jueves, enero 31, 2013

El pop castellano propuso el nuevo himno del PP


Te sientas con cuatro morenas,
te piden que pruebes el vino,
te sirven de buenas maneras,
te piensas que estas en el limbo.

Algunos se creen que esta vida,
de luces y faldas de hipócrito amor,
de noches bien largas y prietas nalgas,
se antoja bella y es mísera y negra.

Las lenguas de unos y otros,
disparan palabras que yerran y engañan,
que inventan dolores por cuatro monedas,
que pagan los hombres de mentes enfermas.

¿Por qué la vida?, ¿por qué el dinero?,
¿por qué estos besos no son sinceros?
¿Por qué mi espalda tiene cien manos?,
¿por qué me quiere como a un hermano?

Te encuentras con tipos curiosos.
Algunos son serios y oros patosos.
También los que buscan tenerte de amigo,
que luego les puedas abrir el camino.

De pronto aquél que te odiaba,
te encuentra en un bar se acerca borracho,
te escupe al hablar te narra su vida,
cuanto te admira y te invita a cenar.

La única verdad es que todo es mentira,
de todo lo que veas nada de ello creas,
ropa que se alquila en cuerpos a medida.

¿Por qué la vida?, ¿por qué el dinero?,
¿por qué estos besos no son sinceros?
¿Por qué mi espalda tiene cien manos?,
¿por qué me quiere como a un hermano?

Café Quijano

Un día su arribismo dejó solo al PP contra Bárcenas

Tenía que llegar el día. Puede que los temerosos implicados creyeran, con fe ciega, que algo o alguien les protegería, puede que en su naturaleza occidental atlántica estuvieran dispuestos a confiar en que la realidad se modificaría en su beneficio como nosotros mismos hacemos en muchos ámbitos privados y públicos de nuestra vida. Pero el día tenía que llegar.
Tenía que llegar porque el arribismo funciona así; porque el Partido Popular -al menos sus cuadros y mandos- no ha demostrado otra cosa que ser un inflado club de arribistas que siga las reglas de ese viejo arte del medrar a costa de los demás. Ha llegado como llegó en otros tiempos a otras formaciones políticas, ha llegado como siempre le llega a los políticos españoles, empeñados en manejarse de esa manera generación tras generación.
Tenía que llegar porque los que piensan y funcionan así siempre guardan las armas con las que apuñalan en un armario distinto de los cadáveres que dejan en el camino, siempre guardan las pruebas de sus crímenes porque también son crímenes de otros, siempre esperan que el ascenso sea individual pero que la caída sea colectiva. Porque en contra de las sociedades y uniones basadas en la lealtad, resumidas en el mítico lema de los bomberos neoyorquinos que hiciera famoso la película Llamaradas, no existe un "si caes tú, caemos todos" y sí un "si caigo yo, caeréis todos".
Así que, por propia fidelidad a su naturaleza arribista, al club arribista al que pertenece y a la concepción arribista del ascenso y el poder, el día en el que vieran la luz publicados en los medios  los papeles de Bárcenas sobre los sobresueldos de los cargos del Partido Popular tenía que llegar respondiendo a esa triple visión del arribismo como forma de vida.
Y ha llegado. 
Y esperar otra cosa hubiera sido no comprender la naturaleza misma de la organización de la política en nuestro país.




Y ha llegado en el peor momento para ellos, para los que, después de participar en esa amalgama de favores oscuros, de recompensas inmerecidas y de beneficios irregulares, creyeron que todo se solucionaría con una negativa rotunda, con empeñar su palabra en el envite como escudo irrompible y con dejar en la calle, al descubierto, al que había participado de su club y seguir con su vida política.
Llega en el peor momento porque después de hacer toda una campaña electoral -y perderla, además- en Andalucía basada en los ERES de Griñán, en el Mercasevilla, en los contratados irregularmente de La Junta, el que habló y peroró hasta la extenuación está en esa lista; porque mientras, legislatura tras legislatura, se cargaba contra el entonces casi inamovible poder primero de Bono y luego de Barreda en Castilla La Mancha, tirando del ariete de corrupciones y corruptelas, la que elevaba su voz supuestamente limpia y beatífica estaba en esa lista; porque aquel que utilizaba su banco como líder de la Oposición para exigir dimisiones de ministros de Fomento por sus supuestos manejos gallegos estaba mientras hablaba, mientras exigía, mientras acusaba, en esa lista.
Bárcenas saca a relucir sus cuchillos ensangrentados, guardados con esmero y premeditación en sus refugios helvéticos, después de que Cospedal hubiera sufrido un ataque de integridad autoinducido y se arrebolara en una investigación interna que no investigaba nada, que no citaba a nadie y que se encargaba a una técnica contable que no tenía -y ella lo sabía- acceso a ninguna documentación al respecto. después de que jurara -y esta vez literalmente perjurara- que eso no existía que ella podía asegurar "que no tenía conocimiento de esos sobresueldos". Ya hora resulta que sí la tenía, la tenía en propias carnes.
Llega después de que, en otro arranque de inusitado en un líder partidario, Rajoy afirmara que "cada palo aguante su vela" y ahora resulta que su palo tiene que soportar el peso de una vela del tamaño de un cirio pascual toledano; después de que algunos intentarán minimizar la importancia de los sobres, los sobresueldos no declarados y toda la cascada de veleidades financieras protagonizas por Bárcenas en su beneficio eran algo "de otro tiempo" y ahora resulta que todos los que están puede que ya no sean, pero todos los que son están en esa lista, en esa prueba con la Bárcenas se auto incrimina para incriminarlos a ellos. Se inmola para que las llamas de quema se extiendan y hagan arder las paredes de Génova.
Pero sobre todo llega en mal momento porque todo eso les ha pillado en el lugar en el que nunca te puede pillar, les ha estallado en el momento en el que las leyes no escritas del arribismo político imponen que estas cosas no deben ocurrir: en pleno ejercicio del poder, con Gobierno en Moncloa, con mando en plaza en prácticamente todas las comunidades autónomas.
Salda tus deudas cuando llegues al poder -o al refinanciarlas a largo plazo- porque, si no lo haces, alguien llegará que pretenderá cobrárselas cuando su precio sea el más alto. Eso lo tienen claro todos los que medran en la política y la usan en beneficio personal. Eso lo sabían los emperadores romanos, los reyes feudales medievales y hasta los dictadores de botas altas, tallas cortas y mostachos poblados. Pero el PP lo olvido o lo quiso olvidar.
Y el Partido Popular tal vez lo hizo, quizás consiguió borrarlo de su mente y memoria. Pero Bárcenas no.
Y ahora, cuando la solución falaz y ciertamente indolora de apartar de militancia, de echar del partido a los implicados, no puede ejecutarse con la misma limpieza que cuando se atraviesa el deserto electoral de la oposición, Génova y Moncloa se ven forzadas a reaccionar, a hacer algo.
Algo que no puede ser una negativa rotunda porque ya la desperdiciaron en la existencia de los sobresueldos, algo que no puede ser un contundente, frontal y radical ataque a la corrupción porque ya lo gastaron para exponer la corrupción de otros, algo que no pueden ser las expulsiones quirúrgicas y anestésicas de militancia y partido porque ahora esos implicados ocupan cargos públicos, y ejercer responsabilidades -o irresponsabilidades, según se mire- de gobierno.
Así que el PP se ha quedado sin himnos que entonar contra Bárcenas, sin salvas que disparar contra los sobresueldos, sin cortinas de humo que utilizar contra las donaciones irregulares, sin arengas ni proclamas contra la corrupción.
El PP se ha quedado solo, expuesto, en una posición desventajosa y en campo abierto contra Bárcenas. 
Y encima está obligado a presentar batalla  porque ni siquiera puede retirarse, con la retaguardia cercada por los jueces y los flancos acosados por una sociedad que no quiere perder a sus manos lo que tanto le ha costado ganar.
Así que reaccionaran como cualquier arribista, como cualquier sociedad basada en los principios que regulan a la cúpula del Partido Popular. Hablarán de traiciones, de manejos de una facción u otra, de intentos de menoscabar el poder interno de unos y de otro.
Y puede que tengan razón en todo. Pero eso no evita que el día de Bárcenas haya llegado y todo lo que muestre sea cierto.
Esas conspiraciones versallescas, conjuras venecianas y manejos cortesanos son exclusivamente su problema. El que tienen con nosotros exige otras respuestas.

Cospedal tira de esclavos para cuadrar sus cuentas

En mis mocedades -pero que muy mocedades- tuve una profesora de prácticas y, claro, no podría ser de otra forma, me enamoré perdidamente de ella.
No es que la chica fuera arrebatadora, pero sonreía, tenía una sonrisa radiante y luminosa, algo completamente desconocido en mí siempre mal encarado y casi calvo profesor de literatura-alias El Redondo-, que desconocía por completo el concepto de sonrisa en general y de radiante y luminoso en particular.
Y sobre todo me enamoré de ella porque era imposible no hacerlo. Cada vez que levantabas la cabeza de tu extenuante esfuerzo de batir el récord del mundo en la toma de apuntas para dejar descansar tu casi dislocada muñeca un instante, allí estaba ella, quieta, tomando apuntes en lenta y mesurada taquigrafía, sentada al lado del profesor, haciéndonos preguntarnos como sería la voz que estaba detrás de esa sonrisa que nos dedicaba. Y cuando dio la clase de La Celestina... bueno, creo que nunca se ha experimentado una motivación masculina más intensa hacia el conocimiento de los recovecos de la literatura medieval española que la que experimentaron en aquella evaluación los alumnos varones de mi clase.
¿Y a qué viene este romántico recuerdo? ¿es que me la he encontrado en estos días por la calle paseando? ¿es que la he redescubierto en Facebook con la sonrisa algo menos radiante y sin la luminosidad del enamoramiento adolescente?
Pues no. Mi recuerdo y posterior diatriba viene a costa de alguien a quien, como dirían  los literatos de los tiempos de Fernando de Rojas,  recordar no quiero pero me veo en la obligación de tener casi todos los días presente en mi memoria.
la muy ínclita y santa señora María Dolores de Cospedal, patrona innominada del recorte austero y desmedido.
Porque la gobernanta -que no gobernante- de los destinos de Castilla La Mancha le ha robado a todos los estudiantes de las aulas sus ensoñaciones febriles y a todas las estudiantes sus enamoramientos fugaces y hormonales.
Ha convertido a todos esos calíxtos juveniles en siervos de la gleba y a todas esas melibeas adolescentes en esclavas.
Ha puesto a los profesores de prácticas a trabajar, a dar clase, a cubrir las ausencias de los profesores interinos despedidos por ella y sus recortadores. Y además los ha puesto a millares.
Y hay quien dirá que tampoco está de más esa medida. Que total, que cojan callo de soportar alumnos desde el principio y así estarán curtidos y preparados cuando les toque enfrentarse a un alumnado que ya no les mirará con ojos golositos sino con miradas furiosas y desesperadas cuando anuncia la fecha inminente del examen.
Y habría que darles la razón. Habría que dársela si les pagaran por ello. Pero no lo hacen.
Cospedal ha retomado el magisterio clásico, pero clásico en el más estricto sentido de la palabra. Aquel que en Grecia y Roma otorgaba el cargo de preceptor, de educador, a un esclavo comprado en el mercado -era la única función que tenían los esclavos viejos-. Un esclavo de confianza, pero un esclavo a fin de cuentas.
Porque esos profesores en ciernes, recién salidos de sus escuelas normales o facultades, no trabajan por un sueldo, no dan clase por una remuneración. Trabajan a cambio de una promesa, de un juramento de servidumbre. Como el esclavo que recogía algodón a cambio de la promesa de manumisión en sus postreros años, como el siervo que doblaba el espinazo en los bancales a cambio de la promesa de que algún día el señor le concedería un triste pedregal que pudiera denominar como propio, como el aparcero que se deslomaba creyendo en la promesa de que con eso saldaría sus deudas.
Esos profesores en prácticas dan clase como si fueran veteranos, como si ya hubieran aprobado una oposición, como si se hubieran ganado ya la plaza de la forma en la que la ley estipula que se la tienen que ganar pero sin haberlo hecho. Sin haberlo intentado siquiera.
Lo hacen por unos créditos de más en las oposiciones. por una dádiva que Cospedal y sus huestes ni siquiera tienen derecho a darles.
Ahorran sueldos a alguien que no tiene derecho a ahorrárselos porque no están pagados con su dinero, sino con el de los castellano manchegos; cubren plazas que han sido recortadas pese a ser necesarias, porque si no lo fueran los profesores en prácticas no serían requeridos para cubrirlas y sobre todo trabajan por nada.
Por humo, por menos que humo, por la promesa de que habrá humo.
Porque esos créditos para las oposiciones que la caridad de la Junta de Castilla La Mancha arroja displicente en los escuálidos cestillos de sus futuros no son nada. Cospedal se comporta como el arrendatario con sus aparceros, como aquellos que mantenían siempre a un centímetro escaso de la liberación a sus esclavos para incentivarles y hacerles trabajar pero siempre encontraban a última hora una deuda perdida, una cláusula escondida que les obligaba a serviles una jornada más, un año más, una vida más.
Esos créditos se convierten en humo por el simple motivo de que Cospedal y su gobierno están en pleno proceso de desmantelamiento de la educación pública, de masificación de las aulas, de entrega generosa de la enseñanza a los conciertos de centros privados y eso hace que sus créditos no valgan para nada.
Con el simple hecho de no convocar oposiciones todo su trabajo esclavo no se verá recompensado, el favor que sin sueldo le han hecho a Cospedal para que le cuadren sus cuentas, para poder atesorar el dinero que necesita para sus fines, que en nada coinciden con los de sus ciudadanos, a cambio de nada. Esa es la trampa y es tan obvia que deberían verla desde lejos.
Siempre habrá otra promoción que se ofrezca a cubrir esas plazas de interinos que ahora llena de practicantes que trabajan por la voluntad. Pero la voluntad de Cospedal no existe, al menos en lo que se refiere a la Educación Pública.
Ellos pueden creer que es una oportunidad de mejorar, una oportunidad de lograr un futuro de estabilidad y dignidad dentro de la enseñanza pública pero la santa Dolores de Cospedal ya tiene pensado y planeado otro futuro para ellos.
Las plazas que ocupan no saldrán a concurso, serán cubiertas por otros practicantes que cometan en el mismo error que este primar millar de profesores en prácticas esclavas y el futuro de todos será el mismo: con un Educación pública desbaratada, habrán de buscarse un nicho en la nueva servidumbre de los salarios de subsistencia que impongan los colegios concertados y privados cuando el baremo salarial que impone la enseñanza pública haya desaparecido con ella, cuando ya no exista la posibilidad de hacer unas oposiciones, cuando tras utilizarlos a ellos de herramienta para ganar tiempo y dinero mientras desmantelaba la enseñanza pública.
De modo que aunque ellos crean que les toca mirar por su futuro y por sus expectativas prestándose a esa farsa, aunque piensen que es tiempo, recién abandonadas sus facultades, de soñar con un futuro estable y transigir con esto por sus oposiciones, les ha tocado para su joven desgracia algo muy diferente. les ha tocado lo que nos toca a todos. Pelear por lo de todos en aras de lo nuestro.
Porque si exigen pago ya no le servirán a Cospedal para cuadrar su déficit, si se niegan a cubrir esas plazas de gratis y sin emolumento alguno la mística patrona del recorte no tendrá más remedio que desvelar sus cartas, que idear otra forma distinta de ganar tiempo para su destrucción y venta de la enseñanza pública.
Y ellos, educados como todos nosotros en este Occidente Atlántico, en la ciega visión del futuro individual, del egoísmo particular de mirar -o creer que se mira- tan solo por lo nuestro les ha tocado ese difícil cambio, esa complicada mutación que pasa por proyectarse como parte de un sociedad en su conjunto y ver que su futuro y sus expectativas han de buscarse en lo general y colectivo y no en lo particular.
Es duro para alguien tan joven e inexperto. Pero siempre ha habido y habrá una generación a la que le toca esa triste elección en una disyuntiva histórica y social. Tiene que elegir bando en un enfrentamiento que opone a los muchos y sus expectativas contra los intereses tan solo de unos cuantos. A eso les ha abocado la santa del recorte. A eso les obliga Dolores de Cospedal.
Tienen que elegir entre el sueño postergado de la manumisión propia irreal y la lucha inminente por una abolición que sea colectiva. Como cualquier esclavo.

miércoles, enero 30, 2013

Pregoneros, siervos y el mudo debate por Telemadrid

Que los actuales gobernantes de este país han iniciado un camino que nos retrotrae a tiempos pretéritos es algo que pocos están en condiciones de negar. Y por pretéritos no se refiere uno siquiera a esos tiempos en los que todo el mundo piensa cuando en España se habla del pasado, sino mucho antes. A esos tiempos en los que el trabajo te ligaba a la tierra y a una servidumbre de por vida sin futuro ni expectativa alguna de mejora.
Y claro si se quiere llevar a todos los ámbitos esa circunstancia para que unos generen riqueza y otros pocos, muy pocos, la disfruten, lo lógico es que se quiera hacer lo mismo con los medios de comunicación, que se les quiere revertir a otro momento, a un estadio anterior: a la servidumbre, a la dependencia absoluta de un poder que, aun en el siglo XXI se cree emanado de la voluntad divina, no de la popular, se cree en la disposición de no dar cuentas a nadie de sus actos, se cree en el derecho de hacer lo que haga falta para perpetuarse sine die.
Y por todo ello y porque los demás no están en ese juego, porque la sociedad ya no traga sin rechistar como antaño hiciera con el derecho divino de los reyes o con la servidumbre como como el orden natural de las cosas, hay que hacerlo en silencio, con el menor ruido posible.
Por eso no se debate, ni se debatirá el ERE de Telemadrid en la Asamblea de la Comunidad. Los representantes de aquellos a los que sirve o debería servir una televisión pública no podrán preguntar qué está pasando, cual es el motivo que lleva a despedir a novecientos trabajadores, qué criterios se han utilizado para incluirlos en el ERE o, lo que es más peligroso, qué criterio se ha seguido para no incluir a los que no se ha incluido.
Porque si alguien pregunta tendrán que explicar porque están dentro de la lista de despedidos miembros del comité de empresa mientras que otros, en situaciones laborales prácticamente idénticas se han mantenido en sus puestos, porqué un día después de los despidos ya estaban en condiciones de contratar -y pagar por ello una buena cantidad- alquilando todos esos servicios a Telefónica, porque se eliminan categorías enteras de puestos de trabajo que se contratan a terceros un día después del despido masivo.
Así que es mejor que no pregunten para no tener que contestar.
Es mucho mejor intentar acallar las continuas protestas de los trabajadores utilizando su recuperado tiempo de emisión para tildarlos de traidores, de agresores contra la empresa, para dar pábulo a todo tipo de falsas acusaciones contra ellos voceadas por supuestos expertos que intentan apagar con su discurso ideológico y radicas de apariencia mesurada el clamor de justicia de los gritos y manifestaciones de los trabajadores.
Hay que trabajar en silencio, sin hacer ruido, sin que la Asamblea arroje luz y envíe taquígrafos sobre las motivaciones de ese despido que no es otra cosa que una purga masiva, que una deportación a las tierras baldías del desempleo y la falta de recursos de todos aquellos que no quieren participar en la regresión a los tiempos serviles que los actuales inquilinos de Moncloa y sempiternos arrendatarios de la Casa de Correos tienen diseñada para nuestro país.
Y por eso no se puede debatir, no se puede hablar de ello. Es algo que no puede hacerse públicamente, aunque sea público y notorio, de lo que no puede discutirse, aunque todo el mundo hable de ello. Es una decisión tomada de la que solamente se susurra en los pasillos, se habla en voz baja en despachos cerrados, de la que nadie debe saber las formas ni mucho menos los fondos. Nadie se responsabiliza de ella, nadie la explica, nadie la defiende.
Algo tan viejo como los gulags soviéticos decididos en Lubianka, con los comisarios del régimen eligiendo sobre listas cirílicas quién embarca hacia el destierro y quién era fiel al partido; tan viejo como la expulsión de los judíos de España, con los inquisidores decidiendo qué judío se quedaba y se convertía a cambio de un buen precio y qué judío se marchaba. Tan antiguo como una crucifixión.
Por eso hay que callar, no hay que hablar de ello y cuando se habla hay que mentir o falsear el tono.
Por eso el portavoz adjunto del Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea de Madrid, Álvaro González, se atreve a decir que "le preocupa Telemadrid".
Claro que le preocupa.
Le preocupa que se sepa a las claras que lo que se ha hecho en Telemadrid es mantener el sueldo de los amigos, de los adláteres y de los sicarios y cambiar el sueldo de todos los demás por el dinero que se gastará en beneficiar a otros adláteres, parientes y socios con adjudicaciones a dedo y contratos de servicios millonarios -como el que seguramente ya ha formado Telefónica-.
Le preocupa que un debate pueda dejar tan claro lo que ha hecho que los tribunales se lo paralicen, como hicieron con el ERE de la Televisión Valenciana, que se esfuercen y concentren en encontrar arbitrariedades -que las habrá a cascoporro-, que les saquen las vergüenzas, les encarezcan el coste de las deportaciones y les obliguen a dar explicaciones.
Claro que les preocupa.
No vaya a ser que, como ya pasa con la también dinamitada por influjo político TVE, el Consejo de Europa ponga sus ojos sobre ellos y les avise de que la injerencia política en los medios no es de recibo allende nuestras fronteras -salvo en los países como Bulgaria, Rumanía o Serbia o Ucrania, todos arrastrando los restos del más puro comunismo de corte estalinista, que curioso-, que Europa no ve bien que los gobiernos hagan siervos a sus ciudadanos y pregoneros a sus informadores.
Claro que les preocupa.
Porque si todo eso se sabe y queda claro -aunque ahora se intuya- Telemadrid, los fieles y leales que aún quedan allí, los colocados en puestos y cargos con sueldos millonarios que aún viven de ella, no podrán hacer el trabajo que se les ha encomendado.
Porque la propaganda cuando se sabe que es propaganda nunca surte el efecto deseado. Más bien es todo lo contrario.
Y para ellos Telemadrid solo puede y debe hacer propaganda. Ha de ser la pregonera de la servidumbre.

martes, enero 29, 2013

Y Cospedal alega que la vida de cien mil ciudadanos es solo un interés particular

"El peor síntoma de la disfunción de un gobierno en democracia es que los poderes juzgadores se vean obligados a intervenir contra el poder del que emanan las leyes cuando este ha desaprovechado todas las oportunidades previas para que la ley promulgada sea justa"
Esta frase de  Alexis de Tocqueville, el jurista francés nada sospechoso de revolucionario ya que vino al mundo porque sus padres se salvaron por los pelos de exponer su cuello a Madame Guillotine, le viene como anillo al dedo, como.... a la situación que la venerada patrona del recorte patrio, santa Dolores de Cospedal, ha desatado con su desaforada guerra contra las urgencias rurales en Castilla La Mancha.
El Tribunal Superior de Justicia de la comunidad autónoma se ha visto obligado a intervenir contra un gobierno, contra un legislativo democrático que ha desaprovechado todas las ocasiones que se le han dado de hacer una ley justas, de hacer lo que debe hacer, de equilibrar los recortes que ella y solamente ella considera necesarios.
Pero la autonombrada madrina y baluarte de la austeridad irracional no debe contar con las obras de este ilustre y ultramontano jurista conservador novecentista entre sus lecturas de cabecera porque, incapaz de aceptar un revés, incapaz de asumir una enmienda, incapaz de hacer lo que todo gobierno haría ante una suspensión cautelar de este tipo de norma que es asumirla en espera de que la decisión definitiva, Cospedal se arma de furiosa jurista, saca a su gabinete jurídico de la preparación de la defensa de su señor esposo y contraataca con unas alegaciones a la suspensión cautelar.
Porque el órgano judicial no ha dicho aún que la decisión de dejar a miles de castellano manchegos a quince minutos según ella, y tres cuartos de hora, según la realidad demostrada, de la atención sanitaria de urgencia sea ilegal, lo que ha dicho es que en espera de su decisión al respecto, no se puede aplicar para evitar daños irreparables si al final se demuestra -que se hará- que es ilegal.
Pero Cospedal no acepta esta demora, no acepta la espera paciente a la resolución. Ella, que está acostumbrada a la atención sanitaria privada al momento, ella que no tiene que hacer cola, que no ha visto nunca demorada sus citas médicas en días o semanas, no sabe esperar.
Y presenta sus alegaciones.
Que tiene derecho a hacerlo nadie lo cuestiona, que es un traspié político y electoral es indiscutible. Que demuestra que le importan un carajo los intereses de la sociedad sobre la que gobierna, el bienestar de sus administrados y los riesgos que se asumen con esa decisión no solo es innegable, es también tristemente indignante.
Y los motivos de esas alegaciones lo dejan tan claro que Tocqueville utilizaría el caso para ilustrar su cita.
La directora del servicio jurídico alega ni más ni menos que "debe hacerse una ponderación circunstanciada de todos los intereses en conflicto y considerar en tal pugna si persiste la prevalencia del interés particular sostenido por el actor (el que solicita la suspensión) sobre los intereses generales perseguidos por la Administración"
Ole y ole y ole.
Se atreve a argumentar que un ayuntamiento, en este caso el de Tembleque, defiende un interés particular, mientras ella y  su gobierno defienden el interés general.
Los intereses de 100.000 habitantes pueblos y pedanías de Castilla La Mancha son considerados intereses particulares, mientras que el compromiso de controlar el gasto, de recortar los servicios, que solamente han asumido ella, su ideología y su gobierno es tenido por interés general.
A lo mejor se refiere al hecho de que son intereses particulares porque esos 100.000 castellano manchegos se preocupan por algo muy particular  y propio que su vida y la posibilidad de perderla por no tener atención de urgencias cercana, mientras que a ella eso no le importa lo más mínimo, le trae al pairo con tal de defender eso que tan general, como sinónimo de vago e impreciso, llamado datos macro económicos.
Cualquiera diría que es el alcalde de Tembleque el que se beneficia del mantenimiento de las urgencias porque recibe dinero de ellas, porque su familia o sus allegados las gestionas y son pagados por prestarlas, porque ha hecho de ellas su forma de hacer negocio y de mantener su nivel de vida y sus ingresos…
¡Ah no!, que eso es lo que hace su señor esposo y las empresas en las que se integra con la sanidad privatizada de Madrid y que probablemente hará en cuanto su santa cónyuge privatice esos servicios en Castilla La Mancha. 
Pero el que defiende 100.000 es el interés particular y la que solamente busca beneficiar a un puñado de lobistas y arribistas, uno de los cuales comparte cama y mantel con ella, actúa en aras del interés general.
Para ella, la vida humana es un interés particular cuando se enfrenta a la reducción del déficit público que ni siquiera ha sido causado por los gastos sanitarios, que es el interés general. Tocqueville se revolvería en su tumba.
Pero la cosa sigue.
La redactora de las alegaciones se atreve a escribir que "no puede entenderse que un solo ayuntamiento defienda a las demás localidades" y con ello pretende conseguir que el tribunal no paralice el cierre de todas las urgencias, sino solo las de Tembleque.
Y eso descoloca la peineta y la mantilla definitivamente a Cospedal.
Ella, que habla de ahorro, de recortar gastos, de "racionalizarlo" -que debe significar gastarlo en lo que a ella sí le viene bien y no en aquello que le importa un pimiento, por bien que le venga a todos los ciudadanos castellano manchegos-, prefiere que haya un rosario de pleitos, que el sistema de justicia tenga que enfrentarse a un centenar largo de casos idénticos, con el gasto de tiempo y dinero que conlleva, en lugar de utilizar el primer caso como elemento ejemplar para que, una vez solucionado judicialmente ese, los demás sepan a qué atenerse.
Pero, claro, a la profeta del interés general eso le descuadra.
Porque no es lo mismo paralizar solamente las urgencias de Tembleque que todas; porque de esa manera no puede presionar, ni asustar, ni coaccionar, ni agasajar a los alcaldes de su propio partido para que no pidan la suspensión cautelar, para que se atengan a su férreo mando y a su inflexible férula. 
Y así, para cuando se decida sobre lo de Tembleque, lo otro ya estará hecho y será irremediable.
Las urgencias de todos los demás pueblos -al menos de los ayuntamientos regidos por el PP- ya estarán extintas, sus cuentas le cuadrarán mejor y sus privatizaciones de ambulancias, traslados y demás seguirán siendo rentables, muy rentables, para la empresa que reciba su gestión.
Que un pueblo no descuadra las previsiones, pero todos sí.
Y para terminar de dar la razón al bueno de Tocqueville, los servicios jurídicos de la Santa Patrona del Recorte, ponen la guinda al alegar que la orden que cierra las urgencias es "un mero instrumento de autoorganizacion, siendo esta una facultad de la Comunidad Autónoma"
Y así, de un plumazo, se ignora el riesgo vital para 100.000 pacientes, se le quita el rostro, la condición humana y la existencia a, como dirían los antiguos, cien mil almas. Se les convierte en números.
Básicamente, se dice que la sanidad pública pertenece al gobierno de la Comunidad Autónoma pertenece al Gobierno de Cospedal.
Ella sabe o debería saber que no es así, que los servicios públicos son públicos precisamente porque sirven al público. Y eso son los ciudadanos, no los gobiernos; están pagados con el dinero de los ciudadanos, no de los gobiernos y que por tanto ellos tienen mucho que decir en su regulación, su organización y su utilización.
Pretende ignorar que, aunque la legalidad le otorgue la facultad autoreguladora en todos los servicios, esta autoorganizacion se puede aplicar a servicios secundarios. Se puede decidir cerrar o abrir una oficina de recaudación, una ventanilla de gestión o unificar consejerías Pero no un servicio primario, no un servicio del que dependen la salud y la vida de muchos ciudadanos.
Para eso la ley da la potestad al Gobierno -ya sea autónomo o estatal- de organizarla, pero porque presupone que, en su exigible ética, tendrá en cuenta los factores que afectan a los derechos de los ciudadanos, tendrá en cuenta sus vidas y su bienestar.
No solamente el dinero que se quiere ahorrar y el que se pretende ganar bajo cuerda.
En definitiva, el mensaje de las alegaciones de Cospedal a la paralización del cierre de las urgencias nocturnas es el siguiente: la sanidad es mía, hago con ella lo que quiero, vuestras vidas solo os interesan a vosotros y al Gobierno Castellano manchego lo único que le importa es el dinero que yo quiero ganar privatizando servicios.
¿Y pretende que un juez no intervenga cuando lee eso? Es la esencia misma del feudalismo.
Y luego se sorprende de encontrarse como ya un conservador de hace casi dos siglos auguró que pasaría cuando se hacen las cosas de esta manera
“Si esto ocurre, si los gobiernos anteponen la fuerza legal a la justicia, estaremos durmiendo sobre un volcán... Un viento de revolución nos golpeará, la tormenta estará en el horizonte”.
Lea a Alexis de Tocqueville, Nuestra Señora de Cospedal, lea a Alexis de Tocqueville. Aunque solamente sea por el mantenimiento de su cabeza política en su sitio.
Léale, que era de los suyos.
Bueno, casi de los suyos. Él era conservador, pero era listo e íntegro. 

lunes, enero 28, 2013

El discurso chileno de Rajoy y su miedo a la soledad

Podría decirse que el que rectifica, quien descubre que se ha equivocado y muda su discurso merece por lo menos el reconocimiento de considerarle realista. Y dado lo que está diciendo en los últimos días el siempre tendente al silencio Mariano Rajoy, se podría decir que esa máxima se le puede aplicar a él.
Porque se va a Chile -todavía no entiendo el motivo que le lleva a hacer siempre sus anuncios allende nuestras fronteras, pero uno se va acostumbrando- y allí rodeado de países emergentes, de un mercado latinoamericano cada vez más cerrado para nuestros exiguos recursos empresariales e industriales, le da por decir que lo de la austeridad no hay que tomárselo al pie de la letra, que hay que relajarlo, que esa política se debe supeditar a la creación de empleo.
Y eso es un cambio, eso parece una mutación en la forma en la que la Presidencia del Gobierno afronta el equilibrio entre lo que quiere hacer a ultranza y lo que el país realmente necesita.
Parece que Rajoy, tras un año de protestas continuas, con toda la sociedad en pie de guerra contra sus medidas, con los jueces -por primera vez desde que la democracia española tiene uso de razón- del lado del ciudadano y no del Gobierno, del lado de la justicia y no de la ley, bordeando la prevaricación formal en cada una de sus decisiones sobre desahucios, corrupción, Bankia y demás, se lo ha pensado mejor.
Podría creerse que se ha sentado y ha analizado la situación, ha reflexionado, ha hecho acto de contrición -en su caso sería cristiana y compostelana, supongo- y ha decidido hacer lo que ningún occidental atlántico en general y ningún político en particular quiere hacer nunca: cambiar.
Pero no. Porque aunque diga ahora lo contrario de lo que ha mantenido a capa y espada durante todo el pasado año, en realidad sigue haciendo lo mismo.
Sigue saliendo de España para anunciar que hace lo que otros quieren que haga. Solamente que ahora se va a Chile para evitar que Merkel, fuera de su feudo, extienda la mano desde el atril continuo y le de una colleja con la palma abierta en la nuca por llevarle la contraria- Aunque la Canciller tiene la mano muy larga y se la ha dado de igual forma, incluso al otro lado del Atlántico-.
Si Rajoy pensara que la austeridad a ultranza es una política que no da beneficios, que no provoca las reacciones económicas que busca, habría comenzado a paralizar esa política.
Habría impedido que la Comunidad de Madrid siga empeñada en vender por partes la sanidad pública, que la Comunidad Valenciana esté dejando morir -o incluso asesinando directamente- la Educación Pública para vender su cadáver de alimento a la privada, hubiera dejado de permitir que todos los gobernantes de su partido antepongan la recaudación de más dinero al mantenimiento de servicios.
Pero no lo ha hecho. No ha vuelto el IVA a sus orígenes cuando ha visto que el consumo se paralizaba, no ha renunciado al rescate bancario que está sangrando mes tras mes las previsiones de déficit porque cada día aparece un nuevo agujero en las entidades financieras intervenidas o se hacen más grandes y profundos los que ya existen. 
Ni siquiera ha establecido la Tasa Torbin por más que se llene la boca aquí y allá -más allá que aquí, por otra parte- de hablar de ella.
Ni siquiera ha hecho recaer el peso de esa austeridad sobre lo que le demanda la sociedad. No ha renunciado a los casi 600 asesores a dedo sin preparación específica que ha colocado el Gobierno en sus diferentes ministerios -miedo me da investigar la lista de filiaciones de todos ellos y ellas-, no ha reducido gastos de la Casa Real, no ha cambiado el foco de las subvenciones abandonando los toros o el fútbol y primando la ciencia o la investigación. 
Va a Chile y habla de renunciar a la austeridad radical y priorizar el crecimiento y el empleo, pero no ha hecho nada efectivo al respecto. No ha modificado su Reforma Laboral -un decreto saca otro decreto- para evitar la sangría de puestos de trabajo que suponen los ERE masivos que incluso utilizan las empresas públicas estatales y autonómicas de forma regular y sistemática
Lo único efectivo que ha hecho ha sido aumentar la duración de los 400 euros que reciben los parados que se quedan sin subsidios. Y eso que, en su momento, intentó vender la burra de que esa era una medida que potenciaba el empleo porque evitaba que los parados se "apoltronaran" y les incentivaba a buscar empleo.
Así que, aunque cambie el discurso no cambia los hechos. No los cambia porque en realidad su discurso sigue siendo el mismo: Estar al sol que más calienta.
Mientras Hollande se desgañitaba en solitario en toda cumbre y reunión europea clamando contra el absurdo de la austeridad impuesta por los criterios de Berlín, Rajoy apoyaba sin fisuras la obsesión de la buena de Ángela en ese asunto. Mientras Krugman lo decía por activa y por pasiva, él seguía haciendo caso a Montoro, que equiparaba su aparente don profético con el valor de un Premio Nobel en Economía. Mientras algunos funcionarios del FMI dimitían por desacuerdo con esa política, él apoyaba las declaraciones de Lagarde, que se permitía el lujo de insultar a griegos y españoles afirmando que deberían trabajar más y protestar menos por menos dinero.
Como la Canciller, los mercados, las instituciones europeas y aquellos que verdaderamente le importan defendían esa política, Rajoy proseguía con ella de forma inmutable.
Pero ahora la cosa cambia y por tanto Rajoy finge cambiar. Su política económica finge cambiar. Y es obvio que es un fingimiento porque cambia de palabra, no de obra ni mucho menos de omisión.
Ahora, el presidente saliente de la Comisión Europea, mantiene que la austeridad es un suicidio, el FMI acepta que se ha equivocado -al menos parcialmente- imponiendo esa doctrina desde sus despachos, los ministros de economía de la UE tuercen el gesto cuando su homólogo alemán repite una y otra vez el mismo discurso dictado por su jefa y el BCE y hasta los mercados no reaccionan bien ante los continuos recortes que limitan hasta hacer desaparecer el consumo y los recursos, Rajoy se sube al carro.
Con Merkel cada vez más aislada en sus exigencias, con Cameron amenazando con sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea por esa obsesión, con Francia pasando desde hace meses olímpicamente de esas normas y consiguiendo sortear la crisis eterna pese a ello, con todos cambiando de papeles, nuestro Presidente hace lo que siempre ha hecho: arrimarse al sol que más calienta y salir ahora diciendo que la austeridad a ultranza tampoco es lo mejor, que hay que aflojarla en aras del crecimiento.
Pero es seguro que a partir de ahora, pese a lo que diga en sus discursos chilenos, los consejos de ministros no desgranarán medidas a cascoporro para minimizar esa austeridad o para renunciar directamente al desmantelamiento del sector público en aras de unos beneficios económicos y una contención del gasto que cada día se demuestra que no llega por esa vía.
No lo hará porque simplemente dice lo que dicen otros, hace lo que otros le dicen que haga y nadie la ha dicho todavía nada a ese respecto
O, para ser más exactos, todos los que se lo han dicho no cuentan. Es decir, los que saben de economía y los que la padecen en sus bolsillos, sus carnes y sus futuros.
Solo en el interior del país, arrinconado por la corrupción de su partido -que no es el único, pero es al que más se le nota porque está en el Gobierno y por siempre ha hecho bandera de la corrupción de los demás- y por las exigencias de aquellos a los que beneficia su política, Rajoy no quiere sentirse también solo y aislado en el exterior.
Obligado por sus deudas secretas y evidentes a permanecer en compañía de las odiadas entidades financieras intervenidas, que hacen pagar a todos sus excesos, no quiere verse abocado a la compañía internacional de una Merkel cada vez más sola y que se agota en la defensa de una política que ya ni siquiera evita la recesión en su propio país.
Y dirá lo que tenga que decir para que alguien le permita acompañarle. Aunque no se crea una sola palabra de sus propios discursos. 

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