viernes, noviembre 30, 2012

La metáfora de la canción reversible.

 Si esto fuera una canción de amor solamente podría hablar de una persona. De uno de esos hombres que engañan, de esas mujeres que abandonan, de esas parejas que quieren sin amar y que buscan ser amadas sin querer.
Si esto fuera una canción de amor, de desengaño, de queja o de desamor, tendría uno nombre propio para cada uno de los pocos lectores de estas endemoniadas lineas, tendría un nombre propio para cada uno de los muchos que escuchan el ritmo reptitivo de sus autores y no hacen demasiado caso a esos sonidos vocales, que se han dado en llamar letra, que cubren la melodía de  las canciones.
Si esto fuera una canción de amor tendría un nombre propio para mi.

Un mal sueño será que fue inventado todo con palabras.
Si no hay fe ni primera vez, tardarás en levantar tu alma.
El cielo se pregunta si tal vez, tal vez, llegarás a despejar la duda.
Y yo me sigo preguntando, si tal vez, tal vez, algún día tú querrás mi ayuda.
Y tus recuerdos van sonando a despedida, 

vaciando tu escenario.

Y es que después de todos estos años,
y después de tanto, tanto daño,

y después de haber perdido tu sonrisa,
de embargar todo tu encanto en malas cosas, en mala vida.

Un mal trago para beber de esos que te ahogan las entrañas.
Ya no hay fe ni primera vez, tus deseos notarán su falta .
Hay alguien que pregunta si tal vez, tal vez, tu mirada esconda la locura.
Y tú te sigues preguntando, si tal vez, tal vez acabará algún día esta tortura.
Y tus silencios van tocando a despedida,
sepultando tu escenario
Y es que después de todos estos años,
y después de tanto, tanto daño,

y después de haber perdido tu sonrisa,
de embargar todo tu encanto en malas cosas, en mala vida.
..de todos estos años
Y después de tanto, tanto daño
Y después de haber perdido tu sonrisa
De embargar todo tu encanto en malas cosas...

Porque esas lágrimas son páginas en blanco
escribe ahora, que tienes tanto

Porque después de todos estos años
y de tanta, tanta vida
rota en tantos desengaños
y en montones de mentiras ambientando tu diario
quien te escuche lo diría
quisiste todo, perdiste tanto.

(Maldita Nerea)

Pero este post habla de una metafora dentro de una metafora. De una canción reversible y reutilizable.
Habla de como son las cosas porque esto, ademas de ser una canción de amor, es otra cosa.
Y entonces ya no habla de parejas miedosas o egoístas, ya no habla de abandonos, ni reconcialiciones, ni amores, ni desamores. 
Si la aplicamos al mundo más allá de lo que queremos ver del mundo, que es solamente nuestra propia vida, entonces habla de nosotros.
Habla de lo que hemos sacrificado para ser los mejores, los más seguros, los más estables sin conseguirlo. Habla de todas esas cosas que hemos dejado de hacer y hemos hecho de mala manera para sobrevivir, para no arriesgarnos, para seguir aferrados con todo lo que tenemos a la cumbre de la cadena alimenticia sin que nos haya servido para nada y solamente para estar peor de lo que estabamos al principio de renunciar a la justicia en aras de la seguridad y a la lucha en aras de la estabilidad.
Si es una canción de amor, habla de una sola persona que es distinta para cada uno de nosotros y que es irrelevante para todos los demás.
Pero si es una canción sobre otra cosa, de esas que antaño se llamaban protesta...
Habla de todos los cadáveres que hemos dejado en el armario para garantizar nuestra supervivencia sin que por ello lo hayamos conseguido ni de lejos sino, más bien, lo contrario, dando alas a aquellos que medran con la acumulación de cuerpos en los roperos de esta sociedad.
Si habla de otro cosa, habla de nosotros. De todos nosotros.
"Si no hay fe ni primera vez, tardarás en levantar tu alma".
¿Cuando va a ser nuestra primera vez?, ¿cuanto tiempo podemos resistir sin levantar nuestras almas?
Porque, claro, siempre podemos elegir.
O habla de la Shayera de cada cual o habla de España, Europa y el mundo. O habla de amor o habla de lucha.
O habla de ambas cosas que, al fin y al cabo, son lo mismo. SIempre han sido lo mismo.

miércoles, noviembre 28, 2012

Un cuento para la Educación Pública valenciana (final adapatable por colegios y comunidades).

- Mamá, papá ¿estudiar siempre fue así?
- No hijo, no.
En 1847 solamente dos de cada diez niños sabían escribir y solamente cuatro de cada diez iban al colegio antes de ponerse a trabajar a los trece años.
Un grupo de personas, intelectuales, religiosos y políticos, que creían que la inteligencia era más importante que la sangre, que la educación era más importante que la riqueza y que el saber era un valor más importante que la fuerza física, lograron convencer a los gobernantes, de que los niños tenían que estudiar y aprender.
Nosotros, amorcito, estamos alfabetizados al cien por ciento y tenemos prohibido el trabajo infantil.
Eso lo empezaron ellos y nosotros lo heredamos.
En 1855 había una escuela por cada 150 kilómetros y los niños que vivían lejos no podían llegar a estudiar y se quedaban en casa o esperaban a maestros itinerantes que llegaban una vez por semana para enseñarles solo a leer y escribir mientras el resto de los días trabajaban en el campo. Pero un hombre llamado Moyano intentó que el transporte acercara a los niños a los colegios permitiendo que viajaran gratis en las diligencias diarias para llegar a la escuela
Nosotros, vida mía, tenemos garantizada la cercanía de los centros de enseñanza y tenemos ayudas para poder llegar a esos centros para los que viven lejos
Eso también lo heredamos de su esfuerzo.
En 1857, otro grupo de personas se enfrentó a los reyes para conseguir arrancar de sus arcas el dinero necesario para construir escuelas y convencer a los monarcas de que la enseñanza tenía que ser gratuita, en contra de aquellos que les acusaban de anarquistas por querer llevar la educación a todos.
Nosotros, cariñito, podemos ir al colegio sin pagar por ello y nos aseguran que nadie se quedará sin educación por motivos económicos
Eso nos ha llegado también como herencia de sus ideas y su trabajo.
En 1901 se logró que el Estado asumiera el pago de los profesores y del material escolar para que los maestros no dependieran de lo que poco que podían pagarles los padres de la gente pobre.
Ahora no tenemos que pagar a los profesores y ellos pueden enseñar sabiendo que esa actividad les servirá para mantenerse a ellos y a sus familias, aunque den clase a personas que no tienen demasiados recursos económicos.
Eso también nos ha venido dado por lo que hicieron y pensaron otros.
En 1966 se consiguió que se reconociera en todo el mundo la Educación como un derecho universal del que nadie podía ser apartado por razón de raza, sexo, credo o nacionalidad, haciendo, en contra de las ideas de muchos gobernantes, que sea el estado el que tenga la obligación de asumir la protección de ese derecho.
Nosotros, pequeño,  si queremos estudiar, lo hacemos sin que nadie pueda decirnos que no nos deja hacerlo.
Eso también forma parte de las cosas que hemos heredado de lo que ellos empezaron.
- Vale, vale, mamá, Lo voy cogiendo. Y ¿eso fue sencillo?
- No hijito, no.
Órdenes religiosas enteras fueron expulsadas de este país por intentar educar a los pobres.
Maestros fueron quemados en sus escuelas por los terratenientes para impedir que enseñarán a leer y escribir a sus jornaleros y aparceros y así entendieran los contratos que firmaban con ellos y les condenaban de por vida a la servidumbre y la esclavitud.
Miles de mujeres tuvieron que estudiar a escondidas en sus casas porque no podían ir a la escuela por ser mujeres, miles de hombres tuvieron que estudiar a escondidas en talleres y fábricas por la noche porque la Guardia Civil perseguía a sus maestros y les encerraba por anarquistas, intelectuales y maestros fueron fusilados, detenidos en campos de concentración y reeducación o simplemente obligados a no dar clases porque pertenecer a La Institución Libre de Enseñanza.
Soportaron la presión de los que tenían dinero y poder, la persecución de sus brazos armados y la indiferencia de los que creían que el dinero lo compraba todo y era la posición y la riqueza lo que daba derecho a la educación y al final lo lograron.
Y nosotros nos aprovechamos de esa herencia que ellos nos dejaron.
- Y ¿todos los niños tendremos ahora eso?
- No, hijo, no.
Muchos tendrán  que andar tres kilómetros de ida y otros tantos de vuelta para poder llegar al colegio, tendrán que utilizar libros de reciclaje, tendrán que comer frío todos los días si quieres ir al colegio, tendrán profesores agotados y quemados por un número de alumnos excesivos en las aulas y un descenso cada vez más acentuado en sus ingresos, tendrán que abandonar la escuela cuando acabe la enseñanza obligatoria porque sus padres no tendrán dinero para afrontar los gastos del bachillerato y mucho menos de la universidad, saldrán del colegio sabiendo lo básico y solamente podrán optar a trabajar de operarios en una cadena de montaje, si es que encuentran empleo.
Eso es lo que tendrán muchos niños ahora. Así están las cosas.
- ¿Y eso por qué, mamá?
Porque nosotros hemos decidido que el dinero que se gasta en educación tiene que emplearse en salvar a nuestros amigos que nos dieron fraudulentamente dinero para seguir en el poder, porque hemos desperdiciado tres generaciones en reformas ideológicas de la educación, peleándonos por las materias más absurdas, en lugar de reforzar la educación pública. Porque nosotros hemos olvidado que la historia nos obliga a ser garantes de la educación y hemos decidido que es más importante asegurar el negocio a nuestros socios que hacer que todos puedan aprender.
Porque preferimos que el transporte escolar lo sufrague un calendario erótico, que las clases universitarias se tengan que dar en la calle, que los padres tengan que hacer el mantenimiento de las instalaciones, que las madres se encarguen de la limpieza de las aulas, que los alumnos se tengan que abrigar para ir al colegio como si fueran a una expedición antártica a restar un solo céntimo del dinero que necesitamos para salvar de la cárcel y la quiebra a aquellos que utilizaron el dinero de todos para beneficiarnos solamente a nosotros.
- Y ¿yo heredaré todo eso de ti, mamá?, ¿tú también tendrás que hacer un calendario en sujetador para que pueda ir al colegio?
- No, hijito, no te preocupes.
Tú estudiarás en un buen colegio con profesores bien remunerados y material de sobra porque mamá y papá tienen dinero para pagarlo. Si llegas tarde a clase, podrás ir en el coche oficial de mamá. Podrás estudiar en la universidad que quieras y te aprobarán porque pagaremos la factura y luego te encontraremos un trabajo bien pagado y en el que tengas que hacer pocas cosas en alguna de las empresas de los amigos que hemos salvado de la quiebra fraudulenta. Mamá está aquí para proteger tu futuro.
- ¿Mamá?
- Dime, cielito
Cuando me lleves al colegio ¿puedes dejarme en la esquina? Cuando pasen lista en clase ¿puedo utilizar tú apellido en lugar del de papá?
¿Por qué, hijito, por qué?
Porque esos niños no tienen por qué avergonzarse de lo que han hecho sus madres y padres para darles educación. 
Pero a mí me da mucha vergüenza que mis amigos sepan que soy hijo de Jorge Cabo. Los hijos de María José Catalá ya lo hacen, ¿Puedo, mamá?

Nota: (me he acordado de un texto que escribí por la huelga general y me ha parecido buena idea adaptarlo a este inspirador caso)

La Mayoría Silenciosa, silenciada.

Hay propuestas que tienen la virtud de desenmascarar, de sacar a la luz las intenciones y los deseos reales, de desnudar de forma definitiva las motivaciones de aquellos que se enfrentan a la decisión sobre lo propuesto.
Y eso pasó ayer en el Congreso de los Diputados, ese lugar que, en estos momentos en los que la política se aparta a sabiendas de la sociedad, solamente sirve para ser rodeado, para ser custodiado y para ser repensado  piedra a piedra y escaño a escaño.
Una propuesta, una única que nunca tuvo ni tendrá en la situación actual opción alguna de prosperar, ha servido para explicar muchas cosas, para convertir las medias verdades en mentiras directas. La propuesta de hacer un referéndum sobre los recortes que nos aquejan y el rescate bancario con el que cargamos ha dejado las cosas en su sitio.
Esa propuesta, o más concretamente el hecho de que haya votado en su contra, le ha quitado al Gobierno y al Partido Popular el único arma con el que contaba para defender socialmente sus políticas mientras los servicios públicos se desmoronaban a su alrededor, mientras su política de mantenimiento de un sistema financiero y económico imposible arroja a millones de españoles a la pobreza.
Esa propuesta y esa votación le han quitado la mayoría silenciosa.
La negativa al referéndum -no por conocida y anticipada menos relevante- hace que se les escurra entre las manos el concepto -que todos sabemos falaz- que los ideólogos y estrategas de Génova idearon a toda prisa para intentar desactivar la protesta social en las calles, para vender a propios y extraños que la mayoría de la población española apoyaba su política y así tranquilizar a los únicos dioses verdaderos que les importan: los mercados, los especuladores y los inversores.
Porque demuestra que, como en otras tantas cosas, el PP no cree lo que dice y solamente lo dice para salir del paso. 
Si realmente creyera en la existencia de esa mayoría silenciosa querría que hablara, si realmente estuviera convencido de que ese silencio apoya sus políticas y su ideología haría todo lo posible para abocarla a la palabra y verse así apoyado por esos que mantiene que le apoyan en su silencio.
Y los habrá que dirán que eso ya se hizo en las elecciones. Pero saben que mienten porque esa opinión democrática en forma de sufragio se emitió con un programa falso, con unas promesas electorales que se transformaron en pruebas de cargo en unos meses. Esa palabra se pronunció cuando no se iban a tocar los impuestos, cuando nadie hablaba de rescate bancario, cuando las pensiones no se iban a convertir en una limosna con cada vez menos poder adquisitivo, cuando la educación y la sanidad pública iban a ser intocables, cuando no se iba a perdonar el fraude fiscal, ni se iba a dar un duro a los bancos.
Nadie de esa supuesta mayoría silenciosa ha dicho una palabra aún sobre todo eso. Sobre la realidad y no las promesas, sobre el Gobierno y no la oposición, sobre Mariano Rajoy y no sobre José Luis Rodríguez Zapatero.
Y los habrán que, con las matemáticas de la cuenta de la vieja, dirán que, sacando pecho y tirando de soberbia, que no hace falta el referéndum porque ellos, con sus ternos perfectos, sus dietas y su escaño, representan a más gente de las que suman los manifestantes.
Pero ese argumento es tan baladí como enorgullecerse de ser el primero en ver el iceberg contra el que chocó el Titanic. 
Tirando de su mismo ancla representativa al que aferran la nave de su zozobrante gobierno y de su deriva absurda, si al PP le votaron 11 millones de españoles, los sindicatos convocantes de las sucesivas huelgas generales representan a 3.600.000 trabajadores, los sindicatos de estudiantes universitarios representan a 1.650.000 alumnos, las confederaciones de Asociaciones de padres y madres de alumnos que secundaron la huelga representan a cinco millones de alumnos que estudian en la enseñanza pública y que obviamente no están incluidos en las cifras de votantes del PP pero que también tienen derecho a decidir sobre su futuro. 
Todo eso sin hablar de los 12 millones de españoles que no votaron al PP y los 10 millones que no votaron o lo hicieron nulo o en blanco, que, como es lógico serán redundantes en muchos casos por los representados por los sindicatos y colectivos que están en contra de la política del gobierno.
Así que el argumento del orgulloso diputado por Soria de que él, con su traje gris y su carné de filiación al PP, representa a más españoles que los convocantes de las manifestaciones y por eso no hacer falta consultar a nadie en las urnas sobre sus decisiones, aparte de soberbio es tan falaz como la mayoría silenciosa por la que asegura hablar.
De modo que, al votar en contra de la consulta popular, el presidente y sus huestes absolutas parlamentarias -junto con sus sorprendentes aliados de UPyD- han utilizado el artefacto que habían creado para defenderse y se han disparado con él en el pie.
Porque, a partir de ahora, no podrán seguir tirando de ese silencio para defenderse, no podrán seguir utilizando la voz dormida de esas gentes para parapetarse contra las críticas y las protestas, ya no podrán seguir utilizando esas gargantas calladas para atrincherarse en la defensa de unas políticas que despiertan el mayor rechazo social de la historia de España -incluyendo la Segunda República, la Dictadura y el momento más ominoso de nuestra historia que se pueda recordar-.
Porque si de verdad quisieran escuchar a la mayoría silenciosa porque supieran que estaban a su lado, le habrían dado voz.
Porque si de verdad confiaran en sus medidas y en sus apoyos querrían que los ciudadanos lo gritaran a los cuatro vientos en un referéndum.
Porque si de verdad respetaran y trabajan por la mayoría silenciosa no harían todo lo posible para mantenerla en el silencio, si confiara en la democracia no paralizarían un ejercicio de máxima democracia como un referéndum. Ya no hay duda de que el Moncloa, Génova, el Gobierno y el Partido Popular solamente creen en el silencio.
Y si la mayoría silenciosa no calla por indiferencia, cansancio o desilusión, ellos se asegurarán de que siga callada.
Convertirán y han convertido a la mayoría silenciosa en mayoría silenciada.


lunes, noviembre 26, 2012

Vi una casa que me gustó...





Jorge Cabo catea todas las materias en Montserrat


Parece que el ministro Wert y todos sus espejos, adláteres y validos en las distintas comunidades autónomas están decididos a reescribir todas las asignaturas de nuestro sistema educativo.
Hace unos días nos abocaron a recuperar los libros de historia cuando nos arrojaron a la miseria del Siglo de Oro español, obligando a las madres del colegio Evaristo Calatayud, de la localidad valenciana de Montserrat, a lanzarse al negocio de lo erótico festivo con un calendario para sufragar los autobuses que los recortes de la Consejería de Educación de la Generalitat Valenciana les habían quitado.
Ahora, con las excusas que dan para justificar algo que, si como dicen fuera justo y beneficioso para el conjunto de la población, no tendrían que justificar, nos obligan a replantearnos la geografía desde los tiempos de Cristóbal Colón.
Según el director general valenciano de Centros Docentes, Jorge Cabo, "Los requisitos para acceder a una beca de transporte escolar son los mismos del curso anterior y la distribución de los autobuses que se ha hecho este curso se ha ceñido a los requisitos legales para no crear diferencias con otras localidades".
Y así, en bruto, puede pasar, puede sonar plausible. Tenemos una imagen, la imagen que quiere dar Cabo. Una serie de familias insolidarias que no están dispuestas a renunciar a sus injustos privilegios en aras del bien común que, según ellos y todo el emporio ideológico genovés, suponen sus draconianos recortes en todo lo público.
Lo mismo que hicieron con los funcionarios, lo mismo que hicieron con los profesores, con el personal sanitario y con todo el que protesta porque ve su presente y su futuro caer  bajo la afilada hoja de la guadaña de sus recortes para salvar lo insalvable.
A lo mejor es que desean que funcionarias, policías, profesoras y enfermeras se sumen a lo de recaudar con calendarios  para poder cubrir sus más secretas fantasías eróticas.
Porque si repasas algo de la geografía del Levante español te das cuenta de que solamente esa puede ser la explicación.
Porque, cuando consultas el mapa de la zona, te das cuenta de que ningún pueblo, aldea, población, ciudad o urbe han aparecido de la nada en los alrededores. Ninguna tribu bárbara proveniente de las llanuras del Indo ha colocado sus tiendas en las cercanías de Montserrat. Los almogávares no han regresado, Jaime I no se ha levantado de la tumba para repoblar de nuevo los territorios arrancados a las taifas musulmanas.
Y si no hay una nueva población que se haya establecido en el tiempo récord de un año cerca de Montserrat ¿cómo es posible que el año pasado los autobuses no supusieran un agravio territorial para nadie y este año sí?, ¿cómo es posible que el servicio se diera el año pasado y este no?
Como el pobre de Cabo nota que eso de intentar jugar con la geografía no es del todo plausible porque esta tiende a cambiar muy lentamente, intenta reforzar su argumentación con algo de historia. Ya se sabe que se estudian juntas. Si es que se siguen estudiando tras la Ley Wert.
"Las líneas autorizadas se ajustaban a la normativa vigente, que es la misma del curso pasado".
Y de nuevo parece que con eso basta. Pero de nuevo solamente lo parece.
Porque un desliz de Cabo le condena al infierno de su propia manipulación, al averno de su insistente mentira, al Gehenna de sus propias palabras: "los alumnos que no tiene transporte escolar son los que no cumplen los criterios y requisitos para acceder a la beca, regulados por la Resolución de junio de 2012 de la Dirección General de Ordenación y Centros Docentes".
Lo malo que tiene la historia es que depende de las fechas y, en una historia tan inmediata como está, el error de fechas es imposible de eludir: Es imposible que los requisitos sean los mismos que los del año pasado si dependen de un decreto que se ha aprobado en 2012. ¿Para qué un decreto nuevo si no se modifican los criterios?
Y si se han modificado los criterios ¿cómo puede decir que es igual que el año pasado?
Así que, al suspenso en geografía política, se suma el suspenso en historia contemporánea y otro más en la optativa de retórica -que como eso depende de la cultura clásica, ya han decidido que no se estudie-.
 Y el hombre, agobiado, me temo por su cascada de cates cada vez que abre la boca, vuelve a la carga intentando aprobar por lo menos una. Tira de la geografía física para intentar aprobar la recuperación de la materia.
“Estos requisitos son ser estudiante de educación obligatoria, Primaria y Secundaria, y vivir a más de tres kilómetros del centro educativo".
Y entonces la remata. En historia, en física, en geografía, en matemáticas y en todo lo que se nos antoje.
Porque, sabiendo que la Deriva Continental y la Tectónica de Placas no han alejado ni desplazado en un solo año Montserrat de la posición geográfica que ocupaba el año pasado, nos vemos obligados a preguntarnos por qué el año pasado estaba a más de tres kilómetros de los hogares de los niños que ahora se han quedado sin autobús y este ejercicio no.
Y entonces es cuando descubrimos la mentira. Es cuando nos damos cuenta que los criterios sí han cambiado. Es cuando tenemos que señalar con el índice extendido y llamarle mentiroso: porque Cabo y Educación de la Generalitat han decidido hacer las mediciones de las distancias en línea recta.
Puede que Cabo faltara a clase el día que se explicaron los viajes de Colón, Magallanes y de Juan Sebastián el Cano y lo aprovechara para ir a apuntarse a las nuevas generaciones del PP; puede que el día que su profesor de física intentó meter en su mente las fórmulas teóricas del movimiento rectilíneo uniforme, él estuviera distraído intentando aprenderse de memoria la letra del himno de su amado partido.
Pero la física, las matemáticas, la geografía y la historia están en su contra.
El fiasco de Colón en el cálculo del tiempo que duraría su viaje se debió precisamente a que calculó las distancias a la India en línea recta. Estuvo a punto de morir a manos de sus tripulaciones porque no tuvo en cuenta la curvatura de la tierra en sus cálculos que aumentaba la distancia de forma casi exponencial. Y solo lo evitó porque América se puso en medio para salvarle la vida. Pero claro a él le acaban de decir que la tierra era redonda. Cabo no tiene esa excusa
El señor Director General debería saber que El Cano tardó tres años en circunnavegar el globo mientras que el primer intento aéreo tan solo llevó 175 días, debería saber que el actual récord marítimo está en cuarenta y cinco día mientras el aéreo se desgrana en horas minutos y segundos. Y ello porque unos van en línea recta por encima de la orografía y otros tienen que serpentear continuamente para atravesarla o eludirla.
Debería saber que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos pero que es imposible aplicarla en los trayectos a menos que vueles sobre la orografía del terreno.
A estas alturas del partido de excusas y explicaciones que intenta jugar Cabo, ya ha suspendido todo lo suspendible, incluyendo las matemáticas y la historia de la navegación. A menos que vaya introducir el revolucionario concepto de transporte escolar en helicóptero.
Sería triste -aunque no sorprendente.- que un director general de Centros Docentes tuviera tal cantidad de suspensos en asignaturas esenciales, así que solamente podemos interpretar otra cosa.
Que al cambiar el criterio a la imposible y absurda medición en línea recta sobre el mapa para la concesión de becas de transporte sabía perfectamente lo que ocurriría en Montserrat y en otros muchos sitios y quería que ocurriese.
Porque su partido, su ideología del recorte público y sus jefes políticos son mucho más importantes para él que su responsabilidad con la educación de los niños de su comunidad autónoma.
Puede que creyera que no se iba a notar. Pero nosotros lo notamos, las madres (y padres) de Montserrat lo notan y no existe en el globo, recorrido en línea “no recta” por el bueno de El Cano, nadie que no se dé cuenta.
Sus mentiras y explicaciones le convierten o en un necio que ha suspendido asignaturas básicas o en un manipulador corrompido por su propia necesidad de justificar lo injustificable. 
Podremos perdornarle que sea lo primero pero no vamos a consentirle que sea lo segundo.
¡Que elija! Este todavía es un país libre.

Hay días como hoy que se recuerdan


Hay días como hoy que se recuerdan.
Se recuerdan porque el mundo aclimata por una vez, sin intención alguna de hacerse precedente, precedente el ritmo de su movimiento, la cadencia inconstante de su giro, a la estúpida sonrisa que el comienzo de la felicidad dibuja en el rostro de aquellos que logran el instante de ser lo que han querido ser.
Hay días como hoy que se recuerdan
Persisten en el irregular tapiz de la memoria aunque lo sonrisa temprana mudara tiempo atrás en el rictus vacío del alma dividida, aunque el mundo volvía a girar en un ritmo tan lento que parara el latido, tan rápido que forzara a los cuerpos y almas a ser lo que no eran, tan constante por siempre en sus ritos y mitos que mudara la luminosa faz de aquello que se quiere para el otro por el cansado rostro  de lo que no supiste seguir dándole al otro.
Hay días como hoy que se recuerdan.
No escapan de la intricada cárcel del recuerdo porque en esa fecha, en esa jornada, en ese momento congelado por siempre de la pequeña historia que forma cada alma, la vida se reconoce a sí misma en las palabras, los gozos y las sombras. La existencia te deja ser tú mismo, desmontarte por dentro para dar lo que tienes.
Hay días como hoy que se recuerdan
No se borran del álbum de instantáneas de la vida aunque lo recibido se haya perdido y malgastado, aunque no se pudiera ver lo que se devolvía en pago voluntario por la entrega, aunque el goteo infinito de dar te vaciara, te llevara al olvido y aquello que llegaba de vuelta no te fuera mostrado, no sirviera para colmar de nuevo la reserva infinita de aquello que siempre habías dado.
Hay días como hoy que se recuerdan
Permanecen anclados al pecio bamboleante del recuerdo porque son solo un día. Porque un día de amor se dibuja en el alma con más fuerza que mil noches y pico de sexo sin contacto.
 Porque una noche de haber vivido todo como quieres vivir el resto de los días se te queda por dentro con más calor y fuego que meses de existencia negando lo que quieres, no dando lo que tienes y sin esperar siquiera que te regrese el alama para llenar el vacío que aceptaste dejar cuando decidiste entregarla.
Porque un día recordado te conduce a ti mismo, a lo que siempre fuiste y deseaste ser aunque la fecha que decora esa jornada no se imprimiera de igual modo en el recuerdo de quien la hizo distinta, aunque no se acordara nunca o ya no la recuerde.
Porque un solo susurro, dicho un día distinto donde el mundo empezaba, se imprime con más fuerza en la cara interior del corazón que docenas de gritos, que cientos de palabras sacadas con reproches, que miles de frases escritas con excusas baldías, que millones de párrafos cargados de explicaciones vanas y un acervo infinito de silencios sin espacio ni ganas de decir lo que ocultan
Porque un instante de amor pesa más en la balanza de oro, dolor y gozo del recuerdo que millones de segundos sumados con suspiros y gritos surgidos del placer vacío, que centenares eternos de jornadas de camino que se dejó volverse rutinario y continuo hacia el fiasco, que tres miles y pico de jornadas de la vida tiradas por dejar que los miedos cerraran los caminos de vuelta y las iras impidieran el cambio que desbrozara caminos diferentes para ser recorridos.
Porque el efímero tiempo empleado en emitir el sonido olvidado y hace inservible del sintagma que contiene un te quiero pesa más, aunque no  fuera devuelto en ese instante, en la mente, el alma y el recuerdo que veinticuatro millones de segundos pasados en silencio.
Hay días como hoy que se recuerdan aunque ya no habiten en la memoria de nadie a quien le importe.
Porque un día vivido, aunque no vuelva, es más grande y contante en la memoria que mil sobrevividos.
Por eso y mil cosas que callo, hay días como hoy que se recuerdan.

domingo, noviembre 25, 2012

El verdadero significado de la manida neutralidad


Días en los que todo parece hablar de lo que somos (pero pasan, por suerte o desgracia, los dejamos pasar)


Y de mi sombra un suspiro.
Y de mi piel la soledad.
Y de mi mundo ahora hundido sólo una verdad:
que no estás tú, y que no tengo nada más,
nada más, nada más...
Y se llenan tus palabras,
y te cuesta comprender
por qué escucha cuando le hablas,
pero no quiere entender.

Y se han deshecho vuestros lazos,

y ese cielo tan azul.
Y han quedado sus pedazos,
donde los pusiste tú.

Y es encontrar el vacío.

Y es descubrir
que la vida se te escapa
mientras alguien,
como cruel enemigo, escucha tu verdad
para ignorarla y no creer en nada más,
nada más...

y ahora quién llama al olvido.

Y ahora quién vuelve a contar estrellas
que no brillarán.
Si tú no cuentas conmigo
si no quieres soñar,
vete en silencio
ahora ya puedes olvidar,
olvidar...

Y se llenan tus palabras.

Y te cuesta comprender.
Por qué escucha cuando le hablas,
pero no quiere entender.

Y se han deshecho vuestros lazos,

y ese cielo tan azul.
Y han quedado sus pedazos
donde los pusiste tú.

Y vuelve cada madrugada.

Y vuelve cada amanecer.
El silencio en tu mirada tiene nombre de mujer.
Y se han deshecho vuestros lazos.
Y ese cielo tan azul.
Y han quedado sus pedazos
donde los pusiste, donde los pusiste tú...
Donde los pusiste tú...


Donde los pusiste, donde los pusiste tú...

Donde los pusiste tú...

Una ambulancia hace del liberalismo un mito olímpico

Hay mitos que se reproducen de generación en generación sin una explicación lógica. El efímero y reiterado arte humano de intentar modificar la realidad con la voluntad hace que determinadas creencias se repitan una y otra vez como una letanía ignorando el empirismo cotidiano que las desmonta una y otra vez. Como si el mero hecho de convertir una mentira en una letanía tuviese el mágico y arcano poder de transformarla en una verdad incuestionable.
Y eso funciona hasta que un simple hecho, apenas perceptible, apenas relevante para la civilización en su conjunto, hace que ese mito se descomponga en polvo entre nuestros dedos, como los restos de un cadáver viejo, como los granos de la arcilla que forman la anatomía de los dioses antiguos.
Y uno de esos mitos repetidos hasta la saciedad en esta sociedad nuestra disfrazada de civilización supuestamente imperecedera, una de las condiciones que modela el alma económica liberal capitalista, ahora muerta y congelada, del mundo occidental atlántico es el mantra de que la competencia genera beneficios y mejoras para el receptor de los servicios, para el cliente.
El Gobierno de Don Mariano manostijeras y toda su corte de podadores profesionales a tiempo completo persisten en su continua advocación a ese principio, insisten en su ensalmo salvador, pero un simple hecho, uno pequeño, ha demostrado que ese principio no funciona, que no puede funcionar: una persona que estuvo a punto de morir ha tardado 21 días en ser trasladada en una ambulancia.
¿Cuál ha sido el motivo? 
Se podrá decir que son los recortes sanitarios a los que Moncloa y todas las sedes de gobierno autonómicas están sometiendo al sistema sanitario público español de un extremo a otro de la rosa de los vientos hispana. Y no será falso. No lo será, pero le faltará un matiz.
No han sido solamente los recortes. Ha sido la competencia que imponen esos recortes.
Porque durante tres semanas dos administraciones sanitarias, la de Castilla - La Mancha y la Comunitat Valenciana han porfiado, luchado, regateado, en definitiva, competido, por librarse de ese cargo, de ese apunte en su cuenta de gastos y eso puede que haya repercutido positivamente en la cruzada de ahorro emprendida por el Gobierno para sustraer a la sociedad el dinero suficiente para pagar su rescate a las entidades financieras pero, desde luego, no ha sido positivo para un hombre hospitalizado en un centro sanitario de Toledo que debía ser trasladado e Valencia, después de haber sufrido un infarto cerebral.
Y el caso de José Gil, un grano de arena más en el engranaje de justificaciones grandilocuentes que este gobierno ha puesto en marcha para sus recortes, demuestra que los recortes no solamente nos roban la sociedad y el futuro a los que los sufrimos, sino que les roban los mitos ideológicos a aquellos que se esconden tras ellos para disfrazar de necesidad unas decisiones que solamente son producto de su pensamiento político elitista, monetarista y antisocial.
Porque la competencia furibunda entre la Santa Dolores de Cospedal, patrona del recorte, y Alberto Fabra, Máximo adalid del cargo a la sociedad de los costes del gasto de su manirroto predecesor, lejos de beneficiar a nadie, ha perjudicado a alguien que necesitaba un servicio que estaban obligados a darle. 
Porque la competencia entre las administraciones por ajustarse a los pírricos presupuestos que les han impuestos sus gobernantes para cubrir los agujeros dinerarios generados por la gestión política y bancaria de dos generaciones de gestores bancarios temerarios y de políticos corruptos nunca puede beneficiar a los receptores de los servicios que recortan.
No lo hace en Toledo con un traslado sanitario, no lo hace en León donde cinco administraciones se pasaron la patata caliente del gasto en servicios sociales de una madre y su hija hasta que la patata se enfrío con la muerte de ambas, no lo hace en Valencia donde la comunidad autónoma envía a las madres de un colegio al negocio del erotismo por negarles un simple autobús escolar, no lo hace en Madrid donde han sido necesarios dos meses de lucha para evitar el cierre de un hospital absolutamente necesario, no lo hace en Canarias donde gobierno autonómico y ministerio de Sanidad porfían por el coste de la atención a los enfermos crónicos. No lo hace en ningún sitio.
Un simple hecho, un simple gasto de 1.300 euros, desmonta toda la mítica competencia beneficiosa para el cliente, impuesta como creencia inalienable en la economía capitalista. Así de sencillo.
Los dos axiomas del gobierno económico liberal capitalista se anulan entre sí, no se pueden intentar ejecutar de forma simultánea. 
No se puede contener y recortar el gasto público al mismo tiempo que se encumbra la competencia como ideal de desarrollo de los servicios públicos, condenados al más salvaje darwinismo para su supervivencia.
Puede que por separado ambos conceptos tengan su nicho en la estructura económica y social. Es posible que la competencia sea aplicable cuando la bonanza hace que haya dinero público disponible para repartir, cuando se tenga garantizado que el gasto producido para la mejora de servicios en esa competencia, pero mientras no haya recursos, mientras estos se recorten a límites absurdos, ninguna competencia entre administraciones genera beneficios para los que reclaman y necesitan sus servicios.
Puede que en el ámbito privado sea favorable para lograr bienes y servicios más baratos. Pero mientras esa competencia no está contenida por una legislación laboral justa, por una legislación fiscal sólida en lo recaudatorio y firme en lo  impositivo, no generará ningún beneficio para los consumidores porque los precios seguirán creciendo al mismo ritmo que los márgenes de beneficio de los inversores y capitalistas y el número de personas que esté en condiciones de acceder a sus productos disminuirá al mismo ritmo que crecerá el desempleo, la precariedad y la contención -o incluso congelación salarial-.
Así que los recortes y la competencia se anulan entre sí.
Si, por separado son cuestionables y parcialmente inútiles, juntos son completamente inviables y el ejemplo perfecto de que los mitos responden a la voluntad y el deseo de los que los crean y los repiten de generación en generación, pero nunca a la realidad.  
Y eso lo demuestra una simple pelea de bar entre Fabra y Cospedal por el precio de una ambulancia que cubra el trayecto entre Toledo y Valencia.
Puede que Mariano Rajoy y Ana Mato no consigan pasar a la historia universal  con ese simple hecho que ha puesto en jaque durante 21 días a un paciente.
Pero es seguro que Cristóbal Montoro y Luis de Guindos serán estudiados en los libros de economía de generaciones venideras como los primeros que demostraron que los principios del liberar capitalismo eran inaplicables y simples mitos olímpicos, como la invulnerabilidad de Aquiles o de la capacidad metamórfica de Zeus.
Que los recortes son el equivalente al talón vulnerable del mito aqueo y la competencia entre administraciones es el remedo moderno del engaño continuo que suponen los constantes cambios de forma de la deidad griega.
Una debilidad y un engaño que juntos no pueden tener lugar en el mundo real. 
Quizás en el Hades, donde todo ya está muerto y no le importa seguir estándolo, sí. Pero no en una sociedad que quiera avanzar hacia el futuro.

viernes, noviembre 23, 2012

El silencio en Euskadi también muestra lo que piensas


Hay actos que, quizás por inesperados y sorprendentes, desnudan sin quererlo -o pretendiéndolo, que nunca se sabe- a todos aquellos que se ven obligados a reaccionar ante ellos, a forjar una opinión sobre los mismos.
Y eso es lo que ha ocurrido en las tierras de Euskadi, esa trozo de tierra y mar en el que una guerra se extendió durante más de 30 años por el impulso ideológico negligente de unos y de otros, con el repentino llamamiento de Bildu a secundar el homenaje que se hará en Beasain, en el mismo lugar donde dos agentes de la Ertzaintza fueron asesinados hace 11 años por ETA.
Más allá de lo que haya que decir de Bildu y sus acciones, de aquellos a los que siempre se daba por supuesto que nunca harían determinadas cosas -como esta- que la final han terminado haciendo, este llamamiento hace que de repente se queden desnudos, como hoplitas sin termopilas, como San Jorge sin dragón, aquellos que deberían haber reaccionado al segundo, a bombo y platillo, a este asunto.
Pero no se quedan desnudos en sus palabras. Se quedan desnudos en algo que siempre han creído que les mantenía tapados y a cubierto. Se quedan desnudos en su silencio.
Porque aquellos que no pierden el tiempo en abrir la boca ante una pancarta mal traducida, ante una impresión térmica de tal o cual rostro en una camiseta. Ahora callan. Porque aquellos que no pierden ni en segundo en convocar micrófonos para exigir investigaciones fiscales, acciones judiciales o cualquier otra acción que demuestre que los chicos de Bildu mienten y siguen apoyando el terrorismo, ahora que se trata de refrendar que la izquierda abertzale ha renunciado a la violencia y comienza a intentar suturar las heridas que impiden la reconciliación, permanecen en silencio.
Porque aquellos que abren la boca desde Estrasburgo o Madrid para llamar a la continuación de una guerra inútil, fratricida y ya perdida por ambos bandos gracias al pueblo de Euskadi ahora, que se trata de aclarar la garganta para hablar de paz y reconciliación, la mantienen cerrada.
Y eso dice de ellos más que cualquier cosa que hayan dicho, manifestado, afirmado o declarado, a pleno grito y a pulmón lleno en sus medios afines y sus mítines multitudinarios. Porque su silencio habla por ellos. Dice por ellos lo que piensan.
El sordo rumor que rodea hoy las laringes mudas, las estáticas cuerdas vocales, de aquellos que quisieron colgarse la vitola del constitucionalismo y el Estado de derecho nos muestra sus pensamientos tan al desnudo que nos permite decodificar lo que realmente significaban sus palabras.
Hace posible comprender que cuando hablaban de terrorismo querían decir independentismo, que cuando mencionaban la paz estaban hablando de victoria, que cuando su llenaban la boca de justicia estaban clamando por la venganza. Que cuando se referían a Euskadi lo usaban como sinónimo de enemigo.
Porque si no fuera así, hoy hablarían y lo harían en favor de Bildu. Porque si no fuera así hoy emitirán sonidos y lo haría para decir que dado el paso por los que creyeron a un bando ahora toca darlo a los que comulgaron con el otro, porque si no fuera así hoy estarían diciendo que el siguiente paso sería que la participación de todos en un homenaje a Lasa y Zabala, por ejemplo, tan injustamente en un enfrentamiento sinsentido como lo fueron los dos ertzainas de Beasain.
Pero su silencio se impone porque saben lo que tienen que decir no debe ser escuchado. Porque no pueden decir nada en contra del  acto de Bildu, porque saben que no pueden afirmar lo que realmente piensan: que Bildu, la izquierda abertzale y todo vasco que defienda el independentismo, el soberanismo o simplemente el nacionalismo es y será siempre su enemigo.
Dejaría claro que el terrorismo, la constitución y la justicia eran solamente excusas que ocultaban su verdadero odio, su auténtica guerra nacional españolista como la independencia lo era solamente de los intereses mafiosos y despóticos de ETA.
Y al callar comenten el mismo error que otros muchos han cometido a lo largo dela historia, que otros muchos cometemos en el ir y venir de nuestras vidas cotidianas. Creen que callar les oculta de los demás, les mantiene a salvo.
Como otros muchos occidentales atlánticos, yerran al pensar que no hablar de nuestros pensamientos con nadie nos hace irresponsables de ellos, que ocultar lo que pensamos, no compartirlo con los otros -por muy cercanos que estén- y encerrarlo en el ámbito de una intimidad depredadora y engrandecida nos mantendrá a salvo de explicar, asumir y justificar esos pensamientos ante los demás.
Pensamos que el silencio, el velo de ocultar lo que pensamos y hacemos a los otros, es la mejor herramienta para vivir nuestro sueño de aislamiento seguro en el que podemos hacer lo que se nos antoje sin necesidad de renunciar a nuestro falso derecho inalienable de no rendir cuentas -o por lo menos dar explicaciones- ante nadie.
Los adalides del españolismo radical en Euskadi y fuera de ella callan ante la acción de Bildu porque no quieren ser conscientes de una realidad oculta en la primera frase de una premisa que el acervo popular ha repetido hasta el hartazgo.
No solamente somos esclavos de nuestras palabras, también lo somos de nuestros pensamientos. Las primeras nos exponen ante los demás y los segundos nos desnudan ante nosotros mismos.
Y por eso el silencio nunca puede ser el arma definitiva para ocultarnos, para mantenernos a salvo. Porque lo que no decimos, lo que ocultamos y lo que callamos revela nuestros pensamientos tanto o más que lo que decimos. Y eso nos obliga a responsabilizarnos de ellos.
En Euskadi, en España y en cualquier parte del globo terráqueo. En la política, en la sociedad y cualquier faceta de la vida.
El silencio habla más que calla. Nos responsabiliza ya sea de palabra o de pensamiento.

La burda Santísima Trinidad de la educación de Wert


Tradicionalmente se ha achacado al conservadurismo político de esta civilización nuestra una mítica capacidad manipulativa que le hacía más artero, más sibilino y a la vez más inteligente y eficaz para sus fines que la más directa y en ocasiones burda de aquellos que dicen descender ideológicamente hablando de los que se sentaron a la izquierda del rey en los Estados Generales de Francia que hizo sonar sus miedos y deseos en aquello ya casi olvidado llamado Revolución Francesa.
Pues bien, el conservadurismo que nos hemos dado como Gobierno, empeñado como está en desmentirse constantemente a sí mismo en su liberalismo, su programa electoral y su interés por España, también ha decidido desmentir esa supuesta superioridad maquiavélica, es capacidad manipulativa que se asigna a la diestra política. Y lo ha hecho de nuevo en su campo favorito, en el ámbito que parece disfrutar más: desmantelando la enseñanza pública.
Cuando han pasado un poco más de dos jornadas de toda la polémica sobre la evaluación de centros y su publicidad para ayudar a los padres en la "libre elección de centro", que en realidad se traducía como en "no dejar a los padres otra posibilidad que elegir un centro privado o concertado", llega la segunda parte, el colofón que explica y contextualiza definitivamente ese repentino interés por poner notas a los centros y distribuirlas como octavillas propagandísticas entre los padres de alumnos.
La LOMCE -otras siglas más que unir a la larga lista de acrónimos legales que hay que aprender de carrerilla, como la ancestral lista de los reyes godos, para poder hablar de Educación en nuestro país- incluye un punto, un ínfimo aparado, casi irrelevante: Educación, el feudo inexpugnable de José Ignacio Wert, dará fondos públicos a los colegios con mejores resultados.
Y, aunque Wert intente hacer pasar esa medida casi inadvertida y en lugar de presentarla él, que con  su gallarda soberbia de trasnochado hidalgo español se ha ganado la permanente atención de los medios, envía a una de sus validos -¿o será validas?, ¿qué pensara al respecto el Conde Duque de Olivares?- a dar la buena nueva, esa medida lo explica todo.
Ese artículo de la Ley Wert convierte la política educativa del Gobierno en uno de los ejemplos más burdos de manipulación política desde la Agitpro soviética, desde el ministerio regentado por Goebbles. Desde La Inquisición y sus autos de fe.
Porque ese dinero, que ahora está siendo detraído de la enseñanza pública a través de los recortes continuos y constantes, de los ingresos de los ciudadanos vía impuestos, en definitiva, de todo lo público, podrá ir a parar a los centros públicos, concertados y privados.
Y aquí es donde la manipulación se hace tan evidente y burda como lo eran los ramos de flores explosivos arrojados por los anarquistas o los carteles y manuales del nacional catolicismo de antaño.
Si estas inyecciones de fondos se distribuyeran entre los centros públicos -incluso entre los concertados- sería una buena medida. Podría  instaurar una competencia entre los centros por mejorar, por no caer en la rutina de un sistema educativo inmóvil y mastodóntico -una tendencia casi natural que debe siempre controlarse en el sector público-. 
Cierto es que podría originar algún desajuste puesto que el dinero iría a los centros mejores con más regularidad, limitando la capacidad de mejora de aquellos que empezaran en peores condiciones. Pero, con algunos ajustes que evitaran esa inercia, beneficiosa en esencia.
Un sistema -por poner un ejemplo mundano- parecido a los drafts de las ligas deportivas estadounidenses, en las que los peor clasificados en una temporada tienen la oportunidad prioritaria de fichar a los mejores jugadores para la campaña siguiente sería una corrección plausible que posibilitaría a los centros públicos pero colocados y evaluados tener prioridad a la hora de ser sufragados en sus programas de mejora educativa por delante de los demás.
Pero la inclusión de la enseñanza privada en esa ecuación desbarata por completo el esquema, aunque así dicho de pasada, no lo parezca. La inclusión de los centros privados en el esquema de las cosas convierte la medida en un evidente ejercicio de manipulación que ya ni siquiera consiguen hacer pasar inadvertido.
Completa la Santa Trinidad del desmantelamiento completo y sin retorno de la Enseñanza Pública.
Porque los recortes en los presupuestos educativos de los centros estatales dejan sin recursos, laboratorios, becas, profesores ni capacidad de mejora a la enseñanza pública.
Y la persona paterna de esta trilogía conducirá de forma indefectible a la segunda. El Hijo Unigénito de los recortes se hará carne en  los últimos puestos de la lista de centros que se hará pública y de la que dispondrán los padres a la hora de elegir centro.
Como ocurre en todo sistema de personas teologales, el Padre y el Hijo darán carta blanca al Espíritu Santo de la política Wert en Educación que descenderá sobre las cabeza de la Enseñanza pública en forma de imposibilidad de que se encuentre en condiciones de presentar programas de mejora educativa viables ya que no contará con el personal suficiente o con las instalaciones adecuadas y por tanto siempre perderá la pugna con la privada que podrá hacer inversiones previas sin depender del dinero que decida darle en cada ejercicio un Gobierno que no está dispuesto a sufragar la educación pública más allá de unos mínimos insuficientes, como ocurre con el actual.
Y así Recortes, evaluación de centros y ayudas finalistas completarán la trinidad del evangelio educativo del ministro Wert, elevando a la educación privada -y sus ganancias económicas- a los cielos por los siglos de los siglos y haciendo descender la enseñanza pública a los infiernos por toda la eternidad.
Tan obvio como un auto de fe, tan burdo como un cartel propagandístico de la  mítica Agitpro soviética. Tan directo como si cerraran todos los colegios e institutos públicos pasado mañana.

jueves, noviembre 22, 2012

La belleza de las madres de Montserrat y la fealdad de Educación nos mandan de vuelta al Siglo de Oro.


Estamos en el Siglo de Oro. Y no nos confundamos no es que haya resucitado El Fénix de los Ingenios, no es que las representaciones teatrales y la producción artística hayan experimentado un estallido efervescente de proporciones históricas. 
Estamos en el Siglo de Oro porque la miseria vuelve a campar por las calles en forma de picaresca para anclarse a la supervivencia; volvemos a los tiempos de la corte de los Austrias Menores porque la belleza vuelve a ser el principal espejo en el que se refleja la absoluta fealdad de la sociedad que estamos dejando que construyan para nosotros; hemos sido arrojados de nuevo a la España del imperio decadente porque de nuevo nos vemos obligados a prostituirnos para lograr aquello que es nuestro por derecho.
Y las madres de Monserrat, el conjunto de mujeres que han decidido protagonizar un calendario erótico para lograr un autobús escolar, es el mejor ejemplo de que la belleza puede esconder en estos días la fealdad del reinado de Rajoy y sus validos desde Moncloa.
No es un calendario solidario de esos de bomberos por una buena causa, no es un arranque erótico y divertido para recaudar fondos para tal o cual actividad beneficiosa, ni siquiera es un hecho voluntario.
Es un último recurso obligado para recuperar algo que tenían, algo que les corresponde, algo para lo que no deberían tener que exhibirse. Un autobús escolar que ahora, por mor de los recortes, ha arrojado a 83 niños de un patada financiera a Etiopía o Kenia, donde los éxitos en el atletismo de medio fondo se fraguan durante años de ir y venir corriendo del colegio a lo largo varios kilómetros.
Y su belleza, exhibida después de haber intentado todo lo demás -marchas, protestas, encierros, reclamaciones...-, es el principal ejemplo de la absoluta fealdad de un Gobierno que les obliga a utilizar el erotismo sexual para lograr sufragar algo a lo que tienen derecho.
Y que conste que lo de prostituirse no es ni de lejos un juicio moral -de los que tanto gustan en los lares genoveses-, sobre lo que hacen esas madres, sino que pretende ser un bofetón con la mano abierta en el rostro de aquellos gobernantes que no tienen la más mínima ética. No son ellas las que se prostituyen. Es quien les niega el autobús quien se prostituye, vendiendo su gobierno a intereses que nada tienen que ver con las necesidades de la sociedad y utilizando a las madres de Monserrat como rehenes y herramientas.
Porque la belleza de las madres de Monserrat no solamente está en sus curvas sinuosas, está en el arrojo que hace falta para seguir insistiendo en una educación necesaria para sus hijos hasta llegar a buscar y plantearse cualquier solución posible para poder seguir escolarizando a sus vástagos.
Porque la belleza de las Madres de Monserrat no está solamente en sus vergüenzas elegantemente exhibidas -aunque, visto lo visto, pocas tienen algo de lo que avergonzarse en ese sentido-, sino en el coraje que es necesario para no instalarse en la resignación cuando las autoridades educativas les dan como única solución la nada, cuando les dicen que recortan el transporte porque "la educación infantil no es obligatoria" o "para no tener que poner transporte en todos los colegios de la Comunitat Valenciana".
Porque el calendario de las madres de Monserrat aunque parece exhibir su belleza, como los poemas del Siglo de Oro, lo único que muestra es la absoluta fealdad de aquellos que las fuerzan a mostrarse.
La absoluta fealdad de un gobierno que niega un autobús escolar a niños, que sin coche parental tienen que recorrer seis kilómetros a pie, mientras se destinan 33 millones de Euros, solo en la Comunidad de Madrid, a sufragar la enseñanza de la religión que, por cierto, tampoco es obligatoria.
La completa deformidad de un gobierno autonómico que niega el transporte para la educación infantil pública pero que gasta siete millones de euros en un Gran Premio de Fórmula 1 que solamente le reporta una pérdida de dos millones de euros.
La retorcida desproporción de una ideología y una política que recorta en lo esencial para conseguir dinero que gastar en lo superfluo, como es rescatar a entidades financieras, que están como están por financiar sus megalómanas y faraónicas obras públicas -lo de públicas es por decir algo- y sus continuas y desproporcionadas campañas electorales.
Y, para más descaro, se atreven a decir que "repetan la inciativa". Como si tuvieran algo que decir al respecto, como si no fuera suficiente que no se les haya caído la cara de vergüenza por obligar a un puñado de madres de alumnos a tomar ese camino por imposibilidad de utilizar cualquier otro. Como si su respeto sirviera para algo, tuviera algun valor, fuera cierto. Si las respetaran no las hubieran forzado a esa acción. 
A lo mejor preteden alentarlas a que hagan lo mismo cuando sus hijos pasen a primaria y no tengan becas para libros. Así también podrían ahorrarse ese dinero para gastarlo en otro aeropuerto fantasma o otro puerto deportivo desierto.
Así que las madres de Monserrat no son más bellas por lucir sus hermosuras en papel satinado para lograr dinero para un autobús escolar pero los gobiernos autonómico y central si son mucho más feos y deformes por permitir que ese servicio dependa de lo que puedan recaudar a través del recurso a los impulsos básicos colgados en un taller mecánico o en la cabina de un camión de transporte
Así que hemos vuelto al Siglo de Oro.
Pero no al de "más rubio el oro que de Oriente vino/ ni más puro, lascivo y regalado/ espira olor el ámbar estimado/ ni está en la concha el carmesí más fino", de la hermosura de la amada de Lope y las madres de Montserrat.
Hemos vuelto al de "Parece que no tiene sangre en vena/  Inútil, arrugada, vieja y fea/ que su mismo semblante es su condena" de la alcahueta de Hurtado de Mendoza y la política de Educación de nuestro gobierno.
No al Siglo de Oro de la belleza, sino al de la miseria.

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