domingo, enero 27, 2013

La Sanidad de Madrid saca al PP de su caverna platónica -pero al revés que Platón, por supuesto-.

Hay una frase de esas de canción pop, de filosofía de andar por casa disfrazada de ritmo bailable y melodía repetitiva, que reza más o menos así: "lo malo que tiene el pasado es que nunca lo puedes negar". Puede ser debatible, pero desde luego tiende a ser verdad cuando de ese pasado nos separan apenas dos días como quien dice y además documentados hasta el hartazgo en periódicos, informativos televisivos y boletines de radio.
Y es que hace dos jornadas la sanidad madrileña moría de su propio éxito, se desangraba, se venía abajo. Hace un suspiro político la única salvación de un sistema de salud público costosísimo e imposible de mantener, culpable de todos los males deficitarios de la Comunidad de Madrid era venderlo por partes, era recurrir a la gestión privada.
Los pacientes en pie de guerra y la panacea era ahorrar dando la gestión de seis hospitales y ni se sabe cuántos centros de salud a la iniciativa privada; todos los profesionales se manifestaban una y otra vez, proponían otras soluciones, presentaban otras formas de ahorro y la única solución seguía siendo para el gobierno madrileño esa gestión privada. 
Era imposible no hacerla, era necesario hacerlo, no había otra manera de "racionalizar" la Sanidad Pública.
Y ahora, apenas un pestañeo después -un pestañeo que incluye, eso sí, las revelaciones de los fichajes de Güemes y unos cuantos más, de los intereses espurios del señor de Cospedal y de muchos otros- de repente Sanidad se descuelga con una propuesta que incluye solamente la privatización de un hospital.
Un solo hospital va a salvar las finanzas públicas de la Comunidad de Madrid, con el euro por receta condenado de antemano a la paralización por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la misma medida en Catalunya, un solo hospital sirve para cuadrar las cuentas; con el cobro o la no atención a los inmigrantes imposibilitado por la oposición ética del colectivo sanitario a aplicar la medida, la gestión privada de un solo centro hospitalario es suficiente.
Y esa propuesta, esa posibilidad que se ofrece a un colectivo que demostrado cómo se debe pelear por los derechos de los demás con la misma fuerza que por los derechos propios -como hacen los enseñantes, como hacen los bomberos, como deberían aprender a hacer otros colectivos de casco porra y escudo-, no demuestra la capacidad negociadora del Gobierno madrileño, no demuestra su talante dialogante.
Lo único que demuestra es que son platónicos. A la inversa, pero platónicos.
¡Quién lo iba a decir de los lobistas neocon que solamente se preocupan de incluir lo público en sus cuentas de beneficios, pero son platónicos. No de los de San Valentín y el amor a distancia, no. De los de la caverna.
Porque que, de pronto, la necesidad de privatizar la gestión de toda la sanidad pública madrileña se convierta en la necesidad de privatizar un solo hospital lo único que demuestra es que esa necesidad no era real, que solamente existía en la caverna de las ideas de los políticos del Partido Popular.
Pero ellos, al contrario que el sabio de Egina, ellos están atrapados en la caverna que son sus ideas, sus apriorismos que proyectan como debería ser el mundo real y eso les imposibilita para contemplar la luminosa verdad que es empeña en mostrarles la realidad. La versión inversa de la caverna platónica con todas las letras.
Se barruntaba porque lo decían sin haber cuantificado el ahorro que supondría la medida para luego calcularlo a toda prisa e irlo incrementando en cada intervención pública, en cada declaración en cada respuesta acelerada y entrecortada a la misma pregunta, mil veces repetida y nunca contestada por completo.
Se atisbaba cuando rechazaban informes independientes -incluso de expertos estadounidenses- que afirmaban lo contrario, cuando ignoraban cálculos que incluso mostraban como se incrementaría el gasto por paciente, como se duplicarían procedimientos, como no se cubrirían necesidades sanitarias básicas para muchos colectivos.
Se sospechaba cuando fracasado, agotado y arruinado el experimento Alcira, se negaban a tenerlo en cuenta, cuando se negaban a tener en cuenta la experiencia nórdica que está renunciando a marchas forzadas a ese modelo y recuperando la gestión pública de sus centros sanitarios o cuando ignoraban la colleja que desde Alemania -su amada del momento- les propinaba Merkel, al dar por muerto y enterrado el euro por receta.
Pero que, tras meses de huelgas y manifestaciones, tras dimisiones masivas de directores de centros de salud y de personal sanitario, tras encierros de pacientes, tras protestas de todos, se avengan a privatizar un solo hospital para que todo se calme. Lo demuestra de forma definitiva.
La necesidad de esa gestión privada no es una tabla de salvación para la Sanidad Pública, no es una necesidad ineludible para cuadrar las cuentas públicas de La Comunidad, es simplemente una sombra que la caverna de sus ideas, de la que no quieren salir, proyecta sobre la auténtica realidad de la situación.
Ahora ofrecen una sola privatización y los profesionales de la Sanidad Pública madrileña se niegan a aceptar incluso eso.
Se niegan y hacen bien.
Porque ese cambio solamente demuestra que no han renunciado a su caverna ideológica, que no han aceptado la realidad de que los problemas financieros de la Comunidad de Madrid -y de otras muchas- no pasan por sus servicios públicos.
Que aún la fatua fogata de su mentalidad neocon y sobre todo de sus intereses lobistas, que alumbra tenuemente la caverna en la que residen, proyecta sobre la realidad las sombras de sus presupuestos ideológicos y de sus ganancias personales y económicas, tapando la luz de una realidad que les grita que esos problemas pasan por gastos faraónicos en carreteras radiales inoperantes, ciudades de la justicia fantasmas, en visitas pontificias, en candidaturas olímpicas imposibles, en contratas infladas para que se beneficien los amigos y familiares, en gastos promocionales desmedidos que solamente son un forma de estar en campaña electoral constante.
Solamente demuestra que no han renunciado a esas sombras. Que, como saben que son sombras, que no responden a la realidad, que no son necesarias, simplemente están dispuestos a demorarlas en el tiempo, a sacarlas de la cueva poco a poco.
Pero que seguirán intentando que esas sombras invadan la realidad hasta llevarlas al mundo real para que se cubra con toda la oscuridad que ellos quieren proyectar sobre él en su propio beneficio ideológico y sobre todo económico y personal.
Y encima todo eso está tan cerca en el tiempo, tan fresco en el recuerdo, que ni siquiera pueden intentar negarlo.

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