sábado, junio 14, 2008

Igualdad, dígame ¿En que no quiero ayudarle?

La buena de Bibiana Aido, la ministra con programas y sin presupuesto, con ministerio y sin sede, ha vuelto a tener ideas. Y eso está bien, porque de las ideas surge la acción y de la acción el acierto o el error y vuelta a empezar.
Más allá de su tristemente -para ella y para nosostros- miembra, que ya se ha incorporado a ese peculiar acerbo ministerial que inauguró tiempo atrás el egregio Solana con su "me es completamente inverosimil lo que digan", la ministra de igualdad ha tenido ideas y eso nunca deja de estar bien.
Así que hablemos de ideas y no de deslices, de burradas o de patadas más o menos feministas al diccionario.
La ministra ha planteado un teléfono de desahogo para los hombres como una forma de prevenir el tan traído y llevado maltrato a la mujer. Y es una idea, pero no nueva.
Es una redundacia más en ese camino del víctimismo que desde siempre, desde que el feminismo es feminismo, se ha adoptado para acercarse al tema. Con una sana intención de incorporar igualitariamente a todos, Aido ha convertido también a los hombres en víctimas de ese machismo que lo causa todo y lo provoca todo.
Ese machismo ciego y oscuro, sin cuerpo y sin forma que, como un dios o un virus, parece afectarnos a todos y convertinos a todos en esclavos y víctimas. Ahora también a los hombres.
Pero resulta que el desahogo no lo es todo -ni siquiera en el sentido más físico de la palabra que utilizaran nuestros bien hablados abuelos-. Para eso están los móviles, los amigos, la familia, los compañeros de trabajo, los curas y hasta los camareros de los bares. Pretender que un maltratatdor lo es porque no se puede desahogar a tiempo es tan absurdo como pretender que un maltratador lo es por su condición de hombre. Aunque, puestos a pensarlo, a la ministra parece que esto último no le resulta tan absurdo.
Como es lógico, la generalidad de la ciudadanía se rie de la norma. La generalidad se ríe y las feministas se alteran e indignan. Y para que las feministas no se alteren -me temo que no para que la generalidad no se ría- la ministra itinerante y nómada aclara su idea.
Resulta que el teléfono es para todos los hombres que tengan problemas de ubicación con el nuevo mundo que se está construyendo y con la igualdad puedan llamar. Para que puedan resolver dudas sobre aspectos como la custodía compartida, el nueva ley de divorcio, paternidad, salud sexual o conflictos de pareja.
Y esto si que es nuevo. Esto si que resulta refrescante hasta para los demonios que, como yo, habitan en el infierno. Esto si que es una idea.
Porque en si mismo demuestra que en este país hay hombres -muchos hombres, por cierto- que son víctimas de leyes que no protegen su derecho a la paternidad, al control de la misma y a la decisión sobre ella -y no me refiero a los homosexuales, que también lo sufren-; eso significa que hay muchos hombres que ven incapacitados sus derechos de custodia por no aplicarse la custodia compartida; eso significa que la ley de divorcio convierte a muchos hombres en víctimas.
Porque si no fueran víctimas de todo eso no haría falta ponerles un teléfono para que se quejen como hacen las víctimas.
Lo otro, lo de la salud sexual, ya lo hacían los servicios de planificación familiar ¿o no?
En fin, que parece que la ministra -sin que sirva de precedente en su gabinete- va por buen camino. Lo parece hasta que dice que hay que trabajar por incorporar a los hombres al concepto de igualdad y entonces todo vuelve al principio.
¿Por qué sólo a los hombres? ¿no habría que incorporar a las mujeres también al concepto de igualdad?
¿No habria que enseñarles que acostarse con un individuo -por muchos papeles que se firmen antes, durante o después del acto- no hace que el individuo en cuestión esté obligado mantenerte el resto de tu vida?; ¿no habría que explicarles que ser padre es muy diferente de ser marido o pareja?; ¿no habría que imbuirles el conocimiento de que no se puede engañar, estafar, mentir u ocultar en lo que se refiere a la paternidad de sus vástagos sin atentar contra los derechos de los padres de esos mismos vástagos?; ¿no habría que remarcarles que no tienen derecho a elegir sin mantienen o no mantienen a sus hijos -y se quedan en casa esperando que otro lo haga- sino que es su obligación contribuir, en cualquier caso, al sostenimiento económico de la familia -aunque con el sueldo de su pareja sea suficiente-?; ¿no habría que enseñarles que la circunstancia biológica del embarazo y el parto no les otorga ni un derecho más que la también circunstancia biológica de la eyaculación y el engendramiento?; ¿no habría que decirles que si ellas tienen derecho a tomar la iniciativa en un acercamiento sexual sin que el hombre se sienta ofendido, también el hombre puede hacer lo mismo sin que ellas tengan que poner el grito en el cielo?; ¿no habría que remarcarles que utilizar el sexo como forma de medrar y progresar en los ambientes laborales es tan despreciable -y debería ser tan criminal- como que alguien utilice la preminencia laboral para buscar sexo?; ¿no habría que hacerles ver que los chistes sobre hombres son tan repudiables como los de mujeres o que ninguno de ellos lo es?; ¿no habría que informarles de que abofetear a un hombre, por muy enfadada que se esté con él, es tan violento y delictivo -aunque ciertamente más elegante- que que un hombre te clave el puño en la cara siendo mujer?; ¿no habría que indicarles que para incorporarse a los estamentos dirigentes de la sociedad tienen también que incorporse a los estamentos menos dirigentes de esa misma sociedad?; ¿no habría que recordarles que la consecución de los mismos derechos sociales que el hombre les obliga -sí, la palabla es obliga- a las mismas responsabilidades sociales que los hombres?
Pues parece que no. Hay que educar a los hombres para que acepten perder sus privilegios injustos, pero no educar a las mujeres para que renuncien a sus privilegios injustos para que nadie tenga privilegios injustos. Parece un trabalenguas, pero en realidad es una falacia cuasi fascista.
Y la decepción no se queda ahí. Porque Bibiana Aido también pretende cambiar el modelo de masculinidad para evitar el maltrato. Pero no se ha parado a pensar que, a lo mejor, el concepto actual de feminidad también es importante a la hora de afrontar el problema. Es decir los hombres tienen que dejar de ser como son pero las mujeres están bien como están.
Claro ellas son perfectas, todo lo hacen bien. No insultan, no agreden, no denuncian falsamente, no utilizan a los hijos de forma arrojadiza, no odian a los hombres simplemente por dejar de amarlas, no manipulan, no engañan, no maltratan a sus hijos, no chantajean sexualmente, no humillan, no se burlan.
Y para que conste, sólo para que conste, no he querido decir que todas y cada una de las mujeres del mundo hagan esto sino, simplemente, que hay muchas que hacen al menos una de esas cosas como también hay muchos hombres que hacen al menos una de esas cosas por lo que -sólo siguiendo la línea de razonamiento de Bibiana Aido- habría que cambiar la forma de definir la feminidad para evitar que estos comportamientos se produjeran.
Pero claro, los proverbiales "la maté porque era mia" o "en mi casa mando yo" son malos, pero los no menos preberviales "yo consigo de él lo que quiero" "ojos que no ven.." "los he parido yo" o "voy a sacarle hasta el último euro" no sólo son buenos, sino que además son incuestionables y hasta en ocasiones divertidos.
Y para terminar la cascada de decepciones que se originaron con una idea que parecía -una vez aclarada- buena, insuficiente y pírrica, pero buena. La ministra Aido arremete contra la prostitución, diciendo que tras de ella hay elementos de violencia y denigrantes para las mujeres.
Así que de nuevo los chaperos, los menores, los transexuales, los boys y los gigolos no se ven violentados cuando deciden ganarse la vida ofreciendo sexo a cambio de dinero. Pero las mujeres si. Las mujeres siempre son víctimas mientras el resto de la humanidad no lo es.
Nada cambia. El feminismo no cambia y Aido no cambia. Ya sólo nos queda esperar que la Ley de Divorcio no cambie, porque si lo hace lo hará a peor y, aunque digan lo contrario, será mucho menos igualitaria que la actual, que ya no lo es en absoluto.
Al final hasta lo del teléfono para protestar por la Nueva Ley de Divorcio habrá sido una buena idea.

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