lunes, diciembre 06, 2010

Mi puente es grande aunque lo hagan pequeño

No creo que le dedique más de estas líneas a este asunto. Pero, ya sea por voluntad o por necesidad, voy a hablar un poco más del asunto. De ese tan traído y llevado conflicto de los controladores aéreos que nos está ocultando muchas cosas y nos está mostrando muchas otras.
Toda una línea de argumentación de pensamiento critica a la sociedad española su reacción ante la espantada criminal -ya sabéis porque la considero criminal- que protagonizaron el pasado viernes los controladores aéreos.
Ellos mismos y otra serie de opinadores que, ya sea por convicción o por aprovechar la situación para meterse con un gobierno que se ha ganado a pulso que se metan con él en otras muchas cosas, mantienen que la sociedad ha reaccionado de una forma egoísta ante el conflicto, echándole la culpa a los controladores, que sólo defienden sus condiciones laborales, y no al Gobierno que es el auténtico causante de la situación al tratar a los susodichos privándoles de sus derechos -incluso los constitucionales-.
Todo ello podría resumirse en dos alocuciones:
"La carambola les ha salido perfecta. Los controladores aéreos pusieron torpemente la bola en la mesa facilitando la jugada. La ciudadanía, infantil, egoísta y desinformada, encontró un chivo expiatorio".

Y otra, mucho más dramática, y tan desesperada como impertinente y falaz:
"Me obligaron a trabajar doscientas horas al mes a turnos de mañana, tarde y noche. Y para el subnormal que dice que trabajo como todo el mundo 40 horas a la semana, eso son 160. O sea, que yo trabajo el equivalente a cinco semanas en un mes de cuatro, cuando por ser trabajo a turnos debería currar bastante menos (...) No damos abasto coño. No os queréis enterar. Nos exigís currar todos los días para tener vuestros putos puentes y vuestras putas vacaciones. ¿Dónde cojones dice que seamos vuestros esclavos? ¿Por qué vosotros tenéis todos los derechos del mundo y nosotros NINGUNO?"
No soy yo el que precisamente vaya a defender que los habitantes de la Civilización Atlántica no llevemos demasiado tiempo revolcándonos en nuestro egoísmo en lo personal y en lo social. Lo digo casi cada día y lo escribo casi en cada post.
Pero, en este caso, es una cuestión de gradaciones. Es la reacción egoísta de una sociedad cuando descubre que hay un colectivo mucho más egoísta que ellos.
Pues bien, podría decirse que, leyendo esto algo se nos pasa por alto. Que realmente hemos sido injustos y egoístas al enfadarnos, al cabrearnos, al pedir sus cabezas.
Y estaría dispuesto a reconocerlo si no fuera por el hecho de que, en pleno plante, en plena presentación de bajas laborales masivas para encubrir su golpe de fuerza, los controladores tuvieron fuerzas y salud suficiente para elaborar una propuesta que supongo que, en caso de ser aceptada, supondría su drástica y milagrosa recuperación.
A las siete de la tarde del viernes pasado, en lugar de hacer cola en los servicios de urgencias de los hospitales para que les curaran de su masivo virus, exigían esto:

 "A partir del 1 de enero de 2013 la jornada de los controladores que trabajen a turnos no será superior a 1.420 horas máximas anuales, no superando la programación mensual en ningún caso las 152 horas".
Suena normal hasta que se hacen cuentas. 1.420 horas anuales suponen un total de 177 días a ocho horas de trabajo. Hasta los 323 habituales -descontados los 30 días de vacaciones y las habituales 12 fiestas nacionales- quedan 145 días que, si no se trabaja, se suponen que se libran o simplemente que se va a trbajar para no hacer el trabajo para el que fueron contratados.
No está mal, pero lo malo es que vienen de una situación en la que ya "no trabajan" 157 días al año, porque, el famoso decreto de febrero, que consideran el mayor ejemplo de fascismo esclavista desde el incendio del Reichtag, les obliga a trabajar 1.670 horas al año. Porque las otras 80 son voluntarias.
O sea que son tan poco egoístas, que piden tener casi cinco meses de días "no trabajados" al año.
Pero la cosa sigue, porque hacia la mitad del documento de propuesta puede leerse esto:
"complemento personal de adaptación a la nueva jornada, del 2% en 2010 del valor del resto de conceptos del salario ordinario fijo, del 4% en 2011, del 6% en 2012, del 8% en 2013 y del 10% en 2014".
¿Trabajan menos y tienen que pagarles por adaptarse a la nueva jornada?. Claro, porque si no perderían dinero. Se hartan de decir que no piden aumentos, que no es cuestión de dinero, pero se aseguran de no perder ni un céntimo de su salario por trabajar menos. Como ya no tienen horas extraordinarias, como ya no tienen 600 horas pagadas al triple de su valor normal -aunque no superan ni de lejos el máximo de horas regulares que permite el Estatuto de los Trabajadores- pierden esos complementos "para evitar que la masa salarial de un año supere la que garantiza el acuerdo alcanzado con AENA en agosto, que fijaba una media de 200.000 euros anuales", según explican sus portavoces.
Resumiendo, quieren trabajar menos horas -aunque ya son muchas menos que las que trabaja cualquiera que trabaje ocho horas al día durante 325 días al año, o sea 2.600, que ya sé que hay muchos de letras-, pero quieren seguir cobrando lo mismo es decir, 200.000 euros anuales de media -o sea, diez veces más que salario el medio en España, que es de 21.500 euros anuales-. Que quieran eso no parece egoísta. Que no lo digan no se asemeja a la desinformación y que lo defiendan como un derecho constitucional no se antoja infantil.

Y más adelante puede leerse:
"que el diseño de horarios, turnos y la organización del trabajo deje de estar en manos de AENA y se pacten con los representantes de los trabajadores con el compromiso de garantizar el servicio".
O sea, que la empresa no pueda hacer lo que hacen todas las empresas de España, de Europa y del Mundo, organizar el trabajo como consideran oportuno dentro de los límites que les permite la ley.
Ellos quieren ser como todos los trabajadores de este país y tener sus mismos derechos porque, claro, de todos es sabido, que todos podemos decidir cuando nos viene mejor ir a trabajar, qué turno tenemos que hacer y qué horario es mejor para nuestra salud y estabilidad física y emocional.
Así que la furiosa invectiva de la controladora:"Al que le salga de los huevos que se lea cualquier estudio del efecto del trabajo a turnos sobre el organismo. La mitad de los que me ponéis a caldo dormís mal dos días y estáis hechos una mierda. Yo llevo haciendo turnos sin rechistar catorce putos años, así que no me jodáis. Y es muy fácil imaginar mi curro desde vuestros sofás, durmiendo ocho horitas cada noche. Si venís a currar conmigo a turnos un mes en una semana no podéis con vuestros huevos", carece de sentido porque más de la mitad de este país trabaja por turnos y obvia el hecho de que un mes trabaja 200 horas, pero al siguiente no trabajará las que le sobran.

El concepto de sin rechistar es un poco amplio. Porque el sindicato que la representa y al que tan furiosamente defiende no ha dejado de hacer huelgas, plantes, pulsos y todo lo que se le ha ocurrido en las últimas dos décadas. Y eso pese a que un órgano judicial ha mantenido que el suyo es el mejor convenio colectivo de la historia de nuestra democracia.
Es cierto, los reponedores, los editores de vídeo, los minutadores, los teleoperadores, los trabajadores de las cadenas de montaje, los bomberos, el personal sanitario, los policías, los trabajadores de servicios 24 horas, los vigilantes jurados, las cajeras de grandes superficies, los técnicos de continuidad y otro sinfín más de trabajadores no trabajan por turnos en España, ellos yo no sufren esos efectos perniciosos del sistema del trabajo por tunos. Ellos no pueden con sus huevos -o sus ovarios, seamos paritarios-.
A lo mejor no se ha dado cuenta de que cuando va al supermercado siempre hay cajeras y reponedores, de que los servicios de atención siempre la atienden, de que siempre hay policías en las calles, personal en los hospitales y bomberos en los parques. A lo mejor es que no va porque tiene dinero suficiente para pagar a otros para que lo hagan.
A lo mejor ella sí tiene derecho a tener esclavos a su disposición cuando los necesita, pero ella no quiere serlo. A lo mejor está tan revolcada en su egoísmo que sólo mira hacia si misma y ha olvidado que todo el mundo trabaja de nueve a cinco y libra todos los fines de semana. De hecho, esos son una minoría. 


También piden
 "El sobreseimiento de todos los expedientes disciplinarios iniciados tras el 5 de febrero de 2010".
Es lógico. Incumplimos sistemáticamente un decreto ley ratificado en dos ocasiones por la Audiencia Nacional y refrendado por dos dictámenes de organismos europeos pero no queremos sufrir ninguna consecuencia por ello.
Hagamos de la impunidad rango de ley. Finjamos bajas para no perder dinero ni afrontar riesgos, hagamos huelgas ilegales y que luego nos perdonen las consecuencias. Seño, seño, no me castigue, no lo volveré a hacer. Eso tampoco suena infantil, ¿verdad?
Y por fin"que se contabilice como jornada laboral 60 horas de formación en algunos grupos y 36 en otros, además de 15 minutos por servicio operativo para el cambio de relevo y reconocimiento del entorno operativo".
Vale. Nada que objetar en un principio. Pero claro, no se trata de retribución, se trata de sumarlas como horas computadas como si lo que estuviesen haciendo fuera controlar el tráfico en pleno momento de saturación y eso va a ser que no.
Eso supone que ya no regulo el tráfico 1.420 horas al año, sino 1.360 horas. Si a ello le sumamos que los periodos de incorporación suman otras 45 horas al año -15 minutos cada jornada por 177 jornadas-. nos sale un total de 1.315 horas de trabajo efectivo.
Es decir, sigo cobrando como si controlara el tráfico 1.670 horas al año pero, en realidad, lo hago 1.315. Sólo 115 horas más que el convenio que La Audiencia Nacional consideró como inasumible por la empresa en el que tenían 1.200 horas obligatorias.
Y que es donde llega la gran pregunta ¿si se puede regular el tráfico aéreo con 1.315 horas efectivas de trabajo por qué impusieron un convenio con 1.800 en 1999?, ¿no será que saben perfectamente que no se puede y lo único que pretenden es que las horas que ahora son fijas vuelvan a ser extraordinarias y remuneradas tríplemente, para así volver a sus niveles de sueldo?.
No se si es que creen que no la gente en general no sabe echar cuentas o que el Ministerio, con Pepe Blanco a la cabeza no tiene ni idea de números -lo cual sería absolutamente creíble-, pero el caso es que vuelve a sonar a desinformación malintencionada.

Y  la cosa sigue
"que los controladores que antes de marzo de 2011 no hayan superado un examen del nivel de inglés mínimo exigido serán nombrado técnicos ATC con la retribución y jornada laboral correspondiente a dicho puesto. Si a los seis meses tampoco lo hubiera aprobado, sería nombrado también técnico, pero con el 80% del salario".
Volvemos la quid de la cuestión del egoísmo. O sea que me contratan bajo una exigencia de dominio del inglés, no paso las pruebas y la empresa, en lugar de ponerme de patitas en la calle por haber mentido miserablemente en mi currículum, tiene que buscarme otro puesto, pagarme el 100 por cien de ese sueldo, garantizarme horas de formación -de las que hemos hablado más arriba- remuneradas completamente, darme otra oportunidad a los seis meses y, sí no lo consigo, seguir manteniéndome en la empresa con un sueldo más que elevado. El ochenta por ciento de una media de 200.000 euros brutos al año sigue estando muy por encima del sueldo medio del país.
Pues va a ser que no es ser precisamente un esclavo del egoísmo de los demás, sino una víctima ciega e irresponsable del egoísmo propio.

Y para rematar la faena piden
"garantías laborales ante la entrada de nuevos gestores de tráfico aéreo en algunas torres de control e indemnizaciones como despido improcedente".
El rocambole final explicita sus condiciones.
Si los operadores privados que se avecinan -de lo que hablaremos en otra ocasión, que esa sí es la cagada del Gobierno- no me garantizan esas condiciones de por vida, en lugar de hacer lo que tiene que hacer todo el mundo: tragar o buscarse otro curro a su albedrío, sin paro ni nada, exijo que se considere un despido improcedente con las indemnizaciones correspondientes -cuyas cuentas me ahorro, pero que suponen, como es de suponer una auténtica fortuna-.
Por supuesto que somos una sociedad egoísta, incapaz de asumir la frustración de un puente perdido, de un vuelo cancelado, de una contrariedad. Incapaces de percibir ni interpretar la repercusión que nuestros actos tienen en la vida de los demás y absolutamente inpermeables a la responsabilidad que generan esas consecuencias.
Pero los controladores no son víctimas de esa sociedad. Son ejemplos de libro de la misma.  Miento, finjo, manipulo, chantajeo, secuestro, incomodo y, sobre todo, juego en la vida de miles de personas que están colgadas del aire para lograr unos objetivos que están más allá de las posibilidades reales, que están muy por encima de lo necesario y de lo asumible por aquellos que sufren las consecuencias de mis actos.
Y encima les exijo que me comprendan y que me apoyen o al menos que me respeten. Soy el perpetrador y no entendiendo porque nadie me ve como la víctima.
A lo mejor no me siento inclinado a apoyarles porque sea un egoísta que sólo piensa en su puente. Pero no creo que sea eso.
Yo disfruto del puente por lo que es en si mismo, por la compañía, por la ilusión recuperada y por  la alegría olvidada que reencuentro en una tierra plagada de recuerdos intensos pero tristes y que le convierten en el mejor puente desde otro puente memorable y hasta el próximo puente memorable.
Eso es algo que, por desgracia, los decretos del Gobierno no pueden darme y que, por fortuna, el egoísta, infantil y manipulador  planteamiento victimista de los controladores no puede quitarme. Aunque trabaje a turnos, aunque no duerma lo suficiente y aunque utilice parte de ese puente reencontrado y redisfrutado, después de muchos años, en hablar sobre ellos.
Así que, a lo mejor para mi y a lo peor para ellos, sé que, en justicia, no tienen el más mínimo atisbo de razón. Y nada tiene que ver con mi puente.

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