jueves, septiembre 06, 2012

Olvido Hormigos, la dimisión de la mujer necesaria


Hay una señora que está de muy buen ver -y no se me ofenda, que sé que eso no es lo más importante en su definición como mujer y como persona y se lo digo solamente con admiración-, hay una señora que es concejala de un pueblo toledano, hay una señora que pese a sus años de matrimonio aún le echa imaginación a la relación, hay una señora que disfruta del sexo y del amor.
Hay una señora que maneja la tecnología con cierta desenvoltura, su cuerpo y su placer con total libertad y su amor con absoluta imaginación. Hay una señora que se llama Olvido Hormigos que va a dimitir de su puesto en la corporación municipal por todo eso.
Bueno, en realidad va a dimitir por otras cosas.
Va a dimitir porque hay un pueblo llamado Los Yébenes de 6.400 habitantes en el que sus pobladores han decidido comportarse como seres pacatos, novecentistas y  dignos de la España costumbrista de Pérez de Galdós y casi del esperpento carpetovetónico de Valle Inclán.
Va a abandonar su cargo porque una población ha decidido que el cotilleo, el horadar en la vida íntima y privada de los demás, es un derecho universal ineludible que nadie puede quitarles.
Va a marcharse a su casa porque un hacker de tres al cuarto ha decidido mostrar lo acaecido en la intimidad de un dormitorio para divertirse y publicar en Internet todo aquello que ni a él ni a nadie le compete. Porque alguien, escudado tras una identidad tan falsa como sus motivaciones, ha subido a las redes un video, conseguido con toda seguridad de forma delictiva y que no añade ni resta nada a lo que Los Yébenes y el resto del universo conocido debe o tiene derecho a saber sobre una señora que es concejala y que se llama Olvido Hormigos.
Va a dejar su puesto porque la policía, la Guardia Civil o a quien le toque, pone esfuerzo y recursos para que yo no me baje una película y pague los derechos a gente que ya es millonaria pero no dedica ni un segundo de su ajetreadas jornadas a descubrir quién ha subido ese vídeo, de donde lo sacó y a ponerle a disposición de la justicia.
Va a retirarse de la actividad política porque cientos de descerebrados comentaristas de foros y páginas diversas han decidido que tienen patente de corso para realizar intervenciones hirientes al ver un video que ni siquiera tienen derecho a conocer. Porque foreros de poca monta que se indignan en defensa de la copia privada y de la libertad luego pueblan de emoticonos eróticos una pantalla afirmando que la concejala ganará más dinero dedicándose a realizar ese tipo de videos o le piden, entre bromas groseras sobre su anatomía, un show privado, ignorando que ellos no han cuidado, querido y complacido jamás a esa señora como probablemente ha hecho su marido para merecer tal regalo.
Va a despedirse de su cargo porque alguien ha decidido importar la hipocresía protestante de allende los mares que hace que sea más importante que Kennedy se acostara con Marilyn que el hecho de que evitara dos guerras y quisiera poner fin a otra, que se recuerde más que Clinton practicara sexo oral con una becaria que la realidad de que pusiera en marcha la cobertura sanitaria universal en Estados Unidos. 
Porque aparte de eso, de las hamburguesas y de la Coca Cola, no nos hemos traído nada de ese país. Y desde luego no nos hemos traído The Bill of Rights.
Va a renunciar porque sabe que seguramente algún cabestro disfrazado de rival político sacará el video a colación, cuando en los próximos comicios necesite votos, para definirla, para ponerla en entredicho, después de muy probablemente haberse masturbado secretamente con él video en la seguridad de su disco duro con clave de acceso de Windows 7.
Va a tirar la toalla porque una corporación municipal que probablemente cerraría filas ante la puerta del consistorio y en silencio ante otras formas de maltrato no lo hace cuando ese maltrato proviene de todo un pueblo, de una sociedad cotilla e irrespetuosa con lo íntimo en general y que desde que existe Internet cree que todo lo que está en la red es público, se puede opinar sobre ello y no tiene por qué cuestionarse su origen.
Y yo, en contra de sus compañeros de partido, no puedo pedirle que no dimita. No puedo hacerlo porque no vivo en Los Yébenes.
Porque no voy a estar a su lado cada vez que vaya a trabajar, que salga a comprar, para ayudarla a defenderse de miradas reprobadoras o lascivas, para ayudarla a responder a comentarios susurrados de beatas pacatas y vecinas, envidiosas de su cuerpo y de su libertad. No puedo hacerlo porque no estoy en condiciones de contribuir a su defensa más allá de este post.
Lo que sí puedo pedirle a Olvido Hormigos, porque no hace falta que yo esté ahí, que yo la apoye y ni siquiera que yo lo vea -como no he visto el video- para que lo haga, es que no deje de ser una señora que maneja la tecnología con cierta desenvoltura, su cuerpo y su placer con total libertad y su amor con absoluta imaginación.
Puede que Los Yébenes necesiten concejalas, pero lo que es seguro es que España, el mundo en general y las relaciones afectivas humanas necesitan mujeres y hombres como ella. Aunque ninguno lo veamos ni tengamos derecho a verlo.

5 comentarios:

Rafarunner dijo...

Cuando "clikeo" para comentar me sale un anuncio del inglés con mil palabras... Ahí lo dejo para tu reflexión.
Con respecto al tema, lo de la dimisión es lo de menos, yo pediría una orden de alejamiento a todo poblador (Hombre o mujer)de Los Yébenes con un coeficiente menor de 100. ¿Cómo coño se saca un vídeo de un teléfono privado?
En fin, país...
Saludos

Anónimo dijo...

No hay hacker. Lea usted.

Rafarunner dijo...

He leído hoy que fue un amigo el receptor del vídeo y el primer divulgador. Ahora se aclara el método. Vistas las imágenes de la turba gritando, me reafirmo en lo de la orden de alejamiento.

devilwritter dijo...

Hacker es también todo aquel utiliza Internet para divulgar de forma ilegal información. Assante no rompió ningún ningún servidor ni pirateo ninguna señal. Se limitó a tomar información que otro el dio y subirla a Internet y se le considera un hacker.
Lea usted, anónimo, lea usted.

Anónimo dijo...

Vaya, ahora parece que el video se lo mandaba a su amante. Por lo visto esa señora no es precisamente una mojigata. Bueno ¡y qué! eso solo le importa, o solo le debe importar a ella, a su supuesto amante y a su marido, a nadie más. Y los pobladores de Los Yébenes deberían ser condenados a recibir clases de educación sexual y comportamiento cívico
Arturo

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