, que no está en su naturaleza poner a sus vástagos en contra de su progenitor simplemente porque ha sido un mal marido o él considera que ella no es la mujer con la que quiere seguir compartiendo su vida. 
Y, ni corto ni perezoso, el redactor incluye un paréntesis que parece superfluo, que se antoja innecesario: (ella lo niega) 
Todo acusado o acusada de algo lo niega, todo el que no está conforme con una sentencia lo niega. Hasta el cine de Hollywood sabe esa verdad universal como lo demuestra la mítica frase de Morgan Friedman en Pena de Muerte: "todos los que están aquí son inocentes. Todos están encerrados porque su abogado la cagó". 
Pero el emporio ideológico que sustenta la visión de género ha perdido tanto el contacto con la realidad que considera necesario decir que ella lo niega porque lo consideran un argumento de autoridad, porque la palabra de una mujer cuando algo la enfrenta contra un hombre tiene valor de ley, porque la mujer no miente. 
Y debe ser por eso por lo que se atreven a escribir "el presunto maltratador" cuando un tribunal ya ha decidido que no lo es, cuando hasta que la Audiencia nacional rectifique ese archivo o sentencie de forma contraria es inocente, no es presunto nada. 
Han pasado dos párrafos, casi la mitad de la noticia. Lo más relevante del espacio destinado a la misma y no se ha escrito una línea sobre los recortes. Lo que, en el caso de haber sido un hombre el ejemplo, hubiera ocupado tres paupérrimas frases en el último párrafo aquí ocupa la parte más destacada de una información, que supuestamente está destinada a presentar el vicio político de los recortes que dejan sin derechos a los ciudadanos. 
Porque en realidad no se quiere hablar de recortes. Se quiere hablar de violencia de género, se quiere manipular para que la decisión de una jueza no contribuya a destruir el constructo ideológico que convierte en un axioma el hecho de que la mujer siempre es víctima y el hombre siempre es culpable.
No se quiere enfrentar al ciudadano a la injusticia de los poderes públicos. Se quiere vender que la mujer es víctima de una decisión machista que la separa de sus hijos para proteger a un maltratador. Los recortes son solamente una excusa. 
Y aunque pueda parecer, solamente con esta noticia, un análisis paranoico, hay un elemento externo a la misma que elimina toda sombra de duda. 
El redactor de la aparente información no llega a la misma desde el entorno político, no la conoce por la denuncia de un diputado, de un colectivo o por un soplo de un infiltrado en la Administración. 
Conoce de la situación de mujer porque ha seguido el caso. Porque ya he escrito sobre él con titulares como "un imputado por maltrato mantiene la custodia de sus dos hijos menores" y con párrafos supuestamente informativos como "Esa decisión de la juez se basaba únicamente en el informe del equipo psicosocial del juzgado en el que, tras explorar someramente a todos los miembros de la familia, se aseguraba que los menores sufrían el “Síndrome de Alienación Familiar (SAF)”. “La madre y los hijos forman una coalición en contra del padre situándose como víctimas de una situación de malos tratos que no se ha objetivado por ninguna vía imparcial”, mantenía ese documento". 
Dando a entender que las decisiones de los tribunales no deben basarse en los dictámenes de los expertos sino en los testimonios maternales, dando a entender que deben valorarse más los informes de parte -o sea los pagados por una u otra de las partes- que aquellos que realizan profesionales "supuestamente" independientes y que, en teoría, no tienen interés alguno en que tenga razón una parte o la otra. 
U otros todavía peores como "Fue la propia juez a petición del fiscal la que solicitó que ese equipo dictaminara también sobre la existencia de ese síndrome que ni la OMS ni la biblia de los trastornos mentales, el DSM-IV de la Asociación Americana de Psiquiatría, reconocen". 
Como si pedir un informe sobre una situación concreta fuera una prevaricación o al menos la bordeara, como si la jueza y el fiscal no tuvieran derecho a hacer bien su trabajo y tuvieran simplemente que seguir al pie de la letra las instrucciones del Observatorio contra la Violencia de Género del CGPJ, que es un órgano político e ideológico por más que esté encastrado en el seno mismo del poder judicial. 
Y por supuesto omitiendo el hecho de que la Asociación de Psicología Latinoamericana sí acepta la existencia de ese síndrome, que las máximas cortes del Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Alemania aceptan como motivo de pérdida de la custodia las "prácticas de chantaje emocional parental" asimilables a esté síndrome sin entrar a valorar si son o no un trastorno psicológico y por supuesto que los tribunales de Estrasburgo han dado la razón en varias sentencias y recursos a los jueces que han sentenciado en esta dirección. 
Así que queda claro que lo que quiere el redactor es defender esa posición apriorística, que se ha convertido en abogado defensor de una mujer y de una ideología y que el asunto de los recortes en los puntos de encuentro es solamente una excusa para poder seguir adoctrinando en esta materia. 
Por eso ni siquiera hay que leer la noticia para saber que no aparecerá ni en un par de líneas el testimonio de un padre. 
Que los recortes les afecten a ellos no importa. Se los merecen por hombres y por maltratadores. Ellos siguen sin interesar. Ellos siguen siendo el enemigo a batir. No los recortes. 
Y por si alguien todavía no lo tiene claro, lo repetiré. Cuando una ley es fascista y un pensamiento ideológico -aunque sea defendible en su origen- rota hacia el totalitarismo lo denunció y me enfrentó a él. Sin distinción de raza, credo ni nacionalidad.
Y por supuesto sin distinción de sexo.

miércoles, febrero 27, 2013

González ya es la zorra de Esopo con Telemadrid

Ignacio González, el heredero, el presidente de la Comunidad que nadie eligió porque a nadie se le dio la oportunidad de hacerlo, está furioso. 
Simula estar calmado y contrito, pero está furioso; aparenta permanecer sumido en una profunda reflexión y en sesudo análisis pero está furioso. 
Lo está porque las cosas no aparentan marchar como él quería, lo está porque, recuperada del negro combativo en la que la sumieron los profesionales del medio intentando evitar que se convirtiera en una herramienta de simple propaganda, Telemadrid amenaza con volver, los jueces amenazan con hacerla volver. 
Y así, en ese lenguaje al que recurren siempre los cortados por el patrón el gobierno sempiterno y nunca abandonado de Esperanza Aguirre en Madrid, recurre a lo único que sabe hacer en esos casos: la amenaza.
 "Si el ERE no prospera cerraremos Telemadrid". Lo intenta convertir -como todo en este gobierno del Partido Popular en nuestros tiempos- en una conclusión inevitable, en una consecuencia lógica de la realidad ineludible. 
Pero no engaña a nadie. Es una amenaza. 
No lo es por la frase en sí misma. Lo es por la que la continua para culminar la sentencia "No es prioritario para nosotros mantener un medio de comunicación". Y esa es la clave. 
Si los profesionales de Telemadrid vuelven a sus puestos de trabajo, la televisión de la Comunidad de Madrid volverá a ser un medio de comunicación. O por lo menos tendrá a casi un millar de personas dispuestas a convertirlo en eso. 
Y eso nunca fue prioritario para el Gobierno del Partido Popular en Madrid. Si no es una herramienta de propaganda para sus fines, no le interesa tenerlo; si no es un púlpito desde el que predicar su ideología, no le interesa; si no es una ventana desde la que mostrar hasta el hartazgo a un líder político impuesto a dedo, no votado, desconocido y continuamente hecho arder por los colectivos sociales y profesionales de los sectores públicos en sus sucesivas decisiones, Telemadrid deja de ser prioritaria. 
Porque solamente esas motivaciones, esos usos sugeridos primero, impuestos después y manipulados en última instancia, sustentan esa amenaza de Ignacio González. 
Si fueran simplemente las cuestiones económicas se hubiera limitado a cerrarla desde el principio y ya está. Ese era el máximo ahorro. El ERE podría haberse incluido dentro de ese cierre y habría podido justificarse por motivos económicos, pero la privatización no. 
Pero ahora, como la decisión judicial amenaza con llevarle la contraria, con impedirle que "su" Telemadrid se convierta en una fuente de ingresos para sus socios y amistades a costa del erario público, con hacer imposible que sea simplemente un despacho de Agitpro del PP, ya no la quiere, ya no le sirve, la va a cerrar. 
Porque la vuelta de los profesionales de Telemadrid, la decisión judicial contraria al ERE le obligaría a gestionar la televisión pública como un medio de comunicación. Le obligaría a dejar de colocar en los altos despachos y las altas nóminas a rebotados políticos del partido al que pertenece, le obligaría a sacrificar la propaganda en aras de una programación que atrajera audiencias y anunciantes porque la sentencia le habría dejado claro que Telemadrid necesita a sus profesionales y no puede prescindir de ellos. 
Y en esas condiciones no la quiere, si no puede alcanzar su codiciada y ansiada herramienta de manipulación social, la cerrara. Como la zorra quejumbrosa de la fábula de Esopo "no la quiere, que está verde" .
Es cierto, Ignacio González, por una vez y sin que sirva de precedente, tiene razón y dice la verdad. Nunca fue una prioridad para el Partido Popular de Madrid poner un medio de comunicación y de información al servicio de sus ciudadanos. 
Un medio de propaganda sí, de adoctrinamiento, también y de manipulación política y recolecta de votos, por supuesto. Pero un medio de información y comunicación, no. 
Y Telemadrid solo puede ser eso si los jueces no le dejan convertirla en otra cosa.

4.388 yuanes que pueden hacer fracasar las mareas

Que hay gente que se está partiendo el pecho, el salario, el esfuerzo y el compromiso por defender lo que es de todos es algo que, a estas alturas del partido que nos han obligado a jugar con nuestro futuro, es incuestionable. 
Mientras los políticos se debaten en cismas territoriales de una parte y en sobrecogimientos intestinos y salarios fingidos de otra; mientras "Cantós y Montalbanes" se enzarzan en la enésima diatriba sobre unas cifras que no admiten discusión en aplicación de la más pura lógica -y cada uno y una arrimará esta frase a la sardina que prefiera-, hay gentes que se centran en lo importante, en lo que deberíamos estar centrados todos. 
Las distintas mareas defienden lo público a capa y espada a huelga y manifestación a descuento salarial y puesta en riesgo de lo propio en beneficio de lo ajeno de todos. Pero, tal como están las cosas, con la cerrazón política europea cabalgando a lomos de la austeridad extemporánea, no podemos fingir que creemos que eso es suficiente. 
 No lo es no porque lo hagan mal, no porque no tenga sentido. Lo hacen bien -de hecho magníficamente- y tiene sentido que lo hagan. Pero les falta algo. 
Les faltamos nosotros. Les hemos dejado solos. 
No es que no acudamos a sus manifestaciones, no es que no les apoyemos por activa y por pasiva, no es que no vayamos a parar los desahucios o secundemos sus iniciativas, que hay muchos de nosotros que lo hacemos. 
Es que no hemos puesto en marcha nuestra marea, es que no hemos levantado la espuma de nuestras olas para sumarlas a las mareas que vienen y que van reclamando justicia, reclamando una sociedad que tenemos y que nos están robando. 
Nos falta la marea laboral. 
Porque si no emprendemos de una vez de forma continuada y contante la lucha por nuestros sueldos, por nuestra dignidad laboral, por la defensa a ultranza de los derechos que nos quieren arrebatar, la lucha de la marea verde, de la marea blanca, de la marea negra o de cualquier otra está abocada al fracaso. 
Cada vez que bajamos la cabeza para evitar que nos toque un ERE, cada vez que aceptamos un recorte salarial, una extensión de jornada sin aumento de sueldo, un trabajo con una remuneración inferior a la acordada en convenio o cualquiera otra de esas medidas que se han inventado para precarizar el empleo y convertirnos en un elemento de oferta para aquellos que quieran generar beneficios sin repartirlos, no solamente estamos jugando a la ruleta rusa con el futuro de los nuestros sino que estamos clavando un clavo en el ataúd de los servicios públicos. 
Rajoy, Báñez y toda la actual corte moncloita han iniciado el camino de la precarización laboral para hacer de España un país rentable, para hacer de España un país que pueda competir. Para convertir nuestro país en China, el gran gigante que niega a sus trabajadores lo esencial para demostrar que su capitalismo comunista puede derrotar al capitalismo neocon de toda la vida. 
Y no son los profesores, los profesionales de la sanidad ni los funcionarios los que deben luchar contra eso. No son los padres de alumnos, las doctoras, los rectores, los estudiantes, los sanitarios, los bomberos, las fiscales, los maestros, las enfermeras, los jueces, los cirujanos o las funcionarias de la Consejería de Agricultura aquellos que deben parar eso. 
Somos nosotros. Los que no trabajamos para la Administración, los que no somos empleados públicos. 
Porque si los recortes son el ataque frontal contra la condición pública de los servicios, la precarización laboral es el torpedo sumergido que cañonea la linea de flotación de su existencia.
Si, por aguantar el tirón, por miedo o por desgana, preferimos escondernos a pelear, preferimos mantener un puesto, preferimos aceptar la precarización, terminaremos cobrando 4.388 yuanes al mes, como en China. 
Y habremos dicho adiós definitivamente a todo lo público. 
Porque, con 500 euros mensuales de sueldo, ¿cuánto cotizaremos a la Seguridad Social?, ¿cuánto se podrá detraer para nuestras pensiones o nuestras prestaciones por desempleo?, ¿cuánto pagaremos de impuestos? 
Habremos dado la razón a Rajoy y Cospedal y los servicios públicos no podrán mantenerse: habremos dado argumentos a De Guindos, que podrá mantener que los impuestos de los españoles no serán suficientes para sostener el sistema de prestaciones públicas. 
Si no abrimos el frente laboral en todas partes, si no emulamos el continuo negro de la huelga de Telemadrid, o la huelga indefinida de los mineros asturianos o el paso por el arco del triunfo de los servicios mínimos abusivos de los trabajadores del metro madrileño, si no les hacemos perder en el presente más de lo que pretenden ganar en el futuro con nuestra precarización, la lucha de las mareas por los servicio públicos no triunfará. 
Su esfuerzo habrá sido en vano y nosotros seremos cómplices pasivos de su derrota.
Daremos la razón al ínclito Montoro que, por cierto, se queja de que los actores no pagan impuestos pero no dice ni una palabra cuando Apple, después de haber vendido en España millones de IPhone, IPad e IPod y todos los "I" que se nos vengan a la mente, declara pérdidas en nuestro país para no pagar impuestos y factura todas sus ventas desde la sucursal irlandesa de la marca. 
Pero a lo que vamos. Con cotizaciones ínfimas debido a sueldos miserables, con recaudaciones paupérrimas originadas en rentas de subsistencia, no habrá salvación para los servicios públicos. 
Así que los que luchan por la Sanidad Pública, por la Educación Pública y por todo lo público nos necesitan. Pero no nos necesitan solamente apoyándolos en sus trincheras.
Nos necesitan, les somos imprescindibles, luchando en la nuestra, arriesgándonos en la nuestra, jugándonosla en la nuestra. Ellos ya están haciendo lo que deben. Quizás no podamos decir lo mismo de nosotros. 
Y cómo hemos de hacerlo es tan obvio que no merece la pena siquiera comentarlo. El Occidente Atlántico tiene demasiada historia acumulada al respecto como para fingir que ignoramos el camino que tenemos que seguir. 
Nosotros mismos.

martes, febrero 26, 2013

Cospedal reinventa a Mendizabal y el Derecho Penal en perjucio de Génova, 13 y Castilla La Mancha

Hay políticos -no políticos también, pero sobre todo políticos- que están acostumbrados a escuchar campanas y no saber por dónde suenan. Que utilizan retazos de aquí y de allá según les viene bien pero en realidad no tienen muy claro qué significados tienen esos retazos en el conjunto del pensamiento. 
No es que esté yo al día en el currículo académico- ahora que parece tan de moda reclamar relevancia curricular cada vez que se abre la boca en la política- de la ínclita Santa Patrona del Recorte, María Dolores de Cospedal, pero me queda claro que la historia del Pensamiento Político y Social y el Derecho Penal no están entre las asignaturas estudiadas en profundidad por la siempre amantillada Virgen Santísima de la austeridad. O si las estudió las aprobó por los pelos.
 Lo de su concepción del Derecho Penal es de traca. Porque, para empezar, debe haber oído en algún sitio o visto en alguna película estadounidense o leído en alguna novela de Patricia Highsmtih eso de que si te declaras culpable de un delito menor -homicidio imprudente, por ejemplo- no se te puede seguir procesando por otro más grave -asesinato- que se aplica en determinadas situaciones procesales anglosajonas y ella ha decidido que a ella la vale. 
Así que, ni corta ni perezosa se sube al atril genovés desde el que nos castiga desde hace meses con sus diatribas y ensoñaciones y declara a su partido autor de un delito inventado y en apariencia menor como es "la simulación de salario" -¡tócate los pies por no tocarte otras partes!- para argumentar que no es culpable de una tara ética mucho mayor como hubiera sido seguir pagando a Bárcenas a cambio de su silencio. 
No siente pudor alguno en dejar en la calle a todo el aparato administrativo del partido, en arrojar a los leones al departamento de personal de Génova, 13, en colocar en el altar de los sacrificios a quien tenga más a manos para asegurarse de que su defendida virginidad doctrinal y pureza política quede a salvo. 
Pero esa patética defensa de sí misma en su corrupción visible y privada no es lo importante, esta peculiar interpretación del derecho penal que pretende salvarla de responsabilidades no es lo fundamental. 
Quizás lo sea como ejemplo para sus votantes de lo que está dispuesta a hacer para salvarse, de lo poco de confianza que es, de la nula lealtad que profesa hacia los que la rodean, pero eso es algo interno de los que aún creen que Cospedal y toda la corte genovesa del Partido Popular son dignos de confianza. 
Mucho más importante que su pervertida visión del derecho es su rebuscada y parcial comprensión del pensamiento político y social. Ya nos demostró que no lo tenía muy claro con esa versión de Chanel del l'etat c'est moi que se agenció para utilizar los servicios jurídicos de Castilla La Mancha en defensa del maltrecho honor de su consorte. 
Gracias hemos de dar a que no fuera un ministro holandés quien le criticó porque si no, a estas alturas, ya tendríamos a los tercios, los regulares, la división acorazada Brunete y las Fuerzas de Intendencia del cuartel Duque de Ahumada en modo imperial asolando Flandes en defensa del honor del compañero de cama y de cohechos de Nuestra Inmaculada Señora de Cospedal. 
No contenta con eso, ella ahora decide reinventar otro concepto. 
Escucha o lee o le suena de sus tiempos de colegio de monjas eso de la desamortización -la del pérfido Mendizabal- y dice "¡ancha es Castilla, esto me viene de perlas!" 
Y se lanza a la desamortización de Castilla La Mancha en su conjunto. Olvida que Mendizabal la hizo para hacer productivas tierras de La Santa Iglesia, olvida que el político ilustrado la ideó para arrancar a propietarios privados -la Iglesia siempre ha sido privada, se ponga Cospedal como se ponga la mantilla el día del Corpus Christi-, se olvida de todo y de todos y se dedica a vender las tierras de titularidad pública de toda su comunidad autónoma. Inventa la desamortización inversa porque no desamortiza tierras privadas de manos muertas sino tierras públicas y porque no lo hace para hacerlas productivas, sino para que se conviertan en lo más improductivo que puede ser una finca: cotos de caza. 
Cospedal no ha leído o no ha querido leer que una desamortización debe buscar los intereses del Estado. 
No ha querido leerlo porque eso significaría que las reservas de águilas o nutrias y todo lo que pulula por ellas se anteponen a las ansias cinegéticas de sus amigos; que la garantía de subsistencia del cerdo ibérico -del que nuestra exportación saca un rendimiento más que apreciable- se antepone a los deseos de gastar cartuchos de sus colegas y a su necesidad de tener espacios abiertos para hacer cambalaches y sellar cohechos en cacería al modo de Berlanga. 
Y sobre todo olvida que el hecho de que ella necesite 45 millones de euros para contribuir a la salvación de esas entidades financieras que la sostienen en sus campañas y en sus privatizaciones no es sinónimo de que Castilla La Mancha lo necesite. 
Decide ignorar el hecho de que la propiedad de esas hectáreas de dehesa, de esas fincas rústicas corresponde al Estado y a la Comunidad no a ella y por tanto no pueden sacrificarse por las necesidades inventadas de dinero para unos fines que solamente comparten ella, su partido y su gobierno. 
Prefiere no caer en la cuenta de que si quiere sacar dinero de ellas puede hacerlas productivas, puede alquilarlas a cooperativas de agricultores, puede explotarlas si quiere a través de empresas públicas -¿siento un palpitar de trémulas carnes neocon al grito de ¡colectivismo comunista!? Mala suerte- y así no conseguirá el pan del dinero de caja hoy para ella y su gobierno a cambio del hambre de la pérdida de propiedades para toda Castilla La Mancha para el futuro. 
No quiere tener en cuenta que esas “desamortizaciones de la propiedad forestal en el siglo XIX tuvieron desastrosas consecuencias para nuestra naturaleza que aún hoy no hemos logrado reparar. Destruyeron cinco millones de hectáreas de capital natural”, como le ha dicho y repetido el Colegio de Ingenieros de Montes, que algo de esto saben. 
Y por encima de cualquier otra apreciación, no ha querido tener en cuenta que no se puede utilizar, pervertir, seccionar ni reinterpretar el derecho, la historia, el pensamiento político ni la realidad para salvarse ella a costa de todos los demás. No hay ninguna ley, reglamento o conjunto de órdenes administrativas cuyos textos contengan la sentencia "Cospedal debe prevalecer". Ya sea a costa de sus empleados en Génova, 13 o de sus ciudadanos en Castilla La Mancha. 
El derecho y el pensamiento político nos libraron hace siglos de ese tipo de leyes divinas o humanas.

Interior y un virus mudan las celdas en olvidaderos

Con las calles encendidas -y plagadas de totalitarios antisistema, según algunos-, los parlamentos alterados, los trabajos de muchos pendientes de un ere, los twitteros echando humo y los gobiernos nacionales y autonómicos abocados a la obcecación en su propio fracaso, poco tiempo queda para echar un vistazo intramuros, allá donde ni siquiera en condiciones normales nos gusta posar nuestras miradas: las prisiones. 
Algunos pensarán que, con la que está cayendo, con la que nos hemos echado encima con nuestros votos y nuestras ausencias electorales, tampoco importan demasiado, tampoco estamos como para preocuparnos de los que están recluidos por sus actividades delictivas o directamente criminales -asumiendo la hipótesis de que la mayoría de los que están ahí se lo merecen, claro-. 
Pero para aquellos que experimenten esa tentación la historia inventó a Kroptkin que antes de dedicarse a eso del anarquismo se encargó de intentar reformar las prisiones del zar y en su informe olvidado afirmó que "la grandeza de un gobernante se fundamenta también en que la pena por un crimen sea un castigo justo y no una venganza eterna".
O si lo preferimos, nosotros más audiovisuales en nuestra occidentalidad atlántica, Hollywood, Rosemberg y Redford inventaron a Brubaker, el mítico carcelero que desgranó la perla de "la democracia de un sistema se mide por el trato que da a aquellos que han perdido el derecho a exigir nada". 
Ya intuíamos que los actuales inquilinos de Moncloa tenían poca tendencia a la grandeza -que no es lo mismo que grandilocuencia, no confundamos- y sus decisiones con respecto a las instituciones penitenciarias de este país nos demuestran que tampoco están muy por la labor de aumentar nuestro nivel democrático. 
Buscando de donde sacar para quien no lo merece, buscando recolectar para un sistema financiero que les mantiene a ellos castigándonos a nosotros han fijado su vista en Instituciones Penitenciarias y su tijera recortadora ha llegado a las celdas. 
Ya no es que hayan paralizado ampliaciones o construcciones para evitar el hacinamiento carcelario, que lo han hecho, ya no es que hayan recortado en programas de reinserción o educación, pasándose por el arco del triunfo la función constitucional de las prisiones en España, es que sencillamente han decidido que los presos enfermos no tienen derecho al mejor tratamiento sanitario posible y han decidido poner cupos al tratamiento de la Hepatitis C. 
Puede parecer baladí pero no lo es porque uno de cada cuatro presos en nuestro padece esa enfermedad. 
Pero el Ministerio del Interior -que nada sabe ni tiene que saber de fármacos, tratamientos y sanidad- decide que no hay dinero para comprar ese nuevo tratamiento, que Instituciones Penitenciarias tiene otras prioridades de gasto y que los presos no tienen por qué tener acceso a ese nuevo tratamiento. Si fuera general ya sería terrible porque sencillamente el ser preso, el ser delicuescente o incluso el ser criminal te resta unos derechos -fundamentalmente el de voto- pero no te quita el derecho a la atención sanitaria, no puede quitártelo. No en un sistema que se precie de ser mejor que aquellos que delinquen contra él. 
Pero lo que lo hace completamente antidemocrático es el hecho de que se asuman "cupos". Cupos que, como todos los "cupos" que se guarda este gobierno son arbitrarios, no están definidos, se mantienen en el secreto y la discrecionalidad de aquellos que deciden sobre ellos. 
Así que, de un plumazo, la vida y la salud de una cuarta parte de los reclusos españoles depende de la decisión de los alcaides, depende de ser un "preso modelo" o un "preso de confianza" o como se quiera que lo hayan llamado a lo largo de la historia y la ficción. 
De repente, la salud se incluye dentro del castigo por un delito, dentro de la condena por un crimen. Amparándose en la falta de dinero, en la necesidad de recursos para salvar precisamente a otros delincuentes -aunque estos de cuello almidonado y camisa a rayas- y escudándose en nuestro poco gusto por fijar la mirada en esos lugares oscuros necesarios de nuestra sociedad que son los centros carcelarios, nuestros gobernantes usan sus recortes de la forma ideológica más artera posible, dejando al descubierto cuál es su real visión que lo que debe ser una prisión y una sociedad. 
Convierten las cárceles en los curiosos olvidaderos de Dentro del Laberinto donde no hay puertas de salida a menos que el señor del castillo decida que las haya y donde el deterioro de la salud y hasta la muerte por abandono forman parte del castigo por el delito. 
No es muy grandioso y desde luego no es muy democrático. Pero ni Kroptkin ni Brubaker se sorprenderían de saberlo si llevarán un par de meses viviendo dentro de nuestras fronteras, leyendo nuestros periódicos y contemplando el ataque sistemático contra el sistema público de salud ordenado por Moncloa. 
Solo hay que ver lo que están haciendo con la atención sanitaria de aquellos que no estamos aún recluidos en una penitenciaría.

lunes, febrero 25, 2013

Madrid y Victoria nos restan de La Suma de Todos.

Todo lema, toda frase corta y sentenciosa, nace con una vocación de eternidad, de durar para siempre, pero los hay que acaban convirtiéndose en otra cosa, en una especie de dedo acusador que fustiga desde el pasado en el que se creó el presente que intenta mantenerlo para reconocerse. 
Y algo más o menos de esta guisa está pasando con el lema que eligieran los asesores de la nunca retirada del todo Esperanza Aguirre para sus siempre presentes e inagotables campañas  electorales extendidas en el tiempo. 
Después de leer, escuchar, ver y sufrir por activa y por pasiva el continuo y machacón "Madrid, la suma de todos" ahora parece que se vuelve contra sus creadores que, acuciados por sus odios, por sus miedos y por sus intereses desvelados, no hacen otra cosa que ir en contra de él, que arrojar piedras contra el tejado cada vez mas ajado y quebradizo de su propio marketing social. 
Porque su número dos, el excelso tuitero de mediodía, Salvador Victoria desata sus pasiones -muy propias de alguien incapaz de separar lo público de lo privado, lo ajeno de lo propio- y descuelga de esa suma a aquellos que se manifiestan en contra de los recortes que mantiene y acrecienta su gobierno. 
Madrid ya es la suma de todos menos de los que no quieren su política. 
Y eso después de que su jefe descolgara de esa marketiniana adición a los profesionales de la sanidad en sus huelgas, después de que su compañera, la siempre irreflexivamente pensativa Lucía Figar, restara a los estudiantes, profesores y padres y madres de alumnos en sus protestas y de que la sombra de Esperanza Aguirre alejara de la suma desde la sombra de su destierro auto impuesto en la frontera misma de la conspiración a los funcionarios, los empleados de las empresas públicas y todos esos "privilegiados" en general que protestan porque pierden lo que otros no tienen pero deberían tener. 
La suma sigue decreciendo, el lema sigue alejándose en el tiempo y en el espacio cuando se tiene en cuenta que las oposiciones políticas de uno y otro signo nunca han contado para el Gobierno de Madrid en esa suma. 
Ignacio González y sus voceros recuperados en las ruinas de lo que otrora fuera Telemadrid también han apartado de ella a los trabajadores despedidos de ese servicio público que ahora es servicio político; los empresarios madrileños -que sí permanecen dentro de la cuenta aditiva del gobierno madrileño- han sacado de esa suma a los parados, a los que protestan por los expedientes de regulación de empleo, la consejería de ese área ya apartó a los sindicatos madrileños de la "suma de todos" en la pasada huelga general, Educación ya declaró que no estaban en ella los universitarios, los catedráticos y los rectores de las universidades públicas madrileñas por negarse en redondo a asumir sus recortes arbitrarios e innecesarios e incluso se han escuchado comentarios pronunciados sottovoce que pretenden excluir de la misma a jueces, abogados y fiscales y a los jubilados que se encierran y protestan por el recorte de sus pensiones. 
De modo que, sin nos detenemos a pensar, la suma ha dejado de tener esa tendencia al infinito que anunciaba como lema y ha empezado a acumular una extraña tendencia matemática a reducir la cuenta a cero. 
Porque ya no cuenta con funcionarios, estudiantes, padres y madres de los mismos, profesionales sanitarios, parados, enseñantes, la comunidad universitaria, la oposición política, jueces, despedidos, fiscales, profesionales de los medios de comunicación públicos, jubilados, sindicatos y no se sabe cuántos colectivos más. 
Así que la suma de todos se ha convertido en la suma de aquellos que llevan a sus hijos a un colegio privado -religioso a ser posible-, tienen un seguro médico privado y un plan de pensiones que no hayan tenido que sacrificar en esta reversión a la miseria que han montado los gobernantes del Partido Popular disfrazada de recortes necesario e imprescindibles. 
La Suma de todos, el lema, por fin se transforma en la suma de todos, la realidad. 
El último episodio sectario protagonizado por los dedos tuiteros de Salvador Victoria -por el que se exige ahora su dimisión por "decencia política" en una reclamación baladí, ya que no dimitirá porque si tuviera esa decencia política que se le exige simplemente no hubiera tuiteado esas acusaciones y comparaciones absurdas- demuestra lo que ya sabíamos por mera intuición. 
Demuestra que lo único que está incluido en esa suma de todos son todos sus presupuestos ideológicos arcaicos, todos sus intereses personales, todos los manejos para beneficiar a sus empresarios amigos, todos sus tejemanejes para manipular la información y transformarla en propaganda que les garantice la permanencia en el poder. 
Como una mujer infiel o un hombre celoso que ve, ocasión tras ocasión, como todas sus relaciones se destruyen, se van al garete, el Gobierno de la Comunidad de Madrid se niega a la más mínima gota de autocrítica. 
Sigue buscando los motivos de sus fracasos continuos en los otros. Sigue recurriendo al "todas son unas putas" y "todos son unos cabrones", sin darse cuenta de que el único factor común en todas esas relaciones es él mismo, es su forma de hacer política, de concebir el gobierno y de anclarse al poder. 
Sin querer reparar en el hecho de que es mucho más fácil que el error esté en lo que él hace o deja de hacer que en la confluencia planetaria conspirativa que le ha hecho coincidir por mala suerte con todos aquellos que están empeñados en hacerle fracasar. 
Nunca el lema creado por alguien fue más cierto y nunca estuvo tan alejado de sus creadores. 
Hoy, la Comunidad de Madrid es la suma de todos. De todos menos del Gobierno madrileño del Partido Popular. 
Ellos solo se tienen a sí mismos. A sí mismos, sus negocios y sus tuits.

domingo, febrero 24, 2013

Cuando los tuits no muestran al asesino antisistema

Vaya, Vaya. Si es que hay veces que vale más la pena dejar reposar las falanges -las anatómicas, se entiende-, tomar aire y tomarse un tiempo para hacer a la red social de turno echar humo. Porque si no se hace pasa lo que pasa. 
Mientras el número dos de la Comunidad de Madrid, no elegido por nadie, no votado por nadie y simplemente puesto a dedo como en todos sus cargos políticos anteriores, se arriesga a la artritis traumática denunciando la presencia de turbas -tsunamis los llama él- de golpistas antisistema en la manifestación de ayer de las mareas, van y le crecen los enanos. Le sale un antisistema confeso y convicto justo delante de los ojos. 
Mientras sus reflexiones en contra del engaño y la infiltración nos hacen recordar a esas otras que hiciera la Delegada del Gobierno en Madrid, en su pose de grupi con despacho, intentando vender a un manifestante como la quintaesencia del golpismo radical de izquierdas en base a unos petardos, unas botellas transparentes sin hulla alguna y unas fotos que no tenía derecho a publicar, va y se le cuela un criminal, de los de verdad, de los de condena a casi nueve lustros. 
Porque hoy nos hemos desayunado con la noticia de que un antisistema, un miembro de Fuerza Nueva, de esa que quería prorrogar sine die el estado de excepción perpetuo y la dictadura militar, trabaja para su gobierno; hoy nos hemos tomado el café con la noticia de que un individuo condenado a 43 años de prisión por asesinar de la forma más cruel y rastrera a una joven en plena transición como y se mantiene gracias a los dineros públicos. 
Y no es que trabaje de barrendero o se haya colado por oposición en la función pública -algo que tendría derecho a hacer, una vez redimida su falta y cumplida su condena, si es que lo hubiera hecho-. No es nada de eso. 
Emilio Hellín, alias Luis Enrique Hellín, alias Enrique Helling, trabaja ni más ni menos que de asesor para la Guardia Civil. De asesor elegido a dedo, voluntariamente. Debe ser que los antisistema que defienden y han defendido la dictadura, que mataron para mantenerla, que asesinaron para imponerla si tienen un nicho en las instituciones que controla el Gobierno, en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. 
 Más allá de sus irrisorias excusas que van desde una muerte -la de Emilio- de la que no hay constancia documental hasta una unión de apellidos familiares que le hace asumir el apellido de un hombre que no es su padre, que quedan desmentida por su cambio de nombre en el registro civil de un pueblo perdido en Badajoz, la presencia de este hombre en las cercanías del aparato policial al que Cifuentes califica de heroico por cargar en las manifestaciones y en el que Victoria debe poner su confianza para detectar, detener y castigar todos esos infiltrados que quieren derribar el sistema deja al descubierto muchas cosas, deja claras muchas mentiras. 
Deja con su trasero azul al aire a los twitts "demócratas" del bueno de Victoria. 
Porque de repente, por arte de la magia de la edición dominical de un periódico, el muy humano vicio de la comparación entra en escena. 
Y, súbitamente, la protesta contra el sistema económico de algunos de los grupos que se oponen a estos recortes continuos no tiene cabida en democracia pero alguien que recurre al asesinato para intentar imponer su forma de concebir el Gobierno puede asesorar a las fuerzas del orden de un sistema democrático. 
De pronto hay que aplicar el aislamiento carcelario y el tratamiento de terrorista contra el Estado a un joven vallecano que tenía previsto arrojar unos cuantos petardos para protestar contra aquellos que pervierten la democracia pero se tiene que conceder pase y autorización de acceso a alguien que fue detenido con 50 kilos de goma 2, dos granadas de mano, mechas para explosivos, cebos electrónicos, detonadores, scanner VHF y un receptor de las emisoras policiales y de la Guardia Civil.
Repentinamente hay que hacer causa de fuerza mayor en el aparato judicial -que afortunadamente no está por la labor-, que algunos exaltados tiren piedras o quemen contenedores pero hay que hacer la vista gorda con tranquilidad supina a la inmersión en el sistema de alguien que secuestró. golpeó aterrorizó y disparó a bocajarro en la cabeza a una joven por el delito de pertenecer al Partido Socialista de los Trabajadores o de participar en la Huelga General de la Enseñanza o de vivir en la calle Tembleque de Aluche, que nunca se sabe ni se sabrá de qué delito la consideraban culpable a sus 19 años. 
 De un día para otro hay que gritar, que exigir, que pidan perdón por sus asesinatos pasados aquellos que, abandonada la violencia, han sido refrendados por las urnas pero ni siquiera hay que exigir que pague por sus crímenes alguien que nunca ha pedido perdón por la atrocidad cometida, que nunca se ha arrepentido de ella y que aun así trabaja para una institución que dispone de infinitos recursos de fuerza y de violencia. 
De pronto hay que endurecer las penas contra los que aprovechan las manifestaciones para hacer desbandada, tratándoles como terroristas, como criminales peligrosos, pero no hay que hacer siquiera que cumpla su condena íntegra un asesino que se fugó en 1987 de la cárcel aprovechando un permiso carcelario después de que quedara demostrado que se desmandó hasta el asesinato para intentar mantener un régimen totalitario, dictatorial y antidemocrático, aunque algunos de los que ahora se llenan la boca de libertades y democracia, lo miren con añoranza al recordarlo. 
En el visto y no visto de una portada y una noticia dominguera, los twitts de aquellos que dicen defender la democracia y temer que los antisistema nos roben la libertad se demuestran tan falsos como si tuvieran pintado un pajarito malva. 
 Nos demuestra que los antisistema no les preocupan mientras estén de su parte, que los ataques a la democracia no les inquietan mientras no pongan en riesgo su poder, su gobierno o sus necesidades y beneficios personales. 
 La misteriosa resurrección del asesino Emilio Hellín en el seno de la Guardia Civil y su comparación con todo lo que dicen y hacen en las redes nos permite demostrar que para ellos la democracia nunca ha sido un fin y defenderla nunca ha sido un valor. Tan solo ha sido un medio que han asumido a regañadientes porque no les quedaba más remedio. Y un medio muy molesto para ellos, por cierto. 
Y para eso no hacen falta ni siquiera las redes sociales. Con la portada de un periódico de hace 33 años, más vieja que el otro 23F, es suficiente.

Epitafio por el mudo Twitter de Salvador Victoria

Cuando se le muda el presidente a Madrid por estratégicas retiradas fingidas de Esperanza y ascensos marbellíes de González; cuando sin votos ni elecciones se nos muda el alcalde en alcaldesa, el muy amante de la urna y del sufragio Twitter de Salvador Victoria calla mudo. 

Cuando gentes que no quieren este sistema nos salen a la calle y pretenden cambiarlo por otro en el que rija la voluntad de su dios en una u otra cosa, los preceptos de su fe en esto o en aquello o las órdenes de sus prelados en todo lo demás, el Twitter antisistema de Salvador Victoria insiste en el silencio. 

Cuando llegan los días y las horas de asignar encargos, otorgar concesiones, subrogar servicios y estos se dividen y subdividen ad eternum para que puedan ser aprobados en Junta de Gobierno y no tengan que dar su aprobación -ni siquiera su queja- aquellos que se sientan en el parlamento madrileño, el muy parlamentario Twitter de Salvador Victoria persiste en la callada. 

Cuando los 20-N nos salen a los valles y monumentos los nostálgicos patrios, que quieren ponernos otra vez los tanques en la calle, que lloran por el otrora firme dictador y nos muestran enseñas e himnos de otros tiempos, el muy democrático Twitter de Salvador Victoria sigue mudo. 

Cuando se descubre a policías infiltrados de violentos en manifestaciones, cuando delegadas y delegaciones del Gobierno exigen a voz en grito recortar la libertad de manifestación, el Twitter defensor de las libertades de todos de Salvador Victoria continua callado. 

Cuando los empresarios madrileños presionan para que se recorte o incluso se elimine el derecho a la huelga, cuando los tribunales castigan una y otra vez los intentos del gobierno del que él es cancerbero de recortarlo con servicios mínimos del 90 por ciento, el Twitter que tanto se acuerda del sistema que garantiza las libertades de Salvador Victoria permanece en la mordaza del silencio.

Cuando en los pasillos y despachos de su sede social se ocultan hacedores de cohechos, sobrecogedores, financiadores irregulares y toda suerte de figuras que se esconden entre "la buena fe" supuesta de otros militantes, poniendo en serio riesgo la estabilidad y la credibilidad del sistema, el gran detector de infiltrados que es el Twitter de Salvador Victoria descansa sordo, ciego, mudo y muerto. 

Y luego habla. 
Cuando el tsunami es de gente, habla, cuando es de escándalos políticos, calla; cuando la marea es de ciudadanía habla, cuando es de feligresa, calla; cuando los ciudadanos exigen un cambio de sistema representativo, habla, cuando los políticos lo modifican a su antojo para su beneficio personal o partidario, calla; cuando cree detectar infiltrados violentos en las calles habla, cuando le presentan con nombre y apellidos infiltrados corruptos en su partido, calla. 
No engaña a nadie. 
Ha desaprovechado tantas oportunidades de hablar que el Twitter de Salvador Victoria yo no tiene derecho a decir nada. 
Por más que lo llene de letras, de frases y de falsas sentencias, por más se disloque los dedos de las manos hasta alcanzar la artritis, ya nunca dirá nada. 
Lo de ayer es un triste epitafio para un Twitter que siempre estuvo mudo, que siempre estuvo muerto, que siempre estuvo ciego y sordo a toda realidad que no sea su propio beneficio. Como lo está su dueño. 
¡Por supuesto que prefiere una "democracia imperfecta" a cualquier otra cosa! ¡Él es esa imperfección! 
¿Cómo no iba a preferirlo?

sábado, febrero 23, 2013

Madrid o el Servicio Social con Derecho de Pernada

Si hay algo que ha conseguido o que está en camino de conseguir el emporio gubernativo que ocupa Moncloa en estos tiempos es que lo que hace, lo que sigue haciendo y lo que planea hacer empiece a pasar desapercibido, empiece a caer sobre callo, sobre la dureza en la piel que ya nos empiezan a generar sus continuos impulsos para deshacer todo lo que la historia y la evolución han hecho de positivo con nuestra sociedad y todo lo de beneficioso que las ideas y los tiempos han realizado con nuestro Estado. 
Puede que no sea lo mejor para el Partido Popular y su gobierno que se hable de los apuntes de Bárcenas, de los sobrecitos danzantes, de las dádivas incestuosas, de empresarios y empresas a las arcas del Partido Popular, puede que no sea lo mejor para ellos que se hable de fraude, de amnistías fiscales delictivas. Pero sin duda es preferible que se opine sobre eso a que se hable de lo otro. 
Es mejor que se hable de lo que cogen que de lo que quitan. 
Y así siguen a paso callado en lo que hasta que Bárcenas saliera a la palestra con sus anotaciones helvéticas era motivo de portada, de seguimiento continuo, de estadística constante. Siguen con su verdadera corrupción, con su auténtica traición a la sociedad. Siguen con los recortes. 
Solo hay que mirar a la Comunidad de Madrid, punta de lanza junto con la ya asolada Comunitat Valenciana, para ver en qué siguen nuestros gobiernos. Ahora anuncian -sin bombo y platillo, eso sí, que tampoco están las cosas para levantar la liebre- que planean centralizar los Servicios Sociales, que quieren arrancar esas competencias de los Ayuntamientos y asumirlas directamente. 
Y lo que, en otra situación, sería una racionalización, en estas circunstancias, con este gobierno, con sus antecedentes y sus acciones y propósitos, no es otra cosa que un recorte o, como poco, la antesala de un recorte. 
Porque el Partido Popular de Madrid quiere centralizar esos servicios sociales para recortarlos, para quitar a los ciudadanos la primer o la última línea de defensa a la que recurrir. Porque ya dará igual que se les castigue electoralmente en las municipales, dará igual que los ciudadanos de un municipio están en contra de esa política o que un alcalde -incluso de su partido, como ocurre en Castilla La Mancha con las urgencias rurales nocturnas- estén en contra de sus decisiones, en contra de sus recortes. 
No podrán hacer nada, no podrán hacer la política que su ética o su compromiso les dicte. No tendrán competencias así que esas administraciones, cercenadas, paralizadas y eliminadas como factor en esa materia tendrán que asumir la rabia, la furia y la desesperación de los que se queden sin servicios sociales pero no podrán hacer nada para evitarlo. Y ellos sencillamente podrán eliminar esos servicios sociales que se ajustan -por simple cercanía- a la realidad de cada municipio, de cada población, de cada vecindario sin tener que convencer a nadie, sin tener que enfrentarse a las dotaciones municipales ni a la resistencia de edil alguna. Por la tremenda y sin oposición. Como le gusta gobernar al PP. 
El hombre del cambiante ático marbellí podrá decir lo que quiera, podrá hablar de "racionalización", podrá torcer el gesto cuando se pronuncia la palabra recorte, pero no puede luchar contra la evidencia, no puede ocultar la intención que una simple omisión deja clara. Toma el control de los servicios sociales municipales, los arrebata del control de los gobernantes más cercanos a las gentes pero no destina en su presupuesto ni un solo euro, ni una sola partida, para sufragarlos. 
Esa simple omisión deja claro que no habrá servicios sociales, que los venderá o los cerrará. No destina dinero para ello porque no hace falta dinero para mantener algo que no está previsto que siga en funcionamiento. 
Y ese reconocimiento, esa realidad ineludible, esa intención inocultable es mucho más grave que el recorte en si mismo. 
Es mucho más peligrosa que la pérdida de la asistencia a drogodependientes, a amas de casa que no encuentran trabajo, a familias arrojadas a la miseria por su política, a ancianos y dependientes o a cualquier otro colectivo que pierda lo poco que los ayuntamientos que no compartían la ideología del recorte salvaje a cualquier precio podían aportar para equilibrar la locura de la austeridad radical que impone el Partido Popular en todo España. 
Esa constatación abre el camino en Madrid a algo que aterra, que contrae. Al intento del Partido Popular de prostituir la sociedad. 
Porque sin arco ideológico en los servicios sociales, el Gobierno de la Comunidad de Madrid podrá comportarse como el cacique de García Márquez, como el señorito de Lorca, como el terrateniente de Pardo Bazán o el dueño de Blasco Ibáñez. 
Podrá aprovecharse de cualquier colectivo desesperado, carente de recursos y necesitado de ayuda y obligarlo a meterse en su cama electoral, aunque no lo desee, si quiere conseguir las ayudas y forzarle a abrirse de piernas para él en las urnas si quiere tener una mínima oportunidad de sobrevivir, de no morir ahogado en la miseria que aquel que ahora le reclama ofrecerse a su placer ha provocado, de recibir la ayuda imprescindible para su supervivencia. 
Podrá convertir a cualquiera que no tenga suerte, que caiga en la miseria o la falta de expectativas en una prostituta electoral forzosa que tendrá que mirar al techo mientras el Gobierno Madrileño desfoga sus pasiones con su voto y que además tendrá que humillarse agradecida a los pies de su violador ideológico para recoger las monedas que le arroja despectivo. 
Parecía que ese día no podía llegar, que la vuelta a esa jornada era imposible, que la salida de esa servidumbre humillante era irreversible. 
Pero, quizás porque hemos mirado demasiado a los sobres y las cuentas del PP y hemos perdido un instante de vista su verdadera intención, el verdadero indicio de su corrupción, ese día está a punto de llegar.: el Partido Popular de Madrid está a punto de reinstaurar el derecho de pernada. 
De momento, solo en las urnas. Pero solo de momento.

Duelo de Mariano y Alfredo sobre el Estado Olímpico

Que en este país hay cada vez más gente cambiada de tiempo y de espacio es algo que ya prácticamente apenas acepta discusión. 
Nos ha cambiado lo espacios vitales por los de la mera supervivencia, no están cambiando los tiempos por venir por aquellos que ya pasaron o creíamos que habíamos hecho pasar a golpe de historia. Pero si esa enfermedad tan nuestra, tan occidental atlántica, de enredar los tiempos y confundir los espacios aqueja a alguien de forma furibunda, con un intensidad vírica que llega a la patología crónica e irreversible es a esos que son nuestros políticos más por coincidencia geográfica que por compromiso e implicación real. 
Y el reciente debate sobre el Estado de la nación lo confirma con una claridad tan meridiana que llama ya más a la rabia que a la tristeza, a la furia que al rechazo. 
Porque esos que dicen hablar por nosotros, esos que se han acostumbrado a que un puñado de sufragios cada cuatro años les de patente de corso para hacer y deshacer a su antojo, se han cambiado de tiempo y se han cambiado de espacio. 
Mariano Rajoy, el ínclito inquilino de Moncloa que ejerce solo de Presidente del Gobierno allende nuestras fronteras, que habla a los europeos pero no a los españoles, nos quiere cambiar el tiempo, nos lo quiere congelar. 
Considera que retrotraerse al pretérito cada vez más remoto, lo explica todo, lo demuestra todo, le evita todo compromiso, toda respuesta. Se pretende disfrazar de Zeus Olímpico -tanto por su cada vez más rala barba como por su creciente indiferencia por el mundo mortal- y ataca al tiempo, pretende volver a encerrar a cronos en el Tártaro para que el tiempo no llegue nunca hasta él, no le obligue a responder. 
Se le habla de corrupción y tierra de tiempos pasados para echar en cara a quien le habla lo que hace dos o tres décadas es hizo y se deshizo. Como si la desmadrada voracidad pasada de las pirañas de Filesa en Ferráz compensara el sobrecogedor trasiego actual de Génova. Como si en esto de la corrupción y el mamoneo bastara con el empate para pasar la eliminatoria. Como si el uno a uno de Filesa y Gürtel permitiera que nadie hiciera nada al respecto y que el tiempo de partido siguiera fluyendo hacia una prorroga en la que otras cosas, otras causas y otras historias deshicieran el empate a corrupción que registra ahora el marcador. 
Y cuando no tiene nada en cara que echarle del pasado a quien le habla, también recurre a secuestrarnos el tiempo y decir que eso era antes, que ya no queda nadie de esos a los que no quiere nombrar en su partido. Nos cambia el presente por un pasado remoto. 
Nos secuestra al titan del tiempo para evitar que le alcance, que le haga envejecer en sus propias miserias. Para tratar de ser políticamente inmortal, como fueron en la mitología aquellos que encerraron al tiempo para evitar enfrentarse con él. 
Y lo de Rubalcaba, el egregio líder de la oposición, tampoco es desdeñable. 
También togado, también olímpico, pero sin la posibilidad de ser en estos momentos Zeus imperante, toma el papel de Hades y mientras se ve obligado a residir en el submundo de la derrota electoral tira de metafórico complejo edípico y la emprende contra su titánica madre. 
Yace con su madre Rea para derrotarla y lograr cambiarnos el espacio. Y no los reduce, nos intenta hacer creer que el mundo es Génova. Pero ni siquiera la ciudad, sino el número 13 de una calle madrileña. 
Clama y reclama la dimisión de Rajoy por el traspaso de sobrecitos en esa dirección, por la llegada oscura y en metálico de dineros inexplicables para financiar mítines, carteles y pancartas. 
Pretende reducirnos a los pasillos y despachos de Génova, 13 el espacio de todo un país, de toda una sociedad, devastados por la arrogancia de unos recortes innecesarios en Educación, arrasada por el nepotismo ni siquiera disimulado de los recortes en la Sanidad, al borde del colapso en la miseria por los ideológicos recortes en servicios sociales y en derechos ganados hace tiempo. 
Como si lo que solamente es un síntoma, una prueba, un indicio, la punta del iceberg de la verdadera corrupción que supone vender el Estado por partes a socios y compinches fuera realmente lo importante; como si los sobres y las financiaciones de Génova superaran en importancia a los actos de verdadera corrupción que suponen las privatizaciones de gestión de la sanidad para generar negocio a los privados, como si los apuntes de Bárcenas superaran como acto corrupto al intento de menoscabar la educación de todo un país para convertir a sus habitantes en meros peones casi analfabetos que llenen por tres monedas los puestos de trabajo precarios que ofrecerán aquellos a los que sí les está permitido prosperar y tener futuro.
 En este debate, Rubalcaba se ha vuelto menottista y nos ha mostrado el achique de espacios en estado puro. Porque ese espacio reducido de Génova, 13 y su corruptelas e indicios delictivos podría permitirle salir del Hades sin necesidad de hacer el cambio que se le exige, sin renunciar a las actitudes y los modos y maneras que el han llevado electoralmente a donde está. 
Nos achica el espacio en la esperanza de que mirando solamente a Génova no veamos el resto, no tengamos en cuenta sus responsabilidades en esa situación, no le obliguemos a demostrar que es de otra manera a como ha sido antes de volver a pensar siquiera en confiar en él y en su partido. 
Y no solo Mariano y Rubalcaba los que juegan a ser dioses olímpicos, a encerrarnos el tiempo y el espacio en el Tártaro para su beneficio. En mayor o menor medida todos los miembros de este nuevo olimpo parlamentario hacen lo mismo en función de su importancia en el panteón. 
Unos tiran de independencia, otros de refundaciones del Estado, otros de federalismo, otros de glorias pasadas, otros de horrores pretéritos. Todos pretenden cambiarnos el tiempo o el espacio para que no lo veamos, para que no nos fijemos que sigue invadido por el verde de la pelea por la educación, por el negro del combata de la función pública, por el blanco de la lucha sanidad, por la gama cromática completa de la resistencia a los desahucios. Pretenden que vivamos en el tiempo que a ellos les conviene y que residamos en el espacio que a ellos les viene bien. Pretenden que seamos como aqueos y troyanos meros peones en sus luchas de ajedrez por el poder, por la representación, por la imposición ideológica. 
¿Y nosotros?, ¿en que nos transforma a nosotros este debate sobre el Estado del Olimpo -¡Uy, perdón!, de la Nación-? 
Pues no somos otras otra cosa que titanes. 
Encerrados, derrotados y privados de nuestro derecho al tiempo y al espacio que realmente importa -nuestra sociedad y nuestro futuro-, por aquellos que han culminado el golpe palaciego contra Cronos y Rea, contra el tiempo y el espacio en el que tenemos derecho a vivir. Somos los titanes castigados. 
Somos Atlas, condenados a llevar el peso del mundo en el que otros medran y se enriquecen sobre nuestras espaldas, somos Sísifo, condenados a arrastrar nuestra miseria y nuestra falta de expectativas por empinadas laderas para volver a ellas una y otra vez; somos Prometeo, castigados por intentar encender el fuego del progreso conjunto a que el águila de la corrupción, el nepotismo y el interés privado nos devoren las entrañas para siempre. 
Por parafrasear a Oliver Stone y su ya cinematográficamente mítico Jim Garrison. 
Hoy, en este país, somos todos ya titanes, hijos de dos padres asesinados-nuestro futuro y nuestra sociedad- por los que, con su desdén olímpico por bandera, aún se sientan en el trono. 
Esté este trono en Zarzuela, en Moncloa o en Ferráz.

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