miércoles, septiembre 05, 2012

Un sopapo de puta echa al posfeminismo al Vaticano (yII)


Habíamos dejado a Morgane Merteuil, líder de los trabajadores sexuales de Francia, abofeteando públicamente como a un infante travieso de antaño al feminismo radical novecentista a ancestralmente vaticano. Sigamos
Para rematar la faena, la puta que prefiere serlo, arroja un último guante al rostro de aquellas que medran con su supuesto feminismo. "No son ni emancipadoras ni creadoras de nuevas cosas, salvo para las que buscan un trampolín caliente hacia el Gobierno", afirma Morgane, denunciando con labios femeninos algo que siempre es ignorado cuando se explicita desde gargantas masculinas.
El único objetivo de esas feministas de generalización victimista y falsa estadística manipulada es acceder al poder. De ahí sus paridades, de ahí su obsesión con los gobiernos y los consejos de administración paritarios a golpe de ley y de decreto. No piden paridad en la mina de carbón, en el pesquero en alta mar o en la calurosa recolección de la aceituna. La piden, la exigen, en el poder, sólo en el poder.
Si hasta las mujeres ya se dan cuenta de eso. Algo no funciona en su estrategia.
Y entonces, cuando ya tienen la cara irritada de tanto recibir pasan al ataque y sueltan su batería de estribor contra Morgane.
Ella cita a Virginie Despentes y Grisélidis Réal, filósofas feministas que ellas probablemente ni siquiera conocen, pero la acusan de ignorante. Ellas solamente siguen como las tablas de la ley de un Deuteronomio feminista el más paranoico feminismo estadounidense cuyas teóricas llegaron a argementar que era irrelevante que el genero humano desapareciera pero que la mujer no debería relacionarse con los hombres -sí, buenas gentes, eso defiende McKinnon, la musa inspiradora de nuestros feminismos patrios-.
Por eso no son capaces de contrarrestar su afirmación de que "no es creíble una sociedad binaria, que opone a hombres y mujeres, porque las relaciones de dominación son más complejas y se sobreponen varias opresiones".
Y sus oponentes ideológicas – ¿quién se lo iba a decir? Ellas, tan apoyadas por algunos gobiernos, tan bien posicionadas, tener que defender su ideología frente a una puta-. No son capaces de contraargumentar.
No pueden hacerlo porque no son capaces de reconocer que en todas las otras formas de dominación, la económica, la afectiva, la social e incluso la sexual la mujer es tan agente de la dominación injusta como el hombre puede ser víctima de ella, así que la acusan de ir contra la dignidad de las mujeres por decir que es digno utilizar el sexo económicamente.
No diré que eso entraña unos riesgos sociales y personales que hay que valorar. No diré que restarle al sexo las dimensiones relacionales y afectivas puede crear una objetivización de las personas que las convierta a unas en simples herramientas de las otras, sean mujeres u hombres. Pero eso también ocurre cuando vamos a la caza del polvo de viernes por la noche, cuando unas y otros disgregan tanto sexo de afecto que no crean vínculo ninguno con quien lo practican. 
Y eso, sin dinero de por medio, es lo que defiende como ideal el constructo colectivo del postfeminismo radical -junto con otra mucha gente, por suspuesto- sin que les parezca pernicioso. Vamos, que les da igual.
Y también les da igual que ellas no cuestionen ni hayan cuestionado nunca, ni pública ni privadamente, el hecho de que haya mujeres que decidan casarse y ofrecer sexo matrimonial para tener una vida de lujos o asentada económicamente, da igual que nunca hayan cuestionado como indigno que una mujer decida aprovecharse del sexo, de la insinuación sexual o de la provocación erótica para ascender en su trabajo por encima de hombres que no pueden tirar de esas armas, da igual que ellas nunca hayan criticado el más común de los chantajes sexuales que supone el negarte a tener sexo hasta que tu pareja te baja las cortinas, saca los billetes para ir de vacaciones al lugar que tú quieres o no te compre por tu cumpleaños ese bolso tan mono que cuesta medio sueldo. 
Todo eso son formas económicas de utilizar el sexo y no hay un solo escrito del feminismo postradical y agresivo que las considere indignas -y mira que se han puesto a escribir cosas-. Como mucho cuando sale el tema, sonríen y dicen "ves como eso demuestra que somos más listas y ellos son primarios". La culpa es del hombre que se casa, del jefe que la asciende, del marido que le niega el capricho porque "¿qué otra cosa puede hacer una mujer en un mundo de hombres?"
Y como de nuevo la puta ignorante e indigna las deja en la cuneta cuando afirma que "Solo podremos calificar el feminismo como una lucha por la dignidad de las mujeres, si se entiende esta como una lucha para que cada mujer pueda ser considerada digna, sean cuales sean sus elecciones", pues entonces la acusan de ingenua.
Tiene una carrera universitaria, lleva ganándose cinco años la vida con el sexo, ha leído y analizado filosofas cuyos textos son de más difícil acceso intelectual que el legado hermético del trimegisto pero ellas, que llevan viviendo años en sus poltronas, que piensan ancladas en un modelo de hombre que ya no existe y en un sueño de mujer que nunca existirá, se atreven a acusarla de ingenua.
Y Morgane se encoge de hombros con la misma indiferencia con la que rechazaría la oferta poco ajustada de un cliente en la Rue de Rivoli y simplemente dice:
"Sí, los hombres pueden ser tiernos y precavidos. Sí, las mujeres pueden amar el culo. Y sí, prostituirse puede ser una forma de reapropiarse del propio cuerpo y la sexualidad"
Y ahí acaba todo.
Contra una mujer que no considera al hombre, aunque la pague por sexo, su enemigo y que le reconoce la condición de ser humano el feminismo radical, marcial, fascista y combativo no tiene argumento posible.
Menos mal -casi se puede escuchar su suspiro de alivio- que Morgane Merteuil es puta. 

1 comentario:

Tu economista de cabecera dijo...

Excelentes los dos posts. Difundo.

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