domingo, abril 13, 2008

Nuevo ministerio -o ministeria, nunca se sabe-

Pues ya tenemos presidente investido, ya tenemos gobierno y ya tenemos ministros y ministras -y lo digo en ese orden para no caer en el "insoportable machismo" de eso de las mujeres primero. No se puede aprender en cuatro años, eso lo sabe cualquier educador y hasta cualquier observador, pero lo que no se espera es que se vaya en dirección opuesta al aprendizaje y eso es lo que, la menos en algunas cosas, se empeña en incidir este nuevo y nuestro gobierno de la paridad y los equilibrios sexuales.
En este segundo gobierno de Zapatero hay más mujeres que hombres. Y lo pregonan y lo tremolan. Y lo anuncian a bombo y platillo y la pregunta es ¿a quién le importa?, ¿qué demuestra eso?
La respuesta es tan obvia como abrumadoramente irrelevante. Demuestra que el Presidente del Gobierno ha decidido que haya más mujeres que hombres en su gabinate. No demuestra que las mujeres esten más preparadas para la política, no demuestra que los hombres lo esten menos, no demuestra que haya más mujeres políticas o que las corrientes feministas tengan un importante peso político dentro de las filas del Partido Socialista. No demuestra nada, salvo el hecho de que el Presidente del Gobierno ha decidido tener más ministras que ministros.
Demuestra eso y que ni el propio Gobierno se cree la famosa Ley de Paridad, porque ahora hay más ministras que ministros y eso, miremos la dichosa ley como la miremos, incumple el principio de paridad.
Algunas esperarán que empiece a criticar ese punto pero no lo haré. No lo haré porque, como no creo en esa ley, no me importa que se incumpla en un sentido o en otro.
Lo único que diré es que demuestra que el Gobierno no ha aprendido que no se puede funcionar en una sola dirección; que no se puede buscar igualdad en una sola dirección, que no se pueden igualar los sexos sólo en beneficio de uno de ellos.
No ha aprendido de las varias docenas de cuestiones de inconstitucionalidad planteadas y aún no resueltas contra la Ley Integral de Protección a la Mujer -aquello de que si un hombre pega a una mujer es más grave que a la inversa-; no ha aprendido de los varios centenares de sentencias sobre el Síndrome de Alienación Perental que, en sus justificaciones, aluden a la disparidad de tratamiento en la legislación de divorcio entre los derechos del hombre y los derechos de la mujer; no han aprendido de los estudios del Instituto Nacional de Estádistica y del Instituto Nacional de Empleo que demuestran que cerca de un sesenta por ciento de las mujeres inscritas en el INEM no realizan búsquedas activas de empleo; No ha aprendido del fracaso de su ley de paridad en los cargos directivos de las empresas, en las que siempre han mandado el dinero y las relaciones, nunca el sexo.
No ha apredido y vuelve a hacerlo desde el primer día de su gobierno. Hoy nadie tremola la paridad desde el gobierno de Zapatero, no se escucha el término, ha sido borrado y enterrado en los anales de las celebraciones electorales del 2004. Hoy se enorgullecen, se felicitan de que haya más ministras que ministros y supongo -sólo supongo- que eso es lícito. Tan lícito como lo sería enorgullecerse y alegrarse de tener más ministros que ministras ¿o no?
Pero eso no es otra cosa que una anécdota -una anécdota negativa, pero una anécdota- con la que el nuevo gobierno realiza su primer gesto para la galería, su primer acercamiento electoral a los comicios de 2012. Nunca una campaña electoral se había iniciado tan pronto -salvo las de Esperanza Aguirre y Gallardón, que nunca terminan-.
Ignorando este dato, que nada aporta al gobierno presente ni futuro de este país, me quedo con otro. Hay un nuevo ministerio.
Y eso si se me antoja sintómatico.
Yo me felicito de la existencia de un ministerio de Igualdad. La igualdad, la falta de discriminación, es algo esencial para la existencia de un país.
Así que supongo que este ministerio se encargará de evitar la discriminación de extranjeros e inmigrantes. ¡Vaya, pues no! De eso se va a encargar el Ministerio de Trabajo.
Supongo que este ministerio se ocupará de evitar la discriminación de los discapacitados, los ciegos, los minusvalidos y los enfermos crónicos. ¡Anda, pues va a ser que tampoco! De eso se ocupará el Ministerio de Educación.
Supongo, entonces, que esté minsiterio abordará la discriminación que sufren los que viven en el medio rural y aquellos que no tienen acceso a determinados servicios esenciales de una forma rápida y eficaz por la situación de sus enclaves de residencia. ¡Anda, pues si que estoy yo espeso! De eso tampoco se hace cargo. Eso le ha tocado a Medio Ambiente.
Anticipo que este feliz y nuevo ministerio se encargará de que homosexuales, transexuales, lesbianas y todos aquellos que tienen una tendencia sexual defirente de la mayoría no sufran discriminación ninguna por este motivo.¡Vaya!, se me olvidaba que de eso se encargará el Ministerio de Justicia
Ya está. Lo tengo. Este ministerio se encargará de solucionar la discriminación en el trato que las religiones no catolicas y los credos no religiosos sufren con respecto al tratamiento de privilegio que la iglesia vaticana recibe desde hace siglos del Estado Español. ¡Cáspita!, nuevo error. De eso no se ocupará nadie.
Así que, aún feliz por la existencia de un ministerio de Igualdad -pero he de reconocer que algo desconcertado por lo limitado de su competencia-, me pregunto y pregunto a ese presidente que tiene más ministras que ministros ¿De qué se ocupará el ministerio de Igualdad?
Y la respuesta, como otras muchas, como las que se susurraban en los oídos de la arcaica Joan Baez, me las trae el viento.
El Ministerio de Igualdad se dedicará exclusivamente de la igualdad -espero que no sea sinónimo de paridad- entre los sexos.
Y yo me sigo alegrando de que haya un Ministerio de Igualdad porque al menos habrá un colectivo -si es que ser mujer significa formar parte de un colectivo- que sea conducido a la igualdad.
Eso supone que, por fin, un ministerio hará una ley en la que se diga que las mujeres y los hombres son iguales ante la ley -¡Caray, que memoria!, eso lo dice la Constitución Española-, que dirá que no se puede discriminar a las mujeres en los asuntos laborales -Creo que eso me suena del Estatuto de Los Trabajadores-, que no se puede golpear, maltratar, humillar ni asesinar a una mujer -creo que eso lo he visto en algún lado del Código Penal Español-, que no se puede negar el acceso a ninguna rama de educación a nadie por su condición de mujer -creo que algo por el estilo lo leí en el prefacio de la Ley Organica de Educación-.
Así que, como la capacidad de propuesta y elaboración legal de este nuevo ministerio se encuentra algo constreñida por el mero y simple hecho -irrelevante, eso si-, de que todas las leyes que debería promulgar para justificar su existencia ya están promugaldas, supongo que se dedicará a tomar medidas administrativas para potenciar esa igualdad.
Dará subvenciones a las empresas para que contraten mujeres -¡Mierda!, eso ya lo hacía el Ministerio de Trabajo-, dará apoyo legal y psicológico a las mujeres víctimas de malos tratos -¡Maldición!, eso lo hacía el de Asuntos Sociales!-, se encargará de perseguir y procesar a aquellos que atenten contra la igualdad de la mujer -¡Joder!, eso lo siguen haciendo el de Interior y el de Justicia.
Entonces, ante el estupor y la incomprensión, sólo me queda pensar que el Ministerio de Igualdad se encargará de la modificación de la Ley de Divorcio para que las custodias compartidas de los hijos se apliquen de forma automática. Se ocupará de que los permisos por paternidad alcancen la misma duración que los de maternidad y no dependan de la voluntad de la madre.
Legislará para que el Síndrome de Alienación Parental será considerado penalmente como un maltrato a los hijos y a los conyuges que son víctimas de él y para endurecer la legislación contra las personas que incumplen o dificultan los regímenes de visitas. Se encargará de que los derechos laborales de los padres se equiparen con los de las madres, vigilará y legislará para que ningún hombre -homosexual o heterosexual- sea rechazado por su condición de hombre en los procesos de adopción.
Buscará fórmulas para asegurarse que las falsas denuncias por malos tratos son castigadas con el mismo rigor que son investigadas las verdaderas. Eliminaá las pensiones compesatorias para que nadie pueda vivir del trabajo de otra persona por el mero hecho de haber compartido una relación con ella y obligará a la liquidación de gananciales en un plazo razonable para evitar que alguien vea como todas sus posesiones quedan en manos de otro -o si no es eso, quizás modificará la legislación para imponer la separación de bienes en todos los matrimonios y uniones de hecho-.
Y, ya puestos, supongo que este ministerio reservará puestos obligatorios para mujeres -por aquello de la paridad- en la minería, la pesca, la construcción, la industria pesada, el ejército, la policía, el transporte de mercancías, el transporte de pasajeros, la estibación portuaria, la marina mercante, la carga y descarga, los trabajos temporales en la agricultura, los servicios de recogida de basura, los servicios de parques y jardines, las reparaciones, la mecanica de automoción y lo que se tercie.
Y, por supuesto, reservará puestos obligatorios para hombres en la educación infantil, primaria y secundaria, la asistencia sanitaria, la administración de empresas, los medios de comunicación, el secretariado, el sector de limpieza y hogar, los auxiliares de vuelo y todos los otros sectores que sean necesarios para garantizar la famosa paridad.
Y también supongo que elaborará leyes por las cuales las mujeres menores de 29 años formen parte de la reserva activa del Ejercito en caso de conflicto armado o se castigue con igual fuerza una agresión de una mujer a un hombre que el caso inverso.
También supongo que hará campañas informativas y educativas -los ministerios siempre hacen campañas educativas- en las que se eduque a las mujeres para informarles de que no tienen derecho ético a pretender que su pareja cargue con el peso económico de la familia porque a ellas les apetece -como a todos- quedarse en casa encargándose de la educación de sus hijos; en las que se eduque a las mujeres para respetar la sensibilidad masculina igual que los hombres deben respetar la femenina; en las que se les enseñe que los chistes de hombres son tan "malos, sexistas y humillantes" como los de mujeres; en las que se les muestre que el violador o el maltratador lo es por su condición de criminal demente, no por su condición de hombre; en las que se creen observatorios para protestar por los anuncios que dejan a los hombres como inútiles o trogloditas o para pedir la retirada de aquellos en los que aparece un culo masculino; en las que se alerte a las mujeres separadas y divorciadas sobre la importancia de un padre en el desarrollo y la educación de la infancia y sobre el hecho de que ser mal pareja no conduce de forma irremediable e innata a ser mal progenitor.
Aunque claro, a lo mejor no lo hace, porque parece que el nuevo gobierno ya ha renunciado a la paridad. Al fin y al cabo tiene más ministras que ministros.
Pero yo estoy satisfecho de que haya un Ministerio de Igualdad porque estoy seguro de que hará todo eso
¿Qué otra cosa podría hacer?
No creo que se dedique a repartir subvenciones y ayudas millonarias a las asociaciones feminizistas para proseguir su cruzada contra el denomonio hombre y a cambiar la Ley del Aborto ¿verdad?

lunes, abril 07, 2008

Bilbao no quiere a Ramush

Hace apenas un suspiro -en lo que se refiere al tiempo histórico que todos ignoramos- banderas y bocinas inundaban las calles y los aires de Prístina, capital del minúsculo nuevo estado europeo de Kosovo, para celebrar su independencia.
Europa en su conjunto -salvo Serbia, claro está- se congratulaban de la nueva situación de libertad de esta nación. Rusia se congratulaba pero poco y en voz baja.
Hoy, cuando apenas se ha apagado el último extertor de ese festejo, la capital kosovar se vuelve a lanzar a la calle para dar la bienvenida a Ramush, su héroe de la independencia, su principal luchador por la libertad.
Y ¿de donde llega el tal Ramush, desconocido para la mayoría de nosotros e ignorado para los que le conocen? Pues llega de Holanda
¿Y viene del país de los tulipanes de un exilio impuesto o autoimpuesto por la represión serbia en Kosovo? Pues va a ser que no. Llega de enfrentarse a un proceso en el Ttribunal de La Haya por crímenes de guerra.
Y Ramush ha sido absuelto de esos delitos por lo cual ya nunca se dirá que es un criminal de guerra -y yo, por supuesto, tampoco lo diré-.
Y no lo diré no porque el tribunal haya recibido pruebas irrefutables de que Rasmush no mató a 60 personas con sus propias manos y sin emplear armas-y esto es algo literal, no figurado- o de que no dirigiera Las Aguilas Negras, el comando de élite destinado a la "limpieza" de serbios en Kosovo.
No diré que es un criminal de guerra porque ha sido absuelto por falta de pruebas. Bueno más bien por falta de testigos. Y no es que la KFOR no encontrará a nadie que pudiera o quisiera atestiguar. Los encontró y estaban dispuestos a contar los secuestros, torturas y asesinatos de serbios y supuestos colaboradores albaneses que se achacaban a Ramush. De hecho, encontró a diez testigos de cargo pero -casualidades de la vida- a todos les dio por morirse.
Nueve de los diez testigos que iban a declarar contra Ramush están muertos. A Kujtim Berisha lo atropelló un jeep en Montenegro. Ilir Selmaj recibió una cuchillada mortal en una pelea de bar. Bekim Mustafa y Avni Elejaz fueron tiroteados. Los agentes de la policía kosovar Sabaheta Tava e Isuk Haklaj murieron carbonizados en su coche patrulla. Xhejdin Musta y Sadrik y Vesel Muriçi, testigos protegidos, también fueron víctimas de atentados. El único que vive retiró su declaración tras un intento de asesinato.
Y Ramush no vuelve a Pristina en loor de multitudes para encargarse del gobierno, para formar un partido político o para presentarse a unas elecciones. Vuelve para retirarse a su villa desde donde seguirá dirigiendo una de las familias mafiosas más importantes no sólo de Kosovo, sino de toda Albania. Y eso lo digo porque el Tribunal de La Haya no le ha declarado inocente de eso, pero la Interpol le ha reclamado e intantado detener cuatro veces por esas acusaciones. Aunque, claro, no pudo hacerlo porque la KFOR no renunció a su jurisdicción militar en la zona.
Y ¿Por qué hablo de este personaje?, ¿a nosotros que nos importa?
En realidad nada.
Pero, con Ramush acusado de crimenes de Guerra, con Las Aguilas Negras limpiando étnicamente Kosovo de serbios -y eso si está demostrado, porque los jueces de La Haya han condenado a otros kosovares por su pertenencia a esa organización-, el ELK armado y renunciando a desarmarse, la KFOR imponiendo restricciones militares en toda la zona y Serbia oponiéndose interna y diplomáticamente a la independencia de Kosovo, la ONU, La OTAN y todos los observadores internacionales consideraron que se daban las condiciones adecuadas para que se hiciera un referendum sobre la independecia de Kosovo.
Lo que no me queda claro es si las condiciones eran adecuadas para el referendúm "pese" a todo eso o "gracias" a todas esas circunstancias.
Es probable que si hubieran dejado hablar antes a Prístina y a Kosovo en general, Ramush no hubiera pasado de mafioso temido a heroe adorado; es problable que, si hubieran votado mucho antes, los matones de las familias mafiosas no se hubieran convertido en asesinos uniformados con pretensiones nacionales.
Y además, durante todo ese proceso, las tropas españolas integraban la KFOR con el mandato de nuestro gobierno de garantizar las condiciones para la celebración de un referendum. Supongo que el mandato incluía implicitamente el hecho de que ese referendum tenía que ser favorable a la independencia y por eso se dejaba matar impunemente a los que estaban en contra que, por cierto, no eran pocos, dentro del propio Kosovo.
Es posible -y sólo estoy improvisando- que si se dejara hablar a los pueblos se consiguiera que no hablaran las armas. Pero a lo mejor me estoy equivocando y hay que esperar a que los que buscan imponer todo con las armas sean más fuertes y maten a más gente para que se den las condiciones para un referendum.
¿Por qué en Kosovo y no en otros lugares? ¿Por qué en Serbia y no en España?
Y el que tenga oídos para oir que oiga.

viernes, abril 04, 2008

Un descubrimiento sorprendente

Hoy me he encontrado con esto y he querido escribir algo y saludar a quien lo escribe. Siempre saludo lo que me sorprende y más si es agradablemente.
Querida Cristina.
He descubierto tu blog como una isla de cordura en mitad de un mar de intransigencia, agresividad y radicalismo. Así que supongo que es a personas como tú a las que se debería escuchar cuando se habla de la postura de femenina en asuntos de este tipo, pero nunca se hará. Al menos de momento. No puede hacerse.
Te preguntas por qué no erredicamos la violencia entre géneros. Para mi, la respuesta es muy sencilla. Aterradora, pero sencilla. No la erradicamos porque no existe.
El concepto de violencia entre géneros -evolución tragicómica de la setentona lucha de sexos- es una cortina de humo que se ha creado para ocultar males máyores y mucho más arraigados en nuestra sociedad.
No voy a negar -sería un absurdo hacerlo- que existe un mínimo porcentaje de violencia entre hombres y mujeres fundamentada en el odio, en la aversión al otro por su condición en este caso sexual. Pero esa violencia se organiza como se ha organizado siempre la violencia fundamentada en el odio.
Las personas racistas, homofobas o xenofobas no se relacionan con alguien de otra raza, con una persona extrajera o con alguien homosexual para luego matarles a golpes en la intimidad de su casa. Se dedican a buscarlos, guiados por su odio, e intentar matarlos, dirigidos por su locura. Eso existe también en virtud del género. Son los psicópatas, las viudas negras e incluso los asesinos pertubados que experimentan lo que se ha dado en llamar sindrome de Barba azul o de Enrique VIII -pocas explicasiones son necesarias-.
Es posible que algunos de los que matan o maltratan a sus parejas o ex parejas lo hagán siguiendo estos parametros y pueda decirse de ellos que ejercen la violencia por machismo -o por hembrismo, según el caso-. Pero no son la mayoría, no pueden serlo.
Sin embargo, la sociedad, los gobiernos que buscan el progreso y el lobby feminista -que existe, no nos engañemos- tiene que creerlo así, tiene que hacernos creer que es así, porque si no debería explicarnos cual es el problema y dejarnos ver que la tragedia principal es que nuestro concepto de sociedad hace aguas.
Y lo hace porque la familia, la relación familiar y afectiva sobre la que se articula la organización cotidiana de la sociedad, se ha ido transformando en una estructura de poder, en lugar de en una institución de responsabilidad.
Nuestra cultura, nuestra civilización, encamina cualquier forma de familia -monoparental, homosexual, heterosexual, reglada, de hecho y pongánse todas las formas que se quieran- hacia estructuras gerárquicas en las que, cada vez más, lo que importa es mantener el control, el poder, en lugar de asumir la responsabilidad y la afectividad que estas relaciones suponen.
Y por ello, en cuanto estalla una crisis, la dinámica familiar nos conduce a la violencia, a la falta de respeto, a la imposición, a la lucha por imponer nuestros criterios: a lo que, si sucediera entre naciones o entre clases sociales, se denominaria, simple y llanamente: la guerra.
Así que, la guerra de los sexos enmascara realmente la guerra por el poder. La violencia de género enmascara simplemente la violencia pura y dura de una sociedad y una civilización que, no contenta con dar de pastar a la muerte y la sangre en los campos de batalla de medio mundo, permite dormitar a esos monstruos en su propìa terraza y en su propia cama.
Sólo hay que ver las situaciones. Violencia entre parejas, entre vátagos y progenitores, entre hermanos, incluso saltándose generaciones, entre abuelos y nietos. Buscamos el poder en los entornos en los que deberiamos buscar el cariño, buscamos el control en los espacios en los que deberíamos esperar comprensión. Nos nos fabricamos como individuos, no nos creamos como personas. No confiamos en nosotros mismos, en nuestras posibilidades y por ello pretendemos encontrar un espacio en el que seamos incuestionables, irrefutables. Comandantes o dioses de un microuniverso en el que nuestra palabra sea ley.
Nuestro egoismo nos obliga a pensar que tenemos derecho a que nuestra pareja nos quiera, nos haga caso, nos apoye; a que nuestros hijos nos obedezcan, nos respeten, nos sigan ciegamente; a que nuestros padres nos mantengan, se sacrifiquen por nosotros, nos idolatren. Y, entre tanto derecho reclamado y mal entendido, nos olvidamos de que ellos tienen derecho a lo mismo, de que la afectividad te obliga a pensar en el otro un poco -sólo un poco- más que en ti mismo. Nos olvidamos de que es nuestra responsabilidad respetar la afectividad de los otros y que la sangre, la vicaría o el ADN no le dan a nadie patente de corso eterna para garantizar que los otros te querrán , te cuidarán y te comprenderán para siempre.
Somos lo suficientemente egoistas para exigir nuestros derechos pero no lo suficientemente generosos para imponernos nuestras responsabilidades.
Por ello, cuando surge una crisis -desde una discursión por la consola hasta una ruptura sentimental- nos sentimos atracados, nos sentimos menospreciados en nuestros privilegios, nos sentimos arrastrados fuera de nuestro ámbito de poder, de estabilidad y recurrimos al único arma del que disponemos, al único comportamiento que nos hemos asegurado para reaccionar: a la confrontación directa y general: al zafarracho de combate.
Y golpeamos, humillamos, manipulamos, torturamos, amenazamos, mentimos y todo lo que sea necesario para salir victoriosos en algo que nunca debió ser una batalla, que nunca hubo de transformarse en una guerra. El puñetazo, el Sindrome de Alienación Parental, el secuestro, el grito, el envenamiento, la puñalada o el disparo son simplemente expresiones de la misma realidad, exbotos de la misma plegaria, iconos del mismo culto: queremos tener razón, necesitamos tener razón. Sólo la victoria interesa.
Pero si un gobierno expone todo eso, si una sociedad reconoce todo eso, se ve obligada a reconstruirse desde el cimiento más doloroso o a sentarse en un banco del parque en espera de la extinción.
Así que, digamos y pregonemos a los cuatro vientos que los hombres golpean, apuñalan y secuestran porque son malos y hombres, afirmemos que las mujeres alienan, envenenan o raptan porque son malas y mujeres. Forjemos una guerra inexistente para que nadie se de cuenta de la guerra real.
Hagamos del mundo un campo de batalla para ocultar que en realidad es el oscuro cuarto de un suicida. Así podremos caer en un heroíco combate contra un aciago enemigo en lugar de ser víctimas de nuestra propia estupidez.

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