jueves, agosto 25, 2011

El humo de Bildu atraganta al nacionalismo español

Cuando se busca el ridículo con ahinco termina por encontrarse. Esa es una máxima que parecen querer aplicar a rajatabla todos los partidos falsamente llamados constitucionalistas en su estrategia de oposición a Bildu.
Para empezar el ridículo surge de que los gobiernos hagan oposición. Se comprendería que los partidos donostiarras la hicieran. Pero desde que Garitano y sus mesnadas electorales desembarcaran cargadas de sufragios en las instituciones vascas parece que hubieran accedido al gobierno de la nación.
Los líderes nacionales, los partidos nacionales españoles y todo el aparato político español habla de ellos constantemente, les exige cosas, les demanda actuaciones. Vamos, como si ya gobernaran en Euskadi.
Pero, mal que nos pese, ese es el ridículo más ínfimo que están protagonizando aquellos que se empeñan en convertirse en investigadores judiciales y recabar nuevas pruebas fehacientes e inconfesables de algo que ya está dictaminado y sentenciado por la judicatura.
Han echado el estío político por el sumidero persiguiendo la imagen de alguien hablando con los familiares de los presos, atesorando el dato del ex batasuno que ha sido contratado en tal o cual ayuntamiento, cuestionando uno u otro apretón de manos o poniendo el grito en el cielo por una u otra instantánea de pintxos y txiquitos institucionales.
Han abierto la boca y han introducido de golpe en sus vías respiratorias todo el humo que Bildu esta poniendo en el aire para ocultar otras cosas.
Como a fuerza de llamarse demócratas una y mi veces han terminado por creerse que todo lo que hacen ellos es democrático, se han olvidado de lo que supone hacer oposición democrática.
Siguen intentando virar una decisión judicial y se olvidan de hacer lo que la oposición democrática -ya que han decidido serlo en España y las urnas han decidido que lo sean en Donosti y Guipuzcoa- tiene que hacer.
O sea, hacer oposición.
De tanto tremolar el victimismo universal en sus campañas, de tanto tener al terrorismo como simbionte político se han olvidado que la oposición no es negar un saludo, no es criticar una reunión, no es escrutar los antecedentes de nadie.
Mientras se preocupan de quien habla con quien en que fiesta institucional olvidan hablar de la política lingüística -o de la ausencia de ella, en el caso nacionalista-, mientras se atrincheran en la necesidad de sus escoltas, arrinconan las obras públicas, las inversiones, la gestión de las ayudas al desempleo o la política de festejos.
No he leído, escuchado o visto una sola crítica de oposición a los cargos electos de Bildu que tenga que ver con su función política, con su gestión municipal, con las decisiones de Garitano como Diputado General de Guipuzcoa -si es que ha tomado alguna y si es que el Diputado general de Guipuzcoa tiene capacidad para tomar alguna decisión-.
Tanta atención ponen en los facebook y los twiters de Bildu que parece que las actas municipales de Donosti no son dignas de ser leídas, que los bandos municipales nada tienen que ver con la política.
Todos aquellos que han hecho de Bildu el objetivo de su caballería política, todos aquellos que han incluido en sus programas electorales -oficial o arteramente- el punto de descabalgar a Bildu del caballo institucional están haciendo el ridículo porque se empeñan en recordar a Euskadi y a todos lo demás lo que ya sabemos.
Euskadi ya sabe que son abertzales, eso no hará que dejen de votarles; los habitantes de las tierras vascas ya saben de donde vienen, eso no les restará un sólo sufragio de los que recibieron, pero el nacionalismo español -y en parte el vasco- sigue intentando que eso sea la clave para la destrucción del nuevo grano en sus posaderas políticas que les ha salido en forma de partido abertzale legalizado.
Una formación bisoña, no acostumbrada al gobierno ni a la gestión, una formación fuertemente ideologizada y una coalición cogida casi por los pelos y lo único que los supuestos profesionales de la acción política de este país deciden echarle a la cara es con quién habla y con quién no, a quien apoyan en la soledad de sus salones y a quien no.
Si de verdad quieren que los votantes vascos se desmarquen de Bildu lo único que tienen que hacer -que democráticamente pueden hacer- es criticar su gestión, su gobierno allá donde gobiernen y todo lo demás es tan absurdo que roza el ridículo.
Roza el ridículo actual y prepara el ridículo futuro.
Si todas las andanadas de la armada de la política del nacionalismo español disparan contra la misma línea de flotación. Si todas las exigencias se resumen en que exijan -ya no pidan, deseen o anhelen, que exijan- la disolución de ETA y que se solidaricen con las víctimas de esa banda mafiosa que un día cometimos el error de considerar como un grupo de terrorismo político. Si todo se reduce a eso...
¿qué pasará cuando en su pegada de carteles para las elecciones en Euskadi, Martín Garitano diga a voz en grito que apoya a las víctimas de ETA y exija más alto todavía la disolución de la banda asesina?
El PP vasco y el PSE han deglutido la cortina de humo que Bildu les ha arrojado a la garganta y pierden en el tiempo con una estrategia que ya se ha demostrado absurda e inconsecuente, Como hicieran antaño -no demasiado- con la condena de la violencia, han puesto todas sus esperanzas en el convencimiento de que eso no se va a producir, han colocado todos los huevos en la cesta de que Garitano y sus chicos nunca harán eso, de que se lo podrán estar echando en cara eternamente, de que será un argumento eterno y recurrente.
Por más que exijan, que demanden, que exhorten a Bildu a que diga exactamente la frase que ellos quieren oír en realidad no quieren que lo haga, esperan que no lo hagan, ansían que siga sin hacerlo. Como pasó con Sortu. Como pasó con ETA.
Porque si lo hacen ellos ya no tienen nada que llevarse a sus macilentos carrillos electorales en Euskadi
Porque cuando lo hagan, que lo harán -si no por convencimiento sí por oportunidad- volverán a darse cuenta del rid´ñiculo que supone no estar preparado para que ocurra algo que, supuestamente, se ha deseado que ocurra.
Y será la segunda vez.

La reforma constitucional de la esquela mortuoria

Vaya pues nos cambian La Constitución.
O no, que todo depende de lo dispuestos que nuestros ínclitos partidos mayoritarios estén a abandonar sus férreas e inamovibles naturalezas ideológicas para lograrlo.
No ha sido para garantizar el acceso de la mujer a algo a lo que no debería tener acceso ni siquiera el hombre, la Corona monárquica; no ha sido para cambiar las normas del referendo u permitir algo que todos deberían tener: el derecho a elegir donde y con quien quieren tener su historia como pueblo.
Nos cambian La Constitución para algo mucho más prosaico, mucho más necesario -dicen ellos-. Nos cambian La Constitución para comunicarnos oficialmente que estamos muertos y que vamos a seguir estándolo. Nos cambian la carta magna para fijar el último clavo en nuestro ataúd e impedirnos resucitar. Será por aquello del laicismo, supongo.
El PSOE y el PP se están poniendo de acuerdo para introducir en nuestra Constitución el principio de la estabilidad presupuestaria del Estado, es decir, para asegurarse el déficit cero.
No voy a ser yo quien diga que el déficit público no es perjudicial para un Estado, pero obligar al déficit cero es darle una carta de naturaleza al mismo liberalismo neocon que está matando económicamente la sociedad, que ya la ha matado y está a punto de rematarla.
El impedir el gasto a el Estado supone la excusa perfecta para no gastar en lo que no va a dar beneficios, para convertir a la sociedad en la única que reciba los varapalos que un sistema económico basado en el egoísmo más absoluto. Es la excusa perfecta para que ni mercados, ni finanzas los pasen mal. Para que sólo lo pasen mal las personas.
Y no es sólo por el principio, no es solamente porque se ignora el hecho de que el Estado gasta -o debe gastar- en aquello que no reporta beneficios económicos. No es solo por la consecuencia de dejar a la intemperie a todos aquellos que no han sabido o no han podido sobrevivir sin ayuda.
No es solo por el fondo, es por la forma.
Porque se ha elegido o se elegirá la forma alemana. La manera teutona que fija el límite de endeudamiento -si es que lo hay- en un porcentaje irrisorio del PIB del País -un 0,35 por ciento en el caso alemán, creo-.
Eso, que parece normal, que parece una tontería es lo que hace que pretenda convertir nuestra carta magna en la carta de presentación de una empresa de pompas fúnebres, en una esquela mortuoria.
Porque significa que cuando el PIB desciende, el presupuesto del Estado desciende. Sin posibilidad de que ocurra otra cosa., Y el PIB desciende cuando la riqueza del país desciende, cuando los vicios del sistema que protege esta reforma han vuelto a conseguir que la situación se haga insostenible. Por resumir, en las ya tristemente y cada vez más galopantes crisis económicas neo liberales.
O sea que, cuando más necesario es que el Estado gaste en protección y en muchas otras cosas, los gobiernos tendrán las manos atadas -o la excusa perfecta- no solamente para no hacerlo, sino que se verá obligada a gastar mucho menos.
Se verá obligado a dejar en la calle a muchos, a no prestar asistencia a muchos, a recortar en todos sus gastos para ajustarse a la pérdida de riqueza que, curiosamente, él no habrá generado, habrá generado de nuevo la especulación, el capital corporativo y el sistema económico que exige y seguirá exigiendo no ser controlado por el Estado.
De manera que ahora que esa forma de ver, hacer y sentir las cosas nos ha llevado al desastre nuestros dos principales partidos se ponen de acuerdo para que no haya ningún gobierno capaz de sacarnos de él sin recurrir a hacérselo pagar a la sociedad, a la ciudadanía, a las personas.
Porque lo que no dicen, en lo que no nos hacen caer es que si un gobierno no puede gastar más de lo que ingresa, pero su sociedad necesita que lo hagas, la única salida es ingresar más.
Y todo lo demás es basura banal y sin sentido. Y la principal fuente de ingresos de un Estados todos sabemos o deberíamos saber cual es: los siempre criticados impuestos.
¿quieren déficit cero? De acuerdo, tengamos déficit cero, pero tengamos el déficit cero que nos merecemos, no el que nos quieren imponer.
La principal crítica de aquellos que denostan a los Indignados es que no aportan ideas -como si la población indignada fuera la que tuviera que enseñar a los políticos a hacer su trabajo ¡Que grande es Telemadrid!-, pero a mí la indignación no me impide pensar.
Así que allá va mi reforma de la Constitución.
Déficit cero, puro y duro, pero en estas condiciones.
  1. - Los presupuestos del Estado nunca recortaran en el gasto necesario en Educación Empleo y Sanidad, manteniendo o incrementando sus partidas lo necesario paramanener el servicio prestado en el ciclo presupuestario anterior, teniendo en cuenta el incremento de la población.
  2. - Se establecerán los ámbitos en los que se llevará a cabo el recorte presupuestario:
  • Defensa -en el caso de que no nos hallemos inmersos en un conflicto armado. Y eso no incluye la reconquista de Perejil ni las misiones de paz en el extranjero- se congelarán o reducirán -sin afectar a los sueldos del personal militar- los gastos de  defensa. Se paralizarán las inversiones en material militar.
  • Administraciones públicas: Se eliminarán por completo los cargos de confianza. Cargos políticos y funcionarios son más que suficientes para administrar un país. Los cargos políticos no cobrarán en ningún caso más de un 20 por ciento más que el funcionario de esa administración que más cobre -sin tener en cuenta los pluses que el funcionario recibe por antigüedad y otros conceptos que el cargo político no posee-. Las personas que reciban más de una asignación o sueldo por su actividad pública tendrán que elegir con cual de ellas quieren continuar y renunciar a las restantes. Se limitarán los gastos de representación. En ese periodo se suspenderán las subvenciones, ayudas y colaboraciones en fiestas, patrocinios y demás gastos de imagen que realizan las administraciones públicas en época de bonanza. Esta norma se aplicará no solamente en la administración del estado sino en todas las administraciones autonómicas, provinciales y locales.
  • Partidos políticos y organizaciones: Se eliminarán las asignaciones dinerarias a los partidos políticos, siendo sustituidas, en todo caso, por ayudas en especie. Desaparecerán las ayudas a sindicatos, asociaciones políticas y fundaciones de pensamiento político o social, siendo ellas y sus miembros, los únicos responsables de su mantenimiento. Lo mismo sucederá con todas las organizaciones festivas, deportivas o lúdicas que reciban ayudas económicas de las distintas administraciones y que no realicen función de apoyo social alguno.
  • Casa Real: Se reducirá la asignación a la Casa Real exclusivamente a los miembros nucleares de la misma, se limitarán los gastos derivados de sus desplazamientos particulares a cero y se minimizarán los gastos de su función como representación a estatal a viajes individuales y de menor duración.
Como parece lógico pensar que con estas medidas no se conseguirá el equilibrio presupuestario -anda, que si se consigue, vaya palo para algunos- habrá que recurrir a la subida de impuestos:
  1. Se eliminarán las exenciones fiscales a toda entidad que obtenga beneficios de sus actividades y tenga unas cuentas positivas ya sea deportiva, religiosa, cultural o de cualquier otro tipo.
  2. Se suspenderán durante un periodo de tiempo las rebajas fiscales a las fundaciones corporativas, que pagaran tributos en función de su actividad económica.
  3. Se incrementarán en primer lugar los impuestos a las rentas derivadas de la actividad especulativa de inversión y de la actividad de especulación financiera (bolsa).
  4. Se establecerá un impuesto especial que grabe los beneficios de las empresas que han obtenido un beneficio de más de un límite de millones de euros en los ejercicios afectados, que variará dependiendo del presupuesto que se quiere equilibrar y de la situación económica de cada momento,
  5. Se aumentará el grabamen impositivo sobre el aumento del patrimonio, salvo en el caso de que se trate de una primera vivienda o de un primer bien de los considerados necesarios.
  6. El total de los impuestos recaudados por las administraciones se destinarán a equilibrar sus presupuestos, siendo suspendida la adjudicación solidaria durante ese periodo o cualquier otra adjudicacíón prefijada u ofrecida en el IRPF,
Si quieren intentar el equilibrio presupuestario como principio constitucional podrían incluir todo eso. Podrían demostrar que realmente quieren cambiar algo y no solamente asegurarse de que tienen la excusa perfecta para dejarnos a nuestro albedrío cuando pintan bastos.
Puedo aceptar la contención del gasto como un valor necesario pero no voy a admitirla si eso supone cerrar el ataúd de los desfavorecidos de la sociedad para que no se escuchen sus lamentos.
En eso no creo que nadie quiera ayudarles. Quizás por eso ni siquiera se han planteado hacer un referéndum y sólo se lo han gestionado en comandita. Pocos son los que han de estar dispuestos a ratificar el texto de su propia esquela mortuoria.

miércoles, agosto 24, 2011

Strauss Kahn o la justicia del hombre apocopado

Me había yo propuesto mantener este espacio demoniaco en silencio hasta el mes de septiembre. Pero el aburrimiento y otras condiciones menos mías y más de todos me lo han impedido.
Ignorado el ínclito vaticano inquisidor y su millón y pico de figurantes, pasado por alto el ridículo de Bildu y de los que pretenden dejar a Bildu en ridículo y aparcado voluntariamente el eterno problema de un sistema económico que ha muerto asesinado por la sociedad que creó pero que no quiere que le entierren en sagrado, el culpable de esta vuelta anticipada de mi estío blogosférico tiene nombre y apellidos.
Se llama Dominique Strauss-Kahn, aunque en este mundo nuestro que lo apocopa todo se le ha dado en llamar DSK.
Quizás sea por el vicio ese nuestro de apocoparlo todo para no tener que ejercitar en exceso la memoria o quizás sea un intento artero y baladí de que cuando se habla de alguien se crea que se habla de una arcaica marca de cintas magnetofónicas de ferro cromo o de un modelo evolucionado de motocicleta de gran cilindrada.
Pero el caso es que, desde que el 14 de mayo pasado , el día en que se supo que el ex presidente del Fondo Monetario Internacional había sido detenido acusado de violación Dominique Strauss Kahn, ha sido para todos y para todo DSK. Como para intentar ocultar que se hablaba de una persona.
El caso es que ahora el fiscal de Manhattan -un tipo que siempre se ha llamado Cyrus Vance y no ha sido nunca apocopado- ha decidido que se retiren los cargos contra Strauss Kahn porque el testimonio de la víctima no es creíble.
Así que, por definición formal y material, Strauss Kahn es inocente de ese delito que supuestamente había cometido. Eso no significa que lo sea de otros o que no sea un ser humano en esencia pernicioso por cargo. Algo que es, por definición, toda persona que dirija un organismo como el Fondo Monetario Internacional
Durante tres meses se ha puesto el caso del hombre apocopado como ejemplo en todos los foros feministas, en todas las manifestaciones de género -ahora se llaman así-.
Las feministas francesas se manifestaron con barbas postizas exigiendo castigos ejemplares e investigaciones en profundidad contra el acoso sexual de los poderosos y esgrimiendo fotos de DSK que parecían demostrar que lo que decían era cierto.
Durante noventa días ministras de gobiernos europeos se han solidarizado con la víctima, han pedido toda la contundencia de la ley contra DSK y han intercalado en sus palabras -más o menos pausadas, dependiendo de las audiencias y los entornos, como siempre en política- mensajes que las colocaban "siempre del lado de la víctima".
Y ahora, que el fiscal de Manhattan dice lo contrario, el caso de Dominique Strauss Khan no ha cambiado de rol, no ha dejado de ser ejemplo.
Pero claro, ahora no lo tremolaran esas manifestaciones de barbudas que semejan las mujeres judías de los Monty Pyton disfrazadas para poder lapidar a alguien por el mero gusto de hacerlo.
Porque ahora el caso de la acusación, la falsa acusación, contra Strauss Kahn se convierte en ejemplo de lo contrario, de algo que sin ser mayoritario, es igual de pernicioso, es igual de doloroso, es igual de criminal.
Más allá del vicio reiterativo de la justicia estadounidense con los antecedentes, que en ocasiones hace del prejuicio una virtud, el caso Strauss Kahn, se ha convertido en ejemplo de algo que, según el mismo feminismo barbudo de las manifestaciones, el mismo feminismo institucional de las ministras, no existe, no puede existir.
Del engaño y la manipulación, del chantaje y la amenaza basada en la mentira.
Y no lo digo yo. Lo dice el fiscal de Manhattan. Lo dice la justicia y se supone que hay que hacer caso a la justicia ¿no?
Una mujer se inventó una violación para conseguir la residencia. Se rió del dolor de cientos de mujeres que son sistemáticamente forzadas en África, que son tratadas como premios de guerra, que son cazadas por hombres enloquecidos por la sangre, la guerra y las drogas cuando acuden a por agua a los pozos a por leña a los bosques.
Nafissatou Diallo, que así se llama la interfecta -a la que nunca se ha apocopado, por cierto. Ella sí merece tener nombre- se mofó de todo eso, lo utilizó para sus fines  y coló.
La culpabilidad de los occidentales ante situaciones de las que se saben parcial o totalmente culpables, el horror de las sociedades desarrolladas ante esos excesos de barbarie y la incapacidad de la  mente colectiva atlántica para gestionar racionalmente el sufrimiento, permitieron que colara.
Podemos argumentar que es lógico que se quiera escapar de ese infierno, se puede defender que es algo que entra dentro de lo que todos hubiéramos hecho, puede arguirse que era la forma más directa de poder empezar una nueva vida en un país que, por orgullo y soberbia, no le concede la residencia a cualquiera.
Y puede que, en parte, tengamos razón o que sea parcialmente justificable pero todas esas justificaciones desaparecen cuando pensamos algo
Diallo miente pero no dice que es una disidente política, no afirma que es una perseguida religiosa, no asegura que ha sido esclavizada por los traficantes de piedras preciosas.
Todas esas mentiras le habrían conseguido también el permiso de residencia, todas esas situaciones hubieran también activado el inconsciente colectivo culpable de los occidentales atlánticos.
Pero Diallo dice que ha sido violada, dice que han abusado sexualmente de ella, ¿por qué? La respuesta a esa pregunta es tan fría y abrumadora que hiela sangre.
Cualquier otra de las situaciones podría ser corroborada, exigiría demostrar la militancia, obligaría a probar el culto religioso, forzaría a explicitar una localización de la mina, la facción que la controlaba y un sinfín de datos.
Pero Diallo sabe que la violación no exige eso, que no hay militancia que demostrar, ni creencia que corroborar, ni ubicación que identificar. Sabe que en el inconsciente colectivo se ha impuesto como verdad una mentira nada piadosa, se ha dado como cierta un falso silogismo basado en una premisa inconsistente: "una mujer nunca mentiría en eso".
Y es cierto que la mayoría de las mujeres no lo harían, está más que probado que el sentido común se impone a la necesidad en la mayoría de los casos. Pero hay casos en los que no, hay casos en los que la acusación vengativa o interesada es un arma utilizada y arrojada sobre el rostro de aquellos que no cumplen con sus promesas, con nuestras espectativas o con nuestras esperanzas.
Lo fácil es echarle la culpa a la perversidad innata del alma y la mente de la señora Diallo, es arrojarla a la hoguera de la maldad y el interés. Pero la sociedad occidental atlántica está en donde está en todos los sentidos por seguir demasiadas veces el camino fácil.
Así que lo que toca es hacer lo difícil. Lo que toca es reconocer que esto no prodece de la perversión de una mujer artera. Proviene de nosotros mismos.
Se lo hemos puesto muy fácil.
Se lo hemos puesto muy sencillo porque desde hace mucho tiempo consentimos que la palabra de la mujer sea tratada como ley en estos casos. Porque hemos consentido que la culpabilidad por desmanes que no cometemos pero dejamos que otros comentan, que hemos acallado y que hemos permitido, giré el péndulo hacia el otro extremo de la situación, hacia el punto en el que la palabra de la supuesta víctima es ley, en la que la repulsa llega antes que el conocimiento, en el que el castigo se establece de forma previa a la definición de la realidad de la culpa.
Y como a Diallo le coló una vez, ¿por qué no intentarlo una segunda? Aunque esta vez los objetivos sean algo más espúreos, algo menos comprensibles, algo más egoístas, algo, definitivamente, más perversos.
Diallo, que mantiene una relación consesuada en espera de algún beneficio y no lo recibe -¿no era esa la definición básica de la prostitución?-, apuesta por la misma carta, por la misma mano ganadora a la que apostó para lograr un futuro mejor. Ahora también lo hace. Pero ya no necesita residencia, solamente necesita dinero.
Y me dirán que me adelanto, que hago lo mismo que denuncio. Pero en este caso es diferente. Nada se sabe de lo que el hombre apocopado que una vez dirigiera el Fondo Monetario Internacional hizo o no hizo esa noche en el hotel Sofitel, pero si sabemos lo que hizo Diallo después de la denuncia.
Sabemos que habló con alguien y le dijo que se tranquilizara, que ella sabía lo que hacía porque ese hombre tenía mucho dinero -¿de verdad es tan ingenua que se cree que nadie entendería la conversación porque hablara en Fulani?, ¿de verdad no tuvo en cuenta que está en la ciudad que es la sede de la ONU, en la ciudad del mundo en la que más traductores hay por kilómetro cuadrado?-.
Diallo esperaba un pacto, esperaba que un hombre con mucho dinero e influencia, un hombre embarcado en una carrera política por la prevalencia en el socialismo francés, pagara para ocultar sus vergüenzas, esperaba que un hombre acusado constantemente de picaflor -con razón evidente- y de acosador -sin demasiadas pruebas- no quisiera escándalos y pagara.
Pero ese mismo escudo social que usó para llegar al país y mantenerse en él, ese mismo error de hiperprotección y ultraconfianza en la veracidad incuestionable de todo victimismo -sobre todo femenino- se volvió en su contra.
Eso y el hecho de que Strauss Kahn no actuara como un culpable, no abandonara el país a escondidas o en un vuelo diplomático en el que era intocable. Que se limitara a tomar un vuelo regular.
Como se iba, aquellos que creían en la culpabilidad del político, corrieron a detenerle. No le comunicaron las acusaciones tranquilamente en su hotel, no le dieron la oportunidad de que pidiera a sus abogados un acuerdo que evitara el juicio.
La detienen, le esposan y le encierran sin fianza.
Y ¿qué hace Diallo en ese momento?, ¿se sienta, nerviosa y expectante, en espera del juicio?, ¿se alegra de que, pese al poder destilado por su agresor, la policía haya sido tan diligente y contundente en la detención?
Por supuesto que no.
Corre a un juzgado de Nueva York y presenta una demanda civil en la que solicita una indemnización millonaria contra Strauss Kahn ¿Por qué?
Porque sabe -ella y sus abogados- que ya no habrá acuerdo, que una vez detenido el político no puede haber acuerdo porque eso significaría reconocer que lo ha hecho y él se declarará inocente; porque sabe que el fiscal no pedirá un solo duro para ella, se limitará a pedir 20 años de cárcel para Strauss Kahn y luego se irá con él éxito a presentarse a las elecciones como fiscal del Estado.
Así que Diallo va a por lo que quiere, a por aquello que era su objetivo desde el principio, a por aquello para lo que aprendió que se podía utilizar el discurso y el recurso al abuso sexual. Una vida mejor.
La mayor parte de la humanidad lo ve, lo percibe, lo atisba, pero las barbudas indignadas siguen pidiendo la cabeza de Strauss Kahn, las ministras siguen con la víctima y el sistema tarda dos meses en darse cuenta de que se ha dejado engañar, de que el informe médico de Diallo que asegura su violación se basa en la presencia de ADN y en el relato de la víctima -el error de siempre-, que es el mismo relato desgarrado que ya contó cuando llegó al país, que ya se ha demostrado que es mentira.
Y esa hiperprotección a la supuesta víctima no ha conseguido nada, no ha posibilitado castigar a un culpable, no ha garantizado la libertad sexual de nadie. Solamente ha creado una víctima más.
Pero en este caso no importa. Es hombre, es poderoso, se llama Strauss Kahn.
El feminismo francés de manifestación barbuda ya no está con la víctima, la ministra económica de declaración mesurada ya no está con la víctima. No es la víctima que esperaban, no es la víctima que necesitaban. No es el delito que creían.
Ahora la víctima es un hombre apocopado y la delicuente una mujer. Hay que guardar silencio.

domingo, agosto 07, 2011

Los diálogos del ex alumno -cuarta entrega- (o la gravitación universal del egoísmo

"el liberalismo nunca ha creído en el control del estado"
Yo digo que sí. También es cierto que quien hace la ley hace la trampa y que en todas partes hay tramposos.
Ojalá todos los liberales fueran como tú, Pero me temo que esa teoría económica es el fouzianismo -suena más a movimiento pictórico que a corriente económica- y no ninguna de las sucesivas evoluciones del liberalismo.
Puede que tú creas en la intervención del Estado. Pero Adam Smith, John Stuart Mill, John Mainard Keynes, Adam Sammuelson y Gregory Northouse, ente otros, demostraron con sus escritos que no creían en ese elemento del equilibrio económico. Y George Bush Senior y Junior, Margaret Thatcher, Conrrad Adenauer, Margaret Trudeau y Ronald Reagan han demostrado con sus actos que tampoco creían en ello.
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¿Que ha habido tres crisis que han obligado a los estados a intervenir y enderezar las cosas ?, ¡coño, para eso les pagamos!
No, mi querido amigo, no.
Les pagamos para que ayuden a los desfavorecidos, les pagamos para que nos defiendan -aunque no soy yo muy del concepto de Seguridad Nacional-, les pagamos para que gestionen y organicen, les pagamos para que busquen fórmulas de aunar intereses y deseos privados y necesidades públicas.
No les pagamos para que cubran las perdidas millonarias de individuos que han arriesgado el dinero de otros y cuando han visto que sus estrategias de consecución de beneficios han fallado estrepitosamente se vuelven a las arcas públicas solicitando apoyos, auxilios y ayudas.
No les pagamos para que compensen la miseria que la actividad especulativa y el capitalismo salvaje han creado, mientras los que han provocado ese paro, esa miseria, siguen llenándose los bolsillos o, cuando menos, con los bolsillos llenos.
Los ciudadanos pagamos al Estado para que nos sirva, no para que arregle los desaguisados que la actividad privada especulativa y corporativa generan y de los que encima no sólo no se responsabilizan, sino que además siguen exigiendo que sus beneficios sean intocables. Si tú estás dispuesto a pagar al Estado para que haga eso, yo no. Y las tres crisis del liberalismo capitalista han sido provocadas por eso. No por ninguna otra cosa.
Lamento profundamente que pienses que tus impuestos deben servir para cubrir la temeridad hipotecaria de las Cajas de Ahorros de este país, la especulación inmobiliaria de los falsos empresarios de la construcción y la resistencia distributiva de la empresa española.
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Tres y tres mil. El mundo evoluciona a hostias , así es la vida.
Estoy completamente de acuerdo. Pero hasta el más sonado de los boxeadores, hasta Tyson después de salir de la cárcel, cuando utiliza una guardia alta y sigue recibiendo directos que le destrozan el hígado y la machacan los riñones, cambia de estrategia.
Es absurdo pretender seguir acercándose al púgil rival con la misma estrategia de defensa cuando esta ya ha fracasado tres veces. Se puede hacer una guardia cruzada, una guardia baja o una guardia cambiada. Pero seguir insistiendo en lo mismo no sólo se demuestra inútil, sino que se antoja estúpido e insustancial.
Y, para mí, eso es insistir en el liberalismo. Acercarte a Mohamad Alí en Kimsasa con la guardia alta cuando te ya te ha bailado y te hecho echar el bazo por la boca en los tres anteriores asaltos.
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Las trampas del liberalismo generan crisis. Las crisis son oportunidades de evolucion.
Serían oportunidades si de verdad se trataran como crisis. Tú diste griego con el mismo ser inteligente pero desidioso que yo -¿o tú no diste griego?-. Así que has de saber que crisis significa cambio.
Si después de cada crisis se insiste en la esencia de lo mismo que la ha provocado, por definición,  no hay cambio, no hay crisis. No hay evolución.
Lo único que hay es una Unidad de Cuidados Paliativos que se convierte en un servicio de embalsamamiento que intenta ocultar el hecho de que el sistema es un cadáver, de que el niño nació muerto otra vez. Así que el liberalismo insistente y recurrente no nos sirve para nada.
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.Las trampas del comunismo/socialismo generan regímenes autoritarios y dictatoriales que destruyen cualquier posibilidad de evolución.
¡Y, claro, las trampas del capitalismo no generan eso!
Pinochet, Stroessner,  los generales argentinos, Franco, Hitler y Mussolini no se apoyaron en el gran capital que les hinchó de fondos  a cambio de la absoluta libertad financiera, lo hicieron en los partidos comunistas. 
Los reyes absolutos, Fujimori, Carlos Andrés Pérez y otra larga lista de dictadores sudamericanos, no se apoyaron en los grandes oligarcas a los que defendían en sus iniciativas de ganancias privadas en contra de los intereses de la población a cambio de que los mantuvieran en el poder.
Amín Dada en Uganda, Lubumba en Zaire, Papá Doc en Haití, Haile Selassie en Etiopía, el falso presidente de Somalia -lo reconozco, no me acuerdo de su nombre-,  y otro sinfín de dictadores africanos y caribeños no se basan o se han basado en el apoyo de las grandes transnacionales - o sea de la esencia del capitalismo liberal- a las que otrogaban el control de los recursos y las materias primas a cambio de que les matuvieran en el poder. La subsistencia de todos ellos es y ha sido mantenida por los militantes socialistas de sus países.
Mubarak en Egipto, Ben Alí en Túnez, Al Ashad en Siria, Faisal en Arabia Saudí, el sultán de Yemen, el emir de Qatar se han apoyado en el anarquismo radical para mantenerse en el poder e impedir que sus países salgan del medievalismo más recalcitrante. Estoy seguro de ello. No se han amparado en el apoyo que el sistema liberal capitalista y los gobiernos que le defienden les han dado en la esperanza de abrir nuevos mercados que les permitan generar más beneficios y en la certeza de que ellos mantendrían controlados los precios de materias primas esenciales para que el sistema siguiera y siga funcionando en su beneficio.
No tengo nada a favor de Fidel Castro, de Hugo Chávez, de Hu Jintao, de Chaucescu, de Tito o de cualquiera de los dieciséis líderes que tuvo el politbuiró soviético -excepción hecha de Mihail Gorbachov -que no sólo me parece grandísimo, sino que además me hizo ganar una matrícula de honor-, pero decir que las trampas del comunismo generan totalitarismo y las del capitalismo evolución es tan pueril como no saber hacer sumas con los dedos.
A lo largo de la historia 28 países han caído víctimas de la trampa comunista -Hungría, Rumanía, Checoslovaquia, Bulgaria, Polonia, Yugoslavia, si se quiere incluir, la URSS (doce repúblicas, incluyendo Rusia), Cuba, Angola, Venezuela, Korea del Norte, Vietnam, Libia, Camboya, Eritrea y China - y puede que se me escape alguno como Albania y la extinta RDA, que elevarían la lista a treinta-.
¿Puedes hacer una lista tan reducida de los que se han visto sometidos a dictaduras por mor de los intereses del liberalismo capitalista?
Veamos. Aunque exceptuemos a todas las monarquías absolutas europeas, precursoras del concepto de que el bien individual de unos se imponía a la necesidad del bien general -y eso incluye a todos los países de la Europa actual y algunos más-, tenemos:
Argentina, Chile, Colombia, Perú, Venezuela, El Salvador, México, Guatemala, Haiti, Sudáfrica, Mozambique, Costa de Marfil, Uganda, las tres Guineas, Nigeria, Egipto, Jordania, Katar, Yemen, Emiratos Árabes, Irán -con el Sha, no con los malditos Ayatolahs-, Irak -con el pérfido Sadam Huseim-, Siria, Etiopía, Somalia, Korea del Sur, Vietnam del Sur -mientras existió-, España, Chipre, Tailandia, Afganistán -con su rey derrocado, no con los intransigentes talibanes-, Turquía, Paquistán, Sri Lanka, Sierra Leona, Senegal...
No pienso borrar de la lista a los países que sufrieron en Europa la dictadura más brutal de la historia del Viejo Continente por parte de un régimen y un individuo que fue apoyado por el capital alemán, siguiendo el principio liberal de entonces de que nada era criticable si lo que se buscaban eran beneficios.
Y eso incluye: Rusia, Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Noruega, Dinamarca, Austria, Checoslovaquía, Hungría, Rumanía, Polonia, Bulgaria y Grecia. Y por afectación Gran Bretaña, Irlanda y Portugal.
Así que comprenderás que, después de hacer números, me parezca como mínimo pueril que afirmes que si el liberalismo capitalista falla es porque hay gente mala que lo pervierte y que si el comunismo falla lo es porque es perverso en su esencia.
Los dos sistemas hacen agua por todas partes y no se puede volver a ellos ni insistir en ellos porque ambos han demostrado con creces que no sirven. No depende de las personas, depende de su esencia como sistemas.
Cualquier otra cosa me sonaría a eso que decía San Gelasio de que el crisitianismo no es malo, solamente hay malos cristianos, pero el Islam no es bueno, solamente hay musulmanes con sentido común.
Y ya no estoy para eso. Hace mucho tiempo que superé el espíritu de Las Cruzadas.
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"No puedo ser neo liberal porque ellos mantienen la subsidiaridad del Estado. Su supeditación a los intereses privados:"
Pues claro que el Estado debe estar supeditado a los intereses privados!!! Porque los intereses privados son los intereses individuales, son mis intereses , tus intereses , los de mi vecino , lo de mis hijas (cada una individualmente claro )
Mi querido Pedro, escolta reserva del glorioso equipo baloncestístico del Gamo Diana -como yo- que ganó muy poco pero se divirtió como si lo hubiera ganado todo, ¿de verdad crees que tus intereses, los de tus hijas, los de las mías, los míos, son los intereses privados? Me temo que de nuevo te aqueja ese virus del indivilualismo impenintente que, según creo, nos está llevando al fiasco social irreversible.
Tus intereses y los míos son los intereses colectivos porque la inmensa mayoría de la gente quiere lo mismo. Quiere, autonomía, quiere educación, quiere oportunidades y eso no lo va a defender la iniciativa privada que sólo piensa en "su" autonomía, "su" educación y "sus" oportunidades a costa de quien sea, al precio que sea, aunque eso signifique que el resto no tenga ni autonomía, ni educación, ni oportunidades.
Los intereses privados no son los intereses individuales, son, hoy por hoy, los intereses corporativos. Cuando los intereses individuales coinciden -como es en la mayoría de las sociedades- los intereses privados no tienen nada que ver con ellos. Son los intereses colectivos los que los reflejan. O sea los públicos.

Si ya no sabemos sumar, si ya no sabemos ser parte de un todo y reconocernos como parte de ello, hemos acabado con la civilización. Hemos vuelto a la caverna en la que peleábamos por ser los que durmiésemos en lo más profundo sin importarnos que la fiera devorara a aquel al que le tocaba dormir justo en la entrada.
Tú mismo.
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¿Qué otros intereses existen ?, ¿ los de la masa?, ¿ los públicos?
Es verdad ¿qué otros intereses existen?
Si yo detecto ue hay una demanda de pornografía infantil  -y créeme, solamente hay que echar un vistazo a la memoria del Fiscalía General de Estado para darse cuenta de que ese interés existe-, ¿quién es el Estado para decirme que no puedo hacer negocio con ello? Cubro una necesidad y genero riqueza que luego hasta, a lo mejor, distribuyo entre los empleados que se dedican a ello.
Si yo detecto que hay un interés por las piedras preciosas o por las zapatillas con cámara doble de aire, como no existe otro modo de satisfacer la demanda con los beneficios que son mi interés principal, ¿quién es el Estado para impedirme que contrate por cuatro libras malinesas a un grupo de mercenarios que exploten a los aldeanos en un régimen de esclavitud para que yo pueda conseguir esas piedras y cubrir mi interés por lucrarme y el interés de las algunas mujeres occidentales, que temen más a la vejez que a la muerte, de lucir radiantes?, ¿quién es el Estado de aquí o de cualquier otro país de La Tierra para impedirme pagarle cuatro yuanes o tres rupias a macilentos niños de India o de China para que yo pueda llevar a cabo mis intereses y los de los que quieren fardar llevando las mismas zapatillas que Kobe Bryant?
¿Son esos intereses depravados o perversos?, ¿por qué?, ¿solamente porque la masa está en contra de ellos?, ¿por qué el Estado debe impedir que esos intereses prosperen y no que prosperen los míos o los tuyos?
¿Quién ha definido que la pedofilia, la explotación infantil, la esclavitud, el comercio sexual o el tráfico de drogas son actividades perversas?
Anda, me estoy dando cuenta de que no he sido yo. De que no has sido tú, de que no ha sido el pedófilo confeso ni el proxeneta encarcelado.
Me estoy empezando a preocupar porque me estoy dando cuenta de que tampoco ha sido el Señor de La Guerra de Sierra Leona o Somalia, El Violador del Ensanche o el dueño del servidor de Internet que alojaba el foro de intercambio de fotos de niños pequeños desnudos.
Y eso es malo porque:
¿Quién define esos intereses? ¡por favor no quiero que me cuenten lo que me interesa y lo que no!
Me parece una falacia circular decir que no quieres que te cuenten lo que te interesa y lo que no, cuando seguro que -como todos nosotros- exiges que a otros, que tienen otros criterios radicalmente diferentes de los nuestros, El Estado les controle, les impida llevar a cabo esos intereses porque se enfrentan a los nuestros.
Lo mismo que dices tú lo podría decir todo criminal, todo perturbado y todo egoísta de La Tierra y tú tendrías que callarte si eso fuera cierto porque acababas de decir que el Estado no es nadie para decirte a tí -ni a nadie, por extensión- lo que le Interesa. Porque si tú no quieres que el Estado -que eres tú y todo el resto de la sociedad, no lo olvidemos-, te diga lo que te interesa o no, ellos tampoco tienen porque aceptarlo.
No estás defendiendo la libertad. Estas defendiendo el retorno a la jungla, No es que me preocupe ser un depredador, pero estoy algo viejo y cansado para eso. Creo que todos valemos más que eso.
No podemos defender que el Estado ha de existir cuando alguien atenta contra nuestros intereses y que debe dejar de interferir cuando son nuestros intereses los que están juego y pueden estar atentando contra alguien. No somos el Emilio de Rousseau, no somos buenos por naturaleza, ni cooperativos por naturaleza, ni justos por naturaleza.
Así que, al final, te va a tocar decidirte: o El Estado, como reflejo normativo, punitivo, regulador y coeercitivo de la sociedad, tiene la potestad de imponerse a los intereses privados o no lo tiene.
Pero si no la tiene, no la tiene en cualquier caso, aunque te venga mal. Eso se llama coherencia, mi querido Pedro. Es el noble y denostado arte de pensar en contra propia.
Así que si alguien, haciendo ejercicio de su libertad de intereses te perjudica, te crea problemas o te impide los tuyos, el Estado no deberá intervenir ¿qué otros intereses hay aparte de los privados?
Y para terminar este, espero como mínimo, penúltimo capítulo de nuestros diálogos, te diré algo. Si lo que tú quieres y necesitas, tus intereses, lo quieren y lo necesitan otros treinta y dos millones de personas ¿eso te convierte en masa?
Quizás sea porque no participo de esa desviación filosófica tan española hacia el elitismo de Ortega -que, por cierto, sirvió para justificar una o varias dictaduras- o quizás sea porque escribo desde una tierra en la que la conciencia colectiva es tan grande que les ha permitido rehacer el Estado y superar los intereses personales cuando sólo tenían piedras y kurdos en su territorio -cosa que viene a ser más o menos lo mismo- pero, para mí, la masa y sus intereses son los intereses de la sociedad y por ende los del Estado.
Si queremos que sean otros habrá que cambiar la sociedad no clamar porque el Estado desaparezca o, en el mejor de los casos, no intervenga.
Cuando un mundo habitado por siete mil millones de personas está clamando y agonizando por la necesidad de una solución coordinada y global, empeñarnos en ser siete mil millones de mundos girando en la inercia y la gravitación universal de nuestro individualismo, nuestros intereses personales y nuestro egoísmo es un lujo que no podemos permitirnos.
Y reinventar de nuevo el liberalismo es reinventar de nuevo la esencia misma del egoismo social que nos ha llevado al lugar en el que estamos.
Y por acabar con una Boutade, si el liberalismo puede generar regímenes dictatoriales, pervesiones peligrosas y  fracasar tres veces y tenemos que permitirle volver a intentarlo, aún le debemos dos portunidades al comunismo ¿no? -sólo aplico tu criterio-. 

miércoles, agosto 03, 2011

El diálogo del ex alumno -tercera entrega- (las tres negaciones de Pedro)

Nadie -o al menos yo- tiene en nada de la gestión privada controlada y vigilada que persiga unos objetivos que haya fijado la sociedad, no el mercado.

- No, si al final vas a ser neo liberal, porque el neo liberalismo a diferencia del liberalismo (este si decimononico) no tiene nada contra un estado que ponga limites.

- Te equivocas, querido Pedro, de nuevo creo firmemente que te equivocas. El neo liberalismo lo tiene todo en contra de que el Estado ponga límites.
Para Samuelson, uno de sus arquitectos -porque para ser ideólogo hay que tener ideología-, la mejor regulación es la que no existe. El neo liberlismo es la tercera revisión de un sistema de pensamiento económico que ya ha fracasado tres veces.
No puedo ser neo liberal porque ellos mantienen la subsidiaridad del Estado. Su supeditación a los intereses privados:
"La iniciativa pública sólo debe desarrollarse en los ámbitos que no son suceptibles de crear beneficios con el servicio otorgado, no privando con ello a la iniciativa privada de esa posibilidad". No lo digo yo. Lo dice Northouse, otro de los grandes gurús del neo liberalismo.
Así que el Estado solamente está para sacar las castañas del fuego a la población - y por ende a la iniciativa privada- cuando esto no puede reportar beneficios ecónomicos.
Desregularización, privatización y subsidiaridad del Estado. Los tres pilares en los que desde Samuelson hasta Perting han basado el neo liberalismo en todos los Think Tank -más Tank que Thik, creo yo- que han querido escucharles.
Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué hay que desregular y privatizar?
Eso no fue siempre así. La sociedad y la economía no nacieron reguladas. Los servicios no se crearon estatalizados.
Lo que nunca han dicho los liberales, los liberales controlados o los neo liberales, es que esa actividad estatal, esas regulaciones surgieron de sus sucesivos fiascos.
Cuando el liberalismo puro y duro, el llamado libertario, desembocó en el Crack del 29 -en Estados Unidos, que en Europa fue en el 31-, ¿quién estaba ahí para minimizarlo? ¡El de siempre, Papá Estado!
Ese perjudicial Estado que no tenía que intervenir fue el que recogió una economía maltrecha y destrozada, una población empobrecida y conducida a la miseria por los juegos del capital y las finanzas e inventó la New Deal en Estados Unidos, las nacionalizaciones alemanas, las desamortizaciones españolas -todas ellas penosas, pero ¡algo que había que hacer!-.
Todos los estados del mundo -desde la América de Franklin Delano hasta la Alemania de Hitler, pasando por la Francia pregaullista y la España de preguerra- tuvieron que tirar de regulaciones, de empleo y empresas públicas y de servicios públicos a fondo perdido para hacer frente a los inmensos agujeros de pobreza que la actividad privada del liberalismo libertario había generado.
Ni el mercado, ni el producto, ni el consumo, ni la iniciativa privada sirvieron para redistribuir la riqueza. Primer fiasco.
Y entonces llegó John Mainard Keynes y aceptó -¿qué otro remedio le quedaba, visto lo visto?- eso del control estatal de la emisión de moneda, eso de las cargas impositivas y eso de la gestión pública de los servicios esenciales.
Y él y los keynesianos, los que fueron bautizados con el nombre de liberales controlados, encontraron en la multinacionalidad, en los holdings, en los trust, la forma de eludir esa regulación.
Y se hicieron con el control de todos los estadios de la cadena de procdución y de servicio. Esa era la forma de evitar que el Estado accediera a sus impuestos y controlora sus beneficios. Esa era la manera de eludir que el Estado, cualquier Estado, se inmiscuyera en la forma en la que obtenían y repartían sus beneficios.
Y cuando estabán en esas, generando beneficios a manos llenas y haciendo todo lo posible para no compartirlos, llegó el año 1973, llegaron los jeques, llegó Palestina y llegó la crisis del petróleo.
El precio del petróleo se disparó porque los jeques presionaron más allá de lo que los liberales controlados habían podido predecir -si es que alguna vez se habían sentado a intentar predecir algo-. Pero el resto de los precios subieron, pero el paro se disparó, pero los bancos y las sociedades hicieron quiebra porque ellos, eludiendo el contro del Estado, una vez más, habían puesto todos los huevos en la misma cesta, habían bloqueado la innovación, comprando patentes que dejarían a sus empresas en la ruina y archivándolos para olvidarlas en cajones; habían decidido que los consumidores les pagaran, que los proveedores les pagaran, que los gobiernos les pagaran. Habían vuelto a decidir que nadie, ni el Estado, ni la sociedad, era quién para decirles como ganar y gastar su dinero. Y eso que, a esas alturas, ya sabían que ese dinero no era sólo suyo.

De nuevo ni el mercado, ni el producto, ni el consumo, ni la iniciativa privada sirvieron para redistribuir la riqueza. Segundo fiasco.
Y de nuevo ese Estado que no debería intervenir, intervino. De nuevo reguló con las leyes antitrust, con las leyes de control de los holdings multinacionales. De nuevo los estados se gastaron el dinero que no tenían en sus reservas de petroleo. De nuevo una idea estatal, Estado del Bienestar -el original alemán y estadounidense-, vino a solventar los problemas que la inicitativa privada y su supuesta eficiencia habían provocado.
 Los sistema de subsidio a los parados, las empresas nacionales de telecomunicaciones, de transaporte. Todo ello facilitó a los ciudadanos -los principales damnificados por el fracaso, el nuevo fracaso, del liberalismo, por esos años llamado controlado- unos recursos que el supuesto reparto y distribución del libre mercado no habían conseguido.
Y cuando todo volvió a estar más o menos estable, más o menos controlado. Llegaron los Thik Thak, Samuelson, Perting y el neo liberlismo que, de nuevo, al igual que dijeran Keynes y los liberales controlados, afirmaron aceptar como beneficioso el control del Estado.
Y de nuevo mintieron.
Porque si lo hubieran aceptado no hubieran creado los paraísos fiscales, no hubieran creado las sociedades de valores que les posibilitaban eludir los impuestos, no hubieran creado las transnacionales que se beneficiaban de las legislaciones -o la falta de ellas- en los países sin desarrollar.
Porque si lo hubieran aceptado no hubieran seguido sin redistribuir la riqueza, no hubieran seguido creando sociedades especulativas, ni agencias de valores para mover un capital inexitente. No hubieran concedido hipotecas basura, no hubieran creado sociedades que les permitieran acceder a créditos sin la intención de realizar los proyectos.
Y cuando estaban en esas llegó el año 2010 y el año 2011 y los bancos irlandeses, portugueses, estadounidenses, italianos, griegos y españoles quebraron.
Y de nuevo se volvieron hacia ese Estado al que habían eludido, al que habían denostado, al que habían exigido desrregular para su tranquilidad y privatizar para su beneficio.
Por tercera vez -y me temo que sí sirve de precedente- los que ponen su fé, su esperanza y su futuro en el mercado, el producto y el consumo fracasaron en sus parámetros y en sus intentos.
Y por tercera vez lo pagamos aquellos que no tenemos nada que ver con sus beneficios, con sus presupuestos ni con sus dinámicas acumulativas.
Han fracasado como liberales, como liberales controlados y como neo liberales. Y lo han hecho cada vez más rapido. Primero tardaron 100 años, luego cincuenta y ahora apenas un cuarto de siglo.
El liberalismo en todas sus evoluciones nunca ha creído en el control del Estado. Por eso ha fracasado tres veces.
¿Cuantas veces más tiene que fracasar un sistema y llevarnos al colapso para que los defensores de la inicitiava privada como eficiencia, el beneficio como motor, del consumo y el producto como riqueza y del mercado como distribuidor de la riqueza os deís cuenta de que son esos principios los que fallan porque son los que nunca cambian ni han cambiado en las sucesivas reinvenciones del liberalismo?
Por eso no puedo ser neo liberal. Porque el sistema ya está muerto. Aunque muchos sigan empeñados en considerar latidos vitales lo que simplemente los extertores de su muerte.
Por eso me he puesto a pensar en otra cosa. Otra alternativa.
Y, como esto me ha salido un testamento, a lo demás te respondo después.

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